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HAY UN BRASILEÑO que fue el MEJOR de un MUNDIAL sin PELÉ… Y terminó MUERTO en un HOSPITAL público

HAY UN BRASILEÑO que fue el MEJOR de un MUNDIAL sin PELÉ… Y terminó MUERTO en un HOSPITAL público

Diego Maradona tuvo sus demonios, Pelé tuvo su [música] corona, pero Garrincha tuvo un destino trágico. ¿Sabías que hubo un extremo brasileño que tras conquistar dos mundiales con piernas torcidas, una columna deformada y habiendo sufrido polio de niño, terminó sus días completamente solo, pobre y olvidado en un hospital de Río de Janeiro.Él se llama Manuel Francisco I Santos, el inmortal Garrincha. Esta es una historia de superación extrema, de genialidad absoluta, de excesos imparables y de una soledad que ni el Maracaná pudo llenar. Porque Garrincha convirtió sus malformaciones en el regate más devastador de la historia. Encantó al mundo, ganó dos copas del mundo, fue elegido el mejor jugador de 1962 y sin embargo, el alcohol, la explotación y la indiferencia lo destruyeron.

Esta es la historia de cómo se puede tocar el cielo y terminar totalmente solo. Manuel Francisco I Santos nació el 28 de octubre de 1933 en Pau Grande, un pequeño pueblo del municipio de Majé, en el estado de Río de Janeiro. Era el séptimo hijo de un matrimonio extremadamente pobre que subsistía gracias al trabajo de su padre como vigilante nocturno.

Desde niño la naturaleza pareció conspirar en su contra. A muy temprana edad contrajó poliomielitis, enfermedad que le dejó secuelas imborrables. Tenía los pies girados 80 gr hacia adentro. Su pierna derecha era 6 cm más larga que la izquierda y su columna vertebral era una torcida. Los médicos le auguraban una vida dolorosa y lejos de los deportes.

Era delgadito, desgarbado, caminaba como un pato. [música] Tanto su hermana Rosa como su padre lo apodaron garrincha, que significa pajarito en portugués. El pájaro garrincha era un ave del mato groso muy veloz, pero incapaz de volar en línea recta. [música] El hombre también era un ser de movimientos extraños.

Un detalle humano que lo define. Desde muy niño era adicto al tabaco y a los 14 años ya trabajaba en una fábrica textil para ayudar en su casa. Jugaba con pelotas de trapo o de caucho cocido y cuando empezó a probarse en clubes fue rechazado por Fluminense, América y Vasco da Gama porque no tenía físico ni técnica convencional.

Todo cambió cuando un amigo lo llevó al Botafogo en 1953. En el partido de prueba debía enfrentarse al mejor lateral izquierdo de Brasil, Nilton Santos. Garrincha se pegó a la raya derecha y comenzó a bailar. Regateó a Santos una, dos, tres, 10 veces. Le rompió la cintura. El entrenador resultó tan impresionado que dijo, “Fírmenlo ya, así no tengo que volver a enfrentarlo nunca más en mi vida.

” El equipo que lo había rechazado por sus piernas torcidas acababa de descubrir su mejor joya. Con la camisata del Botafogo disputó una carrera encantada, 614 partidos, 245 goles, cinco títulos cariocas y una idolatría sin límites. Se convirtió en el mejor regateador de la historia del fútbol.

[música] Extremo derecho, explosivo, bajito, 1,69 m. Su centro de gravedad bajo y sus piernas deformes fabricaban una imprevisibilidad que nadie podía resolver. Lo más asombroso es que causaba sensación en la selección brasileña. Vistiola a verde amarela en 60 partidos, de los cuales ganó 52, empató siete y perdió solo uno, aquel en el que se despidió en el mundial de 1966.

El dato impactante es que Brasil nunca perdió cuando Garrincha y Pelé compartieron la cancha. Su fama mundial estalló en el Mundial de Suecia. 1958, un psicólogo de la Confederación Brasileña llamó a Garrincha un débil mental no apto para desenvolverse en un juego colectivo y recomendó que no viajara a la Copa del Mundo.

