Para la opinión pública que el señor ministro de justicia tiene un plazo de 24 horas para que presente las pruebas concretas de la sindicación que me hizo en el día de ayer en la cámara de Esta noche el precandidato liberal, Luis Carlos Galán Sarmiento, fue víctima de un atentado terrorista.
Siempre he asegurado que mi dinero no tiene vínculos con el narcotráficas y con ametralladoras. Dos hombres entraron a la sede del candidato Andrés Pastrana, intimidaron a la gente, la hicieron tirarse al piso y secuestraron al candidato. Estas gonoras nos persigue a nosotros y es que porque somos delincuentes y y y creen que es que uno es huevón, cree que porque uno ha estado calmado, es que no tenemos no tenemos con quién pelear.
La cantidad dinamista aún se desconoce porque el número de muertos y heridos ha concentrado la acción de las autoridades. Hasta ahora el número de muertos es de 14, entre ellos tres niños, uno de un año. Pablo Emilio Escobar Gaviria, un hombre que fue más temido que respetado en Colombia.
Cuatro palabras que despiertan un trauma vitalicio para la memoria colectiva del país. Nació el primero de diciembre de 1949 en Rí Negro, Antioquia. Su madre no lo sabía, pero aquel pequeño, de pronto inquieto y aventurero, le causaría a Colombia más daño de lo que podía imaginarse al verlo. Entonces, tuvo como padres a Hermilda de los Dolores Gaviri Berrío, una profesora de escuela, y Abel de Jesús Escobar Echeverry, un celador humilde. Estos tuvieron siete hijos.
Junto a Pablo estuvieron Alba Marina, Luz María, Gloria Inés, Argemiro, Luis Fernando y Roberto de Jesús. En 1961, su familia recibió una vivienda por parte del estado, lo que los llevó a mudarse al municipio en Vigado, específicamente al barrio La Paz. Nadie se imaginaba entonces que el pequeño Escobar se convertiría en lo que fue.
De pronto veían en él los ojos de ambición que lo sacaría delante. Sin embargo, la historia nos va a demostrar lo lejos que llega a alguien por conseguir sus objetivos. Pablo no fue ajeno al contexto político colombiano. Durante su periodo escolar generó una inclinación por los movimientos revolucionarios antiimperialistas.
Sin embargo, esto no lo separó de su apego por la plata. También se evidenció su gran habilidad para liderar en movimientos estudiantiles que desafiarían la autoridad de una forma silenciosa, pero combatida y aguerrida. Estas cualidades no serían más que un esbozo de lo que en el futuro Escobar se convertiría.
Una persona con férrio carácter y con una aparente vanidad. Ya en una etapa más madura, Escobar, al no tener un gran interés por la educación y desear ayudar a su familia económicamente decide buscar otras formas de ganarse la vida. Pablo con la enseñanza aprendida solía decir, “Yo pobre no me muero para mí, primero Dios y después la plata.
” Al renunciar a mecanismos de ascenso social como la educación, tomó definitivamente el camino de la criminalidad como medio para lograr el deseo que prefiguró en su vida, ser rico. Pablo ingresa al mundo delincuencial bajo el amparo de Alfredo Gómez, alias el padrino, conocido en envigado por contrabandear alcohol y cigarrillo, entre otros.
Este hombre sería quien le abrió las puertas a Pablo Escobar paraondar más profundo en los negocios ilícitos y así subir en la estructura delincuencial. Pablo trabajaría junto a Jorge González, alias el Mico, un reconocido traficante y pistolero de la estrella, de quien aprendió la labor de traqueteo y conocería contactos importantes.
Otra persona que logró influenciar a Pablo Escobar durante su formación como criminal fue Griselda Blanco, alias la patrona, hija de una trabajadora sexual. Griselda desde la infancia se vio en los negocios ilegales. Luego migraría a Estados Unidos, donde sería la pionera en el trazo de las rutas y el tráfico de cocaína.
Ella dirigió el negocio con cabeza fría y calculadora, lo que le ganó el respeto y miedo tanto de aliados como de enemigos. Estas tres personas convertirían escobar en un maestro de los negocios ilícitos. Dentro de unos años Pablo llegaría incluso a superarlos en temor y poder.
El Mico le enseñaría a escobar las rutas de contrabando desde Colombia a Panamá. Pablo, al poseer pocos vicios y ser alguien responsable con el negocio, ganó poco a poco el reconocimiento de sus jefes hasta el punto que le encomendaron el rol de Mosca, quien iba delante del cargamento ilegal para sobornar a las autoridades y la aduana.
Este trabajo le permitió a Escobar ayudar a su familia económicamente en la casa y también afianzar su decisión por dedicar su vida a la delincuencia. Sin embargo, esta actividad de contrabando no lo detuvo de cometer el crimen que más le gustaba, el hurto de autos, delito el cual abriría el historial de Escobar con la justicia colombiana a los 25 años.
El 5 de septiembre de 1974, Guillermo Salazar denunció el robo de su renol 4 rojo, modelo 73. Posteriormente, el 9 de ese mismo mes, León Duque también denunció el robo de su Renault 12. Este narró que había dejado su carro estacionado mientras merodiaba un automóvil rojo que coincidía con la descripción del robado el 5 de septiembre, por lo cual anotó el número de placa.
Días después, una patrulla detiene un Renault 4 rojo conducido por Pablo, quien afirmó que el carro lo había comprado su amigo Francisco Pisano en un remate de chatarra. Para sospecha de las autoridades, Pisano dio un testimonio diferente. Francisco afirmó que Pablo le entregó el dinero para comprar el carro y llevarlo al taller.
Este mecánico comentó únicamente arreglar los vehículos que le traían. Durante la revisión técnica del Reenal 4 se encontró que coincidía con el vehículo robado de Salazar. Al llevar a Careo a Pablo con Pisano, las autoridades comenzaron a idear que se buscaba utilizar la buena fe de Pisano para crear una cuartada.

Dadas las múltiples contradicciones que presentó Escobar, las autoridades conjeturaron que el plan era robar un Renal 4, comprar un Reenal 4 de chatarra y ponerle las placas al Reenal 4 robado. Pablo, al ver que su libertad estaba en peligro, decide eliminar a los testigos. El 30 de mayo se encontró al mecánico con un disparo en la cabeza y a Pisano muerto con golpes en el cráneo.
La muerte de los testigos y las pruebas le darían a Pablo Escobar una breve estancia en la cárcel a Ladera. Durante su estancia en la ladera logró hacerse amigo del padrino, el cual le aseguraba unas condiciones cómodas a sus subordinados y Pablo no sería la excepción. Gracias a esto y al gran poder, reputación e influencias que poseía el padrino, Escobar lo admiró toda su vida.
Aseguró entonces Juan Pablo, quien conoció don Alfredo en la hacienda Nápoles, niño todavía. Hijo, vénga. Le presento al único patrón que he tenido en la vida”, le expresó Pablo una tarde en la que el padrino visitaba el territorio vedado del Magdalena medio y lo evoca justo como siempre don Alfredo, pero afable con el angelote mimado de Juan Pablo.
Por eso le recuerdo también, porque mi padre enfatizó mucho en el hecho de haber sido su único jefe. Su estadía en la cárcel no duró mucho y saldría gracias a una fianza. Su experiencia junto a don Alfredo construiría su bautizo en la delincuencia. Desde este punto, Pablo junto a su primo Gustavo Gaviria realizarían distintos tipos de crímenes como asalto a mano armada, robo establecimientos, contrabando de mercancía ilegal y sicariato.
Durante los 70s, Escobar se las ingenió para poder transportar los kilos de cocaína que conseguía, producto el cual cosechaba en Perú y Bolivia, procesaba en Medellín y exportaba para venderse en los Estados Unidos. Para poder mover la mercancía desde Colombia a Norteamérica, Escobar necesitó establecer relaciones con los Ochoa, específicamente con Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa Vázquez, descendientes de una familia ganadera de Antioquia que poseían los contactos adecuados para comercializar la coca sin
levantar sospechas. Los Ochoas serán esenciales para el futuro en la creación del cártel de Medellín y en especial todo lo que sucederá con la creación del movimiento Más. Inicialmente, Escobar utilizó intermediarios en los distintos países de Suramérica para obtener la hoja de coca.
Sin embargo, no era extraño que esos extranjeros buscaran sacar una rebanada más grande del pastel. Por lo cual, paulatinamente y gracias al crecimiento de su poder, Pablo decidió dejar de utilizar intermediarios extranjeros y optó por confiarle el cultivo a sus colombianos de confianza. En la medida en que sus hombres viajaban, se relacionaban con gendarmes, dictadores y gobernantes y con nuevas y viejas mafias.
Con esta conquista de la selva, Escobar logró obtener mejores puntos para movilizar su mercancía de forma más segura y rápida. Gracias a esto, el cocinero y cuñado de Pablo, Mari Benao, pudo producir más y mejor droga. El creciente poder de Escobar, si bien le ayudó a hacerse un lugar entre los grandes criminales de Colombia, no pasó desapercibido para los órganos del Estado.
El 11 de junio de 1976, en los titulares aparecería la noticia. Caen 39 libras de cocaína. Durante una operación antinarcóticos del Departamento Administrativo de Seguridad DAS, en el municipio de Itahüí, sería capturado Escobar junto a su primo Gustavo Gaviria, Marío Enao y otros tres delincuentes. Sería la primer vez que podríamos ver la cara de Escobar en los titulares de los periódicos.
Incautos entonces de que aquel joven conquistaría las rutas de cocaína en Colombia y pondría al país bajo el yugo de su plata. A finales del mes de mayo, agentes del D notaron que uno de los hombres de Pablo en el municipio de Piales, al lado de la frontera con Ecuador, recibió un paquete de cocaína que intentó esconder en un camión Ford.
Los agentes siguieron el vehículo por las carreteras hasta que el 7 de junio lo detuvieron en pasto. Allí confirmaron que se trataba de estupefacientes. Los pasajeros del transporte pidieron moverse hasta Santiago de Cali para llamar Escobar y que solucionara la situación.
En la capital del valle, por medio de una llamada, Escobar garantizó que si accedían a dejar que el camión se transportara hasta Medellín, ellos ganarían un gran soborno. Oferta que fue aceptada por los agentes, sin imaginar que en realidad estos serían oficiales en cubierto. De esta manera, el vehículo se movilizó hasta Medellín.
El 9 de junio, en la ladería La playita ubicada en el municipio de Itawií, llegaron los pasajeros del camión junto a los agentes del D para reunirse con Pablo, quien estaba acompañado por su primo y por su cuñado. En el establecimiento, Escobaris imaginaba con total seguridad que la lealtad de los oficiales sería comprada.
Práctica recurrente en la mayoría de sus operaciones, pero no esperaba que al momento de ofrecerle dinero a los oficiales sería rodeado por agentes del DAS. Los crímenes a los que se le acusó a Pablo y sus acompañantes fueron tráfico de estupefacientes y soborno. Además, se les confiscó tres vehículos y fueron llevados a la cárcel.
La operación fue orquestada y dirigida por Carlos Monroy Arenas, jefe del DAS, quien por esta acción y en venganza sería asesinado en el futuro por uno de los sicarios de Escobar, así como a dos de los miembros del D, que también participaron en la redada. El caso fue enviado a los juzgados de Taí, donde la jueza Mariela Espinoza Arango cargó con la peligrosa tarea de llevar el caso de Pablo Escobar.
