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Dentro del Rancho de Michael Landon– El auténtico estilo de vida rural de la leyenda de Bonanza

Dentro del Rancho de Michael Landon– El auténtico estilo de vida rural de la leyenda de Bonanza

Hoy vas a descubrir cómo vivió Michael London, el hombre que durante tres décadas fue el rostro más querido de la televisión americana, el actor que interpretó a Lil Show en Bonanza, a Pine Guysis en la casa de la pradera y al ángel Jonathan Smith en camino al cielo, y que detrás de esa imagen de padre perfecto y hombre íntegro construyó en silencio uno de los patrimonios más impresionantes de Hollywood.

 ¿Cuánto dinero generó realmente Michael London durante más de 30 años frente a las cámaras? ¿Cómo era ese rancho de 10 acres en las Cañadas de Malibú, California, donde vivió sus últimos años rodeado de caballos pura sangre, automóviles clásicos europeos y una propiedad que en el mercado actual supera los 40 millones de dólar? ¿Qué pasó con la fortuna de 40 millones de dólares que dejó a sus nueve hijos cuando murió en julio de 1990? Uno.

 ¿Y qué hay detrás del escándalo que destruyó 19 años de matrimonio, que sacudió el set de la casa de la pradera y que obligó a la mujer que encarnó a Laura Ingais a alejarse en silencio del hombre al que había admirado como a un padre? Porque la historia de Michael Landon no es solo la historia del héroe de la pradera, es la historia de un hombre extraordinariamente talentoso y profundamente contradictorio.

 Un hombre que predicaba valores de familia en pantalla y que al mismo tiempo tomaba decisiones que destrozaban la propia familia que había construido. Un hombre que construyó un rancho de ensueño en Malibu y que en el jardín de ese rancho, con el océano Pacífico al fondo, le dijo al mundo entero que se estaba muriendo.

Hoy vamos a contarlo todo. Comencemos. Para entender a Michael Landon, hay que ir hasta donde nadie espera que empiece la historia de un icono de la televisión americana. Hay que ir hasta Forest Hills, en el barrio de Quin Nueva York. El 31 de octubre de 1930 y 6 nació Yugin Maori Sorowit, un nombre que nadie en el mundo del espectáculo recordaría jamás.

Pero ese niño de Queens iba a convertirse en alguien que tres generaciones de familias americanas y latinoamericanas verían en su sala de estar como si fuera un miembro de la propia familia. Su padre, Elliorz, era distribuidor de películas. Su madre, Peg Hionai, era actriz y comediante de segunda línea que había intentado sin éxito construir una carrera en Hollywood.

 La combinación era explosiva de una manera que ningún guionista hubiera podido escribir mejor. un padre judío tranquilo y trabajador, una madre irlandesa emocionalmente inestable y un hijo atrapado en el medio. La infancia de Michael no fue la idílica pradera que décadas después interpretaría en pantalla. Fue un campo de batalla doméstico.

 Su madre, según el relato de su hija Cheril en el libro Prometí a mi papá, sometía a toda la familia a arrebatos emocionales que llenaban la casa de una tensión que el joven Yugin nunca sabía cuándo iba a estallar. El padre agotado se fue replegando hacia la pasividad y el niño aprendió a sobrevivir construyéndose un mundo interior donde la realidad exterior no podía alcanzarlo.

 Ese mundo interior, ese refugio de la imaginación. Sería décadas después la fuente de la que brotarían los personajes más queridos de la televisión americana. Pero antes de llegar ahí, el camino fue largo y durísimo. La familia se mudó a Collinswood, Nueva Jersey, cuando Michael tenía 5 años. En Colollingswood, el niño de ascendencia mixta judía e irlandesa, se convirtió en el blanco del acoso escolar con la precisión con que los niños identifican cualquier diferencia que los hace vulnerables.

 Lo llamaban nombres, lo empujaban, lo excluían. Y Michael, que tenía el temperamento de su madre, pero la disciplina de su padre, respondió de la única manera que sabía, retrayéndose hacia adentro, construyendo una imagen de sí mismo, completamente independiente de lo que los demás pensaban de él. Esa capacidad de proyectar una imagen propia sin necesitar la validación ajena sería una de sus herramientas más poderosas frente a la cámara y sería también más adelante la misma capacidad que le permitiría tomar decisiones que

destrozaban vidas ajenas sin que aparentemente le pesara demasiado en la conciencia pública. En la preparatoria descubrió el atletismo. era un lanzador de jabalina excepcional, tanto que llegó a tener el mejor lanzamiento de jabalina entre los alumnos de preparatoria de todo el estado de Nueva Jersey, una habilidad que le consiguió una beca para la Universidad del Sur de California, la misma institución que décadas después sería parte del paisaje de su vida en Los Ángeles, pero la beca se fue antes de que pudiera usarla. Una lesión en el

hombro durante el primer año universitario dejó a Michael sin el atletismo y sin el camino claro que la beca ofrecía. Y fue entonces cuando empezó a trabajar en una fábrica de cintas. La historia de cómo Michael Landon llegó al cine tiene esa calidad de accidente calculado que tienen los grandes destinos cuando se miran desde atrás en la fábrica de cintas.

 Un compañero de trabajo le pidió ayuda para ensayar una audición para la Warner Brots. Michael no tenía intención de ser actor. Nunca había pensado en eso seriamente, pero era un joven de 19 años que necesitaba dinero y que tenía tiempo libre. ayudó a su compañero y cuando lo hizo, algo en el proceso lo atrapó con la inteligencia estratégica que caracterizaría todas sus decisiones importantes.

 Consiguió trabajo en una gasolinera convenientemente ubicada cerca de los estudios de la Warner Brots, no por el dinero del trabajo, sino porque sabía que en esa gasolinera pasaban los ejecutivos del estudio. La apuesta funcionó. Un ejecutivo lo notó, lo animó a tomar clases de actuación. Michael las tomó, siguió trabajando en la gasolinera para pagárselas y empezó a hacer audiciones con la misma tenacidad con que antes lanzaba jabalinas.

 En ese proceso de reinvención, eligió también un nombre nuevo, buscó en la guía telefónica y eligió Michael Landon, un nombre que no debía nada a nadie, que no cargaba con el peso del apellido judío que había sido razón de burla en los pasillos de la preparatoria de Collinswood, un nombre limpio, americano, que sonaba exactamente como el nombre del héroe de televisión en que se convertiría.

 El primer papel importante llegó en 1957 con la película Fui un hombre lobo adolescente, una producción de bajo presupuesto del cine de terror de la época que no iba a ganar ningún premio, pero que le dio visibilidad y le demostró a los estudios que la cámara lo quería y entonces llegó Bonanza. En 1959 NBC lanzó una serie del oeste que contaba la historia de la familia Cartright y su rancho ponderosa en Nevada.

 Michael Landon sería Little Show, el hijo menor, el más joven y el más impulsivo de los tres hijos del patriarca. Bonanza duró 14 temporadas. 14 años de Little Show Cartright en las pantallas de televisión de todo el mundo hispanohablante y americano. 14 años en que el nombre de Michael Landon se instaló en el vocabulario afectivo de millones de familias que lo veían como si fuera un miembro más de la sala y 14 años de ingresos que empezaron a construir la base del patrimonio que definiría su vida, el salario de los actores principales de Bonanza en los

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