El drama que rodea a la familia Figueroa no cesa. A más de tres años de la trágica partida de Julián Figueroa, la paz parece ser un concepto ajeno para quienes fueron sus seres más queridos. Lo que comenzó como un duelo compartido entre una madre, Maribel Guardia, y una viuda, Imelda Tuñón, ha mutado en una batalla legal de dimensiones insospechadas por la guarda y custodia del pequeño José Julián, el único hijo que dejó el cantante. Hoy, la pregunta que inunda las redes sociales y los pasillos de los juzgados es clara: ¿está Imelda Tuñón a punto de perder la custodia de su hijo?
Para entender el estado actual de este laberinto judicial, es necesario retroceder a los puntos de quiebre. Desde 2024, la relación entre la reconocida actriz costarricense y la joven cantante comenzó a fracturarse. Lo que al principio se percibía como una convivencia armónica en la residencia de Guardia, se convirtió en un escenario de acusaciones mutuas. Maribel, argumentando una supuesta preocupación por el entorno en el que se desarrollaba el menor —mencionando problemas de adicciones, abandono emocional y conductas de riesgo—, inició un proceso legal para obtener la custodia.

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Sin embargo, la respuesta de Imelda fue contundente. La cantante no solo negó las imputaciones, sino que denunció una táctica sistemática por parte de la familia de su expareja para separarla de su hijo. El conflicto escaló a niveles mediáticos cuando, a mediados de 2025, un juez falló inicialmente a favor de Imelda, pero las aguas nunca llegaron a calmarse. Las notificaciones, los amparos y las contrademandas se han convertido en el pan de cada día, creando un clima de incertidumbre total sobre quién es, finalmente, la persona idónea para asegurar el “interés superior del menor”, concepto clave en el derecho de familia mexicano.
El mes de mayo de 2026 marcó un nuevo hito en esta historia. La presentadora Addis Tuñón, tía de Imelda, irrumpió en la escena mediática confirmando que ella había sido nombrada tutora del pequeño, desplazando a Maribel Guardia de dicho cargo. Este movimiento pareció, por un momento, inclinar la balanza a favor de Imelda y poner un freno a las aspiraciones de la actriz. No obstante, el caso está lejos de estar cerrado.
Recientemente, abogados especialistas en derecho familiar han vuelto a encender las alarmas al señalar que, aunque Addis Tuñón figure actualmente en la tutela, esto no garantiza un resultado definitivo para Imelda. Según expertos consultados por diversos medios, existe la posibilidad latente de que, ante nuevas investigaciones sobre la estabilidad del hogar y las condiciones en las que crece el niño, la balanza pueda inclinarse nuevamente. Una abogada entrevistada recientemente fue enfática: “Esto no es automático, es un trámite largo y nada sencillo”, refiriéndose a que las autoridades, en su búsqueda por proteger al menor, podrían reconsiderar quién tiene la capacidad de garantizar su integridad física y emocional.
La situación es, sin duda, un campo minado. Imelda Tuñón ha denunciado en múltiples ocasiones ser víctima de una persecución. En una de sus declaraciones más recientes, la cantante sostuvo que Maribel Guardia y su círculo cercano —específicamente su esposo, Marco Chacón, a quien Imelda ha señalado como una figura central en las fricciones— han intentado “destruir su carrera y su reputación”. Por su parte, Maribel ha mantenido una postura más reservada ante las cámaras, aunque su equipo legal insiste en que las pruebas presentadas sobre los riesgos que enfrentaría el menor en el cuidado de su madre son suficientemente graves como para que el juicio continúe abierto.
El elemento que complica aún más este escenario es la herencia de Julián Figueroa. El testamento del fallecido cantante ha sido objeto de impugnaciones constantes por parte de Imelda, quien sostiene que hay irregularidades en los documentos y que se han buscado ocultar bienes que, por derecho, corresponderían a su hijo. Esta lucha por los recursos económicos, mezclada con la lucha por la custodia, ha convertido un asunto de carácter privado en un espectáculo público que parece no tener fin.
