¿A quién le importa lo que yo haga? ¿Dónde está nuestro error sin solución? Todo terminó entre ellos de repentré. Yo creo que ya vamos a dejarnos de los clichés porque es así, tiene que ser así y punto. Bienvenidas y bienvenidos a Cocicultura de Herberín. Hoy, como siempre, no traemos un chisme, traemos una avalancha de maquillaje, traiciones, tacones de aguja y hinos que hicieron temblar a toda una generación.
Prepárense porque vamos a desenterrar la historia no autorizada de una banda que no solo marcó época, la destrozó con estilo y la volvió a armar en techicolor. No sé, no sé, no sé, no sé. ¿Sabían que uno de los iconos más potentes del pop en español nació en México, se transformó en Madrid y se convirtió en una leyenda global vestida de negro con rastas de colores y voz de tercio pelo venenoso? Pues sí, hoy vamos a recorrer el ascenso, el escándalo y la resurrección de Alaska y Dinarama, el trío más glamoroso, polémico y
revolucionario que pisó un escenario en los 80. Lo hacemos por eso, porque hacemos todo lo que nos gusta. Por eso, desde peleas internas que acabaron en canciones con dedicatoria pasivo agresiva hasta giras en las que Alaska descubrió el inframundo mexicano y decidió convertirse en edad Sabor por voluntad propia.
Esta historia tiene de todo. Brillantinas, lentejuelas, lágrimas, visturí, vinilo y hasta exorcismos sociales. Así que no le cambies, no le bajes y suscríbete al canal porque aquí contamos las historias como deben contarse, sin filtros, con música de fondo y con el veneno exacto para que sepa sabroso. Porque yo a pesar de las apariencias no soy nada bruja.
Dale like, activa la campanita y prepárate para revivir los mejores y peores momentos de una banda que hizo historia gritando desde la pista de baile a quien le importa lo que yo haga. Y es que amigos, si uno quiere entender por qué Alaska y Dinarama se convirtieron en leyenda, primero tiene que viajar a esa España que apenas se sacudía los últimos temblores del franquismo.
Imagínate el escenario, jóvenes hartos de lo gris, el miedo y la represión, buscando a gritos una identidad nueva, un sonido que los representara y, claro, una buena excusa para vestirse como les diera la gana y gritarle al mundo que ahora sí se podía vivir sabroso. era especial en su en su imagen, su forma de vestir, su forma de fue abriendo un camino en ese estilo, ¿no? En medio de todo eso nació la movida madrileña, un movimiento cultural que no solo le dio color a los 80 españoles, sino que soltó una ola de libertad artística como no se había
visto antes. Cine, literatura, cómics, televisión, moda y, por supuesto, música, todo explotando al mismo tiempo. Y sí, los políticos socialistas lo aprovecharon para presumir modernidad. Pero los que se rifaban eran los chavos, los artistas, los que no le tenían miedo a ser diferentes.
Ojo negro, pelo negro, e aquella época de oscuro, ¿no? Y ahí, en esa marea de pelos parados, medias rotas y maquillaje hasta las cejas, aparece ella, María Olvido Garajova, una morrita mexicana nacida en el 63, hija de exiliados españoles que a los 10 años ya estaba viviendo en Madrid y soñando con cambiar el mundo o al menos con sonar en la radio.
Pero eso de llamarse olvido no le latía nadita y todo porque participaba haciendo traducciones para un magazín juvenil muy underground, pero con el detalle de que no quería usar el nombre de olvido. Pero una fantasía infantil, ¿no? Como ahora me voy a llamar Alaska, pero no me podía imaginar que sí me iba a llamar Alaska. Y entonces, amigos, como buena inventora de sí misma, se puso Alaska, inspirada en una canción que le sonaba más a libertad que a frío.
Desde morrita, Alaska era un torbellino de rareza. A los 12 ya se juntaba con puros fancineros y punks de corazón, de esos que preferían una guitarra mal afinada y un buen grito antes que andar derechitos. Así nació Caca Deluxe, la banda más cochambrosa y encantadora de la historia ibérica, donde Alaska no cantaba, tocaba la guitarra.
