Este es Juan Pablo Segund y con él la iglesia hizo uno de sus movimientos más raros. Apenas dos meses después de su muerte inició el proceso para hacerlo santo y esto encendió las alarmas porque normalmente la iglesia debe esperar al menos 5 años antes de abrir ese proceso. Pero con Juan Pablo Segund esa espera se saltó casi de inmediato, lo que hizo a muchos preguntarse por qué tanta prisa.
Algunos sospechan que fue una forma de proteger la imagen de Juan Pablo II y de la propia iglesia, porque aunque millones lo veían como un santo en vida, su historia también tiene partes mucho más controversiales y una vez que empiezas a investigar te das cuenta de que las cosas son mucho más complicadas. Aquí hablaremos de las nueve cosas más polémicas de su vida que muchas veces quedan fuera del relato oficial, tal y como su alianza con el gobierno de Estados Unidos y la CIA para influir en la política mundial, permitir que el
Banco del Vaticano lavara dinero de la mafia italiana y, por supuesto, su relación con figuras acusadas de abuso como el padre Marcial Maciel, con una cantidad de víctimas que se mide en decenas y decenas. Por supuesto, Juan Pablo Segund también hizo cosas enormes por la iglesia y por el mundo. Por eso, en este documental no se trata de negar sus logros, sino de mirar la historia completa y preguntarnos si la Iglesia lo santificó porque realmente lo merecía o porque necesitaba proteger algo más.
A pesar de verse como una persona llena de luz, su infancia no fue así. Para esto tenemos que ir a Polonia, donde nace Carol Joseph Wtila, el niño que después el mundo conocería como Juan Pablo Segi. Su infancia está marcada por la pérdida. Su mamá, Emilia muere cuando él tiene 9 años y poco después también pierde a su hermano Edmund.
era médico y el golpe es tan fuerte que años más tarde yciendo papa, Juan Pablo Segi seguirá guardando el estetoscopio de Edmund en un cajón de su escritorio en el Vaticano. Tras eso, Carol se aferra a su padre, un hombre muy católico que se dedica por completo a cuidarlo. Conforme crece, descubre su pasión por el teatro, donde aprende a conectar con el público.
En esa etapa también se enamora de Ginka Beer, una joven judía que logra escapar de Polonia con su familia justo antes de la invasión alemana, huyendo del antisemitismo creciente. Poco después los nacional socialistas toman el control del país. Mientras Polonia está bajo control nazi, Carol trabaja en la fábrica Solby, donde se producen materiales que sirven para fabricar bombas alemanas.
Además, mientras algunos de sus compañeros se unen a la resistencia armada contra los alemanes y otros arriesgan la vida para ayudar a judíos perseguidos, Carol decide mantenerse al margen. Él cree que la salvación solo puede venir de Dios, por lo que lo mejor que puede hacer por ellos es rezar. Años después surgirán historias sobre cómo Carol supuestamente ayudó a rescatar judíos durante la guerra, pero el propio Juan Pablo II la desmentiría diciendo que no podría atribuirse algo que no había hecho.
En medio de la guerra, Carol también pierde a su padre y queda completamente solo. A partir de entonces se aferra todavía más a la fe católica. Esa fe lo lleva a entrar a un seminario clandestino, ya que la ocupación alemana había prohibido gran parte de la formación religiosa en Polonia.
Ahí también ve como varios miembros importantes de la iglesia son arrestados e incluso eliminados por los nacional socialistas. Y cuando otros salen a protestar contra esa violencia, Carol vuelve a mantenerse al margen. Prefiere rezar y confiar en que Dios terminará poniendo las cosas en su lugar. Y aquí empieza a aparecer un rasgo muy importante, Carol.
Frente a los conflictos más brutales, su primera respuesta no suele ser actuar de forma directa. Su primera respuesta es rezar. Para algunos creyentes esto tiene sentido, pues desde la fe la oración no es pasividad, sino que es confiar en que Dios puede mover las piezas. Pero para muchos otros creyentes, Dios también actúa a través de las personas, a través de quien protege, interviene y se atreve a tomar decisiones difíciles.
Por eso, algunos se preguntan si basta con rezar y confiar en que Dios intervendrá o también hay que asumir la responsabilidad de actuar. Lo cierto es que esa filosofía de no intervenir es algo que Carol va a seguir aplicando incluso en casos donde sí tendrá la autoridad para actuar, como las denuncias de abuso carnal que llegarán a su escritorio.
En 1944, Polonia sigue bajo control alemán, pero entonces entra el Ejército Rojo de la Unión Soviética con la misión de liberar al país. Y aunque muchos polacos celebran, esto no va a ser exactamente un final feliz para ellos. Cuando finalmente termina la Segunda Guerra Mundial, Carol es ordenado sacerdote y enviado a Roma para continuar sus estudios religiosos.
Ahí obtiene su doctorado en teología con una tesis sobre San Juan de la Cruz y esto nos ayuda a entender qué tipo de temas le interesan a Carol, porque San Juan no escribía tanto sobre cuestiones prácticas como de qué forma debía gobernar un sacerdote o cómo aplicar la fe a la vida social. Su enfoque era el de la mística, es decir, la búsqueda de una conexión con Dios a través de la oración y la vida interior.

Justo esta visión es la que marcará el papado de Juan Pablo Segund con mucho enfoque en la vida espiritual y no tanto en la dimensión más terrenal de la Iglesia. Unos años después, Carol vuelve a Polonia. Pero aunque el control de Adolf y los nacional socialistas ha terminado, ahora el país queda bajo la influencia de Joseph Stalin y la Unión Soviética.
Verás, después de expulsar a los alemanes de Polonia, la Unión Soviética no se fue, al contrario, dejó al país dentro de su zona de control e impulsó un modelo comunista que en teoría buscaba una sociedad más igualitaria. Pero el Estado empezó a concentrar muchísimo poder y sin suficientes contrapesos terminó limitando libertades y controlando instituciones como la prensa, la educación o la religión.
En varios gobiernos comunistas del siglo XX, la religión era vista con desconfianza porque representaba una influencia distinta al Estado. Aún así, Stalin entiende que el catolicismo es parte central de la identidad polaca, así que permite que la Iglesia siga existiendo, aunque bajo vigilancia y presión constante.
En ese contexto, Carol continúa con su ministerio, sobre todo entre jóvenes, pero no lo hace solo desde la misa, los invita a esquiar, a remar o a caminar por la naturaleza. Y en esas salidas rezan, platican de fe y también de temas más personales. Ahí Carol nota que muchos jóvenes tienen dudas sobre el amor, el noviazgo y las relaciones íntimas, así que empieza a desarrollar esas ideas en un libro llamado Amor y responsabilidad.
Aunque el libro parte claramente de la postura de la Iglesia Católica y no todos tienen que estar de acuerdo con ella, también plantea algunas ideas que pueden resonar con cualquier persona. Por ejemplo, Carol dice que amar es mucho más que sentir atracción. implica decidir buscar el bien del otro, incluso cuando la emoción del momento sube o baja.
Por eso, insiste en que el amor también debe conllevar responsabilidad cuidando cómo tus decisiones afectan a la otra persona. Pero quizás el punto en el que más insiste es que en una relación íntima la prioridad debe ser la unión y la dignidad de la otra persona, porque si no, la pareja deja de ser vista como alguien con valor propio y se convierte en un objeto usado para satisfacer deseos personales.
