Ciudad de México, miércoles 21 de mayo de 2026. Una mujer de 66 años se encuentra sentada en la intimidad de su sala en la exclusiva zona de Jardines del Pedregal. La escena, que para cualquier transeúnte parecería la estampa de una tarde tranquila, es en realidad el escenario de un desgarrador drama humano. Minutos antes, le ha sido entregado un sobre con un documento legal de un juzgado de la Ciudad de México. Lo abre con manos temblorosas, lee las frías líneas judiciales dos veces y, en ese preciso instante, asimila una realidad devastadora: acaba de perder lo único que le quedaba en el mundo de su único hijo muerto.
Esa mujer es Maribel Guardia, la indiscutible estrella costarricense que durante más de cuatro décadas conquistó los palenques, las telenovelas de Televisa y las portadas de las revistas más importantes de espectáculos de toda Latinoamérica. Aquella figura que para millones de fanáticos parecía indestructible, hoy se enfrenta a la soledad más profunda con un papel en la mano que le informa, con el lenguaje gélido de los tribunales, que ya no posee la tutela legal ni el derecho de decisión sobre su nieto José Julián, el último recuerdo vivo del hijo que procreó junto al legendario Joan Sebastian.
La jueza familiar ha otorgado la tutela definitiva del menor a otra mujer. Y lo que añade una dosis extrema de dolor a esta historia es que no se trata de una desconocida, sino de una periodista de espectáculos que el público ha visto incontables veces en la televisión en el programa De Primera Mano: Adis Tuñón, tía de Imelda Garza Tuñón, la viuda de Julián Figueroa. Este fallo judicial no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una brutal cadena de tragedias que comenzó a forjarse hace exactamente dos décadas en el seno de la dinastía Figueroa.
el Guardia hoy en día, es imperativo retroceder en el tiempo y desenterrar las raíces de un sistema cultural que marcó la vida de todos los que se acercaron a su órbita. Joan Sebastian, nacido bajo el nombre de José Manuel Figueroa Figueroa en el humilde pueblo de Juliantla, Guerrero, construyó una carrera mítica cimentada en la música ranchera, el sudor de los ruedos y el aplauso apasionado de la gente del campo. Sin embargo, a la par de su ascenso como el “Rey del Jaripeo”, el cantautor edificó una vida personal gobernada por sus propias reglas, ajena a los matrimonios convencionales. Vivía bajo el “código del jaripeo”, un modelo de masculinidad arraigado donde la poligamia abierta y las múltiples familias simultáneas eran normalizadas y aplaudidas por su entorno.
Fue en 1991 cuando Joan Sebastian conoció a Maribel Guardia, una hermosa joven costarricense de 32 años que ya despuntaba como una de las caras más reconocibles del entretenimiento en México. Tras una insistente conquista colmada de cartas, flores diarias y canciones compuestas en su honor, la pareja contrajo matrimonio por la iglesia en 1992. De ese matrimonio, considerado el evento del año por la prensa del corazón, nació en 1995 su único hijo en común: Julián Figueroa Fernández. Maribel depositó en ese pequeño toda su fe y su amor, decidiendo no tener más descendencia para volcarse por completo en su crianza.
No obstante, la ilusión de un hogar estable se hizo añicos de la manera más pública y humillante posible en abril de 1996. Mientras la pareja grababa la telenovela Tú y yo, Joan Sebastian inició un romance paralelo con la joven actriz Arleth Terán. La traición no se descubrió de forma privada; Maribel se enteró una noche en su propia sala, con su bebé en brazos, mientras sintonizaba el programa de espectáculos Ventaneando. En plena transmisión nacional, el conductor Juan José Origel exclamó en vivo que la noche anterior había presenciado al cantante bailando cariñosamente con Terán en un centro nocturno. Con una dignidad implacable que desafió las costumbres de la época, Maribel confrontó a su esposo y esa misma semana inició los trámites de un divorcio definitivo. A pesar de la humillación, la actriz optó con los años por mantener una relación cordial con Joan Sebastian por el bienestar de su hijo, abriéndole las puertas al universo de su padre, una decisión que con el tiempo cobraría un precio inesperado.

La maldición de la sangre Figueroa: Hijos enterrando a hijos
El apellido Figueroa, si bien abría las puertas del éxito y el reconocimiento artístico, cargaba consigo una diana invisible en la espalda de los herederos de la dinastía. Los conciertos de palenque y los jaripeos de los años 90 y 2000 eran espacios complejos, donde la seguridad personal era una necesidad constante debido a las pasiones desatadas y las disputas del entorno rural. La tragedia comenzó a ensañarse con la familia el 27 de agosto de 2006 en Hidalgo, Texas. Trigo de Jesús Figueroa, el tercer hijo que Joan Sebastian tuvo con su primera esposa Teresa González, trabajaba como jefe de seguridad de su padre durante un concierto al aire libre. Al intentar contener de manera pacífica a un grupo de fanáticos agresivos que pretendían invadir la zona del staff, un sujeto de entre la multitud sacó un arma de fuego y le disparó a Trigo directamente en la cabeza. El joven de 27 años murió esa madrugada en los brazos de su padre en un hospital de McAllen, Texas. Destrozado por la culpa y el duelo, Joan Sebastian le compuso una emotiva canción titulada “Trigo”, donde grabó una frase que se convertiría en la máxima condena de la familia: “Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir”.