Durante el proceso ella denunció que se encontraba bajo una amenaza de asesinato junto al jefe Carlos Monroy. Sin embargo, esto no fue suficiente para quebrantar la voluntad de la jueza, aunque para fortuna de Pablo, el caso se entorpeció debido a que logró con corrupción de por medio, que se remitiera a los juzgados depiales, pues allí fue donde se compró la cocaína.
En un primer momento, el juez al que fue remitido el caso no pudo ser comprado, por lo que Escobar contrató al hermano de este para que lo defendiera. Con este ingenioso movimiento se logró inhabilitar al juez y el caso se envió a otro juzgado. En esta ocasión el magistrado sí aceptó el soborno a cambio de que Pablo quedará libre después de una breve condena.
Después de los pocos meses que Escobar pasó en la cárcel, la Corte Suprema de Justicia exigió que el juicio se llevara a Antioquia y se diera nuevamente la orden de captura. Pues el resultado del que había llegado el juez no estaba basado en pruebas sólidas. El traslado entre tribunales y la influencia de Pablo en la rama judicial evitó que la justicia actuara con normalidad.
Gracias a esto, en 1977 un juez descargaría los acusados de responsabilidad y el caso quedaría archivado. Cercano a esas fechas, Escobar entabló una gran amistad con Marío Enao en el barrio La Paz de Envigado, quien le presentó a su familia en señal de confianza. Entre ellos se encontraba Victoria. una niña de 12 años que enamoró inmediatamente Escobar.
En un primer momento, Marido se negó a la relación, pues había una diferencia de edad considerable entre su amigo, que con 23 años quería acercarse a su hermana. Sin embargo, las pretensiones del joven Pablo no se disuadieron fácilmente. Gracias a múltiples regalos y una personalidad carismática, Victoria desarrolló poco a poco una simpatía por su pretendiente que la llevó a caer en sus deseos.
Sin embargo, algunas confesiones de victoria narran una relación más tétrica y menos romántica. Cuando la pequeña tenía 14 años, Escobar se acercó de manera sugestiva y presuntamente laó de manera carnal. Tiempo después, el 24 de febrero de 1977, en Medellín, la joven daría luz a Juan Pablo Escobarenao, primer hijo de la pareja.
El nacimiento se da a la vez que el caso del joven Pablo navegaba por la burocracia. Gracias a que los pocos viajes de cocaína que se mandaban para Estados Unidos daban mayor rentabilidad que el mercado colombiano, el capo antioqueño desarrolló planes para utilizar las Islas del Caribe como nodos logísticos. Estos puntos tendrían el objetivo de conservar la cocaína alejada de las aguas vigiladas por las autoridades y luego ser enviadas a la Florida.
A finales de los 70, el crecimiento del negocio de la cocaína forjó una fortuna que le permitió al emergente narcotraficante hacer realidad uno de sus deseos, el ser dueño de una gran porción de tierra. Segundo Mesqui 2025, para 1979 se compró en Puerto Triunfo, Antioquia, la hacienda de Valleupar y otros territorios aledaños, la cual conformarían la conocidísima Hacienda Nápoles.
La hacienda sería el basón impugnable del Imperio de Pablo, lugar donde se orquestarían envíos y tratos con diferentes figuras, asesinatos y entre otros. Adicionalmente, contaría con varios elementos de recreación como pistas de aterrizaje para aviones y helicópteros, piscinas olímpicas, 27 lagos artificiales, múltiples vehículos para recorrer el terreno y algo que en la actualidad persiste.
Un zoológico que en ese entonces contaba con más de 100 animales traídos de diferentes partes del mundo. Dentro de las montañas de su mansión, extasiado de lujos y excentricidades, Escobar esbozaría el rumbo de lo que tiempo después sería el cártel de Medellín. El tráfico de cocaína en Colombia también fue realizado por otros actores, además de Escobar.
Caño y Salazar ayudan a evidenciar que muchos de los capos se situaron y emergieron en relación con los principales ejes demográficos y económicos del país. Por ejemplo, en el eje cafetero era Carlos Leder, en el Valle del Cauca, los hermanos Rodríguez Orejuela, en Bogotá, Gonzalo Rodríguez Gacha y en Antioquia, la familia Ochoa y el propio Pablo Escobar.
Sabemos que en Antioquia el padrino Alfredo Gómez no solo influyó en un inexperto Pablo, sino también en Fabio Choarrestrepo, quien encabezó a la familia Ocho Choa durante mucho tiempo. En un primer momento, don Fabio, como le decían, y su familia buscaron ganarse la vida a través de un estadero llamado La Margarita y la crianza de caballos, una tradición heredada por generaciones.
El establecimiento, gracias a una temática inspirada en la equitación, fue el agrado de varios traficantes más importantes de los 60s con quienes se relacionó la familia Ocho Choa en un principio. Su hobbit y la crianza de sus numerosos hijos no saldría barato, por lo que buscó alternativas más fáciles para ganar dinero.
No se sabe con exactitud dónde y cuándo el padrino y don Fabio establecerían vínculos, pero sí es conocido que estos dos, junto a la patrona y otros narcotraficantes a inicios de los 70s, instaurarían una estructura narcotraficante precursora al cártel de Medellín, organización que fue emboscada y desmantelada en el 76, donde don Fabio Chova padre fue detenido y posteriormente dejado en libertad.
Este episodio fue la antesala de lo que ocurriría en el país con los múltiples cárteles. Tanto Caño como Salazar apuntan a que alrededor de 1977 y 1978, debido a la situación económica de su familia, Jorge Luis Ochoa decide igrar a los Estados Unidos para conseguir dinero. Probó en muchos sitios hasta que se logró asentar en Miami.
Allí se dio cuenta de que el negocio del narcotráfico resultó ser muy lucrativo, tanto que decidió involucrar a su familia. le solicitó a Fabio que consiguiera cocaína en Antioquia para luego distribuirla en Miami. Fabio, al igual que su padre, pudo establecer lazos con narcotraficantes gracias al negocio familiar y con ello conseguir cocaína a la cual exportar.
De esta manera, los hermanos Ochoa iniciaron su red de distribución en el extranjero a la vez que corrían a su padre como el líder de la familia. Mientras tanto, en el altiplano cundiboyacense, uno de los muchos capos que lograron conseguir su nombre fue alias el mexicano. Se estima que José Gonzalo Rodríguez Gacha nació el 26 de mayo de 1946 o 47 en la ciudad de Pacho, Cundinamarca.
La situación legal de Gacha es bastante confusa, pues no se encuentra ningún tipo de documento que certifique su nacimiento o algún registro civil. con pocos años se movió a Bogotá, donde después buscó trabajos que le ayudaran a superar su complicada situación económica. No obstante, el comercio de Esmeralda se le apareció como la llave para poder escalar socialmente.
Viajó a Muso Boyacá para iniciarse en el negocio de las esmeraldas y rápidamente entró a convertirse en uno de los protegidos de quien entonces era el sar de esa actividad. Gilberto Molina Moreno no solo aprendió los secretos de la minería, sino que también entendió que en ese negocio muchos asuntos tenían que saldarse a bala.
El mexicano sirvió como guardaespaldas y sicario de Gilberto Molina, actividad donde desarrollaba una naturaleza afina al asesinato y la tortura, siendo conocido como uno de los más sanguinarios. A la vez que se dedicó al tráfico de piedras preciosas, alimentos, electrodomésticos, alcohol, entre otros, hasta llegar al comercio de drogas.
Al ver que la cocaína dejaba buenas ganancias, comenzó a ganarse progresivamente un lugar en el negocio del narcotráfico, lo que le permitía la compra de múltiples predios, empresas y animales, todos relacionados a la cría de ganado y caballos, no solo en el centro del país, sino también en Antioquia, el Magdalena medio y los Llanos orientales.
El mexicano no tenía propiedades directamente a su nombre, siempre respondían a través de sociedades y personas jurídicas, lo que le permitió zafarse de problemas judiciales. Además, Cano 2024 añade que ganó su apodo debido a una gran afición por los sombreros, la música y la cultura mexicana. Rodríguez Gacha también fue un hábil estratega para exportar cocaína.
Inicialmente la conseguía en Perú y Bolivia, pero luego fue dedicando recursos a tener sus propias tierras de cultivo de coca en el sur de Colombia. Dado que ganó influencia en la zona central del país, tuvo que establecer relación con capos de otras regiones para evitar confrontaciones y poder exportar más cocaína.
Allí fue donde conoció a Pablo Escobar. Por otro lado, en la cordillera central del país se ubica Armenia, una ciudad que sirve como punto intermedio entre Bogotá y Medellín, zona la cual está bajo la influencia del colombo alemán Carlos Enrique Leder Rribas. Nacido el 7 de septiembre de 1949 en Armenia Quindío.
Hijo de Elena Rivas, una reina de belleza y Guillermo Leder, un ingeniero alemán nacionalizado colombiano. La pareja tuvo cuatro hijos, de los cuales Carlos fue el menor. No se sabe con afinidad acerca de la temprana vida del Éder, solo que una edad bastante joven sus padres se divorciarían. Gracias a un fallo del juez, el joven quedaría bajo la custodia de su padre, quien poseía una gran devoción por el nacional socialismo y su líder.
inclinación que también desarrollaría Carlos. Posteriormente, en su adolescencia, se mudaría junto con su madre de los Estados Unidos. Allí se educó y estableció lazos con pandillas relacionadas al tráfico de marihuana. Caño describe que entre 1974 y 1975 fue detenido en Estados Unidos por los crímenes de robo de autos y tráfico de marihuana.
En su estadía, Leder se hizo conocido de George Jun, un comercializador de marihuana estadounidense. Ambos parecieron estar en la misma sintonía en cuanto a negocios ilícitos, se refieren. Desde su salida de la prisión volvió a Colombia, donde comenzó a establecer una red de narcotráfico con Junk.
Esto no impidió que siguiera con el robo de autos, actividad que compartía con Pablo y que le permitiría establecer relaciones con él. Leder se acercaría a Escobar con la propuesta de incrementar el envío de cocaína a los Estados Unidos. Carlos Leer ya había establecido confianza con los Ochoa, por lo que esto funcionó al parecer como garantía que se podía llevar a cabo un simple negocio.
Así que junto a los Ochoa, Escobar y otros narcos dispusieron a enviar un cargamento de 50 kg de cocaína que se estimaba en alrededor de 2.2 millones dó. El loco, como se le decía, Leder, ingresó la carga por la frontera norte de los Estados Unidos para después y en compañía de su amigo Junk, distribuirla en las grandes ciudades como Los Ángeles, Miami, Nueva York.
Carlos entregaría las ganancias correspondientes a las partes. Lo comentó la confianza de sus socios, aunque no por ello dejaron de poseer algo de recelo, dada la personalidad extravagante y pintoresca de Carlos Leder. Con tal modalidad, Ledder ingresaría varias cantidades de cocaína al país norteamericano.
A finales de los 60, el Loco y Junk conocerían a Barry Kane, un abogado y piloto de Massachusetts con quien acordarían transportar una importante cantidad de cocaína a los Estados Unidos utilizando una aeronave ligera. Se tuvo planeado cargar la mercancía en el área rural de Medellín, luego viajar por el mar Caribe una baja altitud a fin de evitar levantar sospechas, detenerse en una pequeña pista en Nauset Bahamas, donde responderían al combustible para después descargar el vehículo en la Florida.
