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¡HARFUCH APLASTA A 7 N4RCOS EN HUANIQUEO: PERSECUCIÓN CON HELICOPTERO BLACKHAWK!

A las 15 hor31 minut, un helicóptero Black Hawk UH60 de la Fuerza Aérea Mexicana despegó de la base aérea militar número 16 en Morelia. Iba sin marcas visibles en el casco inferior, equipado con sistema FLIR de visión nocturna y térmica, capaz de distinguir la temperatura corporal de un ser humano a través de la lámina de un vehículo.

Su función no era intervenir primero, era cortar la retirada. Si alguien intentaba salir del municipio por cualquiera de las cuatro vías de acceso, el Black Hawk lo sabría antes de que cruzara la primera boca calle. En tierra, los elementos del ejército y la guardia civil cerraban el perímetro en silencio absoluto. Cuatro puntos de bloqueo, dos en los extremos de la calle Aldama, uno sobre la avenida principal de Salida Norte, uno cubriendo el lote Baldío al costado Oriente, el único espacio abierto que alguien podría usar para huir a pie. Ese lote ya estaba

cubierto. A las 15 horas 47 minutos el cerco estaba completo. La célula seguía en la calle Aldama. La Ford FE 150 con el motor encendido, los corridos todavía sonando, la chamarra del motociclista todavía mal colocada sobre el tanque. Ninguno de los siete sabía que en ese momento no había una sola ruta de salida disponible en ninguna dirección.

[música] Afuera todo parecía normal. Adentro ya era demasiado tarde. A las 15:48 con 22 segundos, el elemento de la Guardia Civil que había detectado al motociclista activó el contacto visual directo. No hubo megáfono, no hubo advertencia formal, hubo una mirada, la del elemento en uniforme que dejó de fingir que era cualquier otra cosa.

Y en el instante en que el motociclista entendió lo que estaba viendo, ya era demasiado tarde para que la decisión correcta fuera a huir, pero huyó. El motociclista aceleró la velocle al dama. El rugido del motor rompió el silencio de la tarde. Desde la Ford F150, los seis restantes vieron la moto dispararse hacia adelante y entendieron en un segundo lo que estaba pasando.

El conductor metió primera, pisó el acelerador y la camioneta blanca arrancó sobre el asfalto caliente dejando una marca negra de llanta. Lo que siguió fueron 15 minutos que nadie en Huaniqueo va a olvidar. Los primeros 5 minutos fueron de caos absoluto. La Fordre F150 aceleró por la calle Aldama en dirección contraria al tráfico.

Desde las ventanas traseras, dos integrantes de la célula abrieron fuego, Puetovo, con fusiles de asalto hacia los vehículos de la Guardia Civil que iniciaban la persecución. Disparos en ráfaga corta, vidrios rotos, la detonación rebotando entre las fachadas de adobe de las casas. Los civiles que estaban en la cera corrieron hacia los aguanes.

Una mujer con una cubeta de agua se tiró al suelo detrás de un poste. Un tendero bajó la cortina metálica de su local en menos de [música] 10 segundos. Los elementos federales respondieron el fuego con disciplina. Disparos controlados, nunca en dirección a los civiles, nunca al azar. La instrucción era contener, no destruir.

Necesitaban a esos siete vivos y con capacidad de hablar. El Black Hawk apareció sobre los techos de Huanqueo a las 15 hor:55 minutos. Su rotor sacudió las antenas de televisión y levantó polvo en los patios traseros. El sistema Flear iluminó la camioneta en color naranja intenso sobre la pantalla del operador.

Desde 300 m de altitud, el helicóptero paralelo a la carrera de la F150 la seguía metro a metro, transmitiendo su posición en tiempo real a todos los elementos terrestres. No había vuelta que la camioneta tomara que el Black Hawk no anticipara. No había callejón que la célula intentara que no estuviera ya cubierto. Los siguientes 7 minutos fueron de compresión.

El cerco terrestre fue cerrando los radios de escape uno por uno. La F150 intentó salir por la carretera norte bloqueada. Giró hacia el oriente bloqueada. Aceleró hacia el centro buscando la plaza principal. Dos vehículos del ejército cerraron la boca calle en diagonal. El conductor de la camioneta frenó en seco, giró en reversa, aceleró de nuevo.

Los disparos desde adentro de la camioneta continuaban. Ahora más desesperados, menos precisos, el cañón apuntando a cualquier cosa que se moviera. Uno de los proyectiles impactó en la carrocería de una patrulla de la Guardia Civil. El elemento en el asiento del copiloto recibió fragmentos de metal en el antebrazo. Siguió operando.

La moto de la velo fue interceptada a los 4 minutos de iniciada la persecución. El motociclista intentó meterse a un callejón lateral 3 m de ancho sin salida. Un elemento del ejército lo esperaba al fondo. El adolescente frenó, la moto derrapó y cayó al suelo con el fusil todavía en la mano. En el momento en que levantó la vista, tenía cinco armas apuntándole al centro del pecho.

Soltó el fusil, se tiró al suelo, sus manos temblaban. Los últimos 3 minutos fueron de colapso total. La Ford F150 acorralada sin salida en la intersección de Aldama con una calle sin nombre a dos cuadras de la plaza se detuvo. El motor siguió encendido. Los corridos seguían sonando adentro, un bajo de tubas y el grito de un cantante que nadie escuchaba ya. Durante 40 segundos no pasó nada.

El Black Hawk sobrevolaba a 150 m. Los elementos terrestres mantenían posición. La transmisión de radio decía una sola cosa. Esperen. La puerta trasera derecha de la camioneta se abrió. Primero salió una mujer con las manos levantadas gritando que no dispararan. Después la puerta delantera del copiloto.

Después las dos puertas restantes. Cuatro hombres con las manos en alto empujados por la lógica de que el siguiente segundo con un arma en la mano era el último. El último en salir fue el conductor. Abrió su puerta despacio, puso el pie izquierdo en el asfalto, después el derecho. Se paró. Tenía una pistola calibre pun2 en la mano derecha.

la sostuvo durante exactamente 3 segundos mirando al frente, mirando a los elementos del ejército, apuntándole desde cuatro ángulos distintos, mirando el Black Hawk sobre su cabeza, mirando los láseres rojos de cuatro rifles marcándole el pecho. Después la soltó, el metal golpeó el asfalto caliente con un sonido seco.

Un elemento de la Guardia Civil lo tomó por el brazo derecho, otro por el izquierdo. Lo giró contra la carrocería de la camioneta. Las esposas sonaron. Por radio, la voz del comandante de operación transmitió el parte final en tono neutro. Alto al fuego, amenaza neutralizada, cero bajas federales. 15 minutos, siete detenidos.

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