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Rubén Rocha Negó Todo En Sinaloa… Y Washington Encendió La Crisis Que Morena Quiso Tapar

Era el hombre cuya presencia, aunque invisible, ponía ciertos límites a la violencia, cuya red de relaciones mantenía  ciertos pactos, cuya autoridad, aunque nunca oficial, regulaba ciertas tensiones. Con el mayo fuera del tablero, los chapitos quedaron solos en la cima del cártel de Sinaloa y la guerra que ya estaba encendida, se convirtió  en algo diferente.

Septiembre de 2024. Sinaloa entró en un infierno. Culiacán volvió a hacer noticia en todo el mundo, no de la forma que un gobernador quisiera, sino de la forma más brutal. Bloqueos masivos, enfrentamientos en zonas  residenciales, escuelas cerradas, hospitales bajo presión, gente encerrada en sus casas durante días sin poder salir.

El estado que Rubén Rocha gobernaba se convirtió en una zona de guerra activa y el mundo volvió a pedir  preguntarse lo mismo que siempre preguntaba sobre México, pero esta vez con más urgencia. ¿Dónde está el estado? ¿Dónde está el gobierno? ¿Qué puede hacer un gobernador cuando el suelo debajo de él deja de existir? Rocha apareció en pantalla, habló de paz, habló de instituciones, habló de que el gobierno federal estaba respondiendo, habló como siempre hablan los gobernadores mexicanos cuando la realidad lo supera. Pero había algo

diferente. Esta vez había algo en el fondo de esa imagen pública que no cuadraba. Porque mientras Rocha hablaba de instituciones desde Estados Unidos, estaba saliendo algo que iba a hacer temblar todo. El mayo Zambada, ya detenido, ya procesado, ya en el sistema judicial estadounidense, empezó a hablar y lo que dijo no fue solo narcotráfico, no fue solo rutas de drogas o nombres de operadores, lo que dijo fue sobre una reunión, una reunión que según su versión ocurrió en Culiacán, una reunión a la que según lo que él declaró fue

llevado de forma engañosa. una reunión en la que según sus propias palabras estuvieron presentes personas del gobierno mexicano. Y entre los nombres que El mayo mencionó estaba el del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Guarda esta escena porque lo que acabo de decirte no es un rumor, no es especulación de medios, no es una versión inventada, es lo que el propio Ismael Zambada García declaró en documentos legales presentados en Estados Unidos.

Según esos documentos, según lo que el mayo afirmó bajo el sistema legal norteamericano, Rubén Rocha habría estado presente en una reunión con él antes de que ocurriera el traslado que lo llevó a cruzar la frontera. Rocha negó esta versión de manera categórica. Negó estado en esa reunión. Negó tenido conocimiento de lo que ocurrió.

negó cualquier vinculación con el traslado del mayo, pero la sombra quedó ahí y cuando la sombra cae sobre el nombre de un gobernador, no se va con una negativa. Ahora necesito que entiendas algo sobre cómo funciona la diplomacia entre México y Estados Unidos en este tema. Cuando Washington señala a alguien, no lo hacen los periódicos primero, lo hacen archivos, lo hacen declaraciones legales, lo hacen documentos que circulan dentro del sistema judicial antes de que aparezcan en público.

Y cuando esos documentos salen, cuando esa información se filtra o se presenta formalmente, el efecto es devastador. porque necesariamente sea todo verdad, sino porque pone a alguien en una posición de la que es casi imposible salir limpio. Y Rubén Rocha estaba en esa posición, pero lo más brutal no estaba en lo que dijo el mayo, estaba en lo que vino después, porque Estados Unidos no se quedó en las declaraciones del cartel.

Estados Unidos comenzó  a moverse de otra forma y eso encendió una crisis diplomática que México no quería ver, que López Obrador no quería ver, que Claudia Shainbound, quien asumió la presidencia en octubre de 2024, definitivamente no quería heredar. Para entender lo que Washington hizo, necesitas entender el contexto político en el que esto ocurrió.

2024 fue un año electoral en Estados Unidos y el narcotráfico mexicano, los carteles, la frontera, las drogas se convirtieron en temas centrales del debate político norteamericano. Donald Trump había prometido de múltiples formas que si ganaba las elecciones trataría a los carteles mexicanos como organizaciones terroristas, que impondría sanciones, que presionaría el gobierno mexicano de formas que México nunca había visto antes.

Trump ganó y lo que antes era una amenaza electoral se convirtió en política de estado. Y entonces el nombre de Rubén Rocha apareció en una lista que nadie en México  quería ver. El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, a través de su oficina de control de activos extranjeros, conocida como OFAC, tiene la capacidad de sancionar a individuos que considera vinculados al narcotráfico o al crimen organizado internacional.

Esas sanciones son devastadoras. congelan activos, prohíben transacciones con ciudadanos y empresas estadounidenses, ponen en la lista negra financiera más poderosa del mundo. Y en los primeros meses de 2025, Washington comenzó a aplicar esas sanciones sobre funcionarios mexicanos de forma agresiva y sin precedentes. El nombre de Rubén Rocha estaba en esas conversaciones según reportes que circularon en medios especializados, según información que apareció en publicaciones norteamericanas con fuentes en el gobierno de Estados

Unidos. El gobernador de Sinaloa era uno de los nombres que Washington tenía en su radar. No estoy diciendo que fue sancionado formalmente en este momento. Estoy diciendo que su nombre estaba en esas conversaciones y en el mundo de la diplomacia, cuando tu nombre está en esas conversaciones, tu mundo ya cambió.

Mientras tanto, Sinaloa seguía ardiendo. La guerra entre facciones del cártel de Sinaloa no se detuvo. Octubre, noviembre, diciembre de 2024, los muertos seguían llegando. Los desplazamientos de familias que huían de zonas de combate siguieron. Las escuelas cerradas, abiertas,  cerradas otra vez.

Y Rubén Rocha gobernaba en ese caos. Aparecía en cámara. hablaba, pedía calma, informaba sobre operativos, coordinaba con autoridades federales, pero había algo que no podía controlar y ese algo era su propio nombre en las conversaciones que ocurrían al otro lado de la frontera. Piensa en lo que significa eso para un hombre.

Un hombre que empezó su vida en Badirahuato, que estudió, que hizo una carrera académica, que llegó a rector de una universidad, que se metió a la política y que después de décadas de trabajo político llegó a la gubernatura del estado. Ese hombre ahora tiene su nombre en documentos judiciales de Estados Unidos. tiene su nombre en conversaciones diplomáticas que involucran las relaciones entre dos países.

Tiene su nombre asociado, aunque sea indirectamente con la figura del mayo Zambada y no puede hacer nada para borrar ese nombre de esos lugares. La tragedia ya había comenzado mucho antes de que alguien lo nombrara. Porque hay algo que hay que decir sobre Sinaloa que los medios nacionales nunca dijeron de manera directa.

Gobernar Sinaloa sin tener ningún tipo de relación con el poder informal de ese estado es prácticamente imposible. No estoy justificando nada. Estoy describiendo una realidad que los académicos, los politólogos y los analistas de seguridad han documentado durante décadas. El crimen organizado en Sinaloa no es un actor externo.

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