El viaje tendría como mecenas a Escobaria, a los Ochoa, quienes no solo ofrecerían la materia prima para transportar, sino que también sus propios distribuidores en el mercado gringo. El cargamento tendría un valor de alrededor de 11,0000000. Este sería el mous operandi por el cual Leder y sus socios inundarían el mercado estadounidense de cocaína durante el final de los 70 e inicio de los 80.
En suma, estas importantes cabecillas con grandes estructuras delincuenciales a sus espaldas comenzaron a colaborar progresivamente entre sí. El mexicano ponía la hoja de coca, Paulo el procedimiento, Leder el transporte hasta el mercado estadounidense y los Ochoa, la comercialización. Cabe resaltar que si bien colaboraron entre ellos, no llegó a existir una estructura administrativa rígida entre sí.
Más bien, cada organización poseía sus propios campos de cultivos, laboratorios, sicarios y distribuidores. En este punto, tal asociación todavía no se podía llamar propiamente un cártel, pues se desarrolló de manera tribal y secundaria. El gran detonante que oficializó la creación del cártel de Medellín y del más muertestradores fue el secuestro de una de las hermanas de los Ochoa, Martha Nieves Ochoa, a manos del M19 el 12 de noviembre de 1981.
Luis Gabriel Bernal Villegas, militante del M19, plantearía el secuestro de Marta Nieves Ochoa. Pediría a cambio de su liberación unos 12 millones de dólares, una cifra que los hermanos de Marta rechazaron. Posteriormente, los Ochoas citarían en Antioquia, aunque no se sabe exactamente dónde, un congreso de narcotraficantes con más de 200 integrantes, entre los cuales participarían los principales líderes de cada organización del país.
Siguiendo esta fuente, allí se acordaría la conformación del grupo Muerta Secuestradores. Para su funcionamiento, cada miembro debía aportar algún recurso, dinero, bien, hombre, información, entre otros, en vista de dar con el paradero de Marta. Caño 1994 cuenta que el 2 de diciembre en un encuentro entre los equipos de fútbol de América de Cali y el Atlético Nacional en el estadio Pascual Guerrero, huberían panfletos en los que se daba a conocer la conformación del grupo, su negativa a negociar y las amenazas a los integrantes del M19 de ser asesinados si
no entregaban a Marta. Dado que Escobar y los Ochoa concentraban su poderíao en Medellín, decidieron cazar al colectivo del M19 ubicado en esa ciudad, lo que llevó a la captura de militantes, como también a sus familiares, amigos y allegados. En efecto, días después aparecieron algunos miembros de esa guerrilla encadenados y amarrados en la puerta del diario el colombiano, el principal periódico de Antioquia.
Otros fueron entregados a la policía con evidentes signos de tortura. El más se convertiría más adelante en una peligrosa organización de extrema derecha que, financiada en principio por los narcos y luego también por militares y terratenientes, llevó a cabo más de un centenar de crímenes contra militantes de grupos de izquierda, guerrilleros, sindicalistas y campesinos.
Posteriormente, el más se daría cuenta de que Luis Bernal Villegas fue uno de los principales autores, por lo que deciden buscar y capturar a sus familiares. Los meses pasarían. La fatídica situación en la que se encontraba el grupo y su gente no era nada buena. Por un lado, eran perseguidos por un ejército de matones con la mayor billetera de Sudamérica.
Por el otro, no cesaban de perseguirlos los grupos contra insurgentes del gobierno como el DAS. Al considerar su situación de hostigamiento y que varios miembros se encontraban a manos del M, los mandos de la M19 optaron por negociar la liberación de Marta Ochoa. El grupo guerrillero liberaría a la hermana de los Ochoa el 16 de febrero de 1982 en Armenia.
El grupo de capos decidió acceder a dejar en libertad a los integrantes de la M19 y entregar un pago de 1.2 millones de dólares. Las negociaciones fueron fructíferas gracias a la intermediación de uno de los hombres del dictador panameño Manuel Antonio Noriega. La creación del Marir para la liberación de Marta, sino que también sirvió como el precursor de los grupos paramilitares en Colombia, lo cual traería consecuencias políticas y militares relevantes en el futuro.
Además, el encuentro permitió a los grandes narcotraficantes poder dividirse el mercado estadounidense de la cocaína entre sí, casi como la repartición de África. De esta forma, evitarían enfrentamientos innecesarios y regularían el precio de la droga. Los dos principales cárteles que se consolidaron a partir de la formación del más fueron el cártel de Cali, conformado por los hermanos Rodríguez Orejuela, José Chepe Santa Cruz y el Merpacho Herrera, y el Cártel de Medellín, que estaba integrado por Pablo Escobar Gaviria, Carlos Leder, los
hermanos Ochoa y Gonzalo el mexicano Rodríguez Gacha. Se distribuyeron los mercados Nueva York para el cártel de Cali, Florida para el cártel de Medellín, California y especialmente Los Ángeles para el que logre consolidar la mayoría que termina en poder de los Rodríguez. El loco leder en un primer momento estuvo a cargo de la logística del cártel, es decir, rutas para transportar la mercancía a los Estados Unidos.
Una de ellas fueron las siglas del Caribe, en especialmente Kayo Norman Bahamas. Leder se adueñó de varias propiedades en la isla que le ofrecieron mayor seguridad y un punto donde recargar combustible a sus aeronaves con cocaína. Se calcula que en los 80 K Norman se surtió el 80% de la cocaína que inundaba las calles de Estados Unidos.
En el juicio contra Leder, aseguró que desde allí se movían 3.3 toneladas de cocaína desde Colombia, una narcoflotilla ligada al capo. Según Castillo, 1987, Leder afirmaba que pagó entre 300,000 y $800,000 a Ladyen Felim, primer ministro de las Bahamas, para no ser molestado. Con este importante nodo logístico, sus socios del cártel de Medellín también se vieron beneficiados en el transporte de sustancias ilícitas.
No obstante, la isla quedó bajo la mirada de las autoridades estadounidenses y de Bahamas. Ante tal presión, optaron por utilizar nuevas rutas. Un actor que aparecería para solventar la necesidad de un punto de distribución de la droga a los Estados Unidos fue el dictador de Panamá, Manuel Antonio Noriega.
La relación del cártel y el dirigente panameño comenzó cuando este último sirvió como intermediario entre el más y el M19 para la liberación de Marta Ochoa. Este mismo artículo señala que a cambio de un impuesto, Noriega no solo autorizó el uso de compañías panameñas para mover el narcótico, sino que abrió las puertas de su país para el lavado de activos.
La red de narcotráfico de Pablo había llegado a un nivel descomunal, llegando a tener unas ganancias superiores a 650,000000. Tal cantidad de dinero era lavada a través de múltiples negocios. Una de las formas en que se blanqueó su capital fue con el contrabando de cigarrillos. El capo se adoñó de buques de carga y muelles en la ciudad de Colón, Panamá, para introducir cigarrillos Malboro a través de Maicao y el río Magdalena.
Así se movieron decenas de millones de cajetillas al año en Colombia, a la vez que se limpiaba y legalizaba el dinero conseguido gracias al narcotráfico. Algunos otros negocios de los cabecillas del cártel de Medellín fue la conquista del Magdalena medio. Mediante la violencia y el desplazamiento forzado de campesinos se apropieron de vastos terrenos para establecer empresas agrícolas y ganaderas cuyo fin era justificar sus millonarios ingresos.
Debido a que se acordó que Miami sería el mercado del cártel de Medellín, fue necesario aumentar drásticamente la producción del alcaloide, pues la demanda era exagerada y crecía constantemente. Por ello, incrementaron los cultivos de hoja de coca. Se importaron más hojas desde Bolivia y Perú, así como también se colonizaron partes de los llanos orientales y regiones donde el Estado no ejercía su poder.
Con ello también se vieron en la necesidad de expandir las instalaciones de procesamiento de coca, por lo que inauguraron varios laboratorios en zonas marginadas del país. Uno de los más grandes y famosos laboratorios fue Tranquilandia, una miniudadela ubicada en las selvas del Yarí y a las orillas del río Omónimo. contaba con instalaciones para los trabajadores, así como viviendas y lo especial varios laboratorios enfocados en la producción masiva de cocaína.
En el año 1983 se estimó que el complejo era capaz de producir más de 15,000 kg de cocaína al mes, de ahí su importancia en el cártel de Medellín. Este lugar interesó a los criminales debido a que allí había pistas aéreas legalizadas por la aeronáutica civil, lo que permitía que la droga saliera de manera directa. Además, la selva cubría gran parte del laboratorio, por lo que no podían ser observados por las aeronaves de las autoridades con facilidad.
El auge del negocio de las drogas no pasaría por alto para las autoridades colombianas. Algunas de ellas accedían a sobornos, pero otras no tan fácil. Una de ellas fue el ministro de Justicia, Rodrigo Larabonilla. El 8 de marzo de 1984, la policía, en una operación antinarcóticos asaltó el complejo de Tranquilandia.
La operación tuvo como resultado la incautación de varias toneladas de cocaína valuadas en millones de dólares, así como la confiscación de varios vehículos destinados al transporte de personal y cocaína. Dicha operación fue un golpe duro para el cártel Medellín, en especial para Pablo, que se lo tomó a pecho y no dudó en tomar venganza.
Uno de los principales promotores fue el ministro de justicia. El negocio de la droga en Colombia para finales de los años 70 se había vuelto en uno de los más rentables, aunque el fenómeno no sería igual de mediático de lo que sería en la década de los 80. La incursión política de Escobar es hasta cierto punto inexplicable.
En primera instancia podemos identificar un deseo interno del capo por poseer el poder, aunque la mayor causa para analizar el ingreso de Escobar a la política puede ser su mayor temor, la extradición. Como un documento de la FIP, Fundación Ideas para la Paz, explica brevemente, el entonces embajador de Colombia ante los Estados Unidos, Virgilio Barco, impulsó y logró la suscripción de un tratado de extradición entre Colombia y los Estados Unidos, el cual fue adoptado e incorporado a la legislación interna de Colombia a través del Congreso de la
República, lo que se llegó a llamar Ley 27 de 1980. El capo de Medellín era profundamente consciente de todo lo que implicaba esta ley para su negocio. Aunque para entonces los cárteles de Medellín y Cali se movían bajo las sombras. Lo cierto es que el temor de ser capturados por la justicia colombiana era regular.
Ambos poseían un control casi absoluto frente a organismos de inteligencia como el da o la policía. Pero había algo que Escobar no podía regular. ¿Cómo se hacían las reglas en Colombia? Necesitaba urgentemente el control sobre la Constitución. Necesitaba ser un político. Para los años 80, Escobar era en Antioquia lo que se llaman los mágicos, personas que adquirieron riqueza de manera exacervada y cuyo origen es indeterminado.
No se hacían entonces a la idea de que lo que mantenía su vida de lujos era el impresionante complot del crimen que había articulado con sus socios a través del cártel de Medellín. Sin embargo, a pesar de su condición, no era visto por la comunidad antioqueña como un villano, más bien todo lo contrario. Desde hacía varios años se había construido en las comunidades pobres de Medellín y Antioquia una imagen de Salvador.
Para entender la popularidad de Pablo, hay que hacer un pequeño viaje en el tiempo. La prisión, Wilson Mayoma. Corre el año 1971. Escobar ya contaba con una gran riqueza. Jena Bowy nos cuenta el hecho. Diego Echaría era un gran rico y millonario dueño de una fábrica en Envigado. Era profundamente despreciado por las clases trabajadoras a causa de varios despidos y desalojamiento de hogares, mientras comerciantes como Echeverría expandían sus negocios.