Imagínate el cuadro, chamacos con más actitud que técnica, montando el escándalo con letras provocadoras y una energía que parecía de otro planeta. Solo pienso en ti, Murtiana. Aunque caca de look duró poco, fue como una semillita que germinó en un montón de bandas. De ahí salieron piezas claves para lo que vendría después. Alaska no paraba.
tenía hambre de música, de escándalo, de ponerle cara a la nueva España y justo cuando caonaba, ya estaba maquinando su próximo paso. Porque si algo tenía claro esta mujer era que la reinvención no se pide, se impone. Y su descaro, diría yo, era un poco descarada con la vida, ¿no? Muy atrevida y como que rompía norma.
Y así con peinados imposibles, ideas propias y un glamour que parecía sacado de una película Kitch, Alaska se preparaba para lo que sería su verdadera revolución musical, aunque todavía no lo sabía. Después del caos organizado que fue caca de luxe, Alaska se dio cuenta de que la guitarra estaba chida, pero lo suyo era estar al frente con el micrófono en la mano y el escote en alto.
Así nació Alaska y Los Pegamoides, una banda que agarró lo punk, lo pop y lo teatral y lo revolvió en un cóctel musical bien potente, lleno de ritmo, letras delirantes y una imagen que dejaba a muchos con la boca abierta. Entre ellos a mi tía la persinada. Bailando, me pasó el día bailando. Con ello se armó el primer trancazo de su carrera.
Canciones como quiero ser un bote de colón y otra dimensión los pusieron en la mira del público más alternativo, ese que se escapaba de clases para irse a revolcar en los bares Underground de Madrid. Pero como suele pasar en los grupos con muchas cabezas creativas, el ego se les empezó a salir por las costuras. Discrepancias por aquí, cansancio por allá y una disquera que ya no les tenía fe.
El fin de los pegamoides se venía cocinando a fuego lento y ahí es donde notas las diferencias entre cómo quieren trabajar unos miembros del grupo, qué tipo de expectativas tienen. Y la neta, para 1982, Alaska ya olfateaba que eso era una crónica de una muerte anunciada. Y mientras ella buscaba si lanzarse como solista o armar otra banda, Carlos Berlanga y Nacho Canut, sus carnales musicales, ya se andaban inventando un nuevo proyecto, Dinarama, un grupo que soñaba con sonidos más funky, más chic, más elegantes, pero el problema era que no daban con la vocalista correcta.
Ellos iban de auténticos, eran panquis y un punky no se va a su casa sin haber dado un escándalo. Hicieron castings, probaron voces, pero algo faltaba. Alaska, por su parte, no andaba convencida de nada. Hasta se metió a ensayar con PvP, una banda de rock más duro, pero aquello no cuajó. Fue entonces cuando apareció el manager que le soltó la bomba.
¿Y si vuelves con Nacho y Carlos? Al menos ya se conocen. Y aunque a Alaska no le latía mucho la idea, terminó cediendo. No era el proyecto de sus sueños, pero puso al fin y al cabo eran sus cuates y además la neta no tenía otro plan. Aquí no es un problema de ser ambicioso o no serlo, sino de tener el mismo tipo de ambición en un momento dado.
Y mira tú qué vueltas da la vida. Lo que empezó como una simple colaboración terminó siendo el Renacimiento Glaska, ahora con todos los reflectores encima. Ispaox, la disquera fue clarita. Si iban a sacar un disco, tenía que decir Dinarama más Alaska en la portada. ¿Por qué? Porque Alaska ya era marca registrada, ya vendía, ya atraía.
Aunque a los muchachos el nombre les parecía feo y medio impuesto, no les quedó de otra. Las chicas en lo de la música son exactamente igual que los chicos. A los pocos meses, el nombre evolucionó a lo que todos conocemos, Alaska y Dinarama, y ahí sí se desató el relajo. Con la imagen potente de Alaska al frente, las letras afiladas de Carlos y el toque musical de Nacho, la fórmula estaba lista.
