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¡Cae el Narcoalcalde de Cuautla! El Oscuro Secreto de Jesús Corona Damián y el Fin de la Impunidad

El Fin de una Fuga AnunciadaEl peso de la ley finalmente alcanzó a quien se creía por encima de ella. Tras diez días de mantenerse prófugo de la justicia, Jesús Corona Damián, presidente municipal de Cuautla, Morelos, fue capturado en un operativo quirúrgico orquestado por el Gabinete de Seguridad. Su caída, sin embargo, no es la típica historia de un político corrupto que desvió fondos públicos. Se trata de un caso que hiela la sangre, un relato que expone cómo las entrañas del crimen organizado lograron infiltrarse hasta la silla principal de un ayuntamiento, utilizando los recursos y la estructura del Estado para operar a sus anchas.

Cuando la noticia de su inminente captura comenzó a circular, Corona Damián no dio la cara. No convocó a una rueda de prensa para defender su honor ni se presentó voluntariamente ante las autoridades para aclarar su situación. Hizo exactamente lo que hace un delincuente acorralado: empacó sus maletas y huyó. Durante diez días, el hombre que legalmente seguía siendo el alcalde en funciones de Cuautla, se escondió a cientos de kilómetros de su municipio, refugiándose en el puerto de Acapulco.

Confiado en su poder y sus contactos, el alcalde panista tramitó un amparo, ese recurso legal que históricamente ha servido como un escudo impenetrable para la clase política mexicana. Creía que con ese documento en la mano, nadie se atrevería a tocarlo. Se paseaba por la colonia Costa Azul en Acapulco, respirando la brisa del mar, convencido de que, una vez más, el sistema estaba diseñado para protegerlo. Pero se equivocó.

Un Hallazgo Escalofriante: El “Servidor del Pueblo” Armado

Lo que verdaderamente estremece de este caso no es la huida en sí, ni siquiera los millones de pesos en efectivo que le fueron decomisados. El detalle más perturbador, aquel que derrumba por completo cualquier narrativa de inocencia, ocurrió en el segundo exacto de su captura.

Los elementos de seguridad liderados por Omar García Harfuch no se toparon con él por casualidad. Llevaban días siguiéndole el rastro en silencio, midiendo cada uno de sus pasos. Cuando finalmente lo rodearon, cerrándole cualquier posible ruta de escape, descubrieron la aterradora verdad: Jesús Corona Damián, el alcalde de Cuautla, llevaba consigo un arma de fuego lista para ser utilizada.

Este hecho cambia por completo la perspectiva del caso. No estamos hablando de un burócrata de cuello blanco que firmó contratos irregulares o que simplemente cerró los ojos ante la presencia del crimen. Estamos hablando de un funcionario en activo, la máxima autoridad civil de un municipio, armado como un sicario, preparado para abrir fuego y resistirse al arresto.

Resulta nauseabundo pensar que este mismo hombre era quien cortaba listones de inauguración, visitaba escuelas, abrazaba a los niños y prometía seguridad a las familias de Cuautla, mientras en su cintura cargaba un arma para defender los intereses oscuros a los que verdaderamente servía. Su investidura pública era solo una máscara; en la práctica, actuaba como un operador más de la delincuencia organizada.

El “Chapulín” Político y los Millones del Cártel de Sinaloa

Para entender la magnitud de esta traición, es necesario mirar el historial de Corona Damián, un claro ejemplo del oportunismo político. Su primera llegada a la presidencia municipal fue bajo las siglas de Morena. Sin embargo, demostrando que sus lealtades no estaban con ninguna ideología sino con el mejor postor, dio un salto mortal sin pudor alguno.

En 2024, regresó al poder, pero esta vez abanderado por la alianza opositora del PAN, PRI y PRD. Un auténtico “chapulín” de manual que no tiene colores ni principios, solo un precio. Y ese precio, según las investigaciones en curso, fue pagado con dinero manchado de sangre.

Las autoridades apuntan a que su campaña electoral fue directamente financiada por el Cártel de Sinaloa. A cambio de inyectar los millones necesarios para asegurar su victoria en las urnas, el crimen organizado compró a la policía municipal, compró el territorio y compró la impunidad. El alcalde, presuntamente, les abrió las puertas de Cuautla de par en par, permitiendo que la organización criminal operara a sus anchas, decidiendo sobre la vida, la tranquilidad y los negocios de los ciudadanos.

Operativo Enjambre: Una Limpia Inédita

La captura de Corona Damián no es un caso aislado. Es una pieza fundamental dentro de una estrategia mucho más grande y contundente: el Operativo Enjambre. Instruido directamente por la presidenta Claudia Sheinbaum y ejecutado con precisión milimétrica por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, este operativo representa una limpia sin precedentes en la historia reciente de México.

Las cifras son contundentes y, al mismo tiempo, alarmantes. Hasta el momento, el operativo ha dejado un saldo de más de 85 funcionarios y exfuncionarios detenidos. Entre ellos, destacan siete presidentes municipales en funciones. Alcaldes que fueron arrancados de sus cómodas oficinas gubernamentales para ser puestos tras las rejas.

Morelos, un estado que históricamente ha sido considerado un refugio de descanso y fin de semana, se ha revelado como la entidad con el mayor número de alcaldes en funciones vinculados al crimen. La podredumbre había echado raíces profundas, convirtiendo a los ayuntamientos en sucursales administrativas de los cárteles.

El Silencio Cómplice y la Hipocresía de la Oposición

Frente a un escándalo de esta magnitud, la reacción de la clase política ha sido sumamente reveladora. Cuando un funcionario del partido en el poder comete un error, la oposición mediática y partidista satura los micrófonos, exige renuncias y condena la inseguridad a los cuatro vientos. Sin embargo, ante la captura de uno de los suyos —un alcalde abanderado por el PAN que operaba para el Cártel de Sinaloa y portaba armas de fuego—, la respuesta ha sido un silencio absoluto y ensordecedor.

Ningún dirigente nacional ha salido a dar una explicación. No ha habido deslindes claros ni disculpas públicas para los habitantes de Cuautla. Actúan como si Jesús Corona Damián jamás hubiera existido, como si no le hubieran levantado la mano en los templetes electorales, como si no hubieran validado su candidatura. Este mutismo no solo exhibe una hipocresía descomunal, sino que deja en el aire preguntas inquietantes: ¿Nadie investigó de dónde provenían los recursos de su campaña? ¿Quiénes más sabían de sus vínculos y prefirieron mirar hacia otro lado?

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