Ese verano en 1971 fue secuestrado y se prometía su liberación a cambio de $50,000 estadounidenses que su familia pagó. Como fuera, su cuerpo apareció días después sumergido en un lago cercano a la casa de Escobar. No hubo forma de vincularla al crimen de cheverría, aunque popularmente se le atribuyó su muerte al capo de Medellín.
Este crimen despertó una gran admiración entre los trabajadores despojados del empleo y vivienda, que ahora referían a Escobar como el doctor, convertido en una especie de leyenda. La popularidad de sus acciones los llevó a empezar su carrera política. Primero en 1978 fue elegido suplente en el Consejo Municipal de Medellín.
La campaña popular de Escobar siguió en juego. En 1978, Escobar se dedicó, junto con sus abundantes recursos, a establecer programas de desarrollo cívico destinados a aliviar el sufrimiento de los pobres de Medellín. Su primer proyecto se llamó Civismo en marcha, un programa radial centrado en la asistencia cívica que inició junto con su tío Hernando Gaviria.
Trabajó para plantar árboles a lo largo de las avenidas, construir y desarrollar instalaciones deportivas y establecer un consultorio médico para personas de bajos recursos. Construyó torres de iluminación en alrededor de 100 canchas de fútbol y siempre estuvo presente en sus inauguraciones. El periódico de su tío Medellín Cívico publicó artículo sobre su trabajo bajo el título En los barrios públicos la noche se convirtió en día.
Y para inicio de la década, Jaobar era un miembro activo de las redes políticas de Colombia, especialmente en el Partido Liberal, donde en 1980 apoyó la creación del partido Nuevo Liberalismo, liderado por un popular político progresista llamado Luis Carlos Galán. A pesar de aquello, se cree que contribuyó a las campañas presidenciales de Belisario Betancur y Gabriel Turbay.
La imagen de Robin Hood se afianzaría con la campaña del más que ya vimos. Para el público general, el secuestro era en sí uno de los grandes problemas que abordaba el país. La guerrilla usaba el secuestro como método de financiación bastante común. Marta Nieves Ochoa había sido secuestrada en 1981 por el M19 y la campaña más prometía la muerte de varios de aquellos secuestradores que perpetuaban aquel atros crimen en Colombia.
A pesar de lo que fue el programa de Escobar, reinaba en el país el contento ante aquella campaña del crimen para eliminar el secuestro. Sin embargo, no solo haría actos cívicos, sino también profundamente populares, como la compra e inversión del Atlético Nacional e Independiente Medellín. El más grande de ellos sería Medellín sin tujurios.
El gran desplazamiento de la población rural a causa del conflicto interno colombiano, así como del crecimiento demográfico industrial generó en la capital antioqueña una presión incontrolable en la vivienda. Una parte de la población paisa se vio obligada a vivir en zonas de la periferia de la ciudad en donde las condiciones no eran actas para vivir, como el caso del barrio Moravía, una zona le daña a Medellín en donde se depositaban los desechos de la ciudad.
Esto conllevó a que el lugar fuera de fácil acceso para las clases más humildes y por ende fuera marginado por el estado. El barrio se constituyó de las clases obreras más vulnerables, desplazados, trabajadores sexuales, entre otras comunidades discriminadas. Escobar fue consciente del sufrimiento de esta comunidad al verla.
Dado que su infancia poseía una inclinación por atender a las comunidades marginadas, no fue extraño que financiara múltiples trabajos sociales como donativos, la organización de eventos comunitarios, la construcción de canchas de fútbol y viviendas. Uno de los planes más ambiciosos fue la creación del barrio Medellín sin tujurios.
Escobar planeaba poder financiar más de 1000 viviendas para las familias que no tuvieran hogar. Muchas de estas obras se realizaron con el fin de ganarse la confianza política de las bases populares, queriendo verse como el Robin Hood Pai, además de garantizarse una base demográfica que pudiera reforzar las filas de su estructura narcotraficante.
Otras, tal vez y genuinamente fueron con un final altruista. Es necesario recordar que, como todas las vidas humanas, existen matices en las acciones y el caso de Escobar no fue la excepción. Sin embargo, no todos recuerdan lo malo, especialmente en esta comunidad donde el capo del cártel de Medellín comenzó construyendo 250 casas y antes de morir dejó 400 para personas sin hogar que trabajaban y vivían en lo que antes era un basurero.
Toda esa construcción de la imagen reinaría en los sectores más pobres de Medellín, quienes frente al abandono del estado veían en Pablo Escobar, quien los ayudaría a sortear muchos problemas. Sin embargo, Escobar no solo se construyó una imagen con las clases más marginales, sino que también lo hacía con los grandes oligarcas del país.
Aún con todo su negocio del crimen, Escobar era una persona profundamente desconocida en medio del contexto de la persecución. En un acto de soberbia casi bananal, el gran capo del narcotráfico Paisa se tomaría una impactante foto enfrente de la Casa Blanca en 1981. Para esos años, su crimen todavía no era mediático.
Sin embargo, controlaba muchas rutas de droga y se llevaba a cabo bajo el nombre de su cártel secuestros, extorsiones y tráfico. Convencido de su popularidad, se lanzaría a la Cámara de Representantes de la República en 1982, siendo suplente de Jair Ortega. Ortega es la clave de esta operación política. Es un líder liberal antioqueño que cumplió múltiples funciones, entre ellas la tesorería de Medellín.
Era un político sumamente cercano al conocidísimo líder liberal Alberto Santofimio y al popular expresidente Alfonso López Michelse. Sin embargo, a Pablo Escobar se le acabaría la suerte política. En medio de toda la salsa del Congreso se toparía con un dúo invencible para esos años, Luis Carlos Galán Sarmiento y Rodrigo Lara Bonilla.
Estos dos y su hasta entonces recorrido político se detalla un poco en el video dedicado a Luis Carlos Galán al que pueden acceder a través de la etiqueta de arriba. La primera de las circunstancias que acabarían con el intento político de Escobar sería el preciso instante en que prefiere inscribirse con Jairo Ortega al movimiento nuevo liberalismo, liderado por Galan Bonilla.
El movimiento no era ilógico. Jairo Ortega era cercano a ese grupo político y recientemente había sido exitosos los intentos de financiación de Pablo Escobar a la campaña de Alfonso López Michelse. Una nota del tiempo registra la denuncia de la familia de Galán aquella campaña liberal. La viuda de Luis Carlos Galán, Gloria Pachón de Galán, envió una durísima misiva al expresidente Alfonso López Michele, al que asegura que durante su campaña la presidencia de la República en 1982, este dio su bendición a la lista que llevó a Pablo
Escobar al Congreso de la República y aceptó sus aportes financieros. El libro de Fernando Cortés Revalo, abordaría mucho mejor las polémicas alrededor de la financiación de la campaña de Michelse a manos de Escobar. Iván Marulanda Gómez, director nacional alterno y coordinador del nuevo liberalismo en Antioquia, recibió la visita del representante a la cámara, Jair Ortega Ramírez, jefe de un grupo denominado Renovación Liberal.
Escobar tenía fama de filantro. Llevaba a cabo un vasto programa social bautizado Medellín sin tujurius, por medio del cual distribuía gratuitamente viviendas y mercados entre los moradores de los barrios pobres de la capital antioqueña. Sin embargo, se supo que gran parte de su fortuna era dedicada a lujos extravagantes.
Marulanda llegó a una conclusión. Es Pablo Escobar un narcotraficante. Esta información se la compartiría Galán y la polémica estallaría. cuando en medio de una de las manifestaciones en el parque Berrío, expulsó a Jairo Ortega y a Pablo Escobar de su campaña, argumentando que no podía tener a su lado personas que no tuvieran cómo explicar el origen de sus ingresos.
sospechaba de sus nexos con el narcotráfico. Su compañero de lucha en el nuevo liberalismo, Rodrigo Lara, lo acompañó en esas denuncias para frenar el poder de los narcos en el Congreso. La acusación pública le causaría escobar un cóler inmenso. Era el principio de la caída de su fachada como hombre de valor y rico honrado.
Sin embargo, no renunciaría al sueño político. Aunque Ortega había expresado en su carta que su grupo estaba en contra de la reelección presidencial, lo cierto es que al cabo de unos pocos días él y Pablo Escobar se adhirieron a la campaña el exmandatario Alfonso López Michelsen. En 1982, Pablo Escobar como candidato liberal fue elegido suplente del diputado Jairo Ortega por Envigado.
Aunque solo ocupaba un cargo de suplente, era congresista. recibió inmunidad judicial automática, lo que significaba que solo podía ser procesado bajo la ley colombiana, además de una visa diplomática que le permitió viajar a Estados Unidos, donde compró una mansión en Miami. El Senado y Congreso se llevaría a cabo con figuras bastante peculiares en sus filas.
No solo rondaban Pablo Escobar y sus matones, sino que también los de su aliado Carlos Leder y el mismo rondando las cámaras de representantes a su diestra. Con lo que no contaban es que las acusaciones públicas del nuevalismo no se detendrían. Entonces, el 19 de septiembre de 1983, Lara convocó un debate por los dineros calientes en la plenaria de la Cámara.
De un momento a otro se lo volteó al recién posicionado ministro de justicia. De acusador pasaría a ser acusado de recibir millón de dólar de parte del narcotraficante Evaristo Porras. Para Escobar, el insulto fue de un tamaño inconmensurable. Saldría a la televisión pública a amenazar al ministro de Justicia dándole un plazo de 24 horas para responder con las causas que justificaran su acusación.
Tomara la opinión pública que el señor ministro de Justicia tiene un plazo de 24 horas para que presente las pruebas concretas. Entonces comenzó la polémica en todo el país. De repente se cayó la fachada ilustrada que Escobar sostenía en los medios y veíamos lo que tanto se proclamaba.
Todo iba esclareciendo un imperio criminal de niveles gigantescos y una industria de la droga impulsada por un hombre que entonces ocupaba una silla tras la cual ampliaba su poder. La periodista María Jimena Dusán encontró una foto de Escobar vintañero y sonriente mientras era reseñado por la justicia ecuatoriana.
El supuesto cheque de Baristo Porras, que Pablo y Ortega presentaron como defensa, sostenía que la campaña del nuevalismo, específicamente el acusador Rodrigo Lara, había recibido fondos por parte del narcotráfico. En una escena dantesca se presenta la evidencia con Carlos Leder en las bancadas celebrando los logros de su compañero y el congresista a quien le hace suplencia.
Evaris, ¿cuál fue la donación del personaje mención? Fue un millón de pesos en un cheque a nombre del Dr. Rodrigo Lara. Pablo Escobar, entonces congresista, no asistió al recinto. En su lugar fueron una información que comprobó la revista Semana en su momento, sus guardaespaldas de confianza que incluso se sentaron en las sillas del Congreso.
El alegato con el que Lara pensaba desenmascarar a Escobar fue un boomeran en su contra. Sin embargo, aquel juego no le duraría mucho a Pablo Escobar. La respuesta de Lara fue aún más contundente y terminó por desenmascarar a Pablo Escobar y su cártel del temor. Explíqueme, señor Ortega, cómo es que su suplente posee misteriosamente 11 aviones, dos helicópteros, tres hangares en el aeropuerto de Medellín.
Ha creado un grupo de miles de sicarios llamado el más y realiza millonarias donaciones en obras benéficas cuando su único sustento legal para justificar su fortuna es un almacén de bicicletas. Lara se refería al almacén de bicicleta Osito del hermano de Pablo Roberto Escobar. Todos sus derechos políticos fueron eliminados al instante.
