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La debacle de Morena en Coahuila: El colapso de la operación de Andy López Beltrán y el despertar del voto territorial frente al poder central

El mapa político de México ha experimentado un terremoto de alta intensidad cuyo epicentro se localiza en el estado de Coahuila. Las elecciones legislativas locales, lejos de ser un proceso periférico o de interés meramente regional, se han convertido en el espejo de una realidad ineludible: el partido oficialista, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), no es invencible. El resultado de la contienda no solo representa una derrota numérica; constituye un colapso estructural absoluto que sacude los cimientos del proyecto político hegemónico y pone bajo la lupa los métodos de su operador estrella, Andrés Manuel “Andy” López Beltrán.

Los datos duros validados tras el cómputo del cien por ciento de las actas oficiales no dejan espacio para matices ni interpretaciones benévolas. En una muestra de control territorial y eficacia electoral que parecía extinta en los tiempos de la marea guinda, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se alzó con la victoria en dieciséis de los dieciséis distritos electorales en disputa. Un contundente dieciséis a cero que borró del mapa legislativo a la coalición oficialista. El PRI superó el cincuenta y cinco por ciento de los sufragios, sumando poco más de 684,000 votos, mientras que la alianza integrada por Morena y el Partido del Trabajo (PT) se estancó en un lejano veintiséis por ciento, equivalente a unos 326,000 votos. El partido del gobierno obtuvo la mitad del respaldo conseguido por su más enconado rival histórico.

Este desplome adquiere dimensiones dramáticas cuando se contrasta con el pasado reciente. En los comicios federales previos, Morena había arrasado en el territorio coahuilense con más del cin

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