Todavía no lo sabían, pero estaban a punto de convertirse en los emperadores del popérico. Cuando por fin se formalizó el trío explosivo de Alaska, Carlos Berlanga y Nacho Canut, ya nada fue igual. Con la banda rebautizada como Dinarama más Alaska, se armó una alineación bastante sabrosona. Johnny Canut en la batería, Javier de Amesúa al saxofón y como coristas y bailarines, los escéntricos Mavi Margarida y Javier Furia.
La cosa parecía sacada de una película musical Underground con tintes de cabaret delante a las que y eran así propuestas así como más valientes. Pero la joyita escondida de ese arranque fue que Carlos Berlanga andaba haciendo el servicio militar justo cuando el primer disco se estaba cocinando.
Así que su lugar en la guitarra lo ocupó Ángel Altolaguirre mientras Alaska se echaba más canciones de las que tenía planeado. resultado un disco debut raro, desordenado, pero con sabor, titulado Canciones profanas. Desde la portada hasta los arreglos, todo gritaba que esto no era un grupo cualquiera, era una declaración de independencia.
[Música] Parte mi vida por la Ese primer álbum con una mezcla entre lo gótico, lo p decadente y lo teatral tenía de todo. Letras sobre la diosa Cali, coros en plan misa pagana y melodías que se te pegaban aunque no quisieras. No fue un exitazo instantáneo, pero sí marcó el tono. Esto era arte con provocación, con maquillaje corrido y botas hasta la ingle.
Evaluación, explotación. Al regreso de Berlanga del Ejército, el grupo se formalizó por completo y adoptaron finalmente el nombre Alaska y Dinarama, ya sin intermediarios ni signos raros. Fue entonces cuando el sonido y la imagen empezaron a alinearse con lo que serían los años dorados del grupo. Claro, no sin jaloneos.
Ya no somos un grupo espontáneo ni nada de eso. Además, arreglos son muy convencionales. Claro. A nivel interno, el grupo tenía su propio universo de egos, tensiones creativas y drama bien sazonado. Alaska ya no era una simple cantante, era un icono y eso generaba un desequilibrio en el escenario y en las decisiones.
Pero, ¿sabes qué? También era la magia del asunto. Cada quien aportaba lo suyo. Carlos, el artista romántico y dolido, Nacho, el genio musical frío y sarcástico. Y Alaska, la bomba atómica que lo detonaba todo con una mirada, un corset o una frase dicha con veneno. No, somos tres personas que tienen gustos y eso se ve reflejado. Para 1984 ya estaban listos para lanzar el trancazo que cambiaría todo.
deseo carnal, un disco que no solo los pondría en la cima del pop español, sino que les abriría las puertas del mercado latinoamericano. Y aunque la cosa pintaba color de rosa por fuera, por dentro ya se empezaban a cocinar las primeras grietas del glamour, porque cuando mezclas fama, giras, egos y maquillaje corrido, lo que se derrite no siempre es solo el rímel.
Fue un momento de muchísimo éxito en España y se convierte en un momento en que ese éxito se expande, ¿no? Pero amigos míos, lo que se cocinó entre 1984 y 1986 fue una receta casi perfecta. Se armó un tridente infalible, Alaska como la diva total, imagen y voz icónica. Nacho Kanut como el cerebro musical frío que sabía usar los sintetizadores como Visturí y Carlos Berlanga, el alma atormentada que escribía letras entre la ironía y el dolor.
Todo eso acompañado de músicos de apoyo que le daban potencia al escenario. Juan Carlos Aured en batería, que con el tiempo fue reemplazado por cajas electrónicas bien ochenteras y Luis Migueles en la guitarra que se quedaría como parte esencial del combo. carnal. Pero no todo era miel sobre ojuelas con brillantinas.
Marcos Mantero y Toti Arbolés, miembros clave en los primeros años, salieron del grupo por broncas internas. El éxito empezaba a pasar factura. Las giras eran intensas, los reflectores pesaban y las decisiones creativas se volvían peleas de camerino. También ahí chocan los caracteres, la manera de tratar a la gente con la que trabaja y hay gente que triunfa y se vuelve como m En los camerinos había gritos, en el escenario había magia y en los charts, bueno, ahí Alaska y Dinarama ya comenzaban a arrasar.
