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Así es la Humilde Vida de Hernán Crespo a Sus 49 Años, de la Fama al Silencio

¿Alguna vez te has preguntado qué siente un hombre que lo ganó todo, que metió más de 300 goles en los estadios más grandes del mundo y que hoy vive solo en una habitación de hotel, lejos de sus hijas, eligiendo seguir adelante? Hernán Crespo fue uno de los delanteros más letales de su generación.

El Chelsea pagó 29 millones dólar por él. La Lazio rompió el récord mundial de transferencias para ficharlo. Metió dos goles en una final de la Champions League y cuando se retiró, cuando el dinero estaba y el mundo esperaba que se sentara a descansar, hizo lo contrario. Empezó de cero con una pizarra y un grupo de jugadores que no lo conocían.

Esta es la historia de Hernán Crespo después del fútbol y tiene más cicatrices de las que parece. Para entender al crespo de hoy, hay que volver a Florida, no la ciudad de los rascacielos y las playas infinitas. Florida, Buenos Aires, un partido del norte del Gran Buenos Aires, donde las calles son anchas y los sueños no siempre tienen garantía de llegar lejos.

Nació el 5 de julio de 1975 en el seno de una familia de clase media, hijo de un empleado. Creció en un entorno sin lujos, pero con valores claros. el esfuerzo, la disciplina, el respeto, cosas que no se enseñan en las academias de fútbol, sino en la mesa de la familia. Desde pequeño supo que quería jugar, pero el camino no fue fácil ni directo.

Él mismo lo confesó después con una honestidad que pocos futbolistas tienen. Fue suplente desde los 9 hasta los 16 años. No el titular prometido, no el prodigio que todos señalaban. era el que esperaba en el banco, el que trabajaba sin certezas, el que no sabía si llegaría. Lo sufrí, dijo en una entrevista.

Y el físico tampoco me ayudaba, era pequeño. Me empecé a mover sin balón por el temor a que me pegasen. De ese miedo nació el arte. Crespo aprendió a desmarcarse porque no le quedaba otra. Aprendió a leer el juego antes de que la pelota llegara porque si esperaba llegaba tarde. Cada limitación se convirtió en recurso, cada adversidad en herramienta.

En 1988, a los 13 años, ingresó a las categorías inferiores de Riverplate. Viajaba desde Florida todos los días. No se quejaba, entrenaba, volvía, repetía. 5 años después, el 27 de marzo de 1993, debutó en primera división. tenía 18 años y una convicción que los años de espera habían forjado como acero. En River, Crespo encontró su lugar, no de golpe, no sin obstáculos, pero sí con una claridad creciente de que ese era su escenario.

Sus primeros contratos eran modestos, entre $3,000 mensuales, suficiente para vivir en la Argentina de los 90, no para imaginar lo que vendría. Pero lo que construyó en esos años no se medía en pesos ni en dólares, se medía en goles, 36 goles en 82 partidos con la camiseta del Millonario, una cifra que llamó la atención de toda Europa.

El momento cumbre llegó en 1996, la Copa Libertadores. River llegó a la final y Crespo se plantó en el partido más importante de su carrera hasta ese momento. no tembló, marcó un doblete en la final que le dio el título al club. El chico que había sido suplente hasta los 16 años acababa de convertirse en héroe continental.

Ese mismo año, con la selección argentina fue a los Juegos Olímpicos de Atlanta. Se fue como goleador del torneo con seis goles. La medalla fue de plata, la proyección hacia Europa de oro. Parma lo llamó y Crespo sin dudar cruzó el Atlántico. En agosto de 1996, Hernán Crespo llegó a Parma con 21 años y una mochila con lo esencial.

No conocía bien el idioma, no conocía la ciudad, no conocía la liga, pero conocía el arco y eso bastó. El club pagó 6 millones de dólares por él. Una cifra razonable para un delantero sudamericano de 21 años. En pocos meses esa cifra parecería irrisoria. Sus primeros contratos en Italia rondaban los $,000 anuales, lejos de los números que llegaría a tener, pero una transformación radical respecto a lo que ganaba en Argentina.

Vivía con sobriedad, guardaba, aprendía. En Parma pasó cuatro temporadas, marcó 80 goles en 151 partidos, fue goleador de la Copa UEFA en 1999 y marcó en la final contra el Olympic de Marsella. Ganó la Copa Italia. Se convirtió en el máximo goleador histórico del club, un récord que todavía hoy mantiene.

Europa lo vio y quiso más de él, mucho más. En el año 2000 llegó la oferta que cambió todo. La Lazio, vigente campeona de Italia, decidió que Crespo era el delantero que necesitaba y para ficharlo pagó 55 millones de dólares. Récord mundial de transferencias en ese momento. El chico de Florida, Buenos Aires, era el jugador más caro del planeta.

Su salario en Roma llegó a los 4 o 5 millones de dólares anuales. La primera temporada fue extraordinaria, 26 goles, máximo goleador de la Serie A. Crespo estaba en la cima, pero la cima tiene viento. La Lazio entró en crisis financiera. El grupo Sirio, principal patrocinador del club, quebró. Los mejores jugadores tuvieron que irse.

Crespo fue uno de ellos. Lo que vino después fue una carrera itinerante que pocos jugadores de su nivel hubieran aceptado con tanta naturalidad. Inter de Milán, Chelsea, Milan, Inter de nuevo, Genoa, Parma. Otra vez. Cada salida fue una adaptación, cada llegada un nuevo comienzo. En el Chelsea ganó cinco 5 millones de dólares por año, libres de impuestos.

En el Milan marcó 18 goles en una temporada y llegó a la final de la Champions League, donde metió dos goles históricos contra el Liverpool. La remontada de los ingleses fue épica, el dolor de Crespo real. Soy de llorar, dijo años después. Me lo permito de manera natural. es parte del crecimiento. Un delantero de fama mundial con la sensibilidad de quien nunca dejó de ser el chico del banco.

Con la camiseta de Argentina, Crespo construyó otro legado, 35 goles en 64 partidos. Fue durante años el máximo goleador histórico de las eliminatorias sudamericanas con 19 goles en 33 partidos. Un récord que reflejaba algo sencillo. Cuando la selección necesitaba un gol, Crespo aparecía, jugó tres mundiales.

Francia 1998, Corea Japón 2002 y Alemania 2006. En el último fue titular indiscutido, goleador del torneo junto a otros delanteros de élite y recibió la bota de plata. Argentina quedó eliminada en cuartos de final ante Alemania en una derrota por penales que todavía duele. Pero Crespo nunca fue un jugador que necesitara el título para validar su carrera.

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