Por todo esto, a los jóvenes con los que convive les fascina esta forma de hablar del amor y sus superiores también lo notan. Carol tiene carisma, conecta con la gente y sabe mover grupos. Por eso, tiempo después es nombrado obispo auxiliar de Cracovia, convirtiéndose en uno de los obispos más jóvenes de Polonia.
O bueno, al menos esa es la historia oficial, porque según el investigador David Yallop, autor de El poder y la gloria, su ascenso también tuvo un lado más político. Y aquí va a aparecer el primer aspecto complicado de Carol Wtila y este es el número nueve. los inicios de su ascenso al poder. Como te comentaba, la Iglesia Católica en Polonia estaba fuertemente vigilada por el régimen comunista, así que para ascender a alguien a un puesto importante necesitaba el visto bueno del gobierno.
Según esta versión, la Iglesia ya había propuesto a siete sacerdotes, pero el régimen los rechazó todos porque estaba esperando a Carol. De hecho, se dice que Xenon Klitzco, un político comunista muy poderoso, llegó a decir, “Ya he vetado a siete, estoy esperando a Carol y seguiré vetando nombres hasta lograr que sea él.
” ¿Y por qué tanta insistencia? Porque según esta versión, el régimen veía a Carol como alguien que no solía enfrentarse directamente al poder. Durante la guerra no se unió a la resistencia armada contra los nacional socialistas y bajo el comunismo tampoco encabezaba protestas abiertas contra el gobierno.
Por eso, según David Gallop, Carol termina convirtiéndose en obispo de Cracovia. Y aquí vale la pena explicar rápidamente qué significa eso dentro de la jerarquía de la iglesia. Imagínate una pirámide. En la base están los sacerdotes que pueden dar misa, administrar sacramentos y estar a cargo de una parroquia. Más arriba están los obispos que dirigen una diócesis, es decir, una zona específica.
Después vienen los arzobispos, que también son obispos, pero están a cargo de zonas más grandes o importantes. Luego están los cardenales, elegidos directamente por el Papa. Ellos lo asesoran y cuando un papá muere o renuncia participan en el cónclave para elegir al siguiente. Y hasta arriba está el Papa, la máxima autoridad de la Iglesia Católica.
Esto importa porque gracias a su nuevo cargo como obispo, Carol es invitado al Concilio Vaticano Segundo. Un concilio es una enorme reunión donde el Papa y líderes de la Iglesia discuten hacia dónde debe avanzar el catolicismo. En este caso se abordan algunos cambios como permitir que la misa ya no se celebre solo en latín y que el altar se acomode de forma que el sacerdote pueda mirar de frente a los fieles.
Pero curiosamente no se discuten temas mucho más urgentes como el celibato sacerdotal y los abusos carnales dentro de la iglesia, aunque ya existían reportes en países como Alemania e Irlanda. Al final del concilio se publica un documento en el que Carol ayuda a redactar algunos pasajes importantes.
Ahí se dice que la iglesia no puede vivir desconectada del mundo porque las tristezas y angustias de la gente también deben importarle. Y aunque esa idea suena muy poderosa, para muchos críticos el concilio se queda corto, porque mientras la Iglesia habla de acercarse al mundo, evita mirar de frente algunos de los problemas más graves que ya existen dentro de ella.
De hecho, según el periodista Jason Barry, al evitar discutir el celibato y los delitos carnales cometidos por sacerdotes, el concilio dejó sin atender un problema que siguió creciendo y en la década siguiente se registró el mayor número de abusos dentro de la historia documentada de la iglesia. Uno de los países donde también se registra ese pico es justamente Polonia.
Ahí quien tiene que decidir cómo responder es Carol Wila, a quien recientemente han ascendido una vez más, ahora como arzobispo. Así que estamos frente a uno de los primeros momentos donde tiene el poder de actuar en contra de las injusticias y también estamos frente al que será su segundo momento oscuro. Te estoy hablando del número ocho, los primeros casos de abuso.
Con esto no me refiero a que él haya cometido el delito. A lo que me refiero son los casos que ocurrieron bajo su autoridad. De todos hay tres que están especialmente bien documentados. De acuerdo con el periodista Everbeck, autor de máxima culpa, uno de los primeros es el del sacerdote Joseph Lack, acusado de agredir carnalmente a varias niñas en el pueblo de Moodne, donde da clases de catecismo.
Según reportes policiales, cuando algunos padres se enteran de lo ocurrido, llevan el caso ante Carol que manda llamar a Lauren. Laorang termina admitiendo que las acusaciones en su contra son ciertas y Carol ordena suspenderlo de sus funciones como sacerdote. Hasta ahí una respuesta bastante acertada. De hecho, poco después pasa algo que para ese momento es sorprendente.
El caso no se queda solo dentro de la iglesia, sino que también llega la justicia civil. El tribunal de Cracovia declara culpable a Laorang y lo condena a 2 años de prisión. Aún así, Laorang solo cumple cerca de un año antes de recuperar su libertad. Y es justo aquí donde la manera en que Carol responde al caso empieza a cambiar de tono, porque cuando Lawrence sale de prisión, Carl, tomando en cuenta toda su conducta, su deseo de corregir sus faltas y su mejora sincera, considera conveniente que vuelva al trabajo sacerdotal. Es decir,
apenas un año después de queang es condenado por un hecho tan grave, Coctila levanta la suspensión y lo manda a otra parroquia. Eso sí, le prohíbe dar catecismo a niños y jóvenes, pero claro, cambiarlo de lugar y ponerle esa restricción no resuelve el problema de fondo. Poco tiempo después, Wtila recibe una carta de una feligreza donde se vuelve a acusar a Laorang de tener conductas indecentes con niñas.
Unos meses después de esa carta, Carol vuelve a mover a Lauren y lo asigna como capellán de un hospital. ¿Qué podría sugerir esto? Que al principio Carol sí tomó medidas importantes. Escuchó el caso, suspendió a Lauren y lo enfrentó a la justicia. Pero con el tiempo esa firmeza se debilitó. En lugar de apartarlo definitivamente, terminó moviéndolo de una parroquia a otra con el riesgo de que volviera a acercarse a menores.
Y los otros dos casos documentados son bastante similares. Uno es el de Bllesla Sadus, un sacerdote cercano a Carol. Cuando llegan denuncias en su contra por abusar de niños en Cracovia, Carol primero lo suspende, pero años después lo reincorpora. Incluso le escribe al cardenal de Viena, Franz Conig, para pedirle que lo reciba en su diócesis.
En esa carta no menciona las acusaciones, solo dice que Sadus necesita un cambio de ambiente por dificultades no especificadas. El otro caso es el de Eugenius Surgen, señalado como abusador serial en varias diócesis. A pesar de las quejas recurrentes, Carol lo mueve de parroquia en parroquia. En esos años, Carol empieza a cambiar. Aunque antes no solía enfrentarse directamente al poder, ahora comienza a resistir al régimen comunista, especialmente cuando intenta limitar la libertad religiosa.
Escribe cartas al gobierno, impulsa la construcción de iglesias y participa en reuniones clandestinas donde se habla de los problemas del país. Con el tiempo, los comunistas empiezan a darse cuenta de que se equivocaron al permitir su ascenso, porque cuando se trata de defender la fe, Carol muestra una determinación enorme.
