Joseph Blatter, el presidente de la FIFA de ese momento, tuvo que renunciar. Decenas de dirigentes fueron procesados, extraditados, condenados. Y el mundo futbolero, que llevaba años diciéndole a cualquiera que quisiera escuchar que la FIFA era una cloaca, tuvo por un momento algo que parecía un final feliz, pero no duró nada.
La FIFA se recompuso eligiendo a Jan Infantino como nuevo presidente en 2016. infantino era el tipo que hacía los sorteos de la Champions League, una figura más bien anodina que llegaba con promesas de transparencia y reforma. Anunció límites de mandatos, divulgación de salarios ejecutivos, vuelos en aerolíneas de bajo costo. El reformador había llegado.
Lo que hizo en realidad fue comprar una alfombra bien grande para barrer toda la porquería debajo. La gestión de Infantino está rodeada de sus propias controversias. Se supo que mantuvo reuniones privadas no registradas con el fiscal general de Suiza, mientras mismo fiscal investigaba asuntos relacionados con la FIFA. Las causas se archivaron.
La propia FIFA le abrió una investigación interna por usar fondos institucionales para vuelos de su familia, un auto de lujo, un chóer, flores para su casa y un colcho nuevo. La causa también se archivó. Eran gastos normales, dijeron. Su estrategia para mantenerse en el poder es tan simple como efectiva.
La FIFA tiene 211 asociaciones miembros y cada una tiene exactamente un voto. Infantino ganó la presidencia prometiendo repartir ,000 extra a cada asociación. Después de su reelección subió el monto a 6 m,000000, después a ocho. Ahora está corriendo para un cuarto mandato y prometió otra suba.
Las asociaciones más pequeñas, las de África, Asia, los países menos desarrollados, reciben esa plata como un maná y a cambio votan siempre lo que él necesita. Reformó las reglas que él mismo había prometido, sacó a los árbitros de ética que podían investigarlo y convirtió a la FIFA en algo que se parece más a un estado personal.
que a una federación deportiva. En la víspera del Mundial de Qatar Infantino se paró ante el mundo y dijo textualmente, “Hoy me siento catarí, hoy me siento árabe, hoy me siento africano, hoy me siento trabajador migrante.” Todo. Mientras 6,500 de esos trabajadores migrantes habían muerto construyendo los estadios donde él iba a cobrar sus millones.
El discurso fue tan delirante que los medios internacionales lo calificaron como una tirada propia de un autogol de relaciones públicas difícil de superar. No le importó porque Infantino sabe algo que pocos quieren admitir. El fútbol es tan popular que los escándalos no le hacen daño real.
La gente quiere ver los partidos y mientras haya partidos hay negocio. Una de las primeras grandes decisiones de Infantino fue expandir el mundial de 32 a 48 selecciones, empezando en 2026. Públicamente lo vendió como democratización del fútbol darles más oportunidades a más países. En los hechos fue una decisión puramente financiera.
48 equipos significa 104 partidos en vez de 64. 40 partidos más para vender derechos de televisión, 40 partidos más para vender entradas, 40 partidos más de patrocinios. Para la FIFA es una máquina de generar ingresos. Para los países anfitriones es una pesadilla. Más partidos significa más estadios requeridos, más seguridad, más infraestructura de transporte, más alojamiento, más personal, más todo.
El costo estimado combinado de los tres países anfitriones del 2026 para organizar este torneo es de aproximadamente 14,000 millones de dólar con estadios que ya existían sin tener que construir nada desde cero. Imagina lo que hubiera costado si alguno de los tres países hubiera tenido que levantar estadios nuevos.
La consecuencia deportiva es la que cualquier hincha de fútbol ya está viendo. Partidos de fase de grupos entre selecciones que tienen bases de hinchas tan pequeñas que no llenan ni el primer anillo del estadio. Partidos donde el nivel técnico cae porque hay 16 equipos más que en torneos anteriores, muchos de ellos sin la infraestructura futbolística para competir realmente.
