Posted in

Juan Gabriel: La Asquerosa Verdad Sobre Su Muerte y El Hijo Borrado Por 26 Años En Una Guerra Multimillonaria

El 28 de agosto de 2016, a las once y media de la mañana, el hombre que le había enseñado a llorar a todo México y al resto del continente con sus desgarradoras canciones de amor, falleció de manera inesperada. No lo hizo sobre un majestuoso escenario adornado con luces brillantes, ni arropado por el sonido melancólico de los mariachis, ni bajo el ensordecedor aplauso de millones de fanáticos que coreaban su nombre sin cesar. Alberto Aguilera Baladés, mundialmente conocido e idolatrado como Juan Gabriel, el gran Divo de Juárez, murió completamente solo en el cuarto de baño de un departamento rentado frente a las costas del mar en Santa Mónica, California. Mientras afuera la cotidianidad seguía su curso normal bajo el sol californiano, adentro de esas silenciosas paredes acababa de extinguirse la voz más importante e influyente de América Latina. Sin embargo, lo que ocurrió inmediatamente después de que su corazón dejara de latir no fue la solemne organización de un funeral digno de una leyenda musical; fue el perturbador inicio de una brutal, salvaje e implacable guerra familiar.

Una guerra descarnada motivada por el afán desmedido de dinero, la sangre no reconocida, los codiciados apellidos, las firmas sumamente sospechosas y unas prematuras cenizas que intentaron llevarse consigo los secretos más oscuros y mejor guardados de su vida privada. En el epicentro de esta encarnizada y vergonzosa disputa se encontraba un imperio patrimonial valorado conservadoramente en más de treinta millones de dólares, los derechos de autor incalculables de casi sesenta exitosos álbumes musicales y un hijo biológico que, según desgarradores testimonios difundidos, fue cruel y sistemáticamente borrado del mapa mediático durante veintiséis largos años. Las preguntas y las dudas razonables comenzaron a asediar a la familia y a los medios de comunicación casi de inmediato: ¿Por qué las autoridades forenses no realizaron una autopsia completa y exhaustiva para determinar las causas exactas del repentino deceso? ¿Cuál fue la verdadera y macabra razón detrás de la rápida e inusual cremación de sus restos en la ciudad de Anaheim? ¿Por qué la colosal herencia quedó bajo el dominio absoluto y total de un solo heredero, dejando en un frío desamparo a aquellos jóvenes que llevaban su misma sangre latiendo en las venas?

Para intentar comprender este oscuro laberinto de dolor, traición y avaricia, debemos retroceder drásticamente en el tiempo y mirar de frente a la herida central que define esta trágica historia: el abandono. Antes de conocer el sabor de la fama, el clamor popular y los trajes impecablemente bordados en pedrería y lentejuelas, existió un niño frágil y desamparado en Ciudad Juárez que fue dejado a su propia suerte en los pasillos de la Escuela de Mejoramiento Social para Menores. Allí, rodeado de dormitorios compartidos, un frío institucional calador y reglas militares sumamente estrictas, el pequeño Alberto aprendió a muy temprana edad una lección devastadora: las personas que supuestamente tienen el mandato divino de amarte, protegerte y cuidarte, también son perfectamente capaces de darte la espalda y abandonarte en el camino. Fue precisamente en ese duro y opresivo encierro donde conoció a Micaela Alvarado, la directora que se apiadó de él y le brindó protección maternal, y a Juan Contreras, el maestro de música que le enseñó a canalizar todo ese inmenso dolor acumulado para transformarlo en melodías eternas que curarían a otros. De ellos no solo tomó el inmenso apoyo emocional que le faltaba trágicamente en casa, sino que también construyó las bases del nombre artístico que el mundo entero iba a venerar de rodillas: Juan Gabriel.

Tristemente, el éxito arrollador, las ventas millona

Read More