Posted in

¡HARFUCH CAZÓ a “EL CHUY ROÑAS” ALIAS “EL VENADO” del CARTEL DE LOS MEZCALES; CAE EN COLIMA!

Triangulación de señal, tres antenas, convergencia en un punto, precisión de 80 m. El inmueble quedó identificado a las 11:52 de la noche. Lo que el Chui Roñas no sabía era que esa llamada acababa de convertir semanas de inteligencia acumulada en una dirección exacta, en un domicilio específico, en un objetivo listo para ejecutarse antes del amanecer.

Para las 12:15 de la madrugada, el primer reporte llegó a la mesa de operaciones. Para la 1:30, el dron despegó desde una posición a 3 km del inmueble. Para las 3 de la mañana, el Chui Roñas dormía sin saber que el cielo sobre su cabeza ya no estaba vacío. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfush ya tenía todo lo que necesitaba.

Las 2:47 de la madrugada del 11 de junio de 2026 en Colima. Esa hora las calles son de los perros y del calor que no termina de ceder. No hay tráfico, no hay testigos que valgan. El aire está quieto y la ciudad duerme con la pesadez quien vive en un lugar donde aprendió hace mucho tiempo a no escuchar lo que pasa de noche.

El primer vehículo salió sin sirenas, sin luces altas. Motor en ralentí, avanzando despacio por una calle lateral a 2 km del objetivo. Adentro elementos de la Secretaría de Marina con equipo táctico completo, chalecos balísticos nivel 4, cascos con visores de visión nocturna, comunicaciones encriptadas en frecuencia cerrada. Ninguna palabra innecesaria.

El briefing había sido 2 horas antes. Cada quien sabía su posición, cada quien sabía su función. El segundo vehículo tomó una ruta paralela. El tercero cortó la salida norte. El cuarto bloqueó el acceso desde la avenida principal. No fue un despliegue ruidoso, fue una geometría. Cuatro vértices de un cuadrado que se cerraba en silencio alrededor de un punto específico, un domicilio de fachada ordinaria en una colonia de Tecomán, donde un hombre de 30 años dormía sin saber que el mundo que conocía estaba a minutos de

terminar. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿Cuánto tiempo llevaba el dron sobrevolando el inmueble? La respuesta es 93 minutos. Desde la 1:14 de la madrugada, un dron de vigilancia con cámara térmica había estado trazando círculos silenciosos a 400 m de altura sobre el objetivo. Lo que la cámara térmica mostraba era esto.

Una figura de calor humano en el interior, inmóvil, horizontal, dormido, sin movimiento en perímetro exterior, sin presencia de vigilancia activa en las azoteas cercanas. Ese dato fue crítico, significaba que el Chuyo Roñas no esperaba visita. Los analistas en la sala de operaciones confirmaron la imagen térmica a las 2:31 de la madrugada.

Una sola figura activa en el interior del inmueble, las demás habitaciones frías. El objetivo estaba solo o casi solo. La orden de despliegue se emitió a las 2:39 y aquí es donde el operativo se convierte en algo diferente a lo que imaginas cuando escuchas la palabra captura. Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza, porque esto no fue una patrulla tocando una puerta, esto fue un cerco milimétrico ejecutado por personal entrenado, específicamente para este tipo de objetivos.

Los elementos de marina llegaron al perímetro inmediato del inmueble en formación de Cuña, el punto más avanzado a 12 m de la puerta principal, los flancos cubriendo ventanas y salidas secundarias simultáneamente. Las comunicaciones encriptadas registraron el reporte de posición a las 3:02 de la madrugada.

Perímetro exterior asegurado, ningún punto de fuga disponible. El georadar portátil que uno de los elementos operó desde la banqueta confirmó lo que la cámara térmica ya había dicho. Una figura en el interior, en la recámara del lado norte sin movimiento. El comandante de la operación dio la orden a las 3:04. Dos palabras en la frecuencia encriptada.

Procedan. Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. Las 3:4 inmueble se dio en el segundo golpe. Los primeros 40 segundos fueron de oscuridad y desorientación. Los elementos de Marina entraron en formación escalonada. Linternas tácticas cortando el interior. Voces en código anunciando cada cuarto despejado. Sala despejada.

Cocina despejada. pasillo despejado. La casa olía a cigarro frío y a algo frito de horas antes. En el piso, zapatos tenis tirados sin orden. En la mesa, un teléfono con la pantalla apagada. El mismo teléfono prepago que había encendido su señal a las 11:47 de la noche anterior y sellado el destino de todo lo que estaba ocurriendo en ese momento.

Los primeros 40 segundos fueron de precisión absoluta, sin disparos, sin gritos innecesarios. El equipo se movió como un mecanismo, no como un grupo de personas. Los siguientes 2 minutos fueron de resistencia y colapso. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. Cuando los elementos de Marina abrieron la puerta de la recámara norte, el Chui Roñas no estaba dormido.

Estaba sentado en el borde de la cama con los ojos abiertos como si una parte de él hubiera escuchado algo que el resto de su cuerpo todavía no procesaba. En la oscuridad de la recámara, los visores de visión nocturna de los elementos lo mostraban con claridad perfecta. Él, en cambio, no podía ver nada.

Lo que ocurrió en los siguientes 90 segundos fue un movimiento de control, voces de mando, instrucciones específicas, el lenguaje táctico de quienes han hecho esto decenas de veces. El chui Roñas intentó incorporarse. Un elemento lo cubrió desde el flanco izquierdo, otro desde el derecho. El tercer elemento avanzó al centro. 90 segundos de resistencia verbal, sin armas, sin posibilidad real de escapar.

El cerco estaba demasiado bien cerrado y él lo sabía. Los últimos 30 segundos fueron de rendición y silencio. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo. José de Jesús, el Chui Roñas, 30 años, fue reducido en la recámara norte del inmueble a las 3064 segundos de la madrugada del 11 de junio de 2026.

Sus manos fueron aseguradas con bridas de plástico mientras permanecía en posición de rodillas en el piso de la recámara con la mejilla derecha apoyada contra el colchón que 10 minutos antes era su cama. El elemento que ejecutó la detención formal leyó en voz alta los cargos que pesaban sobre él. Homicidio calificado en grado de tentativa, delitos contra la salud.

La lectura duró 47 segundos. El chui Roñas no dijo nada durante esos 47 segundos. Respiraba. Eso era todo. Cuando los elementos lo pusieron de pie para trasladarlo al vehículo que esperaba afuera, el chuy Roñas giró la cabeza una vez hacia el interior de la recámara. Nadie sabe qué estaba mirando. Quizás el teléfono sobre la mesa, quizás algo más, pero ese giro duró exactamente lo que dura las cosas que no tienen remedio. Un segundo.

Read More