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ROBERTO “piojo” ALVARADO: De la POBREZA a SER TITULAR en el MUNDIAL 2026

ROBERTO “piojo” ALVARADO: De la POBREZA a SER TITULAR en el MUNDIAL 2026

El viejo Alvarado fue titular en el debut mundialista del Tri y fue el autor del centro perfecto para que Raúl Jiménez marcara el 2 a0 e hiciera estallar al Estadio Azteca. Todo indica que en el próximo partido frente a Corea del Sur volverá a ser titular. Pero lo que no todos saben es que ese chico que hoy es figura y titular en el Mundial vivió momentos muy difíciles.

Nació en la pobreza absoluta y el fútbol le dio una segunda oportunidad. El Manchester City quiso ficharlo, pero ocurrió algo puertas adentro que terminó impidiendo que esa operación se concretara. Esta es la dura historia de todo lo que tuvo que soportar para llegar hasta aquí y lo que estás por conocer te dejará impactado.

Para entender al hombre que hoy carga con la presión de un país siendo titular en el Mundial con el Tri, primero hay que volver a una casa modesta de Salamanca, Guanajuato, donde un niño inquieto no podía estarse quieto ni un segundo con el balón en los pies. Lo llamaron Roberto Carlos por admiración al cantante, pero el apodo que lo acompañaría toda la vida nació en un campo de fútbol, no en una radio.

Desde muy pequeño le decían el piojo, y la razón era tan tierna como reveladora. Su ídolo no era una estrella local, sino el argentino Claudio López, aquel delantero veloz y descarado del alvis celeste al que también apodaban así. Porque la infancia del piojo no fue un cuento de hadas.

Creció en un hogar golpeado por las dificultades económicas donde cada peso se peleaba. Su madre, Ivan, salía a la calle a vender frituras para ayudar a sostener a la familia. Un detalle que el propio jugador nunca ha escondido y que explica mejor que mil estadísticas de que madera está hecho. Mientras otros niños jugaban sin preocupaciones, él aprendía desde muy temprano que en su casa nada llegaba regalado.

A los 8 años llegó la oportunidad de incorporarse a las fuerzas básicas de los toros de Celaya, un paso enorme para cualquier chico de la región. El problema es que Salamanca y Celaya no estaban a la vuelta de la esquina y entrenar significaba viajar una y otra vez, ida y vuelta en una rutina que devoraba tiempo y, sobre todo dinero que la familia apenas tenía.

Aquí aparece de nuevo la figura de su madre, esa mujer que vendía frituras en la calle, porque fue ella quien con sacrificios diarios se encargó de que el niño nunca dejara de subirse al transporte para perseguir su sueño. Cada viaje pagado era un pequeño acto de fe. Cada traslado una renuncia silenciosa de la familia para que el más habilidoso de los hermanos tuviera la oportunidad que ellos nunca tuvieron.

Fue precisamente en Celaya donde aquel juego de niños se transformó en una convicción. Allí descubrió que no quería ser futbolista por diversión, sino de verdad, profesionalmente, con todas las consecuencias. Allí empezaron a hablar de su velocidad, de su regate, de esa capacidad para desequilibrar que parecía no caber en un cuerpo tan pequeño.

Lo que ese niño de Salamanca todavía no sabía es que el destino le tenía preparada una prueba mucho más cruel que la pobreza o las peleas en casa. Una prueba que lo llevaría al otro lado del océano para enseñarle de la manera más dura que a veces no basta con ser bueno. La puerta europea que se cerró por un papel.

El 7 de septiembre de 2013, mientras la mayoría de los chicos de su edad apenas pensaban en la escuela, el piojo Alvarado hacía algo que ningún otro había hecho. Con apenas 15 años y 21 días, debutó como profesional con el Celaya en la división de plata del fútbol mexicano y se convirtió de un plumazo en el futbolista más joven en pisar esa categoría.

No era una promesa lejana, era una realidad que ya competía contra hombres hechos y derechos. En aquel equipo compartió delantera con un inglés, Mark Redsab, y ese detalle aparentemente menor resultó decisivo. Redab quedó tan impresionado con las cualidades de aquel adolescente que hizo algo común. Recomendó que lo fueran a observar a Inglaterra.

El rumor del chico mexicano que regateaba sin miedo cruzó el Atlántico mucho antes que él y así, todavía siendo un adolescente, el Piojo viajó a la cuna del fútbol moderno para realizar pruebas con clubes de élite. Lo que ocurrió allí debería haber sido el inicio de una carrera europea brillante.

En cambio, se convirtió en la herida más profunda de su juventud porque el chico de Salamanca no fue a Inglaterra a hacer bulto, convenció. Durante las pruebas con el poderoso Manchester City, dejó con la boca abierta a los entrenadores, esos mismos que veían pasar talentos por decenas y rara vez se sorprendían. El interés del club fue real, concreto, serio.

Y para dimensionar lo que eso significaba, basta recordar con quién compartía aquellos entrenamientos. Nombres como Pil Foden, Jadón Sancho Obra Díaz, futbolistas que años después valdrían fortunas y brillarían en los escenarios más grandes del planeta. Según el propio Alvarado, la decisión final del club terminó reduciéndose a dos nombres, el de Pil Foden y el suyo.

Un niño que poco antes viajaba en transporte público entre Salamanca y Celaya, peleando contra la pobreza, estaba a un paso de quedarse en la cantera de uno de los gigantes de Europa, codo a codo con el que se convertiría en una de las grandes estrellas inglesas de su generación. Pero entonces llegó el golpe y no vino de un rival, ni de una lesión, ni de una mala actuación, vino de la burocracia.

El proceso se complicó con problemas de documentación y requisitos administrativos. Entre los papeles que le exigieron había uno tan absurdo como demoledor para su situación, un simple comprobante de domicilio que en aquellas condiciones no pudo presentar. A eso se sumó una reglamentación de la FIFA que prohíbe el fichaje de menores de edad bajo ciertas circunstancias.

El resultado fue inapelable. Lo peor es que la historia volvió a repetirse. Posteriormente realizó nuevas pruebas en Inglaterra y otra vez dejó buenas sensaciones. Otra vez demostró que tenía nivel y otra vez las restricciones para fichar menores se interpusieron entre él y el fútbol europeo. Dos veces tocó la puerta, dos veces se la cerraron en la cara por algo que no dependía de su talento.

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