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¡HARFUCH PERFORA CASA de SEGURIDAD del CÁRTEL en SINALOA; CAEN DETENIDOS 9 MUGROSOS!

La célula creyó que usaba a los menores como escudo. En realidad, los estaba usando como baliza. Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El tercer error ocurrió la tarde del 7 de junio, horas antes del operativo. Los elementos del Goes ya estaban completando el perímetro exterior cuando el líder de la célula, nervioso por un movimiento inusual de vehículos en calles aledañas, tomó la peor decisión posible.

ordenó a cuatro de sus hombres salir en el Toyota Coroya a hacer un reconocimiento armado del sector. Chalecos puestos, armas largas a la vista, a plena tarde en una colonia residencial. La lógica era que cuatro hombres armados viendo la calle desde adentro de una camioneta era disuasión.

Lo que no calcularon fue que ese movimiento sospechoso que los puso nerviosos eran precisamente los elementos cerrando el anillo exterior. Al salir, los cuatro sicarios no encontraron a nadie para disuadir. Encontraron a los agentes del Goes mirándolos directamente. Les entregaron la evidencia visual, les dieron el pretexto legal y sellaron el destino de los nueve.

Ese tercer error fue lo último que calcularon mal, porque esa noche Harf ya tenía todo lo que necesitaba. A las 21:14 horas del domingo 7 de junio, el primer elemento del grupo de operaciones especiales tomó posición en la esquina norte de la calle, donde se ubica el primer inmueble de Valle Alto. No hubo sirenas, no hubo luces de emergencia, no hubo el tipo de movimiento que despierta perros y enciende ventanas.

Los vehículos del Goes llegaron con los faros apagados en los últimos 200 m. Motor en marcha reducida, comunicación exclusivamente por radio encriptado en la frecuencia táctica 148,750 MHz asignada para la operación. Cada elemento sabía exactamente dónde colocarse porque el dron, un sistema FLIR de visión térmica que llevaba 47 minutos sobrevolando el sector a 180 m de altitud, ya había mapeado cada salida, cada ventana, cada punto de fuga posible. Nueve cuerpos.

Eso es lo que mostraba la pantalla térmica en el centro de mando móvil estacionado tres cuadras al norte, siete en el primer inmueble distribuidos en dos cuartos. Dos en el segundo inmueble en la parte trasera, todos activos, ninguno dormido. A las 21:14, la célula todavía no sabía que la noche ya había cambiado de dirección.

En coordinación directa con el Goés, elementos del ejército mexicano cerraron el perímetro sur y oriente de la manzana. La Guardia Nacional bloqueó los accesos vehiculares a tres cuadras de distancia en cada punto cardinal, no para detener al que escapara, sino para garantizar que ningún vehículo de refuerzo pudiera entrar.

La Secretaría de Marina apostó dos unidades en las arterias principales del sector. La coordinación entre las seis instituciones participantes había sido ensayada en mesa de operaciones a las 18:30 horas de ese mismo día, 3 horas antes del despliegue. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta: ¿Por qué Valle Alto? ¿Por qué esa noche específica y no 48 horas antes cuando el cerco de inteligencia ya estaba completo? La respuesta está en los documentos.

A las 19:45 horas de ese domingo, el informante infiltrado en la célula, identificado en los archivos operativos únicamente como fuente 3, envió la señal acordada, una llamada al 91, uno reportando personas armadas en el domicilio. No fue una denuncia ciudadana espontánea. Fue la confirmación de que el armamento completo estaba concentrado en el inmueble, que los nueve elementos de la célula estaban presentes y que el momento era óptimo para el cierre.

Fuente 3 llevaba 6 semanas dentro. A las 21:14, mientras la célula cenaba y los radios de los menores zumbaban con frecuencias de monitoreo rutinario, el dron registró el momento exacto en que el primer elemento del Goes cruzó la línea de intervención. El cerco estaba cerrado, los nueve todavía no lo sabían.

Afuera todo parecía normal, adentro ya era demasiado tarde. A las 21:22 horas, el operativo salió de las sombras. Los primeros 4 minutos fueron de contacto y sorpresa. Los cuatro sicarios que horas antes habían cometido el error de salir en el Corolla a reconocer el perímetro estaban de regreso en el inmueble, pero no habían guardado las armas.

Cuando el primer elemento del Goes cruzó el portón exterior, los cuatro los vieron a través de la ventana y tomaron una decisión simultánea, instintiva, la única que conocían, correr hacia adentro, no hacia afuera, no hacia los vehículos, adentro, como si las paredes de block pudieran detener lo que ya estaba encima de ellos.

El error de cálculo fue inmediato. Al correr hacia el interior del inmueble, no escaparon del cerco, se metieron directamente en él. Los elementos del Goe siguieron el ingreso sin vacilar, conformación en cuña, comunicación por señas, las linternas tácticas barriendo cada rincón antes de que un pie cruzara el umbral. En menos de 4 minutos, los cuatro sicarios estaban en el suelo, manos detrás de la cabeza, con los fusiles AK47 todavía cargados a menos de 1 met de sus manos y sin posibilidad de alcanzarlos.

Cuatro detenidos, cero disparos. El operativo continuó. Los siguientes 11 minutos fueron de persecución y colapso porque adentro del primer inmueble había más. Tres cuerpos adicionales que el dron había registrado en la planta alta tomaron la única decisión que les quedaba, la fuga vertical. Por la parte trasera del inmueble, saltando hacia los techos de las casas contiguas, usaron la geografía apretada de Valle Alto, esas casas pegadas unas con otras, esos techos de lámina y block que en otras circunstancias son solo arquitectura de

clase media como ruta de escape. No funcionó. El primero saltó y aterrizó mal. La pantalla térmica del dron registró la caída a las 21:26 horas. Fractura de tobillo derecho. El forense lo confirmaría después. siguió moviéndose 3 m antes de detenerse. El segundo saltó desde mayor altura y el impacto fue peor.

Fractura de muñeca izquierda, rodilla golpeada contra el borde del techo. Siguió arrastrándose de todas formas porque el instinto de huida no distingue entre el dolor y la supervivencia. El tercero no saltó, calculó la distancia, dudo 2 segundos y esos 2 segundos fueron suficientes para que un elemento del Goes, que había anticipado la ruta de fuga por el flanco oriente lo interceptara antes de que sus pies dejaran el techo. Eso no es todo.

El siguiente hallazgo hizo silencio en la sala porque los dos que sí saltaron y cayeron fracturados, los que se arrastraban entre los techos de valle alto con los huesos gruesos son huesos rotos y los chalecos todavía puestos. Tardaron 11 minutos en ser alcanzados. 11 minutos en los que el cerco se fue cerrando casa por casa, techo por techo, con elementos rastreando su calor corporal en la pantalla térmica en tiempo real.

Cuando finalmente los alcanzaron, los dos estaban recostados entre tanques de agua y antenas de televisión jadeando sin posibilidad de resistir. Cinco detenidos en el primer inmueble, cuatro en fuga activa hacia el segundo. Los últimos 6 minutos fueron de rendición sin salida. Los cuatro restantes en Deotos junto al último bandit, donde ellos los dos menores radioadores ya sabían lo que había pasado en el primer inmueble.

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