La voz de alerta ha sido dada por quienes mejor conocen los radares y las torres de control. Alfredo Cobarrubias, secretario general del sindicato de Controladores Aéreos, y la experimentada experta en aeronáutica, María la Riva, han expuesto una realidad que debería alarmar a cualquier pasajero. Detrás de los anuncios oficiales sobre la “modernización” de los aeropuertos, se oculta una estructura laboral colapsada, donde la seguridad aérea se sostiene, más que por una planeación estatal eficiente, por la voluntad y el sacrificio heroico de profesionales que trabajan bajo protesta y condiciones denigrantes.
Desde diciembre de 2018, los controladores aéreos han vivido bajo el yugo de una política de austeridad mal aplicada que ha erosionado sus ingresos en un 35%. Bajo la bandera de la “Ley Federal de Remuneración de los Servidores Públicos”, el gobierno redujo salarios de especialistas cuya labor es, proba
blemente, una de las más delicadas y especializadas del Estado mexicano. No estamos hablando de burócratas administrativos, sino de profesionales que no tienen movilidad laboral: su especialidad es tan específica que solo pueden trabajar para el gobierno.
El resultado de este despojo ha sido un golpe devastador para la estabilidad familiar de cientos de controladores. “Trabajamos más, pero ganamos 35% menos”, es la consigna que resume el sentir de un gremio que ha sido ignorado por Hacienda y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). A pesar de las exigencias salariales, los ajustes por inflación y la creciente complejidad de su labor —que requiere una capacitación continua y una responsabilidad ineludible sobre vidas humanas—, la respuesta ha sido el silencio. Esta situación ha obligado a muchos profesionales a trabajar jornadas extenuantes, en algunos casos de hasta 17 horas diarias, para compensar la falta de personal y la precariedad de sus ingresos.
Negligencia en la Planeación: El Origen del Colapso
El argumento oficial sobre las “horas extras” cae por su propio peso al analizar la gestión de Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM). La falta de controladores no es un hecho fortuito; es el resultado de una negligencia absoluta en la planeación. Formar a un controlador aéreo requiere años de especialización: un curso básico de tres años, seguido de capacitaciones específicas en cada estación de trabajo. Cuando se recortan presupuestos, se eliminan instructores y se cierran cursos, el sistema empieza a sangrar.
María la Riva, experta en aeronáutica, señala con precisión que las decisiones equivocadas y los recortes presupuestales han dañado toda la cadena de la aviación. “Se recortó aquí, se recortó allá, y hoy no hay capacidad de respuesta”, subraya. La negligencia en la planeación ha convertido a los aeropuertos en un campo de minas. El personal trabaja agotado, con márgenes de seguridad estrechos que se mantienen solo por la pericia individual de los controladores, quienes, a pesar de las condiciones, han demostrado un compromiso ético intachable, evitando incidentes catastróficos que la mala gestión gubernamental ha estado cerca de provocar.
El Aeropuerto: Inauguraciones de Papel en Vísperas del Mundial
El escenario se vuelve aún más preocupante ante la cercanía del Mundial. Las recientes inauguraciones encabezadas por la presidencia en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) han sido denunciadas por especialistas y usuarios como obras inconclusas. Se inaugura lo que no está terminado, se hace una ceremonia formal para un público que no puede ignorar el polvo de la construcción, las obras a medio camino y la carencia de instalaciones adecuadas.
Se estima que las reparaciones apenas alcanzan un 70% de avance. Inaugurar obras sin terminar es, lamentablemente, el sello distintivo de una administración que miente como respira. Mientras se realizan cortes de listón para las cámaras de televisión, la realidad aeroportuaria sigue siendo un caos de retrasos, falta de mantenimiento en sistemas críticos y una presión logística que el sistema actual no está preparado para soportar. La falta de baños dignos, el hacinamiento en terminales y la incertidumbre en los horarios de vuelo son el preludio de lo que podría ser un colapso operativo durante el evento deportivo más importante del año.
