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HARFUCH DESTAPA el IMPERIO OCULTO de LILY TÉLLEZ: ,MILLONES en EFECTIVO y MÁS ESCANDALOS

19 inmuebles en cuatro estados de la República, Sonora, Ciudad de México,  Nuevo León y Jalisco. Cada uno tenía que ser intervenido al mismo segundo para que nadie  con acceso a información interna tuviera tiempo de activar protocolos de limpieza, mover efectivo o destruir documentos.  Un solo cateo que llegara tarde podía contaminar la cadena de custodia de los otros 18.

Por eso la instrucción fue absoluta.  Simultaneidad total, cero margen de error. Participaron elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, personal especializado de la Unidad de Inteligencia Financiera, peritos contables  de la Fiscalía General de la República y en las gasolineras técnicos del área de hidrocarburos de la Secretaría de Energía que iban con un objetivo muy específico, tomar muestras del combustible almacenado en los tanques subterráneos  para determinar si

era de origen legal o robado. 17 vehículos coordinados,  un puesto de mando central recibiendo reportes en tiempo real desde los 19 puntos y la instrucción de Harf, que era la misma para todos. Todo se documenta, todo se fotografía, todo entra en cadena de custodia, nada se mueve sin registro. A las 4:17 minutos de la madrugada del jueves, los primeros vehículos llegaron al restaurante ubicado en la colonia Pitic de Hermosillo, Sonora.

No llegaron con sirenas. ni con luces encendidas. No hubo el despliegue que acompaña los operativos contra el crimen organizado armado. Llegaron en silencio con la orden de cateo firmada por un juez federal 48 horas antes  y con los documentos judiciales en la mano. Lo que encontraron adentro no requirió ni 30 minutos para confirmar lo que los analistas llevaban meses sospechando.

Los libros de registro de los restaurantes mostraban algo que en el lenguaje fiscal tiene un nombre preciso. Ingresos declarados cero. Nueve sucursales de restaurante que en los últimos tres ejercicios fiscales declararon ante el SAT utilidades negativas, es decir, pérdidas cada año sin  excepción.

nueve restaurantes que según sus propias declaraciones fiscales pierden dinero todos los años y que sin embargo siguen abiertos,  siguen operando, siguen contratando personal, siguen ampliando instalaciones. En el mundo real de los negocios, un restaurante que pierde dinero 3 años seguidos cierra. No hay inversionista que sostenga eso.

No hay lógica financiera que lo justifique. A menos que el restaurante no esté ahí para vender comida, a menos que el restaurante esté ahí para otra cosa.  En el mundo del lavado de dinero, un negocio que que declara pérdidas permanentes es exactamente lo que necesita quien tiene que justificar, que justificar la entrada constante de efectivo, que de otra manera no tiene explicación.

El mecanismo es directo, se introduce efectivo como si fueran ventas del restaurante. El restaurante factura esas ventas.  El dinero queda registrado con una justificación aparentemente legal.  Y para que el esquema no levante alertas, se declara que el negocio apenas sobrevive, que pierde dinero.

Así no hay utilidades que grabar, no hay ISR significativo y no hay preguntas incómodas sobre de dónde viene tanta ganancia. Es un esquema viejo conocido en la inteligencia financiera de todo el mundo,  pero que funciona durante años cuando nadie se toma el trabajo de ir a verificar si lo que dicen los libros coincide con lo que  pasa dentro del local.

Los peritos que acompañaron el cateo encontraron en tres de los nueve restaurantes cajas de seguridad empotradas en los depósitos traseros. Las cajas fueron abiertas con autorización judicial frente a los responsables de los locales. Lo que había dentro no era dinero simbólico. En dos restaurantes de Hermosillo, el efectivo superaba los 800,000 pesos en billetes de distintas denominaciones sin ningún registro contable que explicara su origen.

En un tercer restaurante ubicado en Guadalajara, la caja contenía, además del efectivo, tres teléfonos con chips internacionales sin activar y una libreta con anotaciones en clave que los analistas de la FGR trasladaron de inmediato para análisis forense. Tres teléfonos con chips internacionales en la trastienda de un restaurante que declara pérdidas.

Eso no es un detalle menor, eso es una línea de investigación que conecta con algo más grande que un esquema de facturación local.  Pero eso no era lo más grave que encontraron esa madrugada. Lo más grave estaban las gasolineras. Las cuatro estaciones de servicio vinculadas al entorno de Lily Téz compartían una anomalía que los analistas de la UIF habían detectado meses antes.

Ninguna tenía contrato de suministro verificable con Pemex ni con ningún distribuidor autorizado dentro del sistema regulado de hidrocarburos en México. En este país, cualquier gasolinera que opera dentro del marco legal  necesita un contrato de franquicia o suministro con Pemex o con un distribuidor certificado. Ese contrato genera registros, produce facturas, deja un rastro.

Las cuatro gasolineras no tenían ese rastro. Lo que tenían era combustible en los tanques y clientes en las bombas. La pregunta que se hicieron los analistas fue la misma que cualquiera se haría. Si no le compran la gasolina a Pemex ni a nadie autorizado,  entonces, ¿a quién se la compran? La respuesta lleva un nombre que en México carga con sangre y con años de crisis en estados  como Guanajuato, Hidalgo y Jalisco.

Huachicol, combustible robado directamente de los ductos de Pemex  por redes criminales organizadas, distribuido a través cadenas de intermediación que terminan en puntos de venta que necesitan combustible barato y sin preguntas.  Vender gasolina robada no es solo un fraude fiscal, es participar activamente en una cadena de crimen organizado que tiene víctimas reales, que ha financiado estructuras delictivas durante  años y que el Estado mexicano persigue como uno de sus blancos prioritarios

desde 2019. Los técnicos de hidrocarburos que acompañaron el operativo necesitaban confirmar eso con evidencia científica.  En la gasolinera ubicada en la en San Luis Río Colorado, Sonora, el proceso de extracción y etiquetado de muestras de los tanques  subterráneos tardó 2 horas con40 minutos.

Lo que pudieron determinar en campo con el equipo portátil de espectrometría fue suficiente para que el responsable del equipo técnico emitiera una nota preliminar transmitida al puesto de mando a las 7 de la mañana con 33 minut.  El combustible en los tanques no coincide con las especificaciones de los lotes documentados por los distribuidores autorizados de la zona.

En términos simples, la gasolina que vendían esas estaciones no tiene certificado de origen. Los resultados definitivos del laboratorio tardarán entre 70 y 2 y 96 horas. Pero la señal preliminar confirma lo que la inteligencia financiera anticipaba desde hace meses. Piensa lo que significa eso en términos prácticos.

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