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¡Cae la Muralla de Silencio! Testigos Protegidos Desmantelan la Red de Corrupción que Conecta a los Hijos del Poder en México

El edificio de la impunidad en México, que durante años pareció blindado contra cualquier embestida judicial, ha comenzado a derrumbarse. Lo que comenzó como una serie de cuestionamientos y sospechas sobre la gestión en Sinaloa, ha mutado en una investigación de alcances internacionales que amenaza con reconfigurar el destino de la Cuarta Transformación y desmoronar el círculo de confianza más íntimo de las familias que ostentaron el poder en el sexenio pasado. La llave de esta puerta, que mantenía ocultos los acuerdos inconfesables con el crimen organizado, ha girado gracias a dos figuras clave que, ante la inminente presión de la justicia estadounidense, han decidido que la lealtad tiene un precio: la propia libertad.

Gerardo Mérida, general retirado y pilar de la seguridad en el gobierno de Rubén Rocha Moya, junto con Enrique Díaz Vega, el hombre que manejaba los hilos financieros de la entidad, han cruzado la frontera no como turistas, sino como testigos protegidos ante agencias federales de los Estados Unidos. Esta entrega no es un acto de buena voluntad; es una capitulación técnica. Para que la DEA, el FBI o el Homeland Security acepten a un individuo bajo este esquema, se requiere una condición innegociable: la entrega de pruebas contundentes que incriminen a quienes están en los peldaños superiores de la jerarquía. Y en este caso, la jerarquía no se detiene en un gobernador con licencia; los nombres que comienzan a retumbar en los pasillos de Washington apuntan directamente hacia la familia directa del exmandatario.

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