La respuesta del capo fue asesinar al ministro de Justicia. A las 5:30 de la mañana del 30 de abril de 1984 sonó el teléfono en la casa del ministro. Era el presidente Betancur. Lo necesitaba con urgencia. Ambos partieron hacia el ministerio, pues ella manejaba la oficina de rehabilitación carcelaria. Al mediodía volvieron a encontrarse y partieron hacia un cóctel en la embajada de Holanda, pero fue un viaje tortuoso.
A la altura del Parque Nacional se les atravesó una moto y Lara empezó a gritar. Nos están siguiendo. Estaba muy nervioso. Presentía la muerte. Después de salir de sus obligaciones laborales, logró cruzar algunas palabras con la entonces ministra de comunicaciones Noemí Sanini, quien tuvo que adelantarse al camino por otros compromisos.
Minutos después, Laura abordó el vehículo que lo esperaba, un Mercedes-Benz W123 de placas FD 5883 de color blanco, donde lo estaba acompañando el conductor. Además, dos camionetas custodiaban la parte delantera y trasera del automotor. La ruta cambió, pero el tráfico era incesante. Por la condición de seguridad en que se encontraba el político, la caravana no podía detenerse en ningún lugar.
La decisión por desembocar al norte de la capital fue tomar una vía adjunta a los cerros orientales, la cual podía evitar la congestión vehicular. Al tomar la calle 127 y aproximarse a la autopista norte, una de las camionetas perdió el rumbo por la intromisión de otros vehículos producto de la hora pico. De un momento a otro se escuchó el retumbar de un escape proveniente de una moto de alto cilindraje.
Acompañado de esta se sentía la muerte, pues 25 balas de calibre 45 salieron de una subametralladora en contra de Mercedes en que se movilizaba Lara. A las 7:30 de la noche del 30 de abril del 84, un pistolero a bordo de una motocicleta roja tiró del gatillo de una ametralladora Ingram y asesinó al ministro de justicia, Rodrigo Lar. Colombia tuvo muy poca dudas sobre los autores intelectuales del golpe y de una vez desaparecieron las objeciones contra la puesta en vigor del tratado de extradición.
Las imágenes del automóvil y la familia de Lara impactaron a Colombia. El gran capo se había cobrado la vida de uno de los hombres que les acusaban del narcotráfico. Su muerte fue totalmente evitable. Una de nuestras citas defiende que Belisario Betancur intentó enviar a Rodrigo Lara fuera del país.
Sin embargo, el trámite sería agenciado el 12 de mayo. Escobar le había declarado la guerra a la justicia. Había empezado la persecución del narcotráfico. El asesinato de Rodrigo Lara fue el principio de la época del terror en Colombia, un país a la merced de un capo aturdido por el dinero. Después del asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, empezó en contra de Escobar una persecución que nunca había vivido.
Su imagen en los medios y la recompensas millonarias por su captura. Colombia conocía la cara del crimen. Se busca a Pablo Escobar. Recompensa 2700 millones de pesos. Los medios llevaban su propia guerra. Ya habían tenido conflictos contra el capo antioqueño. Mientras la periodista María Jimena Dusán enfrentaba las consecuencias por revelar las fotos de Escobar ante la justicia, el director del diario, El espectador, Guillermo Cano, se ensañó con revelarle a Colombia la desgracia que implicaba el narcotráfico. Desde hace tiempo, estos
hombres siniestros han logrado crear un imperio de inmoralidad, engañando y haciéndonos complacientes, repartiéndole migajas y sobornos, mientras una población cobarde y a menudo extasiada permanecía de brazos cruzados, contenta con sus ilusiones y entretenida con sus historias de vidas de la alta sociedad.
Adicional a todo, hay que resaltar una triste realidad sobre estas circunstancias en que Pablo Escobar se inmiscuyó en la realidad colombiana. Lo cierto es que todos vivían extasiados con las riquezas de narcotráfico, más incluso las clases altas. Los contrabandistas y las bandas de delincuentes pasaron de ser personajes oscuros a ser el centro de la celebración social.
Eran aceptados inclusos entre las clases medias y altas que gustaban de relacionarse con unos nuevos ricos dispuestos a gastar sin control en fiestas para cautivar a sus invitados. La bonanza fue gigante. La coca intervino en los sectores económicos usando como medio las grandes fortunas hechas en dólares de narcotraficantes que saturaron la economía colombiana, la construcción, los bares, la fiesta.
En la época del narcotráfico, Colombia se consolidó como un narcoestado cómplice de las suficiencias de los grandes capos de la droga y los placeres de toda su plata. El narcotráfico inundó toda la sociedad colombiana, todos los extractos, todas las prácticas sociales. Ricos y pobres se beneficiaron y así la sociedad colombiana operó por una ceguera monumental.
El reverso de pacto de silencio impuesto por Escobar a sangre y fuego es al mismo tiempo el pacto tácito y silencioso que hizo la propia sociedad colombiana con respecto a lo que sucedía. Gocemos, lucrémonos y después diremos que fueron los bandidos. Las coimas giradas a Alfonso López Michels en su campaña, su relación con las altas oligarquías antioqueñas y el favor político de prácticamente todo un país, perpetuaron la inmunidad que pudiera comprar Escobar con su plata.
Si Pablo Escobar no terminó completamente involucrado en las realidades de la alta clase colombiana, fue únicamente por falta de apellido, por no ser parte de una herencia histórica de riqueza que impidió su ingreso total a las altas sociedades de la élite. Una diferencia entre los ricos y los narcos que se hicieron ricos.
Si bien sucedió un alto grado de aceptación social, las élites empresariales de Medellín también plantaron límites muy concretos en temas esenciales. Por ejemplo, a Escobar no le permitieron la afiliación al club campestre, el más representativo de la ciudad. Más significativo fue que nunca se dieron su propiedad accionaria los narcotraficantes, así muchos empresarios hayan contribuido a lavar activos.
Nicanor Estrepo, uno de los miembros distinguidos de estas élites en su tesis doctoral de 2009, se preciaría de la distancia que marcaron con el cártel. Esas mismas clases sociales serían quienes se distinguirían de Pablo Escobar en cuanto su imagen saliera a los medios. Y con el asesinato de Rodrigo Laragonilla empezó la ruptura de la tregua entre las clases altas y el capo antioqueño.
Empezaron entonces también las diferencias con los miembros del mismo gremio. A pesar de los acuerdos en el primer congreso del narcotráfico, existía una pugna abierta entre los distintos cárteles por el control de la exportación. Por eso, cuando en 1984 se captura en España a Gilberto Rodríguez y a Jorge Luis Ochoa Vázquez, Pablo Escobar capturó las rutas de tráfico de cocaína del cártel de Cali, quien estaba enfocado en salvar a su líder principal.
Los éxitos de los hermanos Rodríguez y su grupo sobre la exportación en Estados Unidos incrementaron las disputas entre ambos cárteles. Cuando Gilberto recobra su libertad es notificado de los deseos de Escobar de que se entregue al Merpacho Herrera, lo que tensionó las relaciones entre ambos cárteles de la droga. Las tretas con otros grupos presuntamente no se detuvieron allí.
Según el libro Mi confesión de Carlos Castaño, Pablo reuniría entre varios narcotraficantes y paramilitares dinero y armas para financiar al M19 en la toma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985 para quemar los registros de extradición presentes dentro del edificio. Esa versión es puesta en duda por varias personas y las razones del grupo parecen no estar claras todavía.
Por su parte, la Comisión para la Verdad reconoce las declaraciones de Castaño en su informe sobre la toma del Palacio de Justicia. La verdad no queda clara, pero lo que tenemos claro es que los actos de Escobar eran cada vez más mediáticos y eso traería aún más problemas con sus socios de Cali. Sin embargo, un enemigo común entablaría las relaciones de vuelta.
El 6 de noviembre de 1986 se proclamaban entre varios narcotraficantes del país una simple consigna que correría ríos de sangre. Preferimos una tumba en Colombia a un calabozo en los Estados Unidos. Y tras esa idea, los líderes de ambos cárteles anunciarían la creación de su grupo, los extraditables. Esta alianza sería relativamente corta por los conflictos internos entre ambos líderes.
Según el dudoso testimonio John Jairo Velázquez, más conocido como Popelle, la lucha entre los dos grandes capos se produciría a raíz de un conflicto entre el negro Pavón, fiel a Pablo Escobar, y alias Piña, fiel a Elmer Pacho Herrera. Gilberto Rodríguez era consciente de lo que implicaba sostener una guerra contra Escobar e intentó de todos los medios calmar las aguas.
Los capos de Cali gestionarían lo que se llamó la segunda cumbre de la mafia que se convocó para el 20 de noviembre de 1986. En esta ocasión se citaron a Jorge Luis Ochoa Vázquez y Pablo Escobar a una finca de Palmira, Valle de Cauca. En la llegada a la finca, Luis Ochoa sería capturado por la policía, lo que convenció a Escobar de que en realidad era una trampa.
Los capos caleños alegaban que era una confusión y que habían movilizado todo su engranaje legal, judicial y policial para la liberación del capochoa. Eso no sacó las ideas de que los Rodríguez habían plantado una trampa para el cártel de Medellín y las furias de Escobar hicieron crecer el temor de una inminente guerra.
Solo Gonzalo Rodríguez Gacha y los hermanos Jorge Luis Ochoa lograron calmar los ánimos de venganza de Escobar contra los integrantes del Cártel del Valle. El asunto no mejoró después de las acciones de Pablo Escobar. El 17 de diciembre de 1986, Guillermo Canoisa escribía bajo una firma editorial en el espectador la siguiente línea.
Así como hay fenómenos que compulsan al desaliento y a la desesperanza, Novacil un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera. Más tarde, a las 7 de la noche del mismo día, en un ataque dirigido por Pablo Escobar, Guillermo Canoisa, director del periódico del Espectador, fue asesinado al ser atacado por dos sicarios en la ciudad de Bogotá.
A las 8:55 de la noche del miércoles 17 de diciembre de 1986, en la morgue de la Caja de Previsión Social, el juzgado 71 instrucción criminal formalizó el acta de levantamiento del cadáver del director del espectador, Guillermo Canoiza. Tres impactos de bala causados por un sicario desde una motocicleta acabaron con su vida.
El asesino huyó junto al conductor del vehículo por la avenida 68 hacia el norte. Toda Colombia apuntaba el dedo hacia Pablo Escobar y más aún a la campaña contra la extradición. Gilberto Rodríguez comenzaba a experimentar lo que nunca le gustó, la atención pública. Esto, sumado a otros conflictos como la gestión de la ruta del tráfico, lleva al aumento de las tensiones entre ambos cárteles.