Partidos por los que alguien pagó cientos o miles de dólares y que terminan siendo 90 minutos de una selección defendiendo su área con 10 hombres. El fútbol no se expandió, se diluyó, pero el balance contable de la FIFA nunca estuvo mejor. Volvamos al principio. El 13 de abril de 2018, el comité del United B, Estados Unidos, México y Canadá, presentó su propuesta ante la FIFA para organizar el Mundial 2026.
competían contra Marruecos, que tenía momentum político y el atractivo emocional de ser una candidatura africana. El United Bat necesitaba diferenciarse en algo concreto y lo que eligieron fue la accesibilidad. En el documento oficial de la candidatura quedó escrito que los precios de las entradas para la fase de grupos arrancarían desde $21, el Mundial del Pueblo.
La promesa era explícita, era el argumento central y los 134 votos a favor contra 34 de Marruecos les dieron la sede. Lo que pasó después es que esa promesa no tenía ningún mecanismo de cumplimiento. Era una estrategia de bidding, no un compromiso vinculante. Una vez adjudicada la sede, los precios volvieron a las manos de la FIFA y la FIFA hizo lo que la FIFA siempre hace.
La entrada más barata disponible para la final del Mundial 2026 cuesta $4,100. La categoría 1 cuesta $8,680. Para comparar, en Qatar 2022, una entrada a la final costaba alrededor de $1,000. No es inflación, es un aumento del 760% en 4 años para el mismo producto. Pero el problema no son solo los precios de la final.
En 2022, una entrada para un partido de fase de grupos se conseguía por alrededor de $70. En 2026, el precio más bajo que podés encontrar para un partido de baja demanda es de $165 en los canales oficiales. Para un partido de alta demanda como Portugal contra Colombia en Miami, los precios en el mercado de reventas superan los $3,000. ¿Cómo se llega a esos números? Con cuatro mecanismos que se potencian entre sí. Primero, precios dinámicos.
La FIFA adoptó por primera vez en su historia un sistema donde los precios cambian en tiempo real según la demanda. Cuanta más gente quiere ver un partido, más caro se vuelve el ticket sin techo. Un ticket que arrancó en $200 puede estar en 500 para cuando intentas comprarlo. Segundo, los paquetes de hospitalidad corporativa.
Antes de que salga a la venta una sola entrada al público general, la FIFA separa un bloque enorme para paquetes VIP que van desde $2,500 hasta $3,000 por persona. Este año se estima que la FIFA va a generar 700 millones de dólares solo de ese segmento. Tercero, el mercado de reventa propio. La FIFA creó su propia plataforma de reventa sin límite de precio y cobra el 15% al vendedor y el 15% al comprador al mismo tiempo.
Si el precio sube en reventa, la FIFA gana dos veces. En esa plataforma llegaron a listarse tickets a 11,5,000ones cada uno. Cuarto, y acá viene lo que derivó en una investigación judicial, escasez artificial. Los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey, y posteriormente también el fiscal de California iniciaron investigaciones formales contra la FIFA acusándola de retener deliberadamente miles de entradas en las primeras fases de venta para simular agotamiento, generar pánico en los compradores y empujarlos a
adquirir los paquetes VIP corporativos de miles de dólares antes de quedarse sin nada. La fiscal general de Nueva York lo dijo en términos directos. Nadie debería ser manipulado para pagar precios exorbitantes y los hinchas tienen derecho a recibir el asiento que compraron. Los precios de las entradas subieron en promedio un 34% entre octubre de 2024 y abril de 2025 a través de sucesivas fases de venta.
Eso no es el mercado funcionando, eso es manipulación de manual. Y para rematar, ese mismo año, el Departamento de Justicia de la Administración Trump ordenó desestimar la causa pendiente más importante del FIFA Gate. Hernán López, exdirector de Fox International y la agencia Full Play Group, habían sido declarados culpables en 2023 de pagar decenas de millones en sobornos a directivos de la CONMEBOL para asegurar derechos de transmisión de la Copa América y los mundiales.