Y esa misma fuerza llama la atención del Papa Pablo VI, quien pronto lo invita a una audiencia privada. Los dos conectan tanto que en solo 2 años Carol se reúne con él unas 11 veces en su estudio personal y eventualmente Pablo VI termina nombrándolo Cardenal. Aquí vale la pena hablar un momento de Pablo VI conocido como el Papa de la modernidad porque le tocó dirigir la Iglesia en una época llena de cambios, los años 60 y 70, aunque cometió un error bastante grave que ocasionó una bola de nieve que le terminó costando la vida a una persona. Así que presta
atención. Aunque siguió siendo conservador en varios temas, también modernizó muchas cosas dentro de la iglesia. Antes de él, los papas casi no salían del Vaticano, pero Pablo VI rompió con eso y se convirtió en el primer papa en viajar para visitar los cinco continentes. También intentó mostrar una iglesia más sencilla y cercana a la gente.
Un ejemplo claro fue la tiara papal, una especie de corona de tres niveles que usaban los papas como símbolo de autoridad. Pablo VI se rehusó de usarla, la vendió y donó el dinero a los pobres. Pero su papado también tuvo una falla enorme, el mal manejo del banco del Vaticano. Así es, el Vaticano tiene su propio banco.
En teoría, existe para administrar el dinero de la iglesia entre donaciones, obras de caridad y recursos internos. Pero durante el papado de Pablo VI, ese banco empieza a operar de forma cada vez más oscura. Para hablar de esto, nos basaremos en la investigación de Jean Luigi Nutzi. Según él, Pablo VI quería evitar pagar ciertos impuestos en Italia y para lograrlo le dio libertad a Paul Marcinos, el director del banco, para mover el dinero por fuera de los caminos normales.
Así Marcincus empezó a mover el dinero del Vaticano a través de cuentas falsas en otros países como Panamá y fundaciones de fachada. Pero lo más grave, según estas investigaciones, es que también se apoyó en conexiones con la mafia y a cambio, la mafia también usó el Banco del Vaticano para lavar dinero proveniente de delitos como el narcotráfico y los secuestros.
Durante un tiempo todo funcionó perfecto, pero en 1973 llegó una crisis económica y varios bancos donde el Vaticano tenía dinero escondido comenzaron a quebrar. Entonces Marcincus buscó la ayuda de Roberto Calvin, dueño del Banco Ambrosiano. Poco a poco, el Banco del Vaticano y el Banco Ambrosiano se mezclaron cada vez más mientras continuaron moviendo dinero para figuras poderosas vinculadas a la mafia y la masonería.
Y recuerda bien esto, porque más adelante esta relación terminará en uno de los episodios más oscuros del escándalo con Roberto Calvi colgando de un puente. Pero ya llegaremos a eso. En medio de esto, WTILA conoce a Ana Teresa Timienieca, el séptimo suceso complicado de la vida de Juan Pablo Segi. Ana es una filósofa con quien pasa horas hablando de filosofía y trabajando sobre sus textos, especialmente en su libro Persona y acción.
Con el tiempo, esa cercanía se vuelve más personal. Carol incluso llega a irse de vacaciones con Ana y su esposo y durante años ambos intercambian cartas que hoy están guardadas en la Biblioteca Nacional de Polonia. El periodista Ed Storton de la BBC tuvo acceso a ellas y encontró que Ana parecía haberse enamorado de él. Carol, sin embargo, parece no saber cómo responder a esa confesión.
En una ocasión le escribe, “He recibido tus cartas. Escribes sobre sentirte desgarrada, pero no pude encontrar respuesta a esas palabras.” Además, le escribe que solo se permite una cercanía así con ella porque cree que no está haciendo nada incorrecto ante Dios. Sin embargo, después ocurre un episodio que llama la atención.
Carol le obsequia una de sus posesiones más personales, un escapulario, y le escribe, “Desde el año pasado buscaba una respuesta a las palabras te pertenezco.” Y finalmente encontré una forma, el escapulario. Me permite sentirte en todas partes, estés cerca o lejos. Por intercambios como este, su relación sigue generando especulación, aunque hasta hoy no existe una prueba contundente de que Juan Pablo Segund rompiera su voto de castidad.
Aún así, la amistad entre ambos es una que dura toda su vida. Mientras tanto, Pablo VI elige a Carol para dirigir los ejercicios de Cuaresma frente a todo el Vaticano, algo que muchos interpretan como una señal de confianza y una posible preparación para convertirlo en su sucesor. Aunque el Papa no puede elegir directamente al siguiente pontífice, ya que eso se decide mediante votaciones entre cardenales, sí puede influir al dar visibilidad y respaldo público a ciertos candidatos.
Por eso, la invitación a Carol fue vista como mucho más que un simple honor. Aprovechando su cercanía con el Papa, Carol le pide un favor muy delicado para proteger algo muy importante para su país. Verás, para muchos católicos de Polonia, uno de los símbolos más queridos de su fe es la Virgen de Chestojua.
Su santuario en Polonia está administrado por una orden religiosa llamada los padres paulinos. El problema es que uno de los miembros de esa orden es el padre Michael Sembrusky, quien está metido en un escándalo enorme de corrupción. El caso es tan grave que Pablo VI ordena personalmente una investigación en la que se descubre que Zembrusky, tiene un amante, varios kailx, y usa el dinero que la gente dona para mantener una vida de lujo.
Por todo esto, Paolo VI decide expulsarlo de la orden. Pero entonces Carol interviene. Según la investigación de David Gallop, viaja a Roma para hablar directamente con Pablo VI y pedirle que revierta las sanciones contra Zembrusky. Y el Papa le hace caso, pero ¿por qué Carol buscaría intervenir por Sembrusky? Según Yallob, no era tanto por él como persona, sino porque estaba buscando proteger a una orden muy ligada a la identidad católica de Polonia.
Y aquí empieza a verse lo que se convertirá en un nuevo patrón en cómo ejerce su poder e influencia. Y este es que cuando se trate de defender algo ligado a Polonia, Carol estará dispuesto a mover todas sus influencias. Poco después muere Pablo VI, lo que abre la puerta a un nuevo cónclave para elegir al siguiente papa. Para este momento, Carol ya es cardenal, lo que significa que puede votar en la elección y también ser elegido.
En ese cónclave, uno de los temas que más preocupa a los cardenales es la corrupción que Pablo VI permitió dentro del Vaticano. Por eso, muchos buscan a alguien con una imagen intachable, con fama de no dejarse comprar por el poder y capaz de cortar esa corrupción. Aunque algunos votos van para Carol, la gran mayoría van para Alvino Luciani, cardenal de Venecia, quien es nombrado Papa, adoptando el nombre de Juan Pablo I.
Apenas se convierte en papa, Juan Pablo I empieza a hacer justo aquello por lo que muchos lo eligieron, limpiar la casa y poner orden. Una de las primeras cosas que hace es investigar al cardenal John Cody de Chicago porque ya había sospechas de malos manejos. Y el informe confirma que el caso era grave, entre otras cosas, COD habría usado de forma indebida 2 millones de dólares de la tesorería de la iglesia en Estados Unidos.