En 1987, un enemigo común y altamente peligroso para ambos volvió a atender los lazos de la comunicación entre Escobar y Gilberto Rodríguez. Los jefes mafiosos estaban inquietos por las órdenes de captura con fines de extradición que pesaban sobre ellos. El capo de Medellín le dijo a la hedresista que el mejor camino para acabar con la extradición era secuestrar a personas importantes y mencionó como el primer objetivo al periodista Mauricio Gómez, hijo del candidato conservador a la presidencia de la República, Álvaro Gómez Hurtado. El jefe de la mafia
caleña rechazó la estrategia al considerar que era altamente riesgosa y que todo se podía complicar aún más. Era la segunda vez en 3 años que Gilberto Rodríguez Orejuela rechazaba sumarse a la guerra violenta que proponía su colega de Antioquia. La nueva negativa del clan Cali fue interpretada por Escobar como una falta de solidaridad, por lo que decidió que en adelante no consultaría la lucha contra la extradición, lo que provocó la definitiva salida del cártel de Cali sobre la alianza criminal para la extradición. Ahora, sin sus colegas de
gremio, Escobar sostenía una guerra insostenible. efectuó atentados contra embajadores en Budapest, como fue el caso de Enrique Parejo González en enero de 1987. Asesinaba jueces, ministros, comisionados de paz y cualquiera que atentara contra su imagen. Pero ya entonces sostenía dos guerras mucho más peligrosas.
Primero contra los hermanos Rodríguez y el cártel de Cali. Y segundo contra su más grande enemigo, su propio cártel. Carlos Leder fue las primeras grandes cabezas en caer a manos de las nuevas órdenes de extradición y todo su proceso judicial es cuestionable en muchos sentidos. Desde 1984, con el asesinato de Rodrigo Larabonilla, donde había sido protagonista, se refugió en Nicaragua con favor del gobierno local y desde entonces comenzarían sus conflictos con Escobar, dice Leder.
Le reclamé porque dos días después de que los pistoleros de Pablo cometieran ese asesinato, el presidente Betancur firmó mi extradición a los Estados Unidos. Presumiblemente, eso fue lo que provocó la traición de Escobar sobre su compañero del cártel. A sus 37 años, el 4 de febrero de 1987, Carlos Leder fue capturado por las autoridades durante una fiesta en su casa.
Sobre su captura hay varias versiones. Una de ellas dice que su aliado Pablo Escobar lo traicionó y delató por una relación que Leder tuvo con la pareja de uno de sus sicarios. Otra teoría decía que Escobar estaba preocupado por las conversaciones queer supuestamente tenía con el gobierno para intercambiar información sobre guerrilleros por amnistías.
Una tercera hipótesis señalaba que la captura fue un mero accidente en una fiesta aguada por policías. Lo cierto es que el mismo 4 de febrero de 1987, Leer se convirtió en el primer narco colombiano extraditado a Estados Unidos de América. Cayó en Medellín el narcotraficante Carlos Leer, quien en menos de 24 horas fue extraditado a Estados Unidos en donde se le sigue juicio.
Va uno, faltan tres. Desde entonces, el cártel de Medellín empezó su fragmentación. Sin embargo, eso lo veremos más adelante. De momento, el conflicto con el cártel de Cali aumentaba y la guerra ya daba comienzo. El 13 de enero de 1988, un fuerte estruendo en la carrera 44 de Medellín despertó una de las épocas más terribles que viviría Colombia para los años 80 y 90.
El Merpacho Herrera sería quien había empezado las hostilidades que señalarían en el principio de la terrible guerra que enfrentó a las dos mafias de la droga más grandes de Colombia. La guerra entre los cárteles de Medellín y Cali. Escobar y su familia ocuparon el edificio Mónaco desde 1986, el cual quedó a nombre de Manuel Escobar, que en aquel entonces no superaba los 4 años de edad.
De acuerdo con un registro firmado en una notaría en Vigado, el atentado se ejecutó hasta con 700 kg de dinamita que fueron detonados frente al Mónaco, en el que además se convirtió en el primer atentado con un carro bomba que se registra en la historia de Colombia. Tan solo habían pasado las 5 de la mañana cuando todos los habitantes de la zona fueron aturdidos por la detonación cuyo objetivo principal era acabar con la vida de Pablo Escobar en una operación ordenada por el cártel de Cali.
En el edificio estaban Juan Pablo Escobar, Manuela Escobar y María Victoria Nao, sus hijos y su esposa. Según relató Juan Pablo Escobar, los escombros cayeron sobre él y fue su madre quien lo ayudó a salir. Mientras que a Manuela, la hija del capo, el estallido, le generó un problema auditivo permanente.
Ese día hubo tres personas muertas y al menos 10 resultaron heridas por la onda expansiva, además de los daños estructurales que sufrieron los habitantes de la zona y los mismos familiares de Escobar, que fueron evacuados inmediatamente por orden del capo. Fue así como dejaron el edificio Mónaco para siempre.
La guerra ya era real. Se había convertido en un hecho de quien más múltiples carros bombas detonaron en droga la rebaja, propiedad de los hermanos Rodríguez. A su vez, múltiples atentados fueron ejecutados contra la familia Escobar, todos con el fin de acabar con la vida del narcotraficante Paiisa. A diferencia de los Rodríguez, Escobar sostenió una guerra de mucha mayor magnitud, la que intentaba llevar sobre el estado.
Empezaban a desbordarse los recursos del crtel. La guerra se ponía insostenible. Ante el fracaso del operativo de plagio de Mauricio Gómez, el cártel de Medellín optó por secuestrar la tarde del 16 de enero de 1988 al entonces candidato a la alcaldía de Bogotá, Andrés Pastrana. De inmediato, delegados del cártel de Cali le informaron al gobierno y al padre del joven político conservador, el expresidente Misael Pastrana Borrero, que ellos no tenían nada que ver con esa acción y que el único responsable de la operación era Pablo Escobar. in medias y
con ametralladoras. Dos hombres entraron a la sede del candidato Andrés Pastrana, intimidaron a la gente, la hicieron tirarse al piso y secuestraron al candidato. El secuestro del candidato terminó de prender el avispero en el país. Se reafirmaba la guerra contra las clases altas, secuestrando al hijo de un presidente colombiano.
Sumado a toda la crisis que se había llevado mediante el asesinato de Rodrigo Larabonilla, la paciencia del estado comenzaba a agotarse. Aprovechando su reciente lucha contra el Estado, los miembros del cártel de Cali siguieron en contra de Escobar. Un carro bomba fallida atentó en esta ocasión contra Gilberto Rodríguez, objetivo principal de Pablo Escobar en medio de la guerra.
Como vimos en su video, Cali era para su cártel un bastión inexpugnable y el poder de negociación de Gilberto le ganó los favores de cuántas personas quisiera. Así lo intentó el capo de Cali con Gonzalo Rodríguez Gacha, hombre fiel a Escobar. Gacha tenía en su poder varias autodefensas que funcionaban a su servicio.
Sin embargo, no traicionó a su socio y decidió unirse a la guerra por parte del bando de Escobar. En contraparte, nos encontramos con los infinitos aliados que tenía el bando vallecaucano. Ya entonces se gestaba en su interior el llamado cártel del norte del Valle. También se sabe de su alianza con las casas esmeralderas y sus grupos armados.
Y podemos presumir que desde esta fecha los hermanos Castaño funcionaban a doble cara a favor de los Rodríguez. Pero entre las entrañas del cártel de Medellín, sus antiguos mercenarios extranjeros que habían entrenado las milicias del cártel de Medellín, ahora también los traicionaban. David Tomkins y Peter Mccallis llegarían a Colombia el 24 de febrero de 1989 con el fin de asesinar a Escobar, su antiguo socio.
La operación para asesinarlo en la Hacienda Nápoles estaba planeada para ejecutarse el 3 de junio de 1989, cuando recibieron la orden y salieron 16 hombres, entre ellos comandantes de la policía, en dos helicópteros que iban justo detrás de dos aviones enviados estratégicamente para gestionar el atentado.
Las condiciones climáticas causaron que el avión se estrellara con la muerte del teniente de la policía, Gustavo González Sandoval, y saliendo herido Peter Macalis. Otro atentado sería planeado con el dinero de los hermanos Rodríguez, pero este se vería presuntamente interrumpido por el asesinato de Luis Carlos Galán en Soacha.
Escobar seguía acumulando problemas mientras la guerra se desarrollaba. Luis Carlos Galán Sarmiento había intervenido con fuerza desde el asesinato de Rodrigo Larabonilla y se convertía en un líder de ascenso peligroso para el imperio de la droga y eso Escobar lo sabía. Su propuesta para la extradición era bien vista por todas las clases y probablemente progresaría en Colombia.
Presuntamente, desde las órdenes del capo, se gestionó a través del ala paramilitar de Gonzalo Rodríguez Gacha ejecutar un fatal atentado que le costó la vida a Luis Carlos Galán. Como bien detalló en todo su libro Fernando Cortés al Revalo, el asesinato ocurre el mismo día que la muerte del coronel Valdemar Franklin Quintero, quien había frustrado un atentado contra Galán en Medellín.
A las 8:45 de la noche del 18 de agosto de 1989, una ráfaga acabó con la vida del candidato. Atención. Esta noche el precandidato liberal, Luis Carlos Galán Sarmiento, fue víctima de un atentado terrorista cuando presidía una manifestación. En 1989, antes incluso del asesinato de Galán, se había dado en toda Colombia la peor escalada de la violencia en la guerra acérrima que Escobar enfrentaba contra el mundo.
En el marco del secuestro de Pastrana se asesinó a Carlos Mauro Hoyos, procurador general de la nación, el 25 de enero de 1988. El 4 de julio de 1989 se asesinó junto a cinco acompañantes al gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur. Al reciente apoderado caso del ministro Rodrigo Larabonilla, Héctor Giraldo Galvez lo mataron el 29 de marzo de 1989.
El juez Carlos Ernesto Valencia fue asesinado el 16 de agosto de 1989. Todos ellos víctimas de Pablo Escobar. Cuando la noticia del asesinato de Galán llega a los medios, nadie duda en atribuir esa muerte al mismo narcotraficante, excepto una persona, el mismo. Presumiblemente, según expone Fernando Cortés Revalo, Pablo Escobar siempre negó su participación en el hecho que acabó con la vida de Luis Carlos Galán.
Por esos años, Escobar ya avanzaba en un proceso de paz con el gobierno, pero fue esa acción la que provocó la ruptura definitiva de las posibles relaciones de negociación entre Escobar y el estado. En una carta, Escobar revela supuestamente la responsabilidad de los Rodríguez en el atentado y cómo lo inculparon a él y agacha de acabar con la vida del líder del nuevo liberalismo.
La suposición de Escobar no es ilógica. Tenía él en su misma organización espías del cártel de Cali y Gacha muchos más. Uno de sus hombres de confianza, alias el navegante, era espía de los Rodríguez. Y en el ala armada de las autodefensas campesinas del Magdalena medio también se encontraba Jaime Eduardo Rueda Rocha, autor material del asesinato de Galán, que trabajó tanto para Gacha como para los Rodríguez y su cártel.
Si ellos son responsables de acabar con el líder liberal, le habrían dado una fuerte estocada a la alianza entre Escobar y Gacha. Aunque también haya testimonios de fuerza como el de alias en navegante, que nos confirman que la orden era dirigida por el cártel de Medellín. Y mientras la guerra se encrudecía, las acciones de Escobar con el fin de que la prohibición de la extradición entrara en la nueva Constitución hizo sino que agravar la fuerza de sus ataques.
Y la arremetida de 1989 cobraría más atentados en el país, especialmente dirigidos a políticos y medios de comunicación. A las 6:30 a del 2 de septiembre de 1989, un camión cargado con 60 kg de dinamita parqueó enfente de una estación de gas contigua al edificio del espectador. Estalló y 73 personas resultaron heridas.
Milagrosamente no hubo muertos, pero los daños fueron enormes. Un ataque que obviamente tenía relación con Guillermo Cano y la respuesta del periódico a los ataques regulares de Escobar. Réplicas de estos ataques serían repetidas en los días venideros y cada vez se hacía más fuerte la presión del terrorismo Escobar. Intentaría en diciembre de ese mismo año acabar con la vida del general del Das Mam Márquez.
