hablamos solamente de Quintan Ro. En la Ciudad de México, el estadio Azteca, el mismo que vio a Pelé y a Maradona, fue remodelado para esta nueva edición. En Guadalajara, el estadio Acron recibe partidos con esa pasión tapatía que ya es leyenda. Y en Monterrey, el estadio BBEA se prepara para llenarse con la misma entrega regiomontana de siempre.
Tres estadios, tres ciudades, tres maneras distintas de ser mexicano, pero con la misma obsesión de fondo. Que nadie se vaya de aquí con una mala experiencia. Y detrás de cada uno de esos estadios hay meses de coordinación entre gobiernos estatales, policías locales y cuerpos de seguridad federal, trabajando para que la única noticia que se lleve cada visitante sea la del gol que vio, no la de un mal momento.
Porque hay que entender quién es Bielsa para entender el peso real de lo que dijo. Este es un hombre que durante toda su carrera ha sido descrito como obsesivo hasta el extremo. Revisa video durante horas. Vive con una disciplina casi monástica. y se ha vuelto famoso dirigiendo en Argentina, en Chile, en España con el Athletic de Bilbao, en Francia con el Lile y en Inglaterra con el Litz, por decir exactamente lo que piensa sin filtro, le guste a quien le guste.
No es casualidad que en el periodismo deportivo internacional lo llamen el loco con una mezcla de respeto y resignación. No es un técnico que reparta elogios fáciles para quedar bien con la prensa de ningún país. Por eso, cuando alguien con ese historial elige a México por encima de Estados Unidos y además lo dice en voz alta, vale la pena escuchar.
El jueves pasado, en plena rueda de prensa con los periodistas esperando preguntas tácticas sobre el partido de Uruguay contra Cabo Verde de esta tarde, Bielsa se tomó un momento para hablar de algo que no tenía nada que ver con el fútbol. dijo textualmente que no podían imaginar un lugar mejor, no solamente por las instalaciones, sino por la disponibilidad de toda la gente que trabaja ahí, que son muchos, y por lo generosos que han sido con cada necesidad del plantel durante las casi cuatro semanas que lleva instalado en la
zona. Para cualquier otro técnico, esa sería una frase de cortesía, algo que se dice por compromiso. Pero quien conoce a Bielsa sabe que él no regala elogios y mucho menos a un país anfitrión que ni siquiera era su primera opción en el papel. Y la prueba está en lo que pasó apenas unos minutos después en esa misma conferencia.
El mismo hombre que acababa de hablar maravillas de México no tuvo ningún problema en cuestionar las pausas de hidratación que se aplican en este mundial, alegando que rompen el ritmo del juego y que no responden a una necesidad real, sino a otro tipo de intereses ajenos al deporte. O sea, el mismo entrenador que en 5 minutos critica a la organización del torneo más importante del planeta no encontró una sola cosa negativa que decir sobre México.
Ese contraste, yo te lo pregunto directo, ¿no te dice más sobre la hospitalidad mexicana que cualquier discurso oficial? Y esto no se queda solo en un hotel de la Riviera Maya. Por todo el país, en cada una de las sedes mexicanas de este mundial se repite la misma escena. Comités de bienvenida recibiendo delegaciones en los aeropuertos.
Gobiernos estatales destinando recursos para que cada selección se sienta como en casa. Voluntarios capacitados para atender a visitantes en distintos idiomas. Zonas de fans con comida típica de cada región y sobre todo gente común, meseros, taxistas, vendedores ambulantes tratando a cada extranjero como si fuera de la familia, sin que nadie les esté pagando por eso ni se lo esté pidiendo.
Esa hospitalidad no se decreta desde un escritorio en Palacio Nacional. Se decide cada vez que un mexicano cualquiera elige tratar bien a alguien que nunca volverá a ver. Y ese gesto multiplicado por millones de personas en decenas de ciudades es lo que ningún otro país anfitrión de la historia reciente ha logrado replicar.
Solo en este tipo de operativos, miles de voluntarios mexicanos se capacitan durante meses antes de que llegue el primer turista sin cobrar un peso solamente por la posibilidad de ser parte de algo así. Paren todo un segundo porque vale la pena que lo digamos clarito. El mismo entrenador que cuestiona pausas de hidratación, que no le tiene paciencia a casi nada de lo que rodea al fútbol moderno, no encontró ninguna crítica para hacerle a México.
En un mundial donde todo se discute, donde cada decisión genera polémica, ese silencio de Bielsa frente a México vale más que cualquier elogio forzado. Yo te pregunto directo, ¿tú crees que hay alguna OD sede de este mundial que pueda generar este mismo tipo de comentario? Escríbelo en los comentarios porque esa respuesta dice mucho de lo que México está logrando en este torneo.
A mí, sinceramente, lo que me encabrona es que este tipo de historias casi nunca llegan a portada. Los grandes medios deportivos se van a quedar con el marcador del partido de Uruguay contra Cabo Verde de esta tarde con el análisis táctico de turno y está bien, es su trabajo. Pero nadie está contando que el técnico más desconfiado de este mundial elogió a México sin que nadie se lo pidiera.
Y no es la primera vez que algo así pasa en este torneo, ni va a ser la última. Y aquí quiero ser bien directo. Sé que gran parte de lo que se dice de México en portales internacionales tiene que ver con inseguridad, con violencia, con notas que parecen escritas para asustar más que para informar. No voy a fingir que ese México no existe, sería mentirte.
Pero lo que estamos viendo en este mundial, partido tras partido, es la otra mitad de la historia, la que casi nunca sale en esos mismos portales. La de un país que cuando tiene la oportunidad de mostrarse de cerca lo hace de una manera que ningún comunicado de prensa puede fabricar. En este mismo canal hemos contado una por una las historias que lo demuestran.
Contamos como la delegación de Irán, instalada en Tijuana por las restricciones de visa que le impedían entrar directamente a Estados Unidos, terminó encontrándose con un recibimiento que nadie en esa delegación esperaba encontrar en este lado del mundo, ni mucho menos en una frontera que normalmente se asocia con todo lo contrario a la calidez.
Contamos lo que sintieron aficionados surcoreanos después de un partido de México cuando se dieron cuenta de que la fiesta mexicana los había adoptado sin pedirles nada a cambio, cantando y festejando junto a ellos como si fueran de la misma selección. Y contamos la reacción de un turista francés que llegó pensando que venía de paso solamente a ver un partido y terminó diciendo, sin que nadie se lo sugiriera, que el mundial debería jugarse siempre aquí.
Cada una de esas historias por separado podría parecer una casualidad bonita, pero cuando las juntas todas, cuando ves que se repiten con distintos acentos, distintas nacionalidades, distintos protocolos y ahora también con un entrenador de la talla de Biela, ya no es casualidad, es México mostrando una sede a la vez de qué está hecho.
