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Se burlaron de este albañil por construir su casa sobre pilares de madera, llamándolo loco frente a todo el vecindario. Pero cuando el cielo se oscureció y el río despertó, aquellos que lo humillaron tuvieron que suplicar por sus vidas.

Se burlaron de este albañil por construir su casa sobre pilares de madera, llamándolo loco frente a todo el vecindario. Pero cuando el cielo se oscureció y el río despertó, aquellos que lo humillaron tuvieron que suplicar por sus vidas.

[PARTE 1]

—¡Tu marido ya perdió la cabeza, Elena! ¡Esa porquería parece un gallinero gigante!

Las palabras de doña Consuelo aún resonaban en los oídos de Elena mientras empujaba la pesada puerta de madera de su casa.

Arrojó las bolsas del mercado sobre la mesa de plástico, dejando que los tomates y los chiles rodaran por el suelo.

No le importó.

Estaba temblando de rabia y de una vergüenza que le quemaba la garganta.

Afuera, bajo el ardiente sol de Tabasco, se escuchaba el rítmico golpe del martillo de Arturo.

A sus 52 años, su esposo pasaba cada tarde clavando tablones, levantando su hogar sobre unos pilares de madera de más de dos metros de altura.

Elena salió al porche, con los ojos inyectados en sangre y las manos apretadas en puños.

—¡Ya basta, Arturo! —gritó, con la voz rota—. ¡Todo el mercado se está burlando de nosotros!

Arturo detuvo el martillo, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de su mano callosa, pero no dijo nada.

—¡Me da asco salir a la calle! —continuó ella, llorando abiertamente—. ¡Dicen que te volviste loco desde el accidente en la obra, que eres el hazmerreír de la colonia!

En ese momento, la puerta rechinó y apareció Camila, su hija de 17 años, con el uniforme escolar arrugado y la mochila colgando de un hombro.

Camila evitaba mirar a su padre a los ojos.

—Papá… me bajé del pesero dos cuadras antes para que mis amigas no vieran dónde vivo —susurró la adolescente, con la voz ahogada por el llanto—. Ya no quiero ir a la escuela. Me dicen la hija del loco del árbol.

El silencio que siguió fue más pesado que el calor húmedo de la tarde.

Arturo bajó de la estructura lentamente.

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