Por eso Juan Pablo primero decide pedirle la renuncia de inmediato. Además, el Papa se topa con todas las transacciones sospechosas y el lavado de dinero dentro del Banco del Vaticano. En teoría, este banco solo debía administrar donaciones y algunos ingresos de la iglesia, pero para ese momento ya está metido en inversiones, negocios turbios y movimientos de dinero que han llevado su fortuna a más de 1000 millones de dólares.
Aún así, Juan Pablo Io está decidido a limpiar todo. Por eso, según varios testimonios, el 28 de septiembre de 1978 le comenta a un cardenal que planea despedir a varios de los involucrados, incluidos Paul Marcinus y Roberto Calv, el dueño del Banco Ambrosiano. Y casualmente a la mañana siguiente algo terrible sucede. Juan Pablo I aparece muerto en su cama después de solo 33 días como papa y con 65 años de edad.
La versión oficial dice que murió por una falla cardíaca, pero algunos investigadores como David Yallop en su libro En nombre de Dios sostienen que en realidad pudo haber sido eliminado con veneno. Lo que hace las cosas más sospechosas es que la iglesia ordenó que no se hiciera una autopsia. Así que la verdadera causa de muerte aún sigue siendo desconocida.
Y si piensas que ahí termina el escándalo del Banco del Vaticano, en realidad apenas estamos entrando a la parte más oscura. En ese momento se convoca otro cónclave. Carol Wxtila y los demás cardenales vuelven a Roma. A puerta cerrada empiezan las votaciones para elegir al nuevo Papa. Pero esta vez el ambiente es muy distinto.
Los cardenales siguen sacudidos por la muerte repentina de Juan Pablo I. Hay sospechas sobre lo que pasó. Algunos tienen miedo y aún así muchos quieren elegir a alguien que continúe con las reformas que él había empezado. Al principio el candidato más fuerte es Giovanni Benelli que estuvo cerca de ganar, pero no consigue los votos necesarios.
Entonces, después de varias rondas sin acuerdo, empieza a aparecer un candidato de compromiso, es decir, alguien que tal vez no era la primera opción de todos, pero sí una opción aceptable para muchos. Ese candidato es Carol Willila. Es por esto que termina consiguiendo 99 votos y Carol finalmente es elegido papa. Y después de tanta inestabilidad decide mandar un mensaje de continuidad.
Por eso elige el nombre de Juan Pablo Segi en honor a sus dos antecesores, Pablo VI y Juan Pablo I. El mundo queda sorprendido, tiene apenas 58 años. Viene de un país comunista y se convierte en el primer papa no italiano en más de 450 años. Cuando sale al balcón, sus primeras palabras son: “¡Alabado sea Jesucristo, hermanas y hermanos”.
y desde ese primer momento conecta con la gente. Dice que los cardenales han llamado al nuevo obispo de Roma de un país lejano, pero cercano por la fe. Luego, con mucha naturalidad, añade, “No sé si podré explicarme bien en su digo, nuestra lengua italiana, si me equivoco, me corrigen y la gente queda encantada.
” Con ese carisma empieza un papado que cambiaría la historia no solo de la iglesia, sino del mundo entero. Solo que quizás no de la manera que muchos cardenales imaginaron cuando votaron por él. Pues estamos a punto de ver el sexto matiz de Juan Pablo II, su indiferencia ante la corrupción en la iglesia. En los primeros días de su papado, el Papa Juan Pablo II revisa varios asuntos que su antecesor había dejado pendientes, entre ellos la posible destitución del cardenal John Cody, acusado de malusar fondos de la iglesia
y si Paul Marcinus debía seguir o no al frente del Banco del Vaticano. Muchos dentro de la iglesia esperaban que Juan Pablo Segund castigara o removiera a ambos, pero para sorpresa de muchos, después de revisar los expedientes, decide que conserven sus puestos. Incluso a COD llega a ofrecerlo un cargo importante en Roma.
La reacción dentro del Vaticano es de alarma. Algunos cardenales le piden que reconsidere su decisión. En ese momento, el secretario de Estado del Vaticano es Jan Marie Lot, quien tampoco tiene un historial precisamente limpio. Aún así, según esta versión, él mismo llega a decirle a un amigo que el Papa está cometiendo un error al ignorar la corrupción que está creciendo.
De hecho, Jean Marie comenta que en la primera semana de su pontificado, Juan Pablo II ya había tomado decisiones en las que atender prudentes consejos no habría estado fuera de lugar. O sea, que debió escuchar mejor las advertencias que le estaban haciendo. Y para entender el impacto de esas decisiones, basta ver lo que hace Roberto Calvi, dueño del Banco Ambrosiano.
Desde la muerte de Pablo VI se había refugiado en el extranjero porque temía terminar investigado o arrestado. Pero cuando Juan Pablo II da señales de que no va a castigar a nadie relacionado con estos escándalos, Calvy entiende que ya no tiene nada que temer y regresa tranquilamente a Italia. Para muchos cardenales, esto cae como balde de agua fría.
habían votado por Juan Pablo II esperando que continuara la limpieza que su antecesor había empezado. Pero sus primeras decisiones mandan el mensaje de que en el Vaticano, al menos por ahora, nadie va a pagar las consecuencias. Aún así, hay temas en los que Juan Pablo Segund sí da continuidad a sus antecesores, especialmente en las posturas más conservadoras de la Iglesia, el celibato sacerdotal, el rechazo al aborto, la prohibición del divorcio, la negativa a ordenar mujeres y el impulso de expandir el catolicismo.
Y para lograr esto último, empieza una de las etapas más importantes de su pontificado, viajar por el mundo para llevar el evangelio a la mayor cantidad de personas posible. Su primer gran viaje es a Latinoamérica. Primero llega Santo Domingo en República Dominicana. Después viaja a México, donde se reúne con una persona que será el quinto y tal vez el mayor punto turbio de su carrera.
En México se reúne y entabla una relación con Marcial Maciel. Para quienes no conocen la historia de Mael, fue él quien fundó Los Legionarios de Cristo, una congregación católica con escuelas en distintos países y una enorme capacidad para recaudar dinero. De hecho, durante años, Maciel usó ese poder económico para ganarse el favor de cardenales y figuras importantes dentro del Vaticano.
¿Y para qué quería ese respaldo? entre otras cosas, para protegerse de las acusaciones en su contra, porque Maciel llevaba años abusando carnalmente de seminaristas dentro de su propia congregación. Y lo más grave es que para ese momento el Vaticano ya había recibido reportes sobre su conducta, incluso lo había investigado antes.
Además, una de sus víctimas, Juan Vaca, ya le había enviado una carta a Juan Pablo Segund detallando los abusos. Aunque no se puede asegurar que el Papa haya leído personalmente esa carta, sí existe registro de que llegó al Vaticano, es decir, la información estaba ahí. La iglesia ya tenía señales claras de quién era Maciel.
Aún así, lejos de tomar distancia, Juan Pablo Segund y su administración le dan un lugar privilegiado en la visita a México. El caso de Maciel es probablemente el ejemplo más sonado de encubrimiento durante el papado de Juan Pablo Segund. De hecho, ya hice un documental completo sobre él, cómo operaba, qué podemos sugerir que sabían el Vaticano y Juan Pablo Segund y por qué durante tantos años nadie lo detuvo.