Por suerte, el técnico Vicente Feola lo ignoró y lo llevó. El resultado, Garrincha fue la gran revelación junto a Pelé. Fue el jugador más desequilibrante, el que desarmó las defensas europeas con su gambeta imposible. En la final contra Suecia, el primer gol de Brasil fue obra de Babá tras una asistencia precisa de Garrincha, quien también estrelló un balón en el poste antes de dar una segunda asistencia para que Pecho de Acero sellara el 2 a 1.

Pelea anotó dos, la fiesta terminó 5 a2 y Brasil obtuvo su primera Copa del Mundo. Lo que pocos contaban era que la gloria tenía un precio y Garrincha lo pagó con su cuerpo. En el Mundial de Chile, 1962, [música] el destino volvió a ponérsele en contra. Pelé se lesionó en el segundo partido y quedó fuera del torneo. Todo el peso de Brasil recayó sobre las piernas torcidas de Garrincha y él, que había sido ninguneado por el psicólogo, que había sido rechazado por los clubes grandes, se puso el equipo al hombro.

En el partido contra Inglaterra, Garrincha fue una pesadilla. Marcó dos goles, dio una exhibición de regates y la prensa inglesa lo apodó simplemente el genio. El partido más recordado fue la semifinal contra Chile, anfitrión del torneo. Garrincha fue el mejor del campo, anotó dos golazos, pero el partido fue violento y Garrincha fue expulsado por una patada a un chileno que lo había golpeado una y otra vez.

La prensa mundial creyó que se perdería la final. El gobierno brasileño presionó a la FIFA y por una ajustada votación de 5 a2 se le permitió jugar. En la final contra Checoslovaquia, Garrincha fue una vez más el cerebro del equipo. Brasil ganó 3 a 1 y fue bicampeón del mundo. Garrincha fue elegido mejor jugador del torneo por la FIFA.

Las anécdotas que rodean esa final muestran lo poco que le importaba la presión. Minutos antes del partido, interrumpió la charla táctica del entrenador y preguntó, “¿Hoy es la final? Al oír que sí, concluyó, “Ah, con razón hay tanta gente. Pelé, [música] el propio rey, llegó a declarar de él era capaz de hacer cosas con el balón que ningún otro jugador podía hacer.

[música] Sin garrincha, yo nunca me habría convertido en tricampeón del mundo. Pero aquí es donde empieza lo más difícil.” Detrás del éxito, sus lesiones se agravaban. A partir de 1964, sus rodillas comenzaron a deteriorarse irreversiblemente. [música] El botafogo, por intereses económicos, lo obligó a jugar partidos infiltrado y sin los tratamientos que necesitaba.

El propio Garrincha se quejó amargamente. Jugué siete partidos infiltrado. No me molestaba, pero de repente noté que la pierna comenzaba a atrofearse. Quise parar para someterme al tratamiento, pero el médico exigía 40 días sin jugar y no me los concedieron. Además, el club le debía millones y lo explotaba hasta el agotamiento.

Para escapar de esa presión y del dolor, Garrincha encontró refugio en el alcohol y en las noches de exceso. Había empezado siendo el chico despreocupado al que no le importaba ganar, pero pronto el alcohol pasó de ser una diversión a ser su única compañía. Tras 12 años abandonó Botafogo en 1966 y su carrera se diluyó en equipos inferiores de Brasil, Colombia, Junior de Barranquilla, Francia y el humilde Olaria, donde se retiró en 1972.

El dinero que tanto había ganado se evaporó en juicios, pensiones alimenticias y una vida desordenada. La mayor tragedia personal fue su relación con la cantante de samba, Elsa Suárez. Garrincha abandonó a su esposa e hijas por ella y nunca le perdonaron ser un jigoloó que vivía del dinero que ella ganaba.

La sociedad lo humilló y él se refugió aún más en la bebida. Para 1983, la alegría del pueblo ya no era más que una sombra de sí mismo. Garrincha no pudo enderezar su vida. Su cuerpo estaba destruido, su mente sumida en la depresión y sus familiares lo habían abandonado. En las elecciones de 1983 organizó un partido benéfico en el Maracaná para recaudar fondos.

