Posted in

Crio a 3 niñas abandonadas con su sueldo de mecánico; 22 años después, la élite intentó hundirlo y ellas paralizaron el tribunal.

Crio a 3 niñas abandonadas con su sueldo de mecánico; 22 años después, la élite intentó hundirlo y ellas paralizaron el tribunal.

[PARTE 1]

El golpe del mazo del juez rebotó contra las paredes de caoba del Juzgado Penal en la Ciudad de México.

Sonó como una piedra cayendo en el fondo de un pozo seco.

Don Elías Vargas, de 78 años, ni siquiera parpadeó.

El uniforme beige del reclusorio le colgaba de los hombros encorvados; las esposas de acero le lastimaban las muñecas hinchadas por cincuenta años de grasa y motores en su taller mecánico de Iztapalapa.

—Levante la mirada, señor Vargas —ordenó el juez Cárdenas, con la impaciencia de quien quiere irse a comer.

El anciano obedeció. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora eran dos ventanas cubiertas de polvo.

A unos metros, el fiscal, un hombre de traje italiano impecable, se paseaba con la arrogancia de un pavo real.

—El acusado, aprovechándose de la demencia senil de don Artemio Garza, desvió millones de pesos de un fideicomiso durante 22 años —vociferó el fiscal, señalando al viejo con asco—. Dinero que pertenecía a la familia legítima. Un ladrón disfrazado de empleado leal.

En la primera fila del público, Mauricio Garza, el sobrino del difunto, cruzó la pierna y esbozó una sonrisa delgada.

Había esperado este momento durante dos décadas.

Él había heredado las fábricas y las mansiones de su tío, pero su avaricia no tenía fondo, y un par de malas inversiones lo tenían al borde de la quiebra.

Revisando papeles viejos, descubrió aquel “insignificante” fideicomiso administrado por el mecánico de su tío, y vio la oportunidad perfecta para salvar su pellejo culpando a un inocente.

El joven defensor público de Elías sudaba a mares, hojeando su expediente vacío.

Don Elías se había negado a hablar, a firmar, a defenderse.

Cuando el muchacho le rogó que llamara a sus familiares, el viejo solo miró el piso de mármol frío y susurró: “No las moleste, licenciado. Que vivan sus vidas”.

—La fiscalía pedirá la pena máxima: 20 años de prisión —concluyó el fiscal.

Read More