La Marina: Un Cambio de Reglas que Viola la Legalidad
A la crisis presupuestaria y laboral se suma un nuevo actor con métodos discutibles: la Marina. En el AICM, trabajadores con años de antigüedad están siendo sujetos a condiciones laborales impuestas bajo la premisa de que “ahora es otra empresa”. Se les impone una nueva realidad administrativa, desconociendo derechos adquiridos y forzando condiciones que son, a todas luces, ilegales.
Esta política de “borrón y cuenta nueva” para eludir responsabilidades laborales es un ataque directo a la dignidad del trabajador. Si el Estado desea cambiar la gestión de una entidad aeroportuaria, el procedimiento debe ajustarse a la ley: liquidación conforme a derecho y recontratación voluntaria. Intentar imponer condiciones laborales inferiores mediante la fuerza administrativa es una muestra más del desprecio de este gobierno por los derechos de sus propios servidores. Estos trabajadores, al igual que los controladores, son indispensables para que el país no se detenga. Si el gobierno persiste en tratarlos como mano de obra desechable, las consecuencias se verán en cada despegue y cada aterrizaje.
La Resistencia desde la Dignidad
A pesar del panorama desolador, hay una luz de esperanza en la unión de los trabajadores. El sindicato de Controladores Aéreos ha mantenido una postura institucional y valiente. Ante la falta de avances, han llevado su inconformidad ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, buscando la mediación de las autoridades para recuperar lo perdido. No piden privilegios, piden justicia. Piden condiciones para realizar una labor que no admite errores.
La sociedad, a través de plataformas independientes y espacios de análisis crítico, ha tomado el papel de altavoz para quienes han sido silenciados por la propaganda oficial. La familia Typical, que apoya estos esfuerzos informativos, entiende que la seguridad aérea es un tema de Estado, no un tema partidista. Reconocer que el gobierno ha cometido errores graves en la gestión de la aviación no significa ser oposición ciega; significa priorizar la seguridad de los ciudadanos por encima de cualquier color político.

¿Qué nos espera en los próximos días?
A medida que el Mundial se acerca, la presión sobre las terminales aéreas se multiplicará exponencialmente. Si el gobierno persiste en la soberbia de inaugurar obras inconclusas y en la política de asfixia salarial contra sus controladores, el riesgo de un incidente grave aumenta día con día. El país no puede permitirse que la negligencia administrativa empañe un evento de talla mundial, pero más allá de la imagen internacional, lo que está en juego es la seguridad de los mexicanos.
Es imperativo que la Secretaría de Hacienda y la SICT dejen de hacerse los “desentendidos”. La solución no requiere de años de planeación, sino de voluntad política inmediata para resarcir los daños salariales y fortalecer las plantillas de personal especializado. Los controladores no están pidiendo la luna; están pidiendo el respeto elemental a sus condiciones de trabajo para poder seguir cumpliendo con su misión.
Conclusión: Una Advertencia a Tiempo
La aviación mexicana se encuentra en una encrucijada donde el tiempo se agota. La denuncia de los especialistas es una advertencia a tiempo: no es posible sostener un sistema aeroportuario funcional sobre la base de la explotación laboral y la simulación técnica. El gobierno debe entender que los controladores aéreos son los garantes de la vida en el aire. Si el sistema colapsa por la terquedad de un régimen que prefiere invertir en inauguraciones vacías antes que en sus trabajadores, la responsabilidad no será de los sindicatos ni de la oposición; será exclusivamente de una administración que priorizó la mentira sobre la seguridad.
Esperamos que la sensatez prevalezca. La ciudadanía, que hoy mira con escepticismo las pantallas de los aeropuertos buscando una salida a su vuelo, merece la tranquilidad de saber que quienes están en la torre de control cuentan con el apoyo, los recursos y la dignidad que su altísima responsabilidad exige. La resistencia Typical seguirá dando voz a estos héroes anónimos del aire, recordándole a la autoridad que México no se construye con listones inaugurados, sino con el respeto a quienes, día tras día, aseguran que lleguemos a nuestro destino a salvo. La seguridad no es opcional, y el tiempo para actuar es ahora.