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ALITO y el PRI bajo sospecha: ¿compra de votos en Coahuila?

Lo más grave es que esta discusión aparece justo antes de una elección. No en un momento cualquiera, temporada baja. No cuando no hay nada en juego. Aparece cuando cada voto fesa, cuando cada colonia importa, cuando cada adulto mayor, cada familia, cada trabajador, cada estudiante y cada beneficiario de un programa puede ser visto por los partidos no como ciudadano, sino como objetivo electoral.

¿Y qué pasa cuando un ciudadano deja de ser ciudadano y se convierte en objetivo? pasa esto. Aparecen tarjetas, aparecen despensas, aparecen descuentos, aparecen amenazas, aparecen videos, aparecen montajes, versiones, acusaciones, recortes y campañas digitales. La atmósfera es clara, tensión acumulada, sospechas cruzadas, acusaciones viejas que regresan con fuerza y una señal que nadie quiso ver.

Durante años se dijo que las prácticas de compra de voto eran cosa del pasado. Durante años se dijo que el país ya había superado la política de la despensa, del favor, del acarreo, del descuento acondicionado. Pero cada elección nos recuerda algo incómodo. Tal vez no desapareció, tal vez solo se volvió más sofisticada. dejó de operar a plena luz y empezó a esconderse detrás de programas, trámites, tarjetas, videos y discursos de defensa democrática.

Entonces, la pregunta que abre esta historia es inevitable. Ay, ¿estamos viendo una denuncia real de compra de votos, una guerra sucia entre partidos o una mezcla de las dos cosas? Para responder eso, primero hay que recordar de dónde viene Alito Moreno, porque Alito no aparece de la nada, no es un dirigente accidental, no es un personaje improvisado, viene de una larga carrera dentro del PRI, de esa estructura política que durante décadas entendió el poder territorial mejor que nadie.

El PRI histórico no solo ganaba elecciones por tener candidatos, ganaba porque sabía organizar, movilizar, negociar, presionar, repartir, prometer y controlar. Esa fue su fuerza y también fue una de las razones por las que millones de mexicanos terminaron hartándose. Recordemos que durante décadas el PRI fue acusado de usar programas públicos, sindicatos, organizaciones campesinas, estructuras territoriales y recursos gubernamentales para mantener control elect.

No significa que cada militante pristista haya participado en eso, ni que toda elección priista haya sido igual, pero la memoria colectiva existe. La gente recuerda la despensa, recuerda el acarreo, recuerda la tarjeta, recuerda el favor condicionado, recuerda el te apoyo, pero ya sabes por quién votar. Esa frase no siempre se dice explícitamente.

A veces basta una mirada, a veces basta una lista, a veces basta una tarjeta, a veces basta que alguien te recuerde quién te dio el beneficio. Y ahí es donde Alito enfrenta una contradicción histórica enorme que cuando acusa a Morena de usar programas sociales toca un punto sensible. Sí, lo hace desde un partido que carga una historia pesada en el uso electoral de beneficios.

Entonces, muchos se preguntan, ¿con qué autoridad moral puede el PRI denunciar clientelismo sin su propio pasado? ¿Puede Alito hablar de democracia limpia cuando sus adversarios lo acusan de encabezar una maquinaria que aprendió durante décadas a operar desde el poder? Pero Morena tampoco queda libre de contradicciones.

Morena llegó diciendo que los programas sociales serían derechos universales, no favores partidistas. Y esa diferencia es importante. Un derecho universal significa que te corresponde sin importar por quién votes. Un favor partidista significa que alguien te lo da esperando obediencia política. Esa es la diferencia entre ciudadanía y clientelismo.

Pero aunque los programas estén en la Constitución o tengan reglas formales, eso no impide que operadores, simpatizantes o estructuras locales los usen narrativamente como herramienta electoral. ¿Cuántas veces escuchaste la frase si gana la oposición te van a quitar los apoyos? Esa frase también pesa. Esa frase también asusta.

Esa frase también mueve votos. Entonces, aquí no hay santos, hay una pelea por el control moral del tema. El PRI quiere decir, Morena compra votos con programas sociales. Morena quiere decir, “El PRI sí condiciona beneficios porque esa es su vieja escuela.” Y mientras se gritan eso, la gente queda en medio.

Y antes de continuar, si esto que estás viendo te resulta útil para entender la política que los medios no explican, suscríbete al canal. Cada semana seguimos desarmando estas historias pieza por pieza. Ahora vayamos a la línea de tiempo porque aquí es donde el caso empieza a tomar forma. A finales de mayo, a pocos días de la elección local en Coahuila, empieza a circular en redes un video donde se denuncia que en una institución se estarían ofreciendo descuentos a personas que tuvieran una tarjeta vinculada al PRI o que fueran priistas.

La conversación, según lo que se escucha en la transcripción, gira alrededor de una cuota de aproximadamente 2,800 pesos y de la posibilidad de no pagarla o recibir un beneficio si se acredita determinada afiliación o simpatía. Hasta aquí podría aparecer un video más de redes, pero lo que pasó a continuación cambió todo.

Después el contenido comienza a viralizarse entre cuentas afines a Morena y entre usuarios que señalan al PRI de operar electoralmente en Coahuila. La narrativa se instala rápido. El PRI compra votos. El PRI condiciona beneficios. Alito no puede ganar sin trampas y ahí aparece el primer mini climímax. de esta historia, porque no se acusa solo a un operador local, se busca conectar el hecho con el nombre de Alejandro Moreno Cárdenas.

¿Por qué? Que Alito es el rostro nacional del PRI y cuando una denuncia local se puede pegar al rostro nacional del partido, el golpe deja de ser local y se vuelve nacional. Luego aparece la explicación del video. Se dice que un mujer detrás de una reja o ventanilla confirma que sin la tarjeta o sin ser priista, la persona tendría que pagar la cantidad completa.

También se señala que la justificación sería que al tratarse de algo ligado al gobierno estatal, los descuentos se manejan como otros trámites. Esa comparación enciende más la indignación, que una cosa es un trámite vehicular y otra muy distinta es una escuela. ¿Qué tiene que ver la afiliación política de los padres con un descuento educativo? ¿Qué mensaje reciben las familias cuando una institución parece asociar un beneficio con una identidad partidista? Después viene otro punto.

El narrador del video sostiene que esto podría constituir un delito electoral porque se estaría condicionando un beneficio a la afiliación o simpatía política. Hay que decirlo con cuidado. Eso tendría que investigarse y probarse ante las autoridades correspondientes, pero políticamente el daño ya estaba hecho.

En campañas electorales, muchas veces la percepción llega antes que la resolución legal. Y cuando una imagen se instala, cuando un audio se comparte, cuando una frase se vuelve viral, el impacto político puede ocurrir aunque el expediente formal tarde semanas o meses. A continuación aparece la respuesta narrativa del PRI y de Alito.

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