En el complejo y a menudo doloroso entramado de la realidad mexicana, pocas imágenes resultan tan desgarradoras como las de un pueblo que alguna vez estuvo lleno de vida, ahora reducido a calles vacías, casas saqueadas y un silencio sepulcral. Recientemente, el reconocido periodista Ciro Gómez Leyva, en su espacio informativo, decidió hacer frente a las críticas vertidas en redes sociales sobre sus comentarios hacia la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Con la firmeza que caracteriza su trayectoria, Gómez Leyva no solo reiteró sus afirmaciones, sino que trajo de vuelta a la memoria colectiva un trabajo periodístico que sirve como testimonio innegable de las devastadoras consecuencias de la política de seguridad conocida como “abrazos, no balazos”.
El comunicador inició su intervención recordando una premisa que, según él, ha sostenido al menos desde el año 2021: la política de no enfrentar, no perseguir y no contener a los grupos criminales significó, en la práctica, dejar a millones de mexicanos a merced de la delincuencia. “Si lo sacamos de la política y todo eso, ¿qué significaba en la vida diaria de millones de mexicanos? Era dejarlos a merced de los criminales”, enfatizó Gómez Leyva, apuntando directamente a lo que él califica como un abandono d
e los ciudadanos, en su mayoría personas en situación de vulnerabilidad, frente al poderío territorial y violento de los cárteles.

Ante las acusaciones en redes sociales que tildaban sus comentarios de ser producto de un supuesto “odio” hacia el exmandatario, Gómez Leyva fue claro: su motivación es estrictamente periodística y busca preservar la memoria histórica de hechos que no deben olvidarse. Para respaldar sus palabras y responder a quienes exigían “pruebas”, el periodista presentó nuevamente un reportaje elaborado por Humberto Padgett, transmitido originalmente el 24 y 25 de agosto de 2021. Este trabajo, calificado por Gómez Leyva como “magistral”, ofrece una ventana a la cruda y desoladora realidad de comunidades enteras desplazadas por la violencia, sin intervención alguna por parte del Estado.
El reportaje nos traslada a Sarabia, una pequeña comunidad ubicada en el municipio de Jerez, en el estado de Zacatecas. Lo que alguna vez fue un lugar de celebraciones, fiestas y comunidad, se transformó rápidamente en un auténtico pueblo fantasma. Las imágenes presentadas son un testimonio visual del terror: calles completamente desiertas, escuelas cerradas y casas abandonadas precipitadamente. El contraste entre los videos de archivo, que muestran a los habitantes bailando alegremente, y la desolación actual es brutal. La escuela “Lázaro Cárdenas” es el símbolo perfecto de esta tragedia; sus puertas cerradas no son un acto de rebeldía estudiantil o magisterial, sino la consecuencia de que ya no hay niños a quienes enseñar, ni maestros que puedan impartir clases en un entorno dominado por el miedo.
El testimonio de las pocas personas que aún resistían en el lugar es profundamente conmovedor. Una mujer relata cómo, de una población de aproximadamente 200 habitantes, apenas quedaban unas diez familias. Los niños se cuentan con los dedos de las manos. La causa de este éxodo masivo no es un misterio: la brutal guerra territorial entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa. Esta región de Zacatecas se ha convertido en un corredor estratégico para el tráfico de drogas, armas y migrantes, convirtiéndola en una de las zonas más peligrosas del país.
Padgett y su equipo documentaron el nivel de desesperación con el que los habitantes huyeron. Las cámaras muestran casas con las puertas abiertas de par en par, cocinas donde aún se encontraba el café recién molido y habitaciones que conservaban los objetos personales más íntimos: lentes de personas mayores, botas de trabajo y fotografías familiares que atestiguan las vidas que fueron truncadas por la violencia. Incluso los animales quedaron a la deriva, como vacas pastando entre la maleza crecida o “Chaparro”, un perro cuyo dueño fue secuestrado seis meses antes y del cual no se volvió a tener noticia.
Los testimonios recabados por Padgett exponen el horror en su forma más pura. Las mujeres de la comunidad relatan cómo hombres armados llegaban por la noche para llevarse a hombres jóvenes, esposos, hermanos y vecinos. “Vienen por los hombres jóvenes y se los llevan, algunos vuelven, muchos nunca son vistos nuevamente”, se escucha en la narración. Ante la pregunta de si les habían exigido rescate, la respuesta revela el verdadero motivo: el control y el reclutamiento forzado por parte de los grupos criminales. Las autoridades, ante este escenario dantesco, brillaron por su ausencia. Los habitantes denunciaron que aquellos valientes que se atrevían a interponer una queja formal, eran secuestrados esa misma noche en represalia.
Al concluir la presentación de este crudo material, Ciro Gómez Leyva retomó la palabra para lanzar una crítica fulminante al papel de los tres niveles de gobierno durante esos años de terror. Según su análisis, las autoridades municipales eran inexistentes, el gobierno estatal se encontraba paralizado por el miedo, y el gobierno federal, encabezado por López Obrador, se dedicaba a hacer “propaganda”, a insultar a críticos y periodistas, y a repartir apoyos sociales con fines electorales, ignorando el clamor de seguridad de las comunidades más afectadas.

Gómez Leyva subrayó que este tipo de trabajos periodísticos se realizaron en pleno apogeo de la administración obradorista, desmintiendo así las críticas que lo acusan de hablar únicamente ahora que el expresidente se ha retirado de la vida pública. “No vengan hoy a decir que hablamos porque el señor está escondido, muerto de miedo en su finca”, sentenció el periodista, asegurando que estos reportajes son un esfuerzo por mantener viva la memoria de lo que él considera una tolerancia, o incluso “connivencia”, del gobierno con los grupos del crimen organizado.
El reportaje de Humberto Padgett y la dura reflexión de Ciro Gómez Leyva nos obligan a mirar de frente las consecuencias reales y tangibles de las decisiones políticas en materia de seguridad. Detrás de los debates en redes sociales, las conferencias matutinas y las estrategias gubernamentales, se encuentran las vidas destruidas de miles de mexicanos que perdieron su hogar, a sus seres queridos y su tranquilidad. Sarabia es solo un ejemplo entre muchos de cómo la inacción del Estado frente a la delincuencia organizada puede transformar una comunidad vibrante en un paisaje de desolación y miedo. La labor periodística, en este sentido, se erige como una herramienta vital para documentar la verdad, exigir rendición de cuentas y garantizar que las voces de aquellos que fueron abandonados no se pierdan en el silencio ensordecedor de los pueblos fantasma.