Posted in

Las MU3RTES más BRUTALES en la HISTORIA del Boxeo, NADIE habla de ellas..

El boxeo es conocido como el deporte de los valientes, un escenario donde los guerreros suben al cuadrilátero a darlo todo, conscientes de que cada golpe puede ser el último. nos ha regalado noches épicas y campeones inmortales, pero también tiene un lado oscuro que muy pocos quieren mirar de frente, el de aquellos peleadores que no regresaron a casa después de una pelea, los que dejaron su vida en el ring persiguiendo un sueño.

Hoy vamos a repasar algunos de esos casos que marcaron la historia del boxeo con sangre y dolor. Tragedias que cambiaron reglas, conmocionaron al mundo y nos recuerdan que detrás de cada combate hay un riesgo real. Y para empezar tenemos que hablar de uno de los episodios más recordados de todos los tiempos, el de Benny Kid Paret.

Era un boxeador cubano que en los años 60 se había convertido en una figura importante de los pesos welter, campeón del mundo y un verdadero ídolo. En marzo de 1962 se enfrentó por tercera vez a Emil Griffit en una pelea transmitida en vivo por televisión, algo que aumentaba todavía más la presión. Durante el combate, Griffith conectó una combinación brutal de más de 20 golpes consecutivos sin que el árbitro detuviera la acción, hasta que Pared cayó inconsciente contra las cuerdas.

Fue trasladado de urgencia al hospital, pero nunca volvió a despertar y falleció 10 días después. Esta tragedia no solo marcó al boxeo, también a Griffit, que cargó con la culpa toda su vida y obligó a que se revisara la seguridad en las transmisiones televisivas de la época. El caso de Paret fue el primero que mostró a millones de personas alrededor del mundo que en el boxeo más allá de la gloria también se esconde la muerte.

20 años después de la tragedia de Benny Pared, el boxeo volvió a vivir uno de sus capítulos más oscuros con el caso de Duke Kuu Kim, un joven surcoreano que representaba la esperanza de su país en el peso ligero. Kim no era una estrella mundial ni mucho menos, pero había demostrado un coraje descomunal en sus peleas previas, lo que le valió la oportunidad de disputar el título contra el campeón Ray Boom Boom Manzini el 13 de noviembre de 1982 en Las Vegas.

Desde el inicio quedó claro que no iba a ser un combate sencillo. Kim no tenía la técnica más pulida, pero compensaba cada carencia con una resistencia increíble y un corazón que parecía no conocer el miedo. Mancini, por su parte, era un joven ídolo estadounidense con un estilo agresivo y una pegada demoledora y juntos ofrecieron un espectáculo tan brutal como desgarrador.

Round tras round, Kim absorbió un castigo que hubiera tumbado a cualquier otro, pero seguía de pie, devolviendo golpes y negándose a ceder. El combate llegó hasta el dearto asalto, algo que ya en esa época comenzaba a ser cuestionado por lo extenuante y peligroso que resultaba. Fue entonces cuando Mancini logró conectar una combinación letal que envió a Kim al suelo inconsciente.

Lo trasladaron de inmediato al hospital donde los médicos diagnosticaron una hemorragia cerebral. A pesar de los esfuerzos, falleció 4 días después. La tragedia tuvo un impacto devastador. La madre de Kim, incapaz de soportar el dolor, se quitó la vida poco después y el árbitro del combate, Richard Green, también terminaría suicidándose meses más tarde por la culpa que arrastraba.

Mancini, aunque no tuvo responsabilidad directa más allá del deporte, nunca pudo escapar de la sombra de aquel combate que lo marcó emocionalmente para siempre. Este caso fue tan fuerte que obligó a un cambio histórico en el boxeo. Las peleas de campeonato pasaron de 15 a 12 asaltos para reducir riesgos. Se endurecieron los controles médicos y se reconoció que los boxeadores no solo exponen su cuerpo, sino también su vida cada vez que suben al ring.

La muerte de Duke Kukim no solo acabó con la carrera de un joven guerrero, también transformó para siempre las reglas del boxeo. En 1947, el mundo del boxeo quedó sacudido por una de las tragedias más recordadas y simbólicas de este deporte, la muerte de Jimmy Doyle, un joven pugil de apenas 22 años que había nacido en Los Ángeles y que desde niño había tenido que luchar contra la pobreza y la discriminación para poder abrirse camino en el cuadrilátero.

Doyil ya arrastraba advertencias médicas serias por problemas de salud que ponían en duda su capacidad para seguir compitiendo, pero aún así tomó el riesgo de subirse al ring contra el mejor peleador de su tiempo, el legendario Sugar Rey Robinson, en lo que era una oportunidad única por el título mundial de peso welter.

La pelea se disputó en Cleveland y desde el inicio quedó claro que Robinson dominaba con su rapidez, precisión y un estilo que parecía de otro planeta. Mientras que Doyle, valiente intentaba responder como podía. El combate se prolongó hasta el octavo asalto, cuando Robinson conectó un derechazo brutal que mandó a Doyle a la lona de forma dramática, dejándolo inconsciente.

Lo que pocos sabían en ese momento es que Robinson había tenido una pesadilla días antes, donde soñaba que mataba a su rival arriba del ring y había incluso pensado en cancelar la pelea, pero fue convencido de seguir adelante, algo que lo atormentaría por el resto de su vida. cuando vio que ese sueño se cumplía de la manera más cruel.

Doyle fue trasladado al hospital con una hemorragia cerebral, pero nunca recuperó la conciencia y falleció horas después, dejando al boxeo en estado de shock. Robinson, profundamente conmovido, donó toda su bolsa de la pelea para ayudar a la madre de Doyle a comprarse una casa. Un gesto noble que intentó dar algo de alivio en medio de la desgracia.

Este episodio no solo marcó para siempre la carrera de Robinson, que nunca pudo olvidar aquella noche, sino que también dejó una advertencia clara sobre los riesgos del boxeo. En una época en la que las revisiones médicas eran mínimas, los promotores presionaban a los peleadores a aceptar combates aún en malas condiciones y donde muchas veces los sueños de gloria terminaban en pesadillas irreversibles.

En 1962, el boxeo volvió a teñirse de luto con la tragedia de Benny Kid Paret, un talentoso pugil cubano que había emigrado a Estados Unidos buscando un futuro mejor y que ya era campeón mundial de peso welter cuando se enfrentó a Emil Griffith en el Madison Square Garden de Nueva York. La pelea estaba cargada de tensión, no solo deportiva, sino también personal, porque en la previa pared había lanzado comentarios despectivos hacia Griffit, que lo hirieron profundamente en una época en la que la homofobia era un tema delicado y peligroso. Desde el inicio se

notó que Griffit subió al ring con un fuego interno distinto con la determinación de castigar a su rival. Durante los primeros asaltos, la pelea fue pareja, pero en el duodécimo round, Griffith desató una andanada brutal de más de 20 golpes consecutivos mientras Paret estaba acorralado en las cuerdas sin posibilidad de defenderse.

El árbitro Ruby Goldstein dudó en detener el combate porque Pared todavía estaba de pie, pero esa demora resultó fatal. El cubano se desplomó en la lona y fue llevado de urgencia al hospital, donde se descubrió que había sufrido un daño cerebral irreversible. Entró en coma y falleció 10 días después, a los 25 años de edad.

Read More