500 kg de dinamita detonados nueve pisos más abajo fueron apenas un estremecimiento que empujó la silla del general Maa Márquez, director del departamento administrativo de seguridad DAS, e hizo que el suelo se cubriera de pedazos de techo y de vidrios de seguridad. Afuera de la oficina blindada, sin embargo, el panorama era distinto.
Eran las 7:37 de la mañana del 6 de diciembre de 1989 y en el cruce de la carrera 28 con la calle 18A de Bogotá, en el sector de Paloquemao, acababa de ocurrir el atentado con explosivos más fuertes de la historia de Colombia. 60 personas murieron y 500 estaban heridas. Una crisis en la administración de la crisis fue una de las frases más resonantes en la campaña de 1989-190.
Una fatal campaña que acabó con la vida de casi todos sus candidatos. La guerra que se dio en el final de los 80 y el principio de los 90 se ensañó en contra de las elecciones presidenciales. En la mañana del 27 de noviembre de 1989 se vivió un fatal atentado contra los candidatos, esta vez a bordo del vuelo 203 de la aerolínea Avianca que haría el recorrido desde Bogotá hasta la ciudad de Cali.
Solo estuvo 6 minutos en el aire. De acuerdo con la caja negra encontrada en los restos del avión, el vuelo 203 alcanzó una altitud de 13,000 pies de altura cuando la primera explosión destrozó la cabina. Pocos segundos después, una segunda explosión hizo estallar el avión matando a 101 pasajeros y seis miembros de la tripulación.
Partes de cuerpos y fragmentos de fusil se esparcieron por 5 km a la redonda, matando a otras tres personas que se encontraban en tierra cuando se produjo el atentado. El objetivo era César Gaviria Trujillo, candidato que había tomado la batuta del nuevo liberalismo a nombre del ya muerto Luis Carlos Galán Sarmiento y que había logrado superar a sus compañeros de partido en la consulta interna del liberal.
Por una decisión de último momento, Gaviri optó por no tomar el vuelo 203, salvando así su vida. Una suerte menos provechosa tuvo Bernardo Jaramillo OA del partido Unión Patriótica, quien sufrió la persecución del capo de Medellín, llegando a su punto final el 22 de marzo de 1990. El atentado contra Bernardo Jaramillo que el gobierno colombiano atribuyó anoche al cártel de Medellín ocurrió a las 8 de la mañana cuando el dirigente, su esposa y su guardaespaldas llegaban a la terminal del puente aéreo, donde pensaban tomar un vuelo rumbo a la costa
Caribe. Jaramillo tenía planeado pasar unos días de descanso antes de entrar de lleno a la campaña para las elecciones del 27 de marzo. Bernardo saludaba a un grupo de admiradores en la puerta de la terminal cuando sentimos la balacera. contó con voz entrecortada uno de los guardaespaldas.
El que le disparó a quemarropa fue un hombre joven que esperó, leyendo los periódicos, la entrada del joven político en la terminal. Cuando Jaramillo cayó al suelo, Mariela, su mujer, se lanzó sobre él para protegerle. Nosotros reaccionamos disparando contra los asesinos, contó también el guardaespaldas.
En el cruce de balas, el sicario resultó herido y fue detenido. Como la mayoría de los que en Colombia matan por dinero, es joven, apenas 21 años. Tampoco se distingue la responsabilidad del cártel de Medellín en el atentado contra Carlos Pizarro León Gómez, candidato del movimiento político a la del M19, que había asumido un proceso de desmovilización recientemente.
Pizarro había comenzado una campaña con demasiada fuerza, sin embargo, fue fatalmente aniquilado por un sicario en un avión el 26 de abril de 1990. Presuntamente el atentado fue ejecutado por la casa Castaño, gestionado por el menor de los hermanos, Carlos Castaño, como expone en su libro. No se sabe hasta qué punto el paramilitar funcionó por sus propios fines o a favor de Escobar.
En su testimonio escrito en el libro Mi confesión afirma que mató a Pizarro a causa de que este iba a ser un gran presidente que funcionaba a favor del narcotraficante. Sin embargo, hasta donde sabemos, la Casa Castaño trabajó con Escobar y es difícil determinar si la orden fue dirigida por el cártel o las autodefensas debido a que no es posible distinguir hasta qué fecha exacta trabajaron juntos.
¿Cuál fuera la situación? El 27 de marzo de 1990, César Augusto Gaviria Trujillo llegaba a la casa de Nariño por un abrumador 51% de votación. Colombia ponía su fe en César Gaviria. Mientras Escobar progresaba en la remetida de 1989, la guerra del cártel de Cali no se detuvo y en esta fecha parecía darse vuelta a favor de los narcos vallecaucanos a raíz del florecimiento de su vasta red de alianzas con el estado y espionaje que sostenían incluso dentro del cártel de Medellín.
Según confiesa alias el navegante en su libro me infiltré y engañé al cártel, presuntamente por varios años, Jorge Enrique Velázquez, espía del cártel de Cali, se había infiltrado y ganado la confianza de Gonzalo Rodríguez Gacha. Según afirma, fue él quien delató la posición de Gacha a la policía para que el 15 de diciembre de 1989 se ejecutara el atentado en contra del líder y sus hijos.
Después de una larga persecución, la policía nacional llega a la finca de Gacha para enterarse de que había dado por huído. Nueva información revelaría su ubicación y el 15 de diciembre lo encontrarían en Tolú, Sucre, donde después de esconderse presuntamente se le daría muerte a manos de la policía nacional. Según algunas citas del texto del navegante, podemos presumir que la muerte de Gacha involucró un suicidio en el que se inmoló con granadas.
La verdad está indefinida. También se daría otro fuerte golpe a la organización de Medellín cuando el 10 de agosto de 1990, Gustavo Gaviria, primo y socio muy cercano a Pablo Escobar, fue abatido por un operativo de la Policía Nacional. La acción armada se desarrolló al fracasar un intento de captura del narcoterrorista, al cual las autoridades vinculan directamente con numerosos atentados con dinamita en varias ciudades y con decenas de asesinatos de policías en Medellín y otras poblaciones del valle de Aburrá. La policía llegó en
la tarde a la zona del suroeste de Medellín, donde según los informes de inteligencia se hallaba Gaviria conocido como León. Al ser localizada la residencia dotada de cristales antibalas y otros dispositivos de seguridad, al ser localizada la residencia dotada de cristales antibalas y otros dispositivos de seguridad, el comando de fuerza élite trató de penetrarla y debió dinamitar una puerta, pero fue atacada con armas de fuego cortas.
Al reaccionar, los policías dieron muerto a Gaviria. Gustavo Gaviria fue la cabeza de muchas operaciones. Toda su historia, que menos conocida, implica un video único. Sin embargo, era pieza angular de la organización de Pablo y su rol aumentaría relevancia después de la muerte de Gacha. Por ello, fue uno de los más grandes golpes a la agrupación narcoterrorista.
La gran de caída del imperio Escobar seguiría incrementando con la llegada de César Gaviri al poder. Los hermanos Ochoa se acogerían a la justicia en 1990. Todo bajo las políticas del ministro de Justicia, Jaime Giraldo Ángel, quien había entrado en la bancada del gobierno de César Gaviria. La llamada política de sometimiento a la justicia era un mecanismo legal de emergencia que tenía como fin apaciguar el combate de la guerra y bajo esa forma de ley se habían entregado los hermanos Ochoa.
El fin de varios grupos como el M19 produjo que los esfuerzos del ejército se centraran en las organizaciones de la droga, sobre quienes caía ahora toda la tensión. La presión aumentaba sobre el capo. Con Gaviri y Gachamuertos y los hermanos Ochoa y Leder encarcelados, la estrategia de Escobar había cambiado. Su organización ahora mutó al secuestro, principalmente como método de presión para el gobierno.
Una de sus víctimas sería Diana Turbay Quintero, hija del expresidente Julio César Turbayayala, activista y periodista que colaboró en diálogos con guerrillas como el M19. El 30 de agosto de 1990, Diana fue secuestrada por el grupo de los extraditables, conformado por Pablo Escobar y otros narcotraficantes, quienes buscaban presionar al gobierno para frenar el tratado de extradición con Estados Unidos.
Solo habían pasado tres semanas desde la posesión del presidente César Gaviria. Mientras se dirigía una reunión con miembros del LN, fue interceptada por una camioneta con militantes falsos. Ella y su equipo periodístico se darían cuenta de la situación del secuestro cuando el asunto era irremediable. Tan solo 5 meses después, la policía intentaría su liberación, pero terminaría fatalmente asesinada.
Cansados de la situación, el nuevo gobierno asumiría una postura más negociadora. El religioso García Herreros había prometido ayudar al gobierno para que Escobar se entregara a las autoridades. Había puesto como condición para entregarse la justicia prohibir la extradición de los colombianos en la Asamblea Constituyente.
Y para presionar había ordenado el asesinato del exministro de Justicia, Enrique Louurtra. Una hora más tarde, en la Asamblea Constituyente es aprobada la no extradición de los colombianos. Además de todo, Escobar solicitó un recinto penitenciario privado alegando un estado de seguridad que podría ser fácilmente vulnerado en la prisión convencional.
Así, adaptando un centro psiquiátrico, se cumplirían los caprichos de Escobar. La catedral era una cárcel de lujo, una mansión de alto standing de 8 haáreas equipada con salas de Villaripool, bar, cancha de fútbol e incluso una cascada natural. Bautizada por los medios como cárcel de máxima comodidad. En sus suntuosas suits, el millonario capo celebraba orjías y fiestas para amigos y sicarios.
En la mañana del miércoles 19 de junio de 1991, Pablo Emilio Escobar Gaviria, el patrón, el hombre más buscado del mundo, se entregaba en la oficina de instrucción criminal de Medellín. Fue trasladado en helicóptero junto a varios de su lugartenientes y sicarios y finalmente veíamos la entrega del hombre más temido de Colombia.
Por fin, casi un mes después de que se anunciara, a las 5 de la tarde de ayer, las 12 de la noche en España, Pablo Emilio Escobar Gaviria, el jefe, el capo de capos del cartel de Medellín, uno de los hombres más buscados del mundo, se entregaba a la justicia colombiana. Un helicóptero lo dejó en la cárcel de Eso sí, protegido por sus sicarios, pues las coimas dentro de la prisión permitieron que el recinto fuera un resor privado con la libertad que el capo quisiera disfrutar.
El cártel de Cali no se quedaría con brazos cruzados. Según detalla el libro de Camilo Chaparro sobre la ajedrecista y su grupo, se intentaron múltiples atentados contra Escobar mientras encontraban el recinto de máxima seguridad. Se relatanos con rifle francotirador, venenan alimentos o hasta un bombardeo militar.
Todo con el apoyo y asesoría de Peter Mcallis. La situación penitenciaria tampoco implicó que Escobarde tuviera su imperio. Asesinaba a sus enemigos, recibía visitas de políticos, artistas, reinas de belleza y hasta jugadores de fútbol. Así se comprobó el 2 de julio de 1992. Ese día tenía una reunión Fidel Castaño, Carlos Castaño, Kiko Moncada, su hermano y el negro Galeano.