Pero este no fue un caso aislado, fue parte de un problema mucho más grande. Por eso, en este video no vamos a enfocarnos tanto en Mael, sino en otros casos menos conocidos. Y si quieres conocer a fondo la historia de Marcial Maciel, te recomiendo ver ese documental después. Mientras tanto, México recibe al Papa con una emoción enorme.
En el aeropuerto, una pequeña orquesta empieza a tocar cielito lindo y Juan Pablo Segund se pone un sombrero de charro con el cual se gana México casi de inmediato. Durante 6 días da decenas de discursos, visita la Basílica de la Virgen de Guadalupe y se reúne con campesinos, trabajadores, indígenas, estudiantes, familias y autoridades.
Para el público en general, esa es la imagen que queda de Juan Pablo Segi, el papa carismático, querido por las multitudes. Pero para quienes miran con más atención, la historia es un tanto distinta. El cuarto punto controversial, más que un hecho, tiene que ver con su forma de pensar, pues estaba en contra de algo llamado la teología de la liberación.
Para entender por qué, hay que explicar algo que estaba pasando en Latinoamérica. Muchos sacerdotes empezaban a decir que la iglesia no podía limitarse solo a rezar y dar misa. También debía involucrarse en problemas reales como la pobreza y los abusos del poder. De ahí nace la teología de la liberación, una corriente que busca enfrentar las injusticias del mundo real y no solo enfocarse en la vida después de la muerte.
Pero a Juan Pablo Segi esta idea le incomoda por dos razones. La primera es que, como vimos antes, su forma de vivir la fe era mucho más espiritual que política o social. Y la segunda, todavía más importante, es que venía de Polonia, donde el comunismo había perseguido a la Iglesia durante años. Por eso, cuando escucha a sacerdotes latinoamericanos hablar de opresión, explotación y transformación social, lo asocia inmediatamente con el lenguaje comunista.
El problema, según algunos analistas, es que Juan Pablo Segund interpreta Latinoamérica con los lentes de Polonia, aunque las realidades eran muy distintas. En Polonia ese discurso venía de un estado comunista en el poder. En Latinoamérica muchas veces venía de sacerdotes y comunidades pobres que intentaban sobrevivir.
Aún así, durante su viaje por Latinoamérica, el Papa Juan Pablo Segund deja claro que rechaza la teología de la liberación e insiste en que la Iglesia no debe mezclarse con la política. El detalle es que cuando se trata de Polonia, el Papa no se mantiene al margen. En su país natal da discursos con una carga política muy clara contra el régimen soviético.
En uno de ellos les recuerda a los polacos que la verdadera paz no se construye sometiendo a un pueblo, sino respetando su derecho a ser libre y decidir su propio futuro. Pero quizás el discurso más fuerte es el que da frente a la juventud polaca, donde habla contra el comunismo y les dice a los jóvenes que tienen la responsabilidad de construir un futuro más justo y más humano.
Y cito, “¿No existirá un mundo mejor y un orden mejor de la vida social si los jóvenes no responden a toda clase de mal, de discriminación, de violencia y de torturas? Ustedes son el futuro del mundo, de la nación, de la iglesia. De ustedes depende el mañana.” Y aquí es donde algunos críticos ven contradicción, porque en el fondo Juan Pablo Segi les está pidiendo a los polacos algo muy parecido a lo que la teología de la liberación buscaba en Latinoamérica, no quedarse quietos frente a la injusticia, defender su dignidad y luchar por un futuro más
libre. Pero entonces, ¿por qué en Latinoamérica eso le parecía peligroso? Pero en Polonia se volvía una causa justa. En este viaje también visita a Auswitz, el campo de concentración nací donde murieron millones de personas, en su mayoría judíos. Ahí Juan Pablo Segund celebra una misa y a diferencia del Papa Pío XI, a quien muchos señalan por haber guardado silencio ante la persecución alemana, Juan Pablo dice en voz alta frente a la multitud, “Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
” La frase es transmitida alrededor del mundo y lleva a muchos a reflexionar sobre la responsabilidad compartida en el crimen del antisemitismo. Después de ese viaje, el Papa sigue recorriendo el mundo. Visita Irlanda, Francia, Turquía, Estados Unidos, Brasil, Congo, Kenya, Ghana y muchos otros lugares. Pero sin duda el país que más ocupa su corazón sigue siendo Polonia.
Unos meses después de su visita, algo empieza a moverse. Miles de trabajadores comienzan huelgas contra el gobierno comunista. Muchos usan como símbolos de su lucha a Juan Pablo Segund y a la Virgen de Chesta, convencidos de que ambos bendicen su causa. Las huelgas crecen tanto y duran tanto que el gobierno no tiene otra opción que sentarse a negociar.
De ahí les permiten formar un sindicato independiente, el primero permitido en Europa del Este, bajo un gobierno comunista. A ese sindicato que pronto se convierte en un movimiento nacional lo llaman solidaridad. Solidaridad consigue cosas que antes parecían imposibles, menos censura, permiso para que la iglesia transmita misas por radio, aumentos de sueldo y mejores condiciones para los trabajadores.
Con eso empieza a abrirse una grieta enorme en el comunismo de Europa del Este, aunque todavía falta mucho para que el sistema caiga. Unos meses después, Juan Pablo II recibe en el Vaticano Ach Walesa, el líder de solidaridad, lo que manda el mensaje a Moscú de que la Iglesia Católica con todo su poder e influencia no va a quedarse al margen.
En medio de todo esto, en Estados Unidos llega un nuevo presidente y con él comienza la tercera etapa complicada del Papa, misma que terminará con su intento de asesinato. Te estoy hablando de la relación con Ronald Rean. ¿Por qué se terminan volviendo tan unidos? Primero, porque Rigan tampoco quiere que el comunismo siga expandiéndose por el mundo y segundo porque comparte muchas de las ideas conservadoras del Papa.
Así que la relación entre ambos se vuelve muy cercana. De hecho, según el embajador estadounidense ante el Vaticano, en ese momento, Rean decisiones alineadas con algunas de las grandes batallas del Papa como una especie de acto de cortesía hacia él. Por ejemplo, como Juan Pablo Segund se opone firmemente al aborto, Rean bloquea millones de dólares destinados a programas internacionales de planificación familiar.
Además, Rean le ofrece al Vaticano acceso a sus servicios de inteligencia como la CIA. Por eso, cada 6 meses, un enviado de la CIA se reúne con Juan Pablo Segund para entregarle reportes sobre temas que le interesaban al Vaticano. La teología de la liberación en Latinoamérica, el poder militar de China, las ambiciones nucleares de Pakistán, el terrorismo y muchos otros asuntos del tablero mundial.
Pero cuando unas figuras tienen tanto poder, también empiezan a tener enemigos. El 30 de marzo de 1981, apenas unos meses después de llegar a la presidencia, Ronald Reagan recibe un disparo en el pulmón a pocos centímetros del corazón. Su atacante es John Hincley Jr. Un joven de 25 años. Rean es operado de urgencia y logra sobrevivir. En Roma.
Juan Pablo II pide a los católicos de todo el mundo que recen por su salud, pero mes él viviría algo muy parecido. El 13 de mayo de 1981, el Papa sale del Palacio Apostólico para dar su audiencia general en la plaza de San Pedro. Como de costumbre, va saludando a la multitud desde su papa móvil abierto.

