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JORGE CAMPOS: CONFESÓ LO QUE LE HACIA A DANIELA CASTRO , LA ACTRIZ DE TELEVISA

Dos años más tarde, en 1993, ocurrió algo que cambió la vida del  chamaco de Acapulco para siempre. La Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol, la institución  que cada año elige al mejor portero del mundo, lo nombró el tercer mejor del planeta. Tercero, detrás del danés Peter  Schmeichel, detrás del argentino Sergio Gochea y por encima  de todos los demás, por encima de los porteros italianos y de los brasileños,  por delante de los franceses, los

españoles, los alemanes, adelante de un muchacho llamado Gianluigi Buffón,  que apenas debutaba, y de un chamaco de Madrid llamado Iker Casillas, que todavía jugaba en categorías inferiores,  el tercer mejor del mundo, el primero mexicano en lograrlo y el único hasta  hoy. Pero esa fama también trajo otra cosa.

Trajo a una mujer, una mujer alta, morena,  de mirada. La actriz más reconocida de Televisa de aquellos años,  la prensa rosa la seguía a cada paso. Sus telenovelas paralizaban a México entero los martes por la noche en horario familiar.  Se llamaba Daniela Castro y la noche en que Jorge Campos la conoció.

Adentro de un evento privado de Televisa en la colonia Polanco de la Ciudad de México. La vida del Brody dejó de pertenecer al fútbol. Empezó a pertenecer a otra cosa, algo más oscuro, más posesivo. Una herida que Ñoño Campos había sembrado dentro de su hijo más pequeño  cuando este apenas tenía 12 años allá en el barrio detrás del aeropuerto de Acapulco.

Y lo que hizo el Brody durante los siguientes 18 meses al lado de Daniela Castro. lo que pasó dentro de aquella relación y la razón verdadera por la que la actriz terminó devolviendo el anillo de compromiso en plena calle. Es lo que vas a entender ahora mismo. El romance entre Jorge Campos y Daniela Castro empezó como empieza todos los romances peligrosos, con una sonrisa que parecía inocente, con flores enviadas al camerino, llamadas a las 3 de la mañana donde el chamaco de Acapulco le decía que no podía dormir porque estaba

pensando en ella. Regalos caros entregados por mensajería  privada y una intensidad que la actriz, acostumbrada a galanes de telenovela, jamás había visto en un hombre de carne y hueso. Daniela Castro tenía 24 años entonces. Estaba terminando de grabar una de sus primeras telenovelas estelares en Televisa  San Ángel.

era la nueva apuesta de la empresa, la sucesora natural de las grandes damas del melodrama mexicano. Y el Brody, recién nombrado el tercer mejor portero del mundo, era el galán que toda la prensa rosa quería emparejarle. Los primeros meses fueron una postal de revistas, salidas a Acapulco en los descansos de gra cenas en restaurantes carísimos de la Ciudad de México, fotografías que la familia Castro guardaba con orgullo en los álbum familiares, sonrisas, besos en público, anuncios pomposos en la sección de espectáculos. Y un día de 1994,

después de menos de un año de noviazgo, Jorge Campos le entregó a Daniela Castro un anillo de compromiso con un diamante que la actriz no se quitó del dedo durante  los siguientes meses. Las dos familias empezaron a hablar de La madre de Daniela se reunió con la madre de Jorge en una comida formal en el restaurante La Hacienda de los Morales.

Se planeó una boda discreta,  una iglesia en la colonia Roma, una luna de miel en Europa. Todo iba bien para el resto del mundo, pero adentro de la relación pasaba otra cosa, algo que la familia Castro empezó a notar desde los primeros meses. Un patrón que la madre de Daniela, doña Kate  Trillo, comentaba en voz baja con su esposo, el actor Eric del Castillo.