La fatalidad no se detuvo ahí. Apenas cuatro años después, el 12 de junio de 2010 en Cuernavaca, Morelos, el segundo hijo varón del cantautor, Juan Sebastián Figueroa, de 32 años, perdió la vida tras recibir múltiples impactos de bala en el cuello y el abdomen en los exteriores de un bar nocturno, presuntamente tras una acalorada discusión con el personal de seguridad del establecimiento. Joan Sebastian, debilitado severamente por el mieloma múltiple (cáncer de médula ósea) que combatió valientemente durante 16 años, tuvo que enterrar a un segundo hijo varón antes de que él mismo falleciera en su rancho de Teacalco, Guerrero, el 13 de julio de 2015 a los 64 años.
Julián Figueroa, el hijo de Maribel, creció presenciando estos funerales y viendo a su padre llorar la pérdida de sus hermanos mayores. Marcado por este legado, Julián decidió continuar con la herencia artística de la familia, refugiándose en la composición musical, la equitación y la actuación bajo la sobreprotección constante de su madre, quien intentó por todos los medios alejarlo de los peligros del regional mexicano tradicional.

La noche que el tiempo se detuvo y la implacable guerra por el nieto
La noche del domingo 9 de abril de 2023, la tragedia llamó directamente a la puerta de Maribel Guardia. La actriz se despidió con absoluta normalidad de su hijo Julián antes de salir a cumplir con sus funciones de la obra teatral Lagunilla mi barrio. El joven de 27 años, quien lidiaba con profundas ansiedades emocionales propias de la sombra de su difunto padre y el estrés de su carrera ascendente, subió a su habitación en la casa familiar de Jardines del Pedregal para descansar. Horas más tarde, su esposa Imelda Garza Tuñón lo descubrió inconsciente en la cama. Los servicios de emergencia del 911 confirmaron lo impensable: Julián Figueroa estaba muerto a causa de un infarto agudo al miocardio y un edema pulmonar fulminante, completamente limpio de cualquier sustancia ilícita según determinó la autopsia médica forense. Maribel recibió la noticia en su camerino de teatro; al llegar a su hogar, se topó con la desgarradora realidad de contemplar a su único hijo sin vida.
A partir de ese funeral, en el que la dinastía Figueroa sumaba su cuarta pérdida prematura en menos de dos décadas, Maribel Guardia se impuso una única y obsesiva misión en la vida: proteger a toda costa a su pequeño nieto José Julián, de entonces 4 años de edad, la última prolongación biológica de su hijo difunto. Imelda y el menor se quedaron a vivir en la casa de la actriz, pero lo que comenzó como un duelo compartido entre suegra y nuera pronto derivó en una abierta confrontación por las dinámicas familiares y el cuidado del niño.
Las tensiones alcanzaron su punto más crítico el 21 de enero de 2024, cuando Maribel Guardia, alarmada por supuestas ausencias prolongadas de la viuda que consideraba ponían en riesgo al menor, acudió al colegio del niño acompañada de elementos de la policía familiar de la Ciudad de México y una orden de resguardo provisional para llevárselo a su domicilio sin el consentimiento de la madre. Esto desató una encarnizada guerra legal y mediática que duró 28 meses. Imelda Garza Tuñón acudió a los medios de comunicación acusando a la actriz de hostigamiento y de emprender una campaña de desprestigio en su contra. Un mes después, la jueza familiar ordenó la restitución del menor con su madre biológica, limitando las visitas de la abuela. Maribel continuó la batalla promoviendo nuevos recursos de custodia provisional permanente en enero de 2025, pero en junio de ese mismo año la jueza de amparo definitivo le otorgó la victoria total a Imelda.
La fría sentencia de mayo de 2026: Una casa de recuerdos y habitaciones vacías
El clímax de este penoso conflicto legal ocurrió el pasado 20 de mayo de 2026, cuando la periodista Adis Tuñón, tía directa de Imelda, mostró ante las cámaras del programa de televisión De Primera Mano el documento oficial donde un juez en materia civil de la Ciudad de México la designaba formalmente como la tutora legal definitiva del menor José Julián Figueroa. Con esta resolución jurídica, Adis Tuñón asume de manera exclusiva la responsabilidad legal de la educación, alimentación, salud, formación y supervisión del patrimonio del menor de edad, desplazando por completo la intervención de Maribel Guardia y de su esposo, el abogado Marco Chacón, quien ya había renunciado previamente a su rol de albacea testamentario para “respirar de tantas responsabilidades”.
Hoy, a Maribel Guardia le queda una trayectoria intachable en los escenarios, el apoyo incondicional de su esposo y el cariño unánime de millones de seguidores en toda Hispanoamérica que empatizan con su inquebrantable resiliencia. Sin embargo, en el plano más íntimo y sagrado de su existencia, su hijo único yace en el panteón familiar de Juliantla y su único nieto crece bajo el amparo legal de una familia ajena a sus decisiones. Aquella icónica frase de Joan Sebastian que resonó hace 20 años para despedir a un hijo asesinado en Texas, se ha convertido ahora en el mantra cotidiano con el que la gran diva costarricense se mira al espejo cada mañana en su solitaria residencia: “Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir”. Solo que esta vez, el eco de la melodía ya no pertenece a los escenarios rancheros, sino al profundo y digno silencio de una madre que lo dio todo y se quedó únicamente con la memoria de sus ausentes.