Posted in

Alito Moreno ATACA a MORENA en Coahuila y SE HUNDE SOLO con su PROPIA DENUNCIA

¿De qué lado estás tú? Te leo en los comentarios. Imagínate que eres adulto mayor. Recibes un apoyo mensual que te ayuda a pagar medicamentos. No es mucho, pero es algo. Y un día alguien de tu colonia te dice, de manera informal, sin papeles, sin amenaza directa, solo en una conversación de pasillo, que es mejor no meterse en problemas, que es mejor no andar con propaganda de partidos que no son los de siempre, que ya sabes cómo son estas cosas. Nadie te firmó nada.

Nadie te amenazó oficialmente, pero el mensaje llegó clarísimo. ¿Vas a arriesgar tu apoyo por colgar una lona? ¿Vas a arriesgar tu tranquilidad por votar distinto? ¿Vas a apostar tu ingreso mensual a que las cosas cambien cuando llevas décadas viendo que las cosas no cambian? La mayoría de las personas en esa situación no apuesta.

agacha la cabeza, guarda su opinión y vota como se espera que vote,  no porque esté convencida, sino porque tiene miedo. Y cuando el miedo entra a la cabina electoral, la democracia sale por la puerta de atrás. Eso es lo que está en juego en Coahuila, no una elección de diputados locales, la libertad real de la gente para decidir sin que su estómago esté de por medio.

Ahora, aquí viene la parte que Alito quería que fuera su gran golpe político. Él salió a decir exactamente eso, que Morena estaba usando ese miedo como arma, que sus operadores llegaban a los hogares a presionar, que la gente estaba siendo amenazada con perder programas sociales si no retiraba propaganda priista.

Y en el fondo, si eso fuera cierto y estuviera documentado, sería gravísimo. Sería una violación directa a los derechos políticos de los ciudadanos. Sería exactamente el tipo de abuso que debería investigarse y castigarse sin importar qué partido lo cometa. El problema no es lo que dijo, el problema es quién lo dijo. Porque en el momento en que Alito Moreno abrió la boca para hablar de presión política, de miedo electoral, de programas sociales usados como moneda de cambio, millones de mexicanos tuvieron el mismo pensamiento al mismo tiempo. Espera, ¿no

era eso exactamente lo que hacía el PRI? Y no estamos hablando de hace 100 años. No estamos hablando de historia antigua que ya nadie recuerda. Estamos hablando de prácticas que tienen nombre, que tienen memoria, que tienen testigos vivos, que tienen familias enteras, que vivieron en carne propia, lo que significa depender políticamente de un partido para acceder a lo básico.

Despensas antes de elecciones, tarjetas de beneficios condicionadas, sindicatos que llegaban en camión a votar en bloque, operadores que sabían quién era quién en cada calle. líderes comunitarios que hacían el trabajo sucio y luego pedían su parte. Todo eso tiene un historial, todo eso tiene décadas de documentación, todo eso tiene el nombre del PRI pegado encima y alto lo sabe.

Claro que lo sabe. Entonces, la pregunta que nadie en los noticieros grandes se hizo con suficiente fuerza es esta. ¿Por qué ahora? ¿Por qué Coahuila? ¿Por qué Alito decide salir con esta denuncia en este momento específico? La respuesta no es complicada, pero sí es reveladora y tiene que ver con algo que los políticos hacen cuando sienten que el terreno se mueve bajo sus pies, cuando sienten que una estructura que parecía inamovible empieza a crujir.

Cuando sienten que algo que siempre fue suyo podría dejar de serlo. hacen ruido, generan una narrativa, convierten al rival en amenaza y se colocan a sí mismos como víctimas. Porque una víctima no tiene que responder preguntas incómodas sobre su propio historial. Una víctima solo tiene que señalar al agresor.

Esa fue la jugada de Alito, inteligente en teoría, desastrosa en la práctica, porque lo que él no vio o no quiso ver es que esta vez la gente no iba a escuchar solamente la acusación, esta vez la gente iba a voltear a ver quién la hacía y lo que encontraron cuando voltearon fue exactamente lo que Alito quería esconder.

Pero eso lo que encontraron, lo que nadie conectó con toda claridad, eso te lo cuento en los siguientes minutos. Y te adelanto una cosa, no es solo el PRI y Morena, es sobre algo que va mucho más profundo, algo que tiene que ver con cómo funciona el poder en México cuando nadie está mirando. Suscríbete si crees que los mexicanos merecen saber la verdad, que los medios no te cuentan.

Y ahora sí, entremos de lleno. Bien, ya sabes que es Coahuila, ya sabes que está en juego, ya sabes por qué la denuncia de Alito no cayó como él esperaba, pero ahora viene la parte que la mayoría de los medios no se tomó el tiempo de reconstruir con calma la línea de tiempo, lo que pasó exactamente, en qué orden y por qué ese orden lo cambia todo.

Porque en política el cuándo importa tanto como el qué. Y en esta historia el cuándo es todo. Empecemos desde antes del escándalo. Antes de que Alito publicara su denuncia, antes de que el video circulara, antes de que las redes se incendiaran, ya había señales de que algo estaba pasando en Coahuila que incomodaba al PRI.

No señales dramáticas, señales sutiles del tipo que los partidos mandan cuando sienten que el piso se mueve. Los discursos internos se pusieron más intensos, los mensajes hacia la militancia se volvieron más urgentes, el lenguaje cambió, dejaron de hablar de ganar y empezaron a hablar de defender. Y esa diferencia no es menor.

Cuando un partido habla de ganar está compitiendo. Cuando habla de defender está asustado. El PRI en Coahuila empezó a hablar de defender. Después vinieron los primeros roces territoriales, recorridos de candidatos de Morena en espacios comunitarios donde la presencia priista era histórica, visitas a colonias donde los liderazgos locales llevan años respondiendo a la misma estructura.

Intentos de acercamiento con ciudadanos que durante mucho tiempo habían estado dentro de la órbita del partido tricolor. Nada extraordinario en teoría. Eso es lo que hacen los partidos en campaña. Van a donde está la gente, tocan puertas, se presentan, intentan convencer. Pero en un territorio donde una estructura lleva décadas instalada, eso no se vive como campaña normal, se vive como invasión.

Se vive como provocación. Se vive como una señal de que alguien está intentando meterse donde no lo han invitado y ahí fue donde empezó a generarse tensión real en el terreno. Se habló de episodios en espacios de asistencia social donde la presencia de figuras de Morena generó incomodidad entre encargados vinculados a estructuras locales.

Se habló de adultos mayores que reconocieron caras, que sintieron tensión, que no supieron bien a bien qué estaba pasando, pero que percibieron que algo había cambiado en el ambiente político de su comunidad. Nada documentado oficialmente todavía, pero la tensión ya estaba ahí acumulándose, esperando un detonador. El detonador llegó con el video.

Read More