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MARÍA FÉLIX: El Oscuro Motivo de la Exhumación de su Cadáver | Esto Intentaron Enterrar con Ella

Hay mujeres que el mundo recuerda como diosas  y María Félix fue exactamente eso. Un rostro que detuvo el tiempo, una voz que no pedía permiso, 47 películas, cuatro matrimonios, una fortuna que ningún familiar  pudo tocar y una leyenda tan grande, tan perfectamente construida, que durante décadas  nadie se atrevió a rascar debajo de las superficies.

Pero debajo de esa superficie había otra historia. Una historia que empieza en un pueblo polvoriento de Sonora con una niña que aprendió  muy pronto que el amor puede destruirte si te descuidas. Una historia que atraviesa los estudios más glamorosos del cine mexicano, los camerinos más lujosos de Europa y termina en una habitación cerrada Concoin en la colonia  Polanco a la 1 de la mañana del 8 de abril de 2002.

Su cumpleaños número 88, el día  que María Félix eligió para morir. Pero lo que pasó después de esa muerte fue, si acaso, más oscuro que todo lo anterior, porque cuando se abrió el testamento, México entero dejó de respirar. La familia  acusó un asesinato. Exumaron el cadáver y el nombre de un hombre que casi nadie conocía quedó grabado para siempre en la historia de la diva  más grande que ha dado este país.

Guarda esta imagen en tu mente porque vamos a regresar a ella. Si eres fan de María Félix y te gusta conocer la verdad detrás de los grandes mitos del  cine mexicano, quédate hasta el final porque la historia que te contaron sobre la doña,  la que aparece en los libros de texto y en las páginas de cultura, está incompleta.

 Lo que vas a escuchar hoy tiene nombre, tiene fechas, tiene testigos y cuando termine  este video vas a ver a María Félix de una manera completamente distinta.  En este documental vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie sabe. Primero, el trauma de infancia que María Félix cargó en silencio toda su vida y que nunca superó y que tiene que ver con un amor prohibido que su propia madre intentó sepultar.

 Segundo, lo que realmente pasó con su único hijo Enrique y por qué la relación entre los dos fue mucho más complicada, mucho más oscura de lo que cualquier entrevista jamás reveló. Tercero, los seis últimos años de la vida de la doña después de que enterró a ese hijo, cuando el mito se empezó a grietar y la mujer de verdad quedó sola  con un chóer, un pintor francés y una mansión en Cuernavaca que olía olvido.

 Y cuarto, el escándalo del testamento, el cuerpo exumado, la acusación de asesinato. Y la pregunta que la familia nunca pudo responder. ¿Por qué una mujer que lo tuvo todo eligió dárselo todo a un desconocido? Empezamos a la mos sonora, 1914. Imagina un pueblo donde el polvo lo  cubre todo. Las calles de tierra, los techos de Teja, los burros que pasan cargando leña y los niños que corren descalzos antes de que el sol se ponga demasiado bravo.

 Así era Álamos cuando nació María de los Ángeles, Félix Huereña, no el 8 de abril, como ella siempre insistió. Según el acta de nacimiento que descubrió el biógrafo Paco Ignacio Taurebo fue el 4 de mayo de 1914. Un detalle pequeño pero revelador, porque María Félix empezó a reescribir su propia historia desde el primer día.

Era hija de Bernardo Félix, un militar y político de ascendencia  Yacki, hombre duro, hombre de pocos gestos y mucho silencio. De él heredó María los pómulos  altos, las facciones rectas, esa estructura ósea que hacía que los fotógrafos del mundo entero compitieran por capturarla. Y también heredó algo más difícil de fotografiar, el carácter de alguien que no pide, que toma.

 El padre era el tipo de hombre que su época producía en serie en las familias del norte de México. Autoridad sin matices, disciplina sin explicaciones. Las peleas en casa eran continuas. Bernardo ejercía sobre su familia una presión que hoy llamaríamos de otra manera, pero que entonces simplemente era la forma en que un hombre de su clase y su tiempo entendía el hogar, un  territorio a controlar.

 María lo recuerda en sus memorias como alguien de quien aprendió que el mundo a los que no tienen  miedo. Lección que absorbió. Lección. Lección que después llevó a los estudios  de cine, a los camerinos de Europa, a cada negociación de contrato y a cada relación con hombres que creyeron por un momento que podían manejarla.

Su madre, Josefina Hüereña,  era hija de plateros de ascendencia vasca, una mujer que crió 15 hijos y que aprendió muy pronto  que en una familia tan grande el amor se distritbuye en porciones pequeñas. María era la cuarta  y desde niña comprendió que para sobrevivir en ese mundo había que peleaba con sus padres, peleaba con las monjas del colegio, peleaba con sus hermanas.

  era la que montaba a caballo, la que corría con los muchachachos, la que se negaba a coser o a rezar Kiet. Cuando la familia la mandó un tiempo a estudiar  con monjas en Los Ángeles, California, el resultado fue predecible.  María volvió igual de indómita con el inglés, apenas mejorado, y la convicción reforzada de que ninguna institución en el planeta iba a doblarla.

Saquean tumba de María Félix en el Panteón Francés

 Ella misma lo dijo años después. Soy una mujer con corazón de hombre y lo decía  sin apología. lo decía como quien constata un hecho de la naturaleza. Pero había una persona con quien María  no peleaba, Pablo, su hermano Pablo. La relación entre María y Pablo fue desde el principio diferente  a todo lo demás en esa familia.

 Los dos se entendían de una manera que los demás no  podían alcanzar. Jugaban juntos, hablaban juntos, se protegían en ese mundo de polvo y silencios y hermanos que sobraban. Los que los conocían decían que parecían uno solo partido en dos y su madre  lo vio. Josefina lo vio y se asustó porque la cercanía entre los dos hermanos había sobrepasado  lo que una madre podía aceptar como normal.

 Las miradas que se cruzaban demasiado largas, los momentos que se buscaban cuando los demás no miraban.  Nadie sabe con certeza qué pasó exactamente entre María y Pablo en esas calles de Álamos. Pero lo que sí sabemos es lo que pasó después. Josefina tomó una decisión y fue fría y fue rápida y le partió a María algo por dentro que nunca terminó de sanar.

 Mandó a Pablo al heroico colegio militar en la ciudad de México. 4 meses después llegó la noticia. Pablo había  muerto. La versión oficial fue suicidio, pero María nunca lo creyó. Nunca. Hasta el último día de  su vida insistió en que alguien lo había matado, que lo habían matado por la espalda. y en sus memorias,  en esos cuatro tomos que supervisó junto al historiador Enrique Krause bajo el título Todas mis guerras escribió una frase que lo dice todo sin decirlo.

 El perfume del insecto no lo tiene otro  amor. Piénsalo. Una mujer que llegó a tener cuatro maridos, decenas de amantes, nombres que van desde Jorge Negrete hasta Diego  Rivera, desde Agustín Lara hasta el dictador Franco, según algunos rumores. de Frida Calo, según otros, y al  final de su vida eligió esa frase para describir el amor más grande que sintió, el amor que su  madre la obligó a sepultar antes de que tuviera 17 años.

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