La causa vinculada directamente al escándalo de 2015 fue archivada definitivamente. La justificación oficial fue que procesar extranjeros por corrupción ya no era prioridad del gobierno. 10 años después del FIFA Gate, los últimos condenados quedaron libres. Dentro del escándalo de los precios, hay una estafa más específica que merece su propio segmento, porque es la que más claramente muestra cómo funciona la cabeza de la FIFA.
Cuando abrieron la venta de entradas para el 2026, los asientos estaban divididos en cuatro categorías. La categoría uno era la mejor, la más cercana al campo, la más cara, la que la gente asumía que era la premium definitiva. Miles de hinchas la compraron pagando el precio más alto disponible, convencidos de que tenían los mejores asientos del estadio.
Meses después, la FIFA modificó el mapa de asientos y creó una nueva categoría llamada categoría frontal. Los compradores de categoría 1 fueron reubicados en posiciones peores y los asientos que ellos habían comprado como los mejores pasaron a venderse como la nueva categoría frontal a precios todavía más altos.
Básicamente te vendieron el mejor asiento del estadio, después decidieron que ese ya no era el mejor asiento. Crearon uno mejor y te lo venden de nuevo. Las investigaciones de Nueva York y Nueva Jersey documentaron este proceso específicamente. No es una interpretación, es lo que ocurrió. La BBC reportó el caso.
La Federación Europea de Fanáticos presentó una denuncia formal ante la Comisión Europea acusando a la FIFA de seis abusos distintos, incluyendo precios excesivos, prácticas engañosas y falta de transparencia. La FIFA hasta el momento no se pronunció sobre ninguna de las investigaciones y lo más probable es que no lo haga porque saben que el mundial empieza, los partidos se juegan, la gente olvida y en 4 años el ciclo se repite.
Ahora hablemos de México porque México merece su propio capítulo en esta historia. México es el primer país del mundo en organizar tres mundiales: 1970, 1986 y ahora 2026. En el 70 fue el Mundial de Pelé el primero en transmitirse a color. En el 86 fue el de Maradona el que salvó cuando Colombia se bajó por problemas económicos y México respondió 4 años después de un terremoto devastador.
El Estadio Azteca va a ser el primero en la historia en ver tres inauguraciones mundialistas. Eso es legado real, es historia futbolística genuina y nadie se lo puede quitar, pero la realidad operativa del acuerdo es otra cosa. El Mundial 2026 tiene 104 partidos, a México le tocaron 10. La final es en el Met Life Stadium de Nueva Jersey.
Las semifinales también son en Estados Unidos. La gran final del torneo que México coorganiza se juega en otro país. Los anfitriones lavan los platos mientras el pastel se come en la casa del vecino. Además, las exigencias que la FIFA le impuso a México fueron más agresivas que las que le impuso a sus socios del norte.
de México tuvo que garantizar exensión fiscal total para la FIFA, sus filiales, las televisoras participantes y todas las empresas asociadas al evento. Estados Unidos y Canadá también redujeron impuestos, pero no al nivel de México, ni un peso de impuestos para una organización que va a generar miles de millones de dólares dentro del territorio mexicano.
Y después está el episodio de Los palcos del Azteca, que es una historia que resume perfectamente cómo opera la FIFA. Cuando el Estadio Azteca se construyó, los palcos se vendieron a particulares por periodos de hasta 100 años. Son propietarios legítimos con derechos legales sobre esos espacios para cualquier evento que ocurra en el estadio, incluyendo los mundiales.
La FIFA llegó y dijo que necesitaba control total de los palcos para poder venderlos. El derecho a la propiedad de los dueños legítimos le importó exactamente nada. Después de años de disputas legales, la solución fue que los propietarios del estadio tuvieron que comprarle a la FIFA el derecho de acceso a los palcos para poder dárselo a sus propios dueños.
El monto gastado solo en esa negociación rondó los 200 m000000es de pesos mexicanos para que la gente pudiera entrar a un espacio que ya era suyo. Y la historia no termina ahí, porque ahora los dueños de esos palcos tienen otro problema, no los van a dejar comer. Se filtraron los precios de alimentos y bebidas para los estadios mexicanos del mundial y los números son los siguientes.