Pero de pronto entra la gente, un hombre saca una pistola y dispara. Juan Pablo Segund recibe cuatro tiros. Las balas le dan en el abdomen el brazo derecho y la mano izquierda. Una de ellas pasa a milímetros de la arteria horta. Si lo hubiera tocado, probablemente habría muerto en ese momento. El Papa es llevado de urgencia al hospital, pasa 5 horas en cirugía y también sobrevive.
El atacante es capturado ahí mismo. Se llama Meghmed Ali Ahka. Tiene 23 años. es turco y pertenece al grupo extremista Lobos Grises, pero el caso nunca queda completamente claro. Con los años, ASA da versiones distintas y contradictorias sobre lo que pasó. Por eso, hasta hoy sigue la pregunta, ¿quién ordenó realmente el atentado contra Juan Pablo Segund y por qué? Una de las teorías apunta a la KGBI y a los servicios secretos de Bulgaria.
Según esta versión, la Unión Soviética habría querido eliminar al Papa por su apoyo a solidaridad y por el peligro que representaba para el bloque comunista. Otras teorías, en cambio, apuntan algo menos conspirativo, que actuó solo, movido por sus propias ideas extremistas y por el odio que desea sentir hacia la Iglesia Católica.
Pero más allá de los motivos, lo más impactante viene después. Cuando Juan Pablo Segund decide visitar a Aja en prisión, se sientan a solas, hablan durante varios minutos y el Papa lo perdona públicamente. El gesto da la vuelta al mundo y refuerza una de las imágenes más poderosas de su papado, la de un líder religioso que predica con el ejemplo y va personalmente ofrecerle perdón a su propio atacante.
Después de los atentados contra Rean y Juan Pablo, los dos líderes desarrollan un vínculo todavía más fuerte. Ambos creen que sobrevivieron por intervención divina y con la misión de detener al comunismo en Europa. En medio de todo esto, Juan Pablo Segi publica una de sus encíclicas más importantes, Laborem Exersens, donde defiende que los trabajadores merecen dignidad y mejores condiciones, pero desde una visión cristiana y no comunista.
El problema es que esa idea pronto le explota dentro del propio Vaticano. Los trabajadores laicos, empleados administrativos, guardias, personal de limpieza y otros trabajadores, organizan la primera huelga en la historia del Vaticano para exigir mejores salarios y derechos laborales. Muchos señalan la contradicción de que el Papa defendiera la dignidad del trabajo y apoyara al sindicato Solidaridad en Polonia, mientras sus propios empleados sentían que no tenían esos mismos derechos.
Juan Pablo Segi escucha y concede aumentos salariales y crea una oficina para mediar conflictos laborales. Aún así, las tensiones y protestas dentro del Vaticano continúan durante años. Ahora vamos con el segundo suceso incómodo de Juan Pablo, la explosión del problema con los desvíos de fondos. En ese momento, Polonia entra en una de sus peores crisis.
De un día para otro, el gobierno declara la ley marcial. Los militares toman el control del país y las libertades quedan prácticamente suspendidas. Las líneas telefónicas se cortan y miles de líderes de solidaridad son arrestados, entre ellos Leche. También se prohíben las reuniones públicas, se censura el correo, se cierran escuelas, teatros y cines y las fronteras quedan selladas.
En pocas horas, Polonia queda aplastada bajo un estado de guerra, pero en Roma, Juan Pablo Segund sigue de pie y desde el Vaticano empieza a planear cómo mantener viva la resistencia polaca. por medio de mensajes clandestinos, ordena que las parroquias se conviertan en centros de ayuda.
Además, Juan Pablo se reúne en privado con Ronald Reagan para pedirle apoyo. Desde entonces, el gobierno de Estados Unidos invierte más de 50 millones de dólares para mantener vivo el movimiento Solidaridad. Y aquí ocurre uno de los hechos más controvertidos de su papado. Según David Gallop, Juan Pablo Segund, recurre a Paul Marcincus, el polémico director del Banco del Vaticano, y a Roberto Calvi, dueño del Banco Ambrosiano.
Juntos activan una operación clandestina para mover millones de dólares hacia Solidaridad. De hecho, Calvi llegó a hablar de una operación de casi 20 millones de dólares. Claro que ese dinero no viaja por canales transparentes. Según Jadob se mueve a través de las mismas redes financieras turbias que ya habían metido al Banco del Vaticano en varios escándalos.
Es decir, según esta versión, Juan Pablo Segund termina usando el lado más oscuro del Vaticano para impulsar sus metas en Polonia. El problema es que el Banco Ambrosiano ya estaba demasiado hundido, ya tenía demasiadas operaciones chuecas encima y en 1982 todo explota. Se descubre que tiene un agujero enorme con más de 1,000 millones de dólares desaparecidos.
Poco después el Banco Ambrosiano colapsa y como ya vimos, este banco no solo estaba conectado con el Vaticano, sino también con mafiosos, masones y figuras poderosas que usaban sus cuentas para mover dinero sucio. Entonces, Roberto Calvi, conocido como el banquero de Dios, huye a Londres, pero unos días después aparece muerto colgado debajo de un puente.
Al principio las autoridades dicen que fue suicidio, pero con el tiempo las investigaciones empiezan a apuntar hacia un asesinato. Y aquí hay un detalle que vuelve todo más extraño. El puente donde aparece muertos se llama Black Fryer’s Bridge, que en español podría traducirse como puente de los frailes negros. Para algunos ese nombre parecía una referencia oscura a la iglesia, pero para otros el mensaje apuntaba hacia los masones, especialmente hacia la logia secreta propaganda due, que según algunas versiones a sus miembros también se les
conocía como frailes negros. Sin embargo, quizás lo más interesante es lo que Calvi le alcanza a decir a las autoridades días antes de morir. Cuando le preguntan dónde había terminado parte del dinero perdido, Calvi respondió, “Hay que mirar hacia Polonia. Si esa operación sale a la luz, van a caer Carol, Marcincus y Solidaridad.
” Unos meses después, aunque el Vaticano niega haber estado involucrado con Calvi, acepta pagar 240 millones dó a los acreedores del Banco Ambrosiano como gesto de buena voluntad, entre comillas. Y aún así, Juan Pablo Segund mantiene a Podmar Cus en su puesto. No solo eso, también evita que las autoridades italianas puedan investigarlo directamente.
Entrre tanto, Juan Pablo Segund empieza a canonizar santos a un ritmo nunca antes visto. Durante casi 2,000 años, la Iglesia había reconocido alrededor de 3,000 santos. Pero para mediados de su papado, Juan Pablo Segund ya había beatificado a más de 700 personas y proclamado a más de 300 como santas.
Una parte tiene que ver con que cambió las reglas. Antes, para ser santo a alguien, se pedían dos milagros comprobados, pero Juan Pablo Segund redujo el requisito a uno solo. Y aquí aparece una crítica importante. Algunos han señalado, aunque no está comprobado, que esta ola de beatificaciones y canonizaciones también pudo servir para mover la atención pública justo cuando el Vaticano estaba enfrentando escándalos enormes.
Por un lado, el caso del Banco Vaticano y por otro lado, los casos de abuso carnal cometidos por sacerdotes que empezaban a explotar con cada vez más fuerza. Y esta es la última etapa incómoda de Juan Pablo, pues aquí una vez más sus acciones brillarán por su ausencia en esta segunda ola de abusos. Uno de los primeros grandes escándalos ocurre en Estados Unidos con un sacerdote llamado Gilbert Gaouter, quien es llevado a juicio por abusar de nueve menores.
