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ALITO MORENO en 10 AÑOS: PERDIÓ 23 GOBERNADORES y DEJÓ al PRI con 6 MILLONES de VOTOS

 

 

Esos son los estados más reveladores, los que dicen que el PRI tuvo la oportunidad de demostrar que podía gobernar de manera diferente y no lo hizo de manera suficientemente convincente para que el electorado le diera otra oportunidad. Y hay algo sobre esa pérdida específica de gubernaturas que quiero que pienses, porque va más allá del número y dice algo sobre la naturaleza del daño que el declive del PRI produjo.

 Los gobernadores no son solo victorias electorales en una lista. Los gobernadores son estructura. son la presencia del partido en el territorio con recursos, con funcionarios, con capacidad de generar empleos y de movilizar votantes. Cuando el PRI tenía gobernadores en un estado, tenía en ese estado una maquinaria de partido que se retroalimentaba con los recursos del gobierno estatal.

 Cuando el PRI pierde un gobernador, pierde esa maquinaria. El sucesor en el cargo, sea de Morena o del PAN o del partido que ganara la gubernatura, trae su propia gente, sus propios operadores, sus propios mecanismos de distribución de recursos que no van hacia el PRI, sino hacia su propio partido. Eso significa que perder 23 gubernaturas en 10 años no solo es perder 23 elecciones, es perder la infraestructura política que cada uno de esos 23 gobiernos generaba, es perder la presencia territorial que permitía al PRI llegar al siguiente ciclo electoral

con capacidad de competir. Y sin esa infraestructura territorial, el siguiente ciclo electoral es más difícil y el ciclo después de ese más difícil todavía, es un proceso que se retroalimenta y los datos de los 10 años de alito muestran ese proceso con una claridad que el análisis político raramente captura con la misma crudeza, pues ahora los votos, los datos del voto presidencial del PRI a lo largo de los últimos ciclos electorales cuentan una historia que cualquier ciudadano puede verificar en los registros del

instituto. Nacional Electoral. En 2012, bajo el candidato Enrique Peña Nieto, el PRI recibió más de 19 millones de votos en la elección presidencial. Ganó la presidencia con el 38,2% de la votación total. En 2018, con el candidato José Antonio Meade, el PRI recibió alrededor de 9,2 millones de votos.

 Quedó en tercer lugar detrás de López Obrador y de Ricardo Anaya. En 2024 con Shochitel Gálvez como candidata de la coalición Fuerza y Corazón por México, el PRI formó parte de una coalición que obtuvo 16 millones de votos en total, pero la votación que puede atribuirse directamente al PRI como organización, según los análisis electorales del ciclo, fue marcadamente inferior.

 Los votos de la coalición vinieron principalmente del PAN y de sus propios electores, con el PRI aportando una fracción que los analistas estimaron en torno a los 6 millones de 19 millones en 2012 a 9,2 en 2018 a 6 en 2024. Eso es más del 68% del electorado presidencial del PRI [música] desaparecido en 12 años. La mayoría de esa caída ocurrió durante los años de alito, de 19,000 en 2012 a 9,2 en 2018 a 6 en 2024.

Eso es más del 68% del electorado presidencial del PRI desaparecido en 12 años. La mayoría de esa caída ocurrió durante los años de alito. Y hay algo sobre esa caída en el número de votos que merece ser analizado con más detalle, porque la trayectoria de esos millones de votos que se fueron dice algo sobre a dónde fue el exelectorado del PRI y qué posibilidad tiene el partido de recuperarlo.

 Los estudios de comportamiento electoral del ciclo 2018 que realizó el INE y que analizaron distintos centros académicos mostraron que una porción significativa del electorado que abandonó al PRI en ese ciclo se fue directamente a Morena. Ese trasvase tiene sentido desde la perspectiva del electorado popular y rural que históricamente votó al PRI y que en 2018 encontró en López Obrador y en el mensaje de Morena una propuesta que resonaba con las mismas expectativas que el PR había prometido pero no entregado. El problema para el PR con

ese trasbase es que los electores que se van a otro partido raramente regresan al que abandonaron en el siguiente ciclo. Los estudios de comportamiento electoral muestran que los cambios de lealtad política, que son consecuencia de una decepción profunda, tienden a ser más duraderos que los cambios [música] que responden simplemente a la oferta del candidato de turno.

 Y la decepción que produjo el gobierno de Peña Nieto con sus escándalos de corrupción y sus promesas incumplidas fue del tipo profundo que deja marca. Eso significa que los 13,000ones que se fueron del PRI al Morena entre 2012 y 2018 y los que siguieron yéndose en los ciclos posteriores son en su mayoría electores, que el PRI tendría que recuperar con algo muy diferente a lo que les ofreció la última vez.

 Y ese algo muy diferente es exactamente lo que el PRI bajo alito no ha podido articular de manera creíble. Déjame desglosar esa caída de votos para que el dato no quede como un número abstracto, sino como la historia que representa. 27 millones de personas que alguna vez votaron por el PRI o que votaron por sus candidatos se fueron a otro lado, hacia Morena principalmente, hacia el PAN en algunos sectores, hacia la abstención en otros.

 Esos 27 millones de personas que en algún punto de la historia política de México vieron al PRI como su opción de voto, tomaron la decisión de que el partido ya no los representaba de la manera que necesitaban para seguir votando por él. Esa decisión de 27,000000es de personas no ocurrió de golpe. Fue un proceso gradual que atravesó ciclos electorales, que tuvo sus propios momentos de aceleración, que respondió a factores que van desde los escándalos del gobierno de Peña Nieto hasta el agotamiento de los electores que habían

dado al partido una segunda oportunidad después del 2000 y que en 2018 decidieron que ya habían esperado suficiente. Pero el proceso continuó bajo alito y los datos de 2024, los 6 millones aproximados que el PRI aportó a la coalición que perdió la presidencia con casi 30 puntos de diferencia frente a Claudia Shainbaum, dicen que la aceleración del declive no se detuvo durante su gestión.

 Y hay algo sobre esos 6 millones de votos que quiero que pienses con cuidado porque representan una categoría política muy específica dentro de la demografía del electorado mexicano. Los 6 millones de votantes que en 2024 siguieron eligiendo al PRI o a sus candidatos son, en buena medida, el electorado más antiguo y más leal del partido.

 los que llevan décadas votando por el PRI, que construyeron su identidad política dentro de ese partido, que tienen razones personales, familiares o comunitarias para seguir apoyándolo, que van más allá del análisis racional del programa político. Ese tipo de electorado, el que vota por tradición o por lealtad, más que por evaluación de alternativas, es el electorado que permanece más tiempo, pero también es un electorado que no crece de manera natural.

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