Todos ellos miembros de distintas casas que en su época de auge rindieron cuentas a la oficina de Envigado a nombre de Escobarra. Lo que no se suponía en los Moncada y Galeano eran los planes que tendría el capo dentro de la cárcel. Llegaron a la catedral, un complejo totalmente a la merced de Pablo. A los moncadianos se les acusaba de esconder $6,000 con tal de no representarlos frente al capo.
Mientras que los hermanos Castaño se les acusaba de traicionar Escobar con los miembros del cártel de Cali. A los hermanos Moncada y el negro Galeano se les daría muerte presuntamente con la desaparición de sus cuerpos incinerados o enterrados en una fosa común. Este fue el fin de Escobar.
Fidel Castaño, quien no había asistido a la catedral ese día, organizó junto al cártel de Cali miembros de la policía y además varios grupos paramilitares, la organización perseguidos por Pablo Escobar. El 21 de julio de 1992 fueron enviados a la catedral el viceministro de Justicia Eduardo Mendoza y el director de prisiones Hernando Navarrubio.
Ambos debían coordinar el operativo de traslado de Pablo Escobar. Sin embargo, el capo se resistió y tomó de rehenes a los dos funcionarios. La noche del 21 de julio de 1992 se alertaba de una extraña situación en la cárcel catedral. El gobierno ahora exigía que Escobar fuera trasladada a un complejo penitenciario real y la crisis que abordaba el gobernador aumentó cuando a su puerta tocó el hijo de Pablo.
Yo soy Juan Pablo Escobar. Vengo a contarle que en la catedral está pasando algo muy grave. El ejército de mi papá está entero y si algo le pasa a él, yo me pongo al frente de los hombres y no sé lo que pueda ocurrir. Después de la visita de Juan Pablo llegó el abogado Guido Parra. El defensor fue directo al grano. Solicitamos que el gobierno cumpla con lo pactado.
A la prisión de Pablo le pueden hacer más muros o ponerle más mallas, pero no lo cambien de cárcel. Dicho eso, le pidió al gobernador que hablara con el presidente de la República, César Gaviria Trujillo. Gómez Martínez marcó a la casa de Nariño, pero esa noche Gaviria no le pasó el teléfono. Su mensaje lo tomó William Jaramillo Gómez, ministro de comunicaciones.
Despedido Parra, el gobernador les dijo a los policías que no le dejaron entrar a nadie más. La orden se cumplió y el hijo de Pablo, que volvió más tarde, no pudo entrar. La situación de orden nacional fue una crisis increíble. Todo el país con los ojos en la televisión oyendo y escuchando los detalles del motín fatal. Horas después de que las fuerzas especiales iniciaran el operativo a las 7:30 de la mañana del 22 de julio, el presidente César Gaviria reveló que el capo ya no estaba en la cárcel.
Los dos funcionarios que eran rehenes fueron rescatados. Cinco hombres cercanos a Escobar terminaron detenidos. 11 personas resultaron heridas y el sargento de prisiones Olmedo Mina perdió la vida en el operativo. Resulta que la noche anterior, aprovechando la crisis por el secuestro de los encomendados y además la dichosa bragaviria que producía un apagón breve, Escobar se había escapado a través de un muro de la prisión.
A él le siguieron varios de su lugar tenientes. El gobernador Gómez Martínez reprochó al presidente Gaviria por no haberle informado con claridad la situación, a lo que el presidente afirmó. El comandante supremo de las fuerzas armadas es el presidente y en lo que concierna el orden público, gobernadores y alcaldes son subordinados del mando y la orientación presidencial.
Escobar volvía a estar en libertad. La muerte del capo es una situación que ha sido descrita por muchas personas y que contiene infinitos detalles. Los Pepes ahora perseguían a Escobar y lo hacían más fuerte que nunca usando sus propios métodos, como en algún punto dijo Fidel Castaño. A raíz de su escape el 13 de agosto de 1992, Rafael Pardo sitó en su despacho a dos oficiales de alto rango de la policía y el ejército para hacer un balance de las operaciones que en el último mes se habían efectuado para cazar a Pablo Emilio Escobar
Gaviria. Ese día, al término de la reunión, nació oficialmente lo que se llamó el bloque de búsqueda de Pablo Escobar. Se unificaron algunas acciones y se consolidó el más ambicioso y complejo informe de cuánto hasta entonces poseía la policía secreta y los organismos judiciales sobre el cártel de Medellín.
Ese grupo dio varios y múltiples golpes contra la organización de Escobar. Al bloque de búsqueda se le debe un video independiente. Sin embargo, al involucrar directamente Escobar, vamos a abordarlos de manera superficial. Aquí de las primeras acciones del grupo fue la captura en Medellín de Diego y Jorge Londoño White, sicarios que habían funcionado para Escobar.
Coincide también que por esas fechas se haya entregado de manera voluntaria Carlos Alzator Quijo, el arete, uno de los hombres más cercanos a Escobar, se entregó a funcionarios de la fiscalía sin consultar siquiera al jefe del cártel. En el mismo mes también se daría la captura de múltiples sicarios relevantes dentro de la organización de Escobar, quien había diezmado sus números y sicarios hasta tener los de más bajo rango.
Pero sin duda la mayor precisión del bloque sobre los miembros del cártel de Medellín se ejerció el 19 de marzo de 1993. Esa tarde, en un céntrico edificio de Medellín dio muerte a Mario Alberto Castaño Molina, el Chopo, quien se había convertido en el jefe del ala militar de la organización narcoterrorista. También aumentó la presión ejercida por los PPES, quienes habían agenciado un ala de inteligencia capaz de interceptar comunicaciones del capo.
Además, lograban recopilar toda la información del funcionamiento de la organización de Escobar. Según afirma Fidel Castaño en su entrevista, reunida la información y por vía telefónica de otros medios, se le hacía llegar a las autoridades correspondientes el resultado de las gestiones para que ellos concretaran positivamente la información.
Los PEPs no ejecutarían únicamente inteligencia. Su ala militar fue de las más fuertes. Una grave persecución se ejecutó por su parte a jugadores del Atlético Nacional, concluyendo con el asesinato de Omar Cañas, además del asesinato de Guido Parra y los atentados con Dinamita y la destrucción de la colección automovilística del Antioqueño.
Por la colaboración entre autoridades y criminales, Escobar fue perdiendo sicarios, fuerza y dinero. Se arrinconaba en lugares que no respondían al lujo de su vida anterior. En octubre de 1992 se entregaría su hermano Roberto Escobar, alias Osito. Rogaba en la televisión pública que se negociara la entrega de su hermano.
Sin embargo, el gobierno nacional no estaba dispuesto. Durante varios meses, Escobar se había recluido en una casa del barrio Los Olivos. Entraba y salía de la casa usando un taxi para moverse de manera desapercibida. Lo irónico es que Escobar, quien llevaba años jugando al escondite con las autoridades antidrogas, era un experto en eso de eludir el rastro electrónico.
Según se dice, además de poseer un teléfono inalámbrico, precursor del teléfono, también tenía la costumbre de hacer numerosas llamadas al día, moviéndose por distintos puntos de la ciudad en que se encontrara, con el fin de confundir a la unidad policial llamada bloque de búsqueda, que el gobierno había formado exclusivamente con la misión de atraparle.
Escobar llevaba meses intentando sacar a su familia de Colombia ante el inminente riesgo de que fueran asesinados por los Pepes en sus sangrientos operativos. De manera diaria, el bloque de búsqueda y rastrillajes en Antioquia, especialmente en Medellín, buscando a Pablo Escobar. Los pepes seguían la ruta policial, pero usando avanzada tecnología británica, ambos grupos rastreaban energéticamente las pocas señales que lograban obtener del capo.
Presumiblemente vivió sus últimos días de angustia. El narcotraficante se encontraba en un estado deteriorado con un peso de 113 kg para su met7 cm con un evidente sobrepeso. En la casa se encontraba Álvaro de Jesús Agudelo, alias Limont, el último de todos sus icarios, siendo la única persona que acompañaba a Pablo Escobar en sus últimos días.
Una desesperada llamada interceptada por la policía fue la que delató su posición. Victoria Nao, Manuela y Juan Pablo Escobar se encontraban en protección de la policía en la residencia Tequentama. Fue al teléfono de esa dirección que cada vez más desesperado y echando a un lado su cuidado habitual Escobar llamaba una y otra vez desde Los Olivos.
La tecnología que los estadounidenses utilizaban con la policía de Colombia en la búsqueda permitió, en base a esa llamada que se hizo desde un teléfono público, hacer la última confirmación exacta del lugar en que Escobar se quedaba. la casa 45d94 de la calle 79 en el barrio Los Olivos. Aquí la versión se abre sobre dos ramas, la que indica la Policía Nacional respecto al atentado y la que relatan varias personas pertenecientes al grupo Los Pepes.
La policía declara que a las 2:35 pm del jueves 2 de diciembre, instantes después de que rasteraran su llamada, el bloque de búsqueda envió tres furgones que contenían 17 de los mejores agentes de la organización, llegando a la escena a eso de las 2:50 pm. La versión de los PEPs afirma un paso previo a las 2:35 p.m. El jefe paramilitar Diego Fernando Murillo, alias Don Bernard, cuenta en así matamos al patrón que tras rodear la vivienda avisaron al coronel Aguilar, quien se dirigió hasta el lugar.
Pero ante su retraso, el primer grupo decidió iniciar el operativo en una acción que clasifica como intrépida y arriesgada. quien ejecutaría el atentado se encontró con lo siguiente. Escobar acababa de comer un plato de espaguettis, se había quitado los zapatos y se había tirado a la cama para hablar por teléfono cuando escuchó un ruido.
Le pidió a su entrañable guardaespaldas, apodado de limón, que echara un vistazo. Al abrir la puerta y ver la avalancha policial que le venía encima, este salió disparado para que su jefe tratara de escapar y murió con el acto. Escobar, en efecto, huyó por una puerta trasera y encaramó al techo de la casa. Allí recibió 12 balazos.
Uno de ellos fue detrás de la oreja izquierda, por lo que muchos creen que en realidad se suicidó. Muchas personas se atribuyen su asesinato y según la fuente consultada fueron unos u otros. Las que y desde un punto de vista más personal tienen sentido para mí son las siguientes. La teoría que más sentido cobra es la de la colaboración múltiple, tal vez inteligencia policial junto con ejecución de los Pepes.
La teoría que postula el suicidio de Escobar tiene sentido para su familia. Sin embargo, en el contexto del operativo me parece poco probable. Según la versión del expamilitar José Antonio Hernández Villamisar, alias John, Carlos Castaño ejecutó el asesinato. La Comisión de la Verdad, por su parte, atribuye el asesinato al hermano de don Berna, conocido como Semilla, versión que fue corroborada por la Comisión de la Verdad con Altas Fuentes de la Policía.
La versión oficial que afirma que Escobar murió acribillado por la policía del bloque de búsqueda en una ráfaga de fuego indiscriminada. El hombre más terrible que Colombia ha visto murió aquel 2 de diciembre de 1993. Sería el final de todo esto, de todas las muertes que nos ha costado el narcotráfico, si no fuera por el inmenso vacío de poder que siempre coexiste en Colombia, vanagloriado por quienes de su crimen vieron la buena mano en un entierro que daba la calma del país y a su vez la llegada de grupos aún más
peligrosos. El final de un gran imperio termina con todo aquello, con aquella famosa foto de un grupo de policías jactándose de haber asesinado al que fue uno de los hombres más perseguidos de la historia. Por un balazo en la oreja, el gran imperio daba su fin. Había muerto Paulo Escobar.
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