El siguiente disco que sacarían no sería solo un álbum, sería una bomba de deseo, drama y pop sin censura. Después del experimento gótico experimental de canciones profanas, que aunque no fue un trancazo comercial, si dejó claro que Alaska y Dinarama no venían a cantar bobadas, la banda tenía que dar el siguiente paso y lo dieron con tacones de aguja, pelucas imposibles y sintetizadores a tope.
Es la escena internacional que se debería preocupar la escena muchísimo por vosotros. debería preocuparse muchísimo por vosotros porque ese paso se llamó Deseo carnal en 1984, un álbum que vino a sacudir las listas de ventas, los programas de televisión y, claro, a las familias conservadoras que no sabían si cambiarle al canal o prenderle una veladora al radio.
El disco fue producido por Nick Patrick, un inglés que entendía el sonido moderno que Alaska y Compañía querían. Un Technop con filo, sensualidad y letras con veneno. Y vaya que le dieron al clavo. ¿Cómo pudiste hacerme esto así? [Música] Desde que sonó el primer sencillo, ¿cómo pudiste hacerme esto a mí? Todo el mundo supo que la cosa venía fuerte.
La rola era un dramón hecho canción, traición, dolor, despecho, pero con ritmo pegajoso, coros cantables y una alasca que parecía gritarte desde la pista de baile con una lágrima negra en la mejilla. El tema se trepó al número uno y no se bajó en semanas. Luego vino el segundo sencillo, ni tú ni nadie. Y ahí sí se armó el fenómeno pop.
Era una canción redonda, poderosa, con un estribillo que se te metía en el alma y no te soltaba. Nadie, nadie puede cambiarme. La gente la cantaba en los discos, en los taxis, en los recreos escolares. Hasta las tías la tarareaban sin saber si era pecado. El disco entero se volvió oro, platino y lo que le siguiera.
En España vendieron más de medio millón de copias y en Latinoamérica, especialmente en México, arrasaron. Deseo carnal fue un parteaguas. La banda dejó atrás el rollo oscuro de canciones profanas y se entregó al brillo del pop más glamuroso, sin perder la ironía ni la crítica. La estética era puro arte ochentero, peinados monumentales, trajes de charol y alaska más diva que nunca.
Ya no era solo una cantante, era una figura, un símbolo y con ella venía toda una generación que decía, “Ya basta de lo de antes.” Se fue colando poco a poco como la humedad y ya todo el mundo escuchaba laca. Después de reventarla con deseo carnal, muchos pensaban que Alaska y Dinarama iban a quedarse en esa fórmula.
Pop pegajoso, letras intensas y estética de revista de moda punk. Pero no, carnalitos. Esta banda no le temía al cambio y en cada disco se notaba que querían seguir experimentando, incomodando y evolucionando. Entonces, nosotros llegamos aquí al aeropuerto y había gente con pancartas esperándonos. Eso no nos lo podíamos imaginar.
Para 1986 llegó No es Pecado, un disco que mantuvo la línea del pop electrónico, pero con un sonido más internacional, con guiños al disco, al soul y a ese toque Mown que Carlos Berlanga adoraba. Pero también fue el disco del conflicto. Alaska ya no estaba dispuesta a cantar letras que no sentía y Carlos Berlanga se fue sintiendo desplazado poco a poco.
De hecho, en este álbum él ni siquiera participó en la grabación. Sin embargo, No es pecado, trajo uno de los mayores himnos en la historia del pop en español, a quien le importa. Con una letra frontal, desafiante, libertaria, se convirtió en bandera de la comunidad LGBT y en grito de guerra para todo el que alguna vez se sintió fuera del molde.
Esta rola sola justifica todo el disco. Es una canción de un estilo que se llama High Energy, que es un disco que eh es un estilo que se creó para las discotecas gays en aquel momento, que era la música que nosotros escuchábamos. ¿A quién le importa lo que yo haga? En 1987 salió 10, un álbum que no fue tan celebrado en España, pero sí encontró mejor recibimiento en México y el mercado latino.