Una conducta que las hermanas de la actriz empezaron a temer cada vez que el Brody pasaba a recogerla por la casa familiar. Jorge  Campos llamaba a Daniela ocho veces por día, 10 veces por día, 12 veces por día. Le exigía saber dónde estaba a cada hora, con quién comía, con quién grababa, a qué hora regresaba al hotel, cuántos compañeros de elenco eran hombres, cuántas escenas tenía con galanes de telenovela, cuántos besos de ficción se daban frente a la cámara.

Y cuando Daniela regresaba de provincia tras grabar capítulos en locaciones lejanas, el Brody la esperaba con preguntas, una después de otra, sin descanso, sin permitirle desempacar o bañarse. Tampoco la dejaba dormir. Los primeros meses, Daniela Castro creyó que era amor. Después de un año, empezó a sospechar que era otra cosa. Y una madrugada del verano de 1994, dentro de un cuarto de hotel del centro de la Ciudad de México, la actriz entendió por fin lo que estaba viviendo.

Lo entendió a las 4:30 de la mañana  y lo que pasó dentro de es lo que el Brody le hizo a Daniela Castro durante esas horas es la primera verdad asquerosa que vas a conocer esta noche. Porque mientras la prensa mexicana fotografiaba a la pareja perfecta saliendo de eventos públicos mientras Televisa preparaba la portada de la revista TV By novelas con una foto de los dos abrazados en Acapulco, mientras ño Campos en Acapulco compraba ya el traje que iba a usar en la boda de su hijo más pequeño. dentro de esa

habitación de hotel, sin nadie que mirara, sin testigos, sin cámaras, sin paparazzi, sin guardaespaldas, el portero más extravagante del fútbol mundial, el tercer mejor del mundo por encima de bufón y de casillas, se transformaba en otro hombre, un hombre que la prensa mexicana jamás vio. Una versión que ni siquiera ñoño Campos quiso ver cuando su hijo se lo contó años después, durante 14 horas seguidas, sin descanso, sin pausas para tomar agua o comer.

interrogó a Daniela Castro acerca de cada compañero de elenco sobre cada llamada de su agenda, de cada hombre con el que había cruzado palabra en los últimos tres meses, las escenas de besos grabadas, los cumplidos recibidos, las miradas notadas, la encerró en la habitación, le quitó el celular, exigió que respondiera con detalles, le pidió pruebas que ella no podía dar, la acusó de cosas que la actriz jamás había hecho, le levantó la voz hasta hacerla temblar, le rompió un vestido a la mitad cuando ella intentó salir del cuarto y a las 4:30 de la

mañana, después de 14 horas atrapada con un hombre que ya no se parecía al galán que la había enamorado, Daniela Castro hizo lo único que podía hacer. Se quitó el anillo de compromiso del dedo, lo dejó encima de la mesa y salió descalza del cuarto del hotel. Caminó por el pasillo en silencio, bajó las escaleras hasta el lobby, pidió un taxi al portero de noche y nunca más volvió a hablar con Jorge Campos en privado.

La prensa Rosa publicó al día siguiente que la pareja había decidido tomarse un tiempo. Televisa retiró la portada planeada de TV Novelas. La madre de Daniela canceló los preparativos de la boda con una llamada de 3 minutos y Daniela Castro durante los siguientes 10 años jamás dio una sola entrevista sobre los meses que pasó al lado del Brody.

Esa noche en el hotel, esos detalles, ese anillo dejado encima de la mesa son la verdad asquerosa que ningún medio mexicano se atrevió a contar durante tres décadas. Pero esto era apenas el principio, porque mientras Daniela Castro lloraba esa madrugada de 1994 adentro del taxi, que la llevaba a casa de sus padres, a casi 400 km de distancia allá en el puerto de Acapulco.

Otra historia estaba empezando a moverse en silencio. Una historia que 5 años más tarde explotaría en la cara del Brody con una llamada telefónica recibida en un hotel de Hong Kong a las 4:22 de la madrugada del 18 de febrero de 1999. Una llamada que cambió la vida de Jorge Campos para siempre.

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