Marco Chacón, esposo de Maribel, decidió romper el silencio en junio de 2026 para defender la postura de la familia Guardia. En sus declaraciones, insistió en que su interés no es la fama ni los bienes, sino la seguridad del nieto de su esposa. “Nosotros nos volvemos preponderantes a partir de que estamos cerca de la vida de Maribel, pero no nos podemos confundir y pensar que nosotros somos los famosos”, afirmó, intentando desvincular el interés público del conflicto de la necesidad real de protección del menor.
¿Qué sigue para José Julián? Mientras los adultos pelean en los tribunales, el pequeño queda en medio de una vorágine mediática. Imelda ha compartido en redes sociales momentos de reencuentro con su hijo, intentando demostrar que el vínculo materno es irrompible. “Todo se está poniendo en su lugar”, escribió en enero de 2026, expresando un optimismo que hoy, ante los nuevos rumores de pérdida de custodia, parece haberse disipado.
La realidad es que el sistema judicial mexicano es lento y metódico. Un juicio de custodia no se resuelve con un solo documento; requiere estudios socioeconómicos, pruebas psicológicas y un análisis exhaustivo del entorno familiar. Si las acusaciones sobre el estilo de vida de Imelda llegan a ser validadas por alguna instancia, o si se comprueba que el entorno de Maribel ofrece mayores garantías, la resolución podría cambiar drásticamente.
Lo que es innegable es que la figura de Maribel Guardia está bajo un escrutinio feroz. Para muchos, ella representa a la abuela preocupada; para otros, es una mujer que se niega a soltar el vínculo con la memoria de su hijo a través del nieto. Por otro lado, Imelda enfrenta la difícil tarea de reconstruirse tras la muerte de su esposo mientras lucha por demostrar que es una madre plenamente capaz.
El caso continúa en fase de litigio. Las partes involucradas han sido notificadas de nuevos requerimientos legales que podrían determinar el futuro de la tutela en los próximos meses. Mientras tanto, la opinión pública permanece dividida. Algunos sectores apoyan la tenacidad de Maribel Guardia, viendo en ella un baluarte de estabilidad, mientras que otros se solidarizan con la batalla de Imelda contra lo que ella considera una influencia excesiva y negativa de la familia política.
Al final del día, el conflicto entre Imelda Tuñón y Maribel Guardia es el retrato de una tragedia que se ha extendido más allá de la muerte de Julián. Es una lucha donde los derechos de los adultos colisionan frontalmente con las necesidades de un niño de apenas 9 años. La posibilidad de que la custodia cambie nuevamente no es solo un rumor de pasillo; es una consecuencia lógica de un pleito que no ha logrado encontrar un punto de mediación.

La justicia, como suele decirse, tarda pero llega. Y en este caso, la resolución determinará no solo quién tiene el derecho legal de cuidar a José Julián, sino quién ha logrado, a pesar de sus errores y sus ataques, poner el bienestar del niño por encima de los rencores personales y el dinero. Mientras el proceso legal avanza, lo único seguro es que esta historia está lejos de concluir. Los ojos de los seguidores de ambas figuras seguirán atentos a cada movimiento, a cada publicación y a cada sentencia, esperando saber si, al final del camino, el pequeño podrá encontrar la paz que su familia parece haber perdido desde hace ya demasiado tiempo.
Por ahora, los abogados de ambas partes siguen trabajando en silencio. La estrategia es clara: desgastar al oponente y presentar la evidencia más contundente posible ante los jueces. La pregunta sigue en el aire: ¿Será esta la última vez que veremos una disputa por la custodia de José Julián, o acaso el sistema judicial tendrá que intervenir nuevamente para separar a las partes y proteger lo único que realmente importa: el futuro del nieto de Maribel Guardia? Solo el tiempo lo dirá.