Fue una mezcla rara, temas nuevos, versiones, caras B, todo con un sonido másquero y con el grupo explorando los primeros coqueteos con el sring. Ya se notaba que algo estaba cambiando. El trío original estaba fracturado, pero el dúo Alaska Nacho se fortalecía. El rey del clan. Luego llegaría Fan Fatal en 1989, el disco que selló el final de Dinarama, pero que también puso la primera piedra de lo que sería fangoria.
Aquí ya se notaba un sonido más aserhouse, más industrial, con scratches, loops, samplers y una Alaska más imponente que nunca. El grupo ya no quería repetir fórmulas. Querían ir más allá, aunque eso implicara cerrar el ciclo. Cada disco fue como una etapa de mutación. Desde lo oscuro y teatral de canciones profanas, el pop total de deseo carnal, la rebeldía con ritmo de no es pecado y la experimentación de fan fatal, Alaska y Dinarama no fueron una banda de hits, fueron una máquina de reinvención.
Mientras todos querían sonar bonitos en la radio, ellos estaban en Londres buscando vinilos de House o escuchando a los Pat Shop Boys con Nupa. No todos entendieron sus cambios, pero el tiempo les dio la razón. Se adelantaron a su época y dejaron escuela. Hay canciones que suenan en la radio Villá, pero hay otras que se clavan en el ADN colectivo, que se cantan a grito pelado en bodas, antros, conciertos y hasta en marchas.
Y Alaska y Dinarama hicieron de eso su especialidad, componer himnos que se convirtieron en bandera de miles, que éramos mar todas y punto. Y era nuestro mundo. Y cuando no estabas bailando en el Oclock, estabas en el Centauros viendo espectáculos de Travestis. nuestro mundo. Desde los primeros sencillos, como bailando, el grupo ya traía ese toque de magia rara que te hacía mover los pies, aunque la letra no tuviera mucho sentido.
Pero no fue hasta Do carnal que llegaron los verdaderos trancazos de estadio. Ya hablamos de ni tú ni nadie y cómo pudiste hacerme esto a mí, que no solo dominaron las listas, sino que se metieron en la vida emocional de millones de personas. Pero la joya de la corona, sin duda, es a quién le importa. Compuesta por Carlos Berlanga y Nacho Canut, la rola fue un terremoto con su letra directa, sin filtros, con ese yo soy así y así seguiré.
Nunca cambiaré, se volvió el himno de los que no encajaban, de los que estaban hartos de fingir. En 2010, la revista Rollingstone España la colocó entre las 200 mejores canciones del Poprock en español y en 2017 fue elegida como el himno oficial del World Pride Madrid. que yo haga así de poderosa. Otro gitazo fue Rey del Glam, un homenaje musical que combinó ironía, lujo y decadencia con un toque de loquillo y Jaime Urrutia en los coros.
Fue tan bien recibida que hasta se reversionó en clave Madana Sto para el disco 10. Y luego vino Mi novio es un zombie. Un tema que aunque provocó peleas internas, sí, Carlos Berlanga ya estaba que echaba humo por no haber sido tomado en cuenta, se convirtió en un éxito de culto. Y miren, carnalitos, después de los trancazos que fueron deseo carnal y no es pecado, era obvio que la banda no se iba a quedar en el estudio esperando a que los fans vinieran. No, señor.
Se lanzaron al ruedo con giras de esas que hacen historia y también hacen pedazos a los grupos. La primera gran gira arrancó tras el éxito de Bailando, ya en la transición entre pegamoides y Dinarama. Fue por toda España, en plazas, ferias y auditorios llenos de fans maquillados hasta los dientes que solo querían ver a Alaska en vivo.
Pero también fue la época en la que Carlos Berlanga empezó a alejarse de los escenarios, dejando a Víctor Coyote en su lugar en más de una ocasión. Y yo en cambio pasaba totalmente. Yo estaba así en plan más vainquero, digamos. A mí lo de lo de el rollo sian de bases y todo eso nunca me gustó, pero la verdadera bomba vino después de deseo carnal cuando armaron una macrogira veraniega con más de 100 fechas por toda España. 100 conciertos en una temporada.