Sin embargo, durante el proceso llega a admitir que las víctimas en realidad son 37. Al final, Gilbert acepta su culpabilidad y recibe una condena de 20 años de prisión. Al dictar la sentencia, el juez le dice una frase que me parece muy acertada. “Tus crímenes contra tus víctimas han dejado una carga terrible sobre esos niños, sus familias y la sociedad.
De hecho, también sobre tu Dios y tu Iglesia. Puede ser que Dios en su infinita misericordia encuentre la forma de perdonar tus crímenes, pero la justicia no puede hacerlo. Y tampoco puede hacerlo la sociedad que tiene la obligación de proteger a sus miembros más indefensos y vulnerables, los niños. Quizás lo más grave de este caso es que se revela que el obispo y otros miembros de la diócesis ya conocían las denuncias en su contra desde años antes y aún así no hicieron nada.
Y la reacción del Vaticano es la misma. Silencio. Juan Pablo Segi no condena públicamente el abuso, no pide perdón a las víctimas y peor aún tampoco sanciona a los obispos que habrían ayudado en cubrirlo. Y uno podría pensar, bueno, quizá el Papa no se enteró personalmente del caso, pero según David Jallop esa explicación no se sostiene.
De acuerdo con su investigación, Juan Pablo asigna específicamente al arzobispo Pio Lagi para ir a Estados Unidos, seguir de cerca el caso de Gilbert y enviarle reportes de primera mano. Agi viaja acompañado del padre Thomas Doyle, quien además es abogado y puede ayudarlo a entender mejor las implicaciones legales del caso.
Pero mientras Doyal investiga se da cuenta de que Gilbert no es un caso aislado. Descubre que la iglesia ya cuenta con un centro en Maryland, el Instituto St. Luke, dedicado a tratar a sacerdotes con problemas de abuso carnal. Y el instituto está tan lleno que deja claro que el problema no es pequeño. Entonces, Doyle prepara un informe urgente.
Ahí explica qué es la pedofilia, cómo funciona, cómo se puede prevenir y cuántos sacerdotes en Estados Unidos podrían estar involucrados. Ese informe llega al arzobispo Lagyen John Crappell y según el propio testimonio de Croll, él mismo se lo entrega personalmente en la mano a Juan Pablo Segi. ¿Y cuál es la respuesta del Papa? Desestimar el problema.
Según la versión de Yadop, Juan Pablo II afirma que el abuso es un problema estadounidense, no una crisis dentro de la iglesia. Incluso un vocero del Papa llega a decir que Juan Pablo Segund no tiene tiempo para ocuparse de asuntos tan pequeños porque está concentrado en la paz mundial. Pero esa explicación se cae por todos lados.
Primero porque el Papa ya sabe que el abuso no es un problema exclusivo de Estados Unidos. Él mismo había lidiado con casos de abuso en Polonia. Segundo, porque aunque solo hubiera ocurrido en Estados Unidos, eso no lo vuelve menos grave. Y tercero, porque hablar de paz mundial mientras ignora la violencia sufrida por niños dentro de la propia iglesia resulta como mínimo contradictorio.
Pero según Yadob, Juan Pablo II no solo evita enfrentar el problema, también impulsa un cambio que termina suavizando las reglas para los sacerdotes acusados de abuso. Para entenderlo, primero hay que entender qué es el código de derecho canónico. Básicamente es el reglamento interno de la Iglesia. Ahí se establece qué puede hacer un sacerdote, qué no puede hacer y qué castigos puede recibir si rompe esas reglas.
Ese código no se había actualizado desde 1917 y con esa versión el castigo para un sacerdote que abusaba de un niño era mucho más claro. Debía ser suspendido y perder cualquier cargo o responsabilidad dentro de la iglesia. Pero durante el papado de Juan Pablo Segi, el código cambia y en la nueva versión la postura frente al abuso queda mucho más débil.
Ahora se dice que un sacerdote abusador debe recibir penas justas y si el caso lo amerita, puede ser expulsado del sacerdocio. Es decir, el abuso aún menor ya no aparece como una expulsión inmediata. La expulsión queda como una posibilidad dependiendo de qué tan grave se considera el caso. Pero, ¿qué clase de abuso contra un menor no sería lo suficientemente grave? ¿Por qué cambiar un lenguaje claro por uno más abierto a interpretación? Y con ese margen de interpretación, muchos de los casos que surgieron en los años siguientes terminaron manejándose de
forma clandestina. El proceso solía funcionar así. Como muchas víctimas venían de familias católicas, el primer impulso no era ir a la policía, sino buscar ayuda dentro de la iglesia. Normalmente acudían al obispo, pero si los papas querían llevar el caso a tribunales, los obispos intentaban convencerlos de no hacerlo.
Les decían que un juicio podía causar escándalo, dañar a la iglesia y supuestamente lastimar todavía más a las víctimas. Entonces, muchas familias terminaban aceptando acuerdos privados fuera de la corte. Recibían dinero, pero a cambio tenían que guardar silencio. Mientras tanto, el obispo prometía que se encargaría del sacerdote, pero muchas veces eso no significaba denunciarlo, expulsarlo o entregarlo a la justicia.
significaba moverlos a otra parroquia. Y en esa nueva comunidad donde nadie sabía lo que había pasado, los abusos podían repetirse. Sí, el caso era demasiado grave. Podían mandarlo a un centro de rehabilitación para sacerdotes como el de Maryland, pero eso no necesariamente significaba que quedara fuera de la iglesia.
A veces después de unos meses de tratamiento, lo mandaban de regreso al ministerio y el ciclo volvía a empezar. Al final, el John J Report, uno de los estudios más importantes sobre este tema, terminaría revelando que este sistema de encubrimiento dejó miles y miles de víctimas. Solo en Estados Unidos, entre 1950 y 2002, más de 4000 sacerdotes fueron acusados de abuso.
En Australia la cifra también supera los 4000. En Francia son más de 3,000, en Irlanda alrededor de 1300 y en Alemania cerca de 1500. Además, hubieron casos en México, Brasil, Colombia, Filipinas, Botswana, Ghana, Kenia, Italia, Polonia y muchos otros lugares del mundo. Pero entre todos estos casos hay algunos donde la intervención de Juan Pablo Segund parece mucho más directa, como en el del cardenal Hans Hermann Groer, arzobispo de Viena y amigo cercano del Papa.
Según Jadob, Groer acumula varias acusaciones de abuso contra jóvenes estudiantes. Los testimonios y evidencias apuntan a un patrón que habría durado años. Aún así, Juan Pablo II se resiste a quitarlo de su puesto, pero cuando la presión pública crece demasiado y defender a Groer empieza a dañar la imagen de la Iglesia, el Papa viaja a Austria y según Yallop, en vez de enfocarse en los abusos, regaña a los obispos por no haber controlado el escándalo.
Les dice que los crímenes de Grower no son nada comparados con el crimen de haber hecho públicos esos abusos. Además añade que así como toda casa tiene habitaciones especiales que no están abiertas a los invitados, la iglesia también necesita espacios privados que requieren discreción. Por todo esto, pareciera que para él el problema no es tanto lo que Groer hace, sino que el mundo se entere.