Esperaba recibir dinero suficiente para dejar una herencia a sus 14 hijos reconocidos. Se cree que tuvo una quincena. Pero los organizadores cobraron. Parte del dinero se perdió en el camino y Garrincha se embriagó en el hotel durante los días previos al partido. No hubo rescate. [música] Nadie acudió a sacarlo de ese pozo. Garrincha siguió bebiendo.

El 19 de enero de 1983 lo encontraron en la calle. Perdido, [música] sucio, completamente ebrio. Una ambulancia lo llevó al hospital con una herida en la frente que ni siquiera recuerda cómo se hizo. [música] Una enfermera lo tapó con una tirita y lo dejó morir en una cama. La madrugada del 20 de enero de 1983, una enfermera quiso tomarle el pulso.

Garrincha ya se había ido. El diagnóstico oficial, congestión pulmonar, pancreatitis y pericarditis, todo dentro de un cuadro de alcoholismo crónico. Murió solo en un hospital de beneficencia en la ruina total. Cuando noticias de su muerte corrieron por Brasil, el país entero se paralizó. El velatorio se realizó en el Maracaná, el templo donde él había encandilado a miles de personas con sus regates.

Su ataúdierto con la bandera del botafogo y miles de personas desfilaron para despedir a su héroe. Pero la tristeza no terminó allí. Garrincha fue enterrado en el cementerio de Pau Grande. Su epitafio dice, “Aquí yace en paz la que fue la alegría do pobo”, Manega Rincha. Sin embargo, en 2017, su historia tuvo un último capítulo macabro al descubrir que sus restos habían desaparecido del cementerio.

Una confusión burocrática perdió su cadáver y hasta hoy no se ha recuperado. Su legado, en cambio, es eterno. La FIFA lo ha catalogado como el mejor regateador de la historia del fútbol. El Instituto de Historia y Estadística del Fútbol, IFS, lo posicionó en el octavo lugar del ranking del mejor futbolista del siglo XX. [música] Hoy en día, Botafogo y la selección brasileña le rinden culto.

Su nombre es sinónimo de fútbol espontáneo, alegre y desprejuiciado. La FIFA lo recuerda por haber sembrado la semilla del juego bonito. [música] Sin embargo, su tragedia personal también se recuerda para exponer la explotación que sufrieron los futbolistas de su época y la falta de conciencia sobre el alcoholismo.

Su vida sigue siendo un aviso para el mundo del fútbol. Los ídolos también se quiebran porque en el fútbol, como en la vida, no todos los genios tienen final feliz. Garrincha nació con el cuerpo en contra. Le dijeron que no podía caminar bien, que no podría jugar al fútbol, que era débil mental.

Sin embargo, convirtió sus desgracias físicas en las herramientas más letales del juego. Fue el mejor regateador de todos los tiempos y, para muchos, [música] el mejor jugador de la Copa del Mundo de 1962. Pero las lesiones, los directivos que lo usaron como carne de cañón para ganar dinero, el desprecio de una sociedad hipócrita que no aceptaba su relación con una mujer de samba, los 14 hijos que mantener, el alcohol, la falta de contención, todo eso lo fue carcomiendo hasta convertirlo en un fantasma.

Garrincha murió completamente solo, en un hospital sin un peso, con una venda en la frente, abandonado a su suerte. Su historia nos enseña que el talento sublime y el éxito deportivo no siempre curan las heridas humanas. Detrás de cada gambeta imposible, a veces solo hay un hombre que necesita ser cuidado y Garrincha nunca lo fue.

Si te gustan estas historias del fútbol que pocos cuentan, las que no se quedan solo en los goles, las que nos muestran la humanidad detrás de los mitos, suscríbete al canal, activa la campanita y ahora quiero saber tu opinión. [música] ¿Crees que Garrincha fue un genio incomprendido que la FIFA y los clubes abandonaron o fue víctima de sus propios excesos? ¿Qué otro futbolista latinoamericano crees que tuvo un talento comparable al suyo o una tragedia más escondida? Te leo en los comentarios.

Porque esta historia, la de Garrincha, no es solo una historia de goles. Es la historia de cómo se puede ser el más grande del mundo y terminar absolutamente olvidado. Nos vemos en el próximo video. Ciaau.

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