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¡TRUMP EXIGE QUE HARFUCH ENTREGUE A LOS N4RCO-POLÍTICOS! EL GOBERNADOR ROCHA MOYA ESTÁ PRÓFUGO!

Según la acusación formal presentada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York el 29 de abril de 2026, la elección que lo llevó al poder estuvo marcada por la intervención directa de operadores vinculados a Iván Archivaldo Guzmán Salazar, el hijo mayor del Chapo, conocido como los Chapitos. De acuerdo con el documento, esa intervención no fue gratuita.

Los chapitos habrían facilitado el triunfo electoral de Rocha Moya a cambio de protección. Protección que presuntamente se tradujo en información filtrada sobre operativos de seguridad, en blindaje político para sus redes de distribución y en una tolerancia institucional que le costó vidas a Sinaloa durante 4 años. La acusación no toca solo a Rocha Moya, involucra a 10 funcionarios y exfuncionarios del estado en distintos niveles.

El alcalde con licencia de Culiacán, Juan de Dios Gámes Mendívil, que también solicitó licencia al mismo tiempo que Rocha Moya. El senador de la República, Enrique Insunza Cázares, quien fuera secretario general del gobierno sinaloense, incluido en el expediente federal de Nueva York, Enrique Díaz Vega, extitular de la Secretaría de Administración y Finanzas, Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad Pública Estatal, quien ya se entregó a las autoridades estadounidenses y fue ingresado al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Los cargos centrales del

expediente incluyen conspiración para importar fentanilo hacia Estados Unidos, posesión de armas de fuego y delincuencia organizada. Fentanilo, el veneno que mata a más de 70,000 estadounidenses cada año y que se produce en laboratorios de los cárteles mexicanos con precursores que llegan de China. Imagina lo que significa eso.

Significa que el gobierno de Sinaloa, según la acusación, no solo toleró el tráfico, significa que presuntamente lo facilitó. Significa que la droga que mató a ciudadanos en ciudades de Estados Unidos podría haber cruzado la frontera con un escudo político construido desde el Palacio de Gobierno de Culiacán.

No es un operativo menor, no es una detención de segundo nivel, no es un expediente que se puede cerrar con una disculpa diplomática. Es el caso político de mayor envergadura en la relación México Estados Unidos desde la extradición de El Chapo. El detonante inmediato fue la publicación de la acusación formal el 29 de abril de 2026.

Ese día, el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación ante el tribunal del Distrito Sur de Nueva York y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México recibió la solicitud de detención provisional con fines de extradición contra Rocha Moya y sus coacusados.

La noticia sacudió al sistema político mexicano de una forma que pocos anticipaban. Las primeras horas fueron de confusión. Los portavoces de Morena salieron a negar, los analistas a contextualizar, los opositores a exigir detención inmediata. Rochamoya, que hasta esa mañana había descartado públicamente cualquier vínculo con el crimen organizado, solicitó licencia al cargo el 1 de mayo de 2026.

Dos días después de la acusación, el Congreso de Sinaloa, de mayoría morenista aprobó la licencia en sesión extraordinaria al día siguiente. También solicitó licencia el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Mendívil, identificado en la acusación como figura clave del entramado sinalo Sinaloa amaneció el 2 de mayo con dos de sus principales figuras políticas fuera del cargo al mismo tiempo por el mismo motivo.

A partir de ese momento, Rocha Moya desapareció de la escena pública. No hubo conferencia de prensa, no hubo declaración oficial de su equipo de abogados, no hubo imagen verificada de su paradero, solo silencio. Un silencio que en política pesa más que cualquier discurso. La gobernadora interina que lo reemplazó, Geraldine Bonilla Valverde, de 33 años, reconoció públicamente en los días siguientes que no sabía dónde estaba el hombre al que reemplazaba.

Su último contacto con Rocha Moya había sido el día de su protesta cuando recibió una llamada de felicitación. En este momento yo no he recibido ya ninguna llamada de él”, declaró Bonilla ante los medios y cuando le preguntaron cuánto tiempo duraría su mandato interino, tampoco supo responder. La cabeza visible del gobierno de Sinaloa no sabía dónde estaba el titular del cargo.

Eso en términos institucionales, es una anomalía sin nombre. Quédate hasta el final de este video porque lo que se descubrió después sobre el paradero de Rocha Moya es algo que si no lo ves completo no vas a poder dimensionar. El 4 de mayo, 3 días después de la licencia, Omar García Harfuch visitó Culiacán. Esa visita fue leída como una señal de que el gobierno federal ponía atención directa sobre la crisis sinalo en la conferencia posterior, cuando le preguntaron por Rocha Moya, Harfuch dijo que según su información el gobernador con licencia permanecía en Sinaloa.

También confirmó que se le había asignado una escolta de seguridad, pero aclaró que esa escolta no respondía a una amenaza específica confirmada, sino a una medida preventiva de protocolo. No ofreció más detalles, no precisó domicilio ni zona de la ciudad. Esa respuesta, medida institucional, técnicamente correcta, generó una ola de reacciones que todavía hoy sigue moviéndose.

La pregunta que miles de usuarios hicieron en redes sociales fue la misma. Si el secretario de seguridad más poderoso de México dice que el acusado está en Sinaloa, pero no puede confirmarlo con precisión y al mismo tiempo le asigna una escolta. ¿Qué está pasando exactamente? Las respuestas que la gente daba en redes eran brutales.

Una decía, o sea, le ponen seguridad con sus elementos. pero no saben dónde está otra. Y este señor es el jefe de seguridad nacional. La desconfianza ciudadana se acumulaba en tiempo real. Pero lo que se filtró después cambió completamente la dimensión del relato. El 12 de mayo, la revista Proceso publicó un reporte de inteligencia de fuentes norteamericanas de alto nivel que ubicaba a Rocha Moya en el área de azotea del Palacio de Gobierno de Culiacán.

No en su casa, no en una residencia privada discreta en alguna colonia de la ciudad, en el palacio de gobierno del estado que supuestamente ya no gobernaba. Según ese [música] documento, fechado el 11 de mayo, la zona estaba sometida a un esquema de vigilancia aérea que nunca antes se había documentado en un caso similar en México.

Un helicóptero tipo Little Bird, el modelo que utilizan las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos en misiones de alta precisión realizaba sobrevuelos constantes sobre el recinto. Al menos seis drones de gran tamaño complementaban la vigilancia con mayor intensidad en horarios nocturnos, cuando el movimiento en las calles es mínimo y cualquier desplazamiento queda expuesto.

El documento describía la operación como vigilancia estratégica y disuasión aérea permanente, no monitoreo pasivo, capacidad de intervención inmediata. Te voy a pedir que te detengas un segundo en lo que eso significa. Significa que el gobierno de Estados Unidos desplegó inteligencia activa y capacidad operacional sobre suelo mexicano para rastrear a un funcionario acusado de narcotráfico que se encontraba presuntamente dentro de las instalaciones del propio gobierno que abandonó.

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