Para evitar que algo así vuelva a pasar, el papá impulsa una carta dirigida a todos los obispos del mundo donde les recuerda que si reciben denuncias de abuso deben manejarlas con la máxima confidencialidad dentro de la iglesia y que quien rompa ese secreto puede enfrentar castigos gravísimos, incluso la excomunión.
En cambio, los altos mandos que ayudan a tapar estos abusos gozarían de su protección, tal como sucedería con Timothy Manning y Bernard Law, mientras que otros como Roger Mahonny incluso terminarían siendo ascendidos de arzobispos a Cardenales por el propio Juan Pablo Segund. Mientras tras bambalina se intentan cubrir casos de abuso contra menores, frente al mundo se celebra la Jornada Mundial de la Juventud, un encuentro masivo donde miles e incluso millones de jóvenes se reúnen para celebrar su fe junto al Papa. Al ver el impacto de
estos encuentros masivos, Juan Pablo Segi decide ir más lejos. En 1986 convoca la Jornada Mundial de Oración por la paz en Así, Italia. Ahí reúne a líderes de distintas religiones, católicos, ortodoxos, protestantes, judíos, musulmanes, budistas, hindúes y otros más, para pedir juntos por la paz del mundo.
Para la Iglesia Católica, reunir a tantos líderes religiosos en un mismo lugar es un gesto enorme de apertura. Juan Pablo Segund muestra que, aún con creencias distintas, las religiones pueden convivir con respeto y unirse por una causa común. Pero el Papa lleva ese mensaje todavía más lejos. Antes del evento pide una tregua universal, es decir, que los conflictos armados se detengan al menos por un día y sorprendentemente varios grupos aceptan.
En lugares como Irlanda, Líbano, Nicaragua, Angola, Sudán, Colombia, El Salvador y Sri Lanka, distintos gobiernos y guerrillas acuerdan pausar sus ataques durante 24 horas. Con eso, Juan Pablo Segi refuerza la idea de que incluso en medio de diferencias políticas, religiosas o militares, siempre existe la posibilidad de detenerse y elegir la paz.
Mientras tanto, en Polonia el movimiento solidaridad sigue presionando al gobierno con paros y huelgas y llega un punto en que el gobierno polaco entiende que ni la ley marcial, ni el ejército, ni el apoyo de la Unión Soviética son suficientes para pagar el movimiento. La única salida es sentarse a negociar. Así nacen las mesas redondas, reuniones entre el gobierno comunista y los representantes de solidaridad.
Ahí acuerdan algo que hasta hace poco parecía imposible, convocar a elecciones parcialmente libres. Y en junio de 1989 pasa lo impensable. Solidaridad no solo gana, arrasa, consigue 99 de los 100 lugares del Senado y manda el mensaje clarísimo de que el pueblo polaco ya no quiere seguir bajo el comunismo. Poco después, Tadeus Masowiek se convierte en el primer jefe de gobierno no comunista detrás de la cortina de hierro y con eso el bloque soviético empieza a tambalearse.
Meses después cae el muro de Berlín y desde el Vaticano, Juan Pablo Segi ve cumplirse una de sus grandes batallas. El año 2000 se convierte en uno de los momentos más importantes de su pontificado con la celebración del gran jubileo. Un jubileo es básicamente un año santo para la Iglesia Católica, un tiempo especial de perdón y renovación espiritual.
Durante la cuaresma del 2000 pide perdón por pecados cometidos por miembros de la Iglesia y menciona heridas históricas como la Inquisición, las cruzadas, el maltrato hacia las mujeres y el silencio de muchos cristianos durante el holocausto. Ese mismo año viaja a Tierra Santa y en Jerusalén visita el muro de los lamentos, donde deja una oración pidiendo perdón por los pecados cometidos contra el pueblo judío.
También impulsa una campaña internacional que logra aliviar o cancelar alrededor de $100,000 millones de dólar de deuda para 39 países pobres. Sin embargo, para este momento la salud del Papa ya está muy deteriorada. Se confirma que padece Parkinson, una enfermedad del sistema nervioso que poco a poco afecta el movimiento, provoca temblores, rigidez y puede hacer que caminar o hablar se vuelva cada vez más difícil.
Y así el 2 de abril de 2005, a los 84 años, Carol Wtila muere. Días después, la plaza de San Pedro se llena de reyes, príncipes, presidentes y personas de todo el mundo para despedirlo. Ese mismo año, Benedicto 16 inicia el proceso para convertir en santo a Juan Pablo Segi, algo que llama la atención porque normalmente la Iglesia espera al menos 5 años tras la muerte de una persona.
Pero el Vaticano argumenta circunstancias excepcionales. Para algunos esto ocurre porque millones de personas querían verlo santo cuanto antes. Para otros la rapidez también dejan menos espacio para discutir las partes más incómodas de su papado. Finalmente, en 2014, Juan Pablo Segund es declarado santo en una misa presidida por el Papa Francisco y acompañada por Benedicto X.
Con eso, la Iglesia parece cerrar su historia con una sola palabra: santidad. ¿Y tú qué piensas? ¿Crees que lo santificaron genuinamente porque la gente lo quería o por algo más? Algo que percibí como una constante en su vida fue ponderar la oración y la fe sobre la acción. Obviamente esto no invalida todo lo que hizo por su religión para nada.
Creo que como el resto de los papas aportó su granito de arena para que la imagen de la iglesia, su mensaje y su impacto se extendiera. Solo me quedó ese sabor extraño de sentir que cuando tuvo la oportunidad de cambiar cosas que estaban mal, en ocasiones pareció inclinarse más por la pasividad que por la acción.
Solo él sabe sus razones y aunque no necesariamente comparto todas sus decisiones, estoy seguro de que tuvo motivos para pensar que estaba haciendo lo que creía correcto. No sabemos si fue por voluntad propia o por influencia de otras fuerzas dentro de la institución, pero es una realidad que durante su mandato hubo situaciones en las que la Iglesia optó por la omisión.
Lo que yo pienso al respecto es que si bien la fe mira hacia Dios y tiene una dimensión espiritual, tampoco puede desentenderse por completo de lo que ocurre en la vida real. La misma Biblia lo plantea en la carta de Santiago. Dice, y cito, “Hermanos míos, ¿de qué sirve que alguien diga que tiene fe si no lo demuestra con acciones? ¿Acaso esa fe puede salvarlo?” Si un hermano o una hermana no tienen ropa y no tienen que comer cada día y uno de ustedes les dice, “Vayan en paz, abríguense y coman bien, pero no les da lo que necesitan
para vivir, ¿de qué sirve?” Así también pasa con la fe. Si no tiene obras, está muerta en sí misma. Cierro cita. Y el mismo Jesús vivía ese mensaje. Hablaba de oración y de vida eterna, pero también sanaba enfermos, escuchaba a los marginados y defendía a los más vulnerables. Las creencias, los ideales y las instituciones cumplen un papel importante para muchas personas.
Sin embargo, siempre me ha parecido que una parte de su significado también se refleja en la manera en que influyen en la vida de quienes las rodean. Tal vez por eso creo que mirar hacia algo más grande nunca tiene por qué estar peleado con mirar y atender a quienes tenemos enfrente.