En el estadio Azteca, agua mineral 80 pes. Papas fritas 200 pes. Una lata de Coca-Cola 150 pesos. Una cerveza 300 pesos. Para entender lo que eso significa en contexto real, una lata de Coca-Cola en un supermercado de México en 2026 cuesta aproximadamente 20es. En el estadio te la cobran 150. Eso es 7,5 veces más cara por el mismo producto.
En dólares afuera cuesta aproximadamente 1,14. adentro del estadio, alrededor de $8,57. Una botella de agua de $80 equivale a unos $457. Las papas fritas de 2002 son aproximadamente $1143. La cerveza de 300 son unos $1714 por una Bader. Ahora, lo que la FIFA y Televisa hicieron con los dueños de palcos va más allá de los precios.
Les prohibieron ingresar comida o bebida propia al estadio y les avisaron que los vendedores ambulantes dentro del perímetro tampoco estarán disponibles para ellos durante los partidos del Mundial. Su única opción es adquirir un paquete de catering específico para palcos. El paquete más básico disponible para 12 personas cuesta $10,560.
Eso incluye 12 porciones de papas fritas, 12 cacahuates, 12 hamburguesas, 12 hot dogs, una botella de ron, 24 cervezas, 24 aguas y 24 refrescos. Más de $10,000 por papas fritas y Bad Wazer para comer en un palco que ya es tuyo y que compraste hace décadas. El dueño del Estadio Azteca es Emilio Azcárraga, dueño también de Televisa, la principal televisora de México, lo que significa que la información sobre este nivel de saqueo va a tener muy poca cobertura en los medios mexicanos más importantes.
Si la entrada y la comida ya te parecen un problema, el viaje completo es otro nivel. En México, tres de los cuatro aumentos de precios hoteleros más grandes registrados para el mundial son en ciudades mexicanas, Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. En el hotel Lemeridian de Reforma en Ciudad de México, el precio por dos noches pasó de $172 el promedio normal a más de $1,500 por noche en los días de partido.
Un aumento del 2,000%. En los Estados Unidos no es mejor. El Fairfield in en East Ruford, Nueva Jersey, a 2,5 km, del Met Llife Stadium, donde se juega la final, vio sus precios para dos noches subir de $580 a más de 3,000. El transporte también es un escándalo. El Medlife Stadium, donde se juega la final fue declarado evento sin estacionamiento.
Para llegar, tenés que tomar el tren de New Jersey Transit desde Pen Station. En un día normal, ese trayecto de 13 minutos cuesta $. Para el Mundial cuesta $150 la ida y vuelta. También podés tomar un bus $80 o estacionar en un shopping cercano por $225 y caminar en la misma ciudad, el mismo partido, dependiendo de qué barrio Salís, el transporte puede costar 30 veces más.
Un economista deportivo calculó lo que le costaría a un hincha inglés seguir a su selección durante la fase de grupos. Tres partidos, tres ciudades distintas, considerando vuelos, hoteles de rango medio, entradas de categoría 3 y transporte local. El total es de aproximadamente $6,000 siendo conservadores. Hay gente en el Reino Unido vendiendo su casa para ir a los partidos.
Y como novedad absoluta en la historia del Mundial, por primera vez los Fan Parks, las zonas habilitadas para ver los partidos en pantalla gigante con otros hinchas para la gente que no pudo conseguir entrada también tienen costo de entrada. ya no hay ninguna instancia gratuita de participación. La consecuencia lógica de todo esto es que el mundo ya no quiere organizar mundiales.
No porque el fútbol sea menos popular, el Mundial 2022 fue visto en algún momento por más de 5,000 millones de personas. La final entre Argentina y Francia tuvo 100 millones de espectadores. El producto es más grande que nunca. El problema es que la FIFA lo hizo tan costoso que casi ningún país puede permitirse ser sede. En 2018 hubo cuatro candidaturas para el Mundial 2026. En 2022, cinco para el siguiente.
