Posted in

Asi VIVE MARIA VICTORIA a sus 103 AÑOS – Su LUJOSA VIDA y Fortuna

Asi VIVE MARIA VICTORIA a sus 103 AÑOS – Su LUJOSA VIDA y Fortuna

Hoy les contaremos la increíble historia de María Victoria a sus 103 años. La sirena de México que por más de 70 años reinó en los escenarios y se volvió una leyenda viva de la época dorada. Desde sus humildes comienzos en las carpas hasta ser un icono de la sensualidad y la comedia, cada dato lo sorprenderá.

Acompáñenme a explorar la vida, fortuna y herencia de una mujer que a sus más de 100 años es historia viva de nuestro espectáculo. Y les prometo que este viaje les encantará. Empecemos. Los primeros años de la tapatía. María Victoria Gutiérrez Cervantes vio la luz un 26 de febrero de 1923 en Guadalajara, Jalisco, la cuna del mariachi, del tequila y de una gran tradición artística que nos ha regalado estrellas.

Fue la más chica de seis hermanos. En una familia con una vena artística muy marcada, un hogar donde la música y la actuación eran el pan de cada día. La Guadalajara de los años 20 se recuperaba de la revolución que había golpeado al país una década antes. Sus calles de adquín combinaban lo colonial con una modernidad que apenas asomaba.

La plaza de armas era el mero corazón de la vida social. Con las bandas tocando los domingos, los puesteros vendían antojitos y las familias salían a pasear después de la misa de rigor. Los Cervantes vivían en una colonia popular Tapatía, en una casa sencilla de gente trabajadora. No nadaban en dinero, pero tampoco les faltaba lo esencial.

El papá le hacía a todo mantener a sus seis hijos. La mamá llevaba la casa con mano dura, pero siempre apoyando el talento de sus críos. Cuando María [música] Victoria nació, varios de sus hermanos mayores ya andaban metidos en la farándula local. Se presentaban en carpas, teatritos y fiestas de pueblo [música] buscando donde fuera un escenario para ganarse unos centavos.

En su casa se respiraban canciones, ensayos, [música] trajes hechos al momento y pláticas sobre las presentaciones y la gente. [música] En el México de los años 20 y 30, las carpas eran teatros ambulantes muy famosos. eran de lona y se ponían en lotes valdíos o plazas ofreciendo shows de todo, comedia, maromas, música y sketches.

Era la diversión de la gente del pueblo, los que no tenían para pagar un teatro de verdad. El boleto valía unos centavos. El público era gritón, entrón y muy exigente. Desde muy chiquita, María Victoria demostró un don que de inmediato sorprendió a su familia de artistas. A los 4 años ya te cantaba canciones enteras con una vocecita clara que dejaba a todos con el ojo cuadrado.

A los cinco se movía con un ángel que no se aprende, de ese con el que se nace. Tenía un encanto natural en el escenario, un carisma que atrapaba miradas, aún siendo una esquincla. El México de los 20es y 30sas vivía un momento cultural especial tras la revolución. La nación buscaba su identidad en el arte, la música y un cine que presumía lo nuestro.

El radio empezaba a llegar con música y programas a todas las casas. El cine mudo le abría paso al sonoro. El teatro de revista y las carpas eran la diversión para el pueblo. Para una niña tapatía de familia humilde y artista, lo lógico era empezar en las carpas de por ahí para agarrar tablas y ganar unos pesos.

No había escuelas de actuación para todos. Se aprendía sobre la marcha, viendo y regándola frente a un público que no perdonaba ni una. A los 9 años, en 1932, María Victoria debutó en una carpa tapatía. Era una niña flaquita, linda y con una pila que contagiaba en el escenario. Cantaba las canciones de moda, bailaba con sus hermanos y salía en sketches de comedia muy simples.

Le pagaban centavos por función y le daban propinas si a la gente le gustaba. Era una vida pesada para una niña de 9 años. Los ensayos eran larguísimos [música] después de la primaria. Las funciones acababan tardísimo cuando ya debería estar en la cama. Viajaban todo el tiempo, pues la carpa se movía a los pueblos de cerca buscando nueva gente.

Dormía donde cayera, comía lo que hubiera y cambió su niñez por el sueño de ser artista. Pero María Victoria adoraba el escenario con toda su alma. Le encantaban los aplausos, las carcajadas de la gente, sentirse admirada y quería algo mucho más grande que las carpas zapatías. Soñaba con la Ciudad de México, la capital donde se forjaban las verdaderas estrellas.

En los años 30, [música] María Victoria no paró de trabajar en las carpas del occidente del país. Guadalajara, Tepic, Colima y los Ranchos de Jalisco y Nayarit. Agarró muchísima experiencia aprendiendo a medir al público y a sacar el show adelante si algo fallaba. Fue desarrollando ese colmillo de showman, que luego sería clave.

También fue creando un estilo propio que la hacía diferente a las demás bedets. Se movía [música] muy sensual, pero con un toque chusco que te ganaba. Una voz quedita, pausada, pícara, pero nunca vulgar. Era una combinación única de sensualidad y ángel que le llegaba por igual a hombres y a mujeres. En 1940, a sus 17 años, María Victoria tomó la decisión que le cambió la vida por completo.

Irse a la Ciudad de México a conquistar la capital era un volado. La capital era muy competida y dura con la gente de provincia que no tenía palancas, pero ella le tenía fe a su talento y a las tablas que ya traía. Para 1940, la Ciudad de México era un monstruo que crecía con casi 2 millones de personas. Era el corazón político, económico y cultural de la nación.

Aquí estaban los estudios de cine, las grandes radiodifusoras, los mejores teatros y los cabarets de moda. Y también cientos de artistas peleando por una oportunidad. María Victoria llegó casi sin un peso, sin palancas, [música] no más con su maleta y la experiencia de las carpas. Empezó otra vez desde cero con puros rechazos en las audiciones.

Hacía papelitos en teatros de poca monta. Se las arreglaba con casi nada, esperando su gran oportunidad. En el México de los 40 arrancaba lo que más tarde se conoció como la época de oro del cine nacional. Cintas como Allá en el Rancho Grande de 1936 ya habían probado que nuestro cine tenía con qué competir fuera.

Read More