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POR ESTO SHEINBAUM EXHIBE 10 FACTURERAS POR 2 MIL MILLONES ROBADOS

Se robaban todo, así tal cual, todo. El dinero del agua de este país, el dinero de la CONA, ese que debía levantar presas y llevar el riego a los campesinos de Sinaloa y de Sonora, se lo estaban llevando con cuchara grande. 2,314 millones de pesos, esa es la cifra exacta, sin redondeos, que según la investigación terminó en una red de 10 empresas que no tiene ni un trabajador, ni una máquina, ni una sola obra de verdad su nombre.

 y agárrate bien, porque los dos hilos que sostienen este escándalo cargan nombres que pesan muchísimo. Por un lado, la empresa que es el corazón de toda la red, una llamada Ferroclle que el propio Satya marcó como fantasma, nació en la notaría que en su momento llevó el nombre de Adán Augusto López. Por el otro, los contratos salieron de un área de la CONagua que encabezó nada menos que la hija de la secretaria de Gobernación, la hija de Rosa Efela Rodríguez.

 Dinero del agua, una notaría ligada a Morena y la hija de una de las mujeres más poderosas del gabinete, todo amarrado en el mismo expediente, en uno de los desvíos más escandalosos del agua que se hayan destapado en años. Y te lo digo después de revisar a fondo la investigación de Mexicanos contra la corrupción. 42 contratos, 10 empresas, registros del SAT y datos de la propia Conagua cruzados uno por uno.

 Pero hay un dato que se guardaron bien callado, uno que convierte este robo del pasado en algo que está ocurriendo hoy mismo en este gobierno y que cuando lo escuches te va a dejar con la boca abierta. Si a ti también se te revuelve el estómago de oír que se llevaron más de 2,000 millones de del agua del pueblo, mientras hay comunidades enteras que abren la llave y no sale ni una bota, este es tu canal.

 Suscríbete y quédate conmigo hasta el final porque esto que estamos viendo no se puede quedar sin que alguien lo cuente completo y sin nombres a medias. Vamos por partes despacio para que se entienda bien lo que está en juego. El dinero de la Conagua no es un dinero cualquiera, no es un número en una hoja que nadie va a extrañar.

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 Es el dinero con el que se construyen las presas que guardan el agua para las temporadas de sequía, los canales que llevan esa agua a las tierras de los campesinos, los sistemas que hacen que en un pueblo del norte salga agua de la llave en lugar de tener que comprarla por pipas a precio de oro. Cada peso de esa bolsa tiene una cara detrás.

 La del agricultor que necesita regar no perder la cosecha, la de la familia que lleva años esperando que por fin llegue el agua a su colonia. Y según la investigación, una parte enorme de ese dinero, en lugar de convertirse en obra, se fue a empresas que existen nada más en el papel, porque eso es exactamente lo que es Ferroplin, según lo documentó el propio SAT, una empresa que, según se ha reportado, no tiene empleados, no tiene activos, no tiene la infraestructura que se necesita para mover un solo metro cúbico de concreto y que aún así fue contratada una y otra

vez para obras hidráulicas de millones de pesos. El detalle que pone los pelos de punta es de donde salió esa empresa. La investigación señala que se constituyó allá por 2014 en la notaría que entonces estaba a nombre de Adán Augusto López en Villahermosa, cuando él todavía no era el senador que es hoy. Que conste, y esto es importante, a él no se le acusa de nada en este reportaje.

 Su nombre aparece únicamente como el dato de origen de la empresa, como el punto donde nació todo este enredo. Pero ya sabes cómo es esto. Cuando empiezas a jalar un hilo, casi nunca te quedas con una sola empresa. Y sabes cuántas compañías más están amarradas a esa primera empresa de papel y cómo le hicieron para que pareciera que competían entre ellas cuando en realidad era la misma mano.

 Eso es justo lo que vamos a ver ahora y la forma en que lo armaron es de no creerse porque Ferroclin no estaba sola. La investigación habla de toda una constelación de empresas, 10 en total que según se documentó comparten entre sí los mismos accionistas, los mismos gerentes, los mismos comisarios, los mismos administradores e incluso los mismos notarios.

 ¿Y para qué sirve tener 10 empresas que en el fondo son la misma cosa? Pues para algo muy sencillo de entender, aunque suene complicado, para simular que hay competencia. Tú te imaginas una licitación honesta como una subasta donde varias empresas pelean para ofrecer el mejor precio. Pero aquí, según todo lo que apunta la investigación, esas empresas solo fingían pelear entre ellas.

 Se presentaban a la misma licitación dándose codazos de mentiritas, cuando en realidad eran primas hermanas controladas por las mismas personas. El resultado siempre era el mismo. El contrato se quedaba en la familia. Y ahora aterricemos todo esto en algo que duele de verdad, en obras con nombre y apellido, porque según la investigación, los contratos más jugosos de esta red llegaron en las obras hídricas que el gobierno anterior presumía como prioritarias.

 La construcción de la presa Santa María en Sinaloa, la presa Pikachos también en Sinaloa, la ampliación del distrito de riego del pueblo Yaqui en Sonora. Hablamos de proyectos enormes, de los que cambian la vida de regiones enteras, de los que deciden si un agricultor tiene agua o se queda viendo cómo se le seca todo. Y en lugar de quedar en manos de constructoras serias, con experiencia, con maquinaria, según lo documentado, terminaron en empresas que no tenían ni con qué empezar.

 Quédate porque ahora te voy a contar quién firmaba esos contratos del lado del gobierno, qué cargo tenía y qué relación tiene con una de las funcionarias más poderosas que hay hoy en el gabinete. Porque cuando juntes los nombres vas a entender por qué esta noticia incomoda tanto. Y si a estas alturas ya sientes que esto es justo de lo que estás harto, de ver cómo el dinero que debía servir para los de abajo siempre termina arriba en manos de los mismos de siempre, suscríbete y acompáñame porque aquí no vamos a soltar este caso a medias. Y ahora sí vamos a

la parte que más se ha comentado de toda esta historia, la de los nombres del lado oficial. Según la investigación, el área de la CONAGUA que firmó la mayoría de estos contratos, la gerencia de recursos materiales, estuvo encabezada entre octubre de 2020 y mayo de 2021 por Alejandra Ciela Martínez Rodríguez, que no es cualquier persona, es la hija de quien hoy es la secretaria de Gobernación, Rosa Isela Rodríguez.

 Hay que decirlo con todas sus letras y con honestidad, hasta este momento no existe ninguna acusación judicial en su contra. Lo que MCSCA documenta son hechos administrativos, no delitos probados ante un juez. Pero lo que sí señala la investigación es que durante su gestión se suscribieron 38 de los 42 contratos que encontraron.

 Y cuando ella dejó ese cargo, según lo reportado, la responsabilidad de esa área no cayó precisamente en manos de un técnico con años de experiencia en obra hidráulica. cayó, de acuerdo con la investigación en personas ligadas a la ayudantía del entonces presidente López Obrador, es decir, gente que venía del círculo más cercano de los que lo acompañaban y lo cuidaban en sus giras, pero que no necesariamente sabían distinguir una presa de un bordo.

 Uno de esos nombres que aparece, según se ha reportado, había sido custodio presidencial antes de aterrizar a supervisar obras de millones de pesos. Y aquí es donde a uno se le revuelve el estómago, porque entre esos funcionarios, según la investigación, se otorgó cerca del 80% del dinero total, casi 1841,0000es de pesos de los 2,314 que recibió la red a empresas que no tenían experiencia comprobada en este tipo de proyectos.

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