Pero para los mundiales de 2030 y 2034, abiertos en simultáneo en 2023, hubo exactamente un candidato por sede. No fue una competencia, fue una designación. España, Portugal y Marruecos para 2030, Arabia Saudita para 2034. Nadie más quiso entrar. ¿Por qué? Porque las cuentas no cierran para nadie.
En 2022, la Football Association Inglesa evaluó seriamente una candidatura junto con Escocia, Gales, Irlanda del Norte e Irlanda para el Mundial de 2030. Inglaterra tiene el torneo de clubes más comercial del mundo. 11 estadios de Premier League con más de 40,000 asientos. toda la infraestructura necesaria. Igualmente, encargaron un análisis de viabilidad, revisaron los números y la conclusión fue unánime.
Organizar la Eurocopa daba el mismo retorno de inversión por una fracción del costo. No tiene sentido. El único tipo de país que puede organizar un mundial en solitario hoy es uno que tenga petrodólares y poca rendición de cuentas. Arabia Saudita 2034 tiene un presupuesto proyectado de 50,000 millones dó. Para comparar, el PIB anual de Portugal es de unos 260,000 millones.
Arabia Saudita va a gastar más de la mitad del PIB de un país europeo entero en un torneo de fútbol de un mes. Marruecos, que coorganiza 2030 junto con España y Portugal va a gastar 16,000 millones de dólares en infraestructura. El salario mensual promedio en Marruecos es de aproximadamente $500. A fines de 2025, 150,000 jóvenes marroquíes salieron a las calles en lo que se conoció como el movimiento Genzeta 212, organizado a través de TikTok y Discord, exigiendo que ese dinero fuera para escuelas y hospitales.
La FIFA no comentó nada al respecto. El modelo llegó a su límite. El viejo modelo de Predador se quedó sin víctima, como alguien podría decir. Y la solución de la FIFA fue buscar víctimas que no puedan decir que no. coaliciones de países que reparten el costo o petroestados que usan el mundial como herramienta de legitimación internacional.
Y por las dudas, que todavía quede alguna duda sobre qué clase de organización es la FIFA. El año pasado Janny Infantino le inventó un premio que nunca existió antes, el premio de la paz de la FIFA y se lo entregó a Donald Trump. Un gesto que, según los propios periodistas que cubren la organización pareció ser decisión de un solo hombre sin consulta interna.
Infantino lleva cinco visitas a la Casa Blanca en el último año. Asistió a una cumbre de paz en Medio Oriente que no tiene nada que ver con el fútbol y se puso una gorra de Trump en un evento público. La inversión diplomática dio sus frutos. El Departamento de Justicia de Trump archivó el último caso pendiente del FIFA Gate.
Antes de que empieces a pensar que la estafa termina con el partido final, hay una que empieza antes incluso de que el primer balón ruede. Meses antes, en el Kosco de la Esquina, con un álbum de figuritas Panini y 48 países nuevos que llenar, eso tiene su propio video y va a doler igual. El Mundial 2026 va a tener partidos increíbles, va a haber goles que te van a hacer saltar de la silla, va a haber drama, va a haber sorpresas, va a haber algún momento que recuerdes por décadas y mientras eso pasa, la FIFA va a generar aproximadamente 11,000

millones de dólares. El país anfitrión con el mayor sacrificio fiscal, México, no va a haber un peso de eso. Los trabajadores que construyeron Qatar siguen sin justicia. Las investigaciones por fraude en venta de entradas siguen abiertas o cerradas sin consecuencias. Infantino ya está haciendo campaña para su cuarto mandato y el próximo mundial se organiza en un país donde 2 años atrás las mujeres no podían manejar.
La pregunta no es si esto es una estafa, eso ya quedó claro. La pregunta es, ¿por qué seguimos pagando por ella? Y si esta data suculenta te hizo ver las cosas desde otro ángulo, no te olvides de darle duro, pero bien duro al botón de like, suscribirte al canal y activar la campanita para que YouTube te avise cada vez que tiramos una ración de data.