Y no solo fueron shows, eran eventos que parecían desfiles de moda con luces estroboscópicas, humo, lentejuelas y fans gritando como si se les fuera la vida. Alaska ya no era una cantante, era una deidad glam y andrógina que lo dominaba todo con solo pararse frente al micrófono. Y claro, el éxito cruzó el charco.
En América, sobre todo en México, reventaron fuerte. Las giras se volvieron más largas comparadas en ciudades donde los fans lloraban solo de verla llegar al escenario. Pero no todo era aplausos y champaña. Durante la gira de No es pecado, justo en el clímax de su popularidad en América, el tour los llevó a Mazatlán.

en plena crisis económica donde el dólar se había ido al cielo. Y ahí en medio del caos, Alaska vivió una experiencia que marcaría su vida para siempre. conoció el inframundo mexicano. El oficio más antiguo del mundo, bares clandestinos, chicas de alterne y cirugías clandestinas se le aparecieron como una especie de revelación kit, una mezcla entre decadencia y fantasía que la impactó profundamente.
No le es fácil encontrarse con otra cultura, con un país que no era tan colorido como el México que yo conocía. Fue ahí donde, según contó después, empezó a imaginarse como una bedet reinventada, una muñeca postmoderna con silicona y corset. Y esa imagen no se quedó en su cabeza, se convirtió en parte de su identidad escénica y estética desde entonces.
La última gira del grupo fue disco inferno en 1989, un título que parecía presagio, luces, sintetizadores y un grupo que ya no era el mismo. La banda estaba en la cuerda floja emocionalmente. Las giras los unían en escena, pero lo separaban fuera de ella. Ojalá que dinaram somos nosotros dos más nuestro amigo Carlos Berlanga.
Y aunque el glamur brillaba sobre el escenario, detrás había cansancio, frustración y un desgaste que ya no se podía maquillar con delineador negro. Y chequen esto, bandita. Así como llegaron a lo más alto con tacones y maquillaje de guerra, también se empezaron a desmoronar a lo grande con gritos, portazos y letras envenenadas.
Lo que pasa cuando juntas tanto talento, tanto ego y tantos años de gira es que la bomba explota. Y eso fue lo que pasó con Alaska y Ginarama. Yo yo quiero tener mi estilo y quiero hacer mi disco y quiero controlarlo todo. Desde el arranque, Alaska nunca estuvo 100% convencida de entrarle a Dinarama. Lo hizo por lealtad, por cariño y porque no había muchas opciones.
Pero el grupo era una olla de presión. Mientras Alaska se convertía en icono pop mediático, Carlos Berlanga sentía que su espacio se achicaba, que sus letras eran modificadas, que su voz ya no contaba. Y no era paranoia en No es pecado. Carlos ni siquiera participó en la grabación. Alaska cantó todo el disco. Los pleitos ya no se quedaban en el estudio, se iban directo a la prensa, a las entrevistas, a las dedicatorias pasivo agresivas en discos.
Carlos decía que a Olvido no le gustaba cómo quedaban sus voces juntas y que prefería callar antes que seguir peleando. El último disco fan fatal, pues a mí me gusta mucho, es un disco que está muy bien, pero había canciones que no eran mías y yo, desgraciadamente para la música soy muy dictador y quiero hacerlo todo. [Música] La tensión explotó en 1987.
Carlos ya no componía con la misma intensidad y Alaska y Nacho decidieron meter canciones de los vegetales, el grupo de los hermanos Canuto. El colmo para Carlos fue cuando eligieron como sencillo principal, “¡Mi novio es un zombie”, tema que ni había salido de su puño ni de su visión artística.
Ese fue el punto de quiebre definitivo. Carlos se fue, no con flores ni abrazos, se fue con reclamos, con silencios dolorosos y con una herida que tardaría años en sanar. Y con él se fue también una parte del alma melancólica y poética del grupo. Pero las broncas no pararon ahí. La relación con Ispabox, su disquera, también se fue al hoyo.
Después del bajón de ventas de No es pecado, los relegaron a segundo plano. Alaska contaba que una vez lo sacaron del estudio para darle prioridad a una azafata de televisión que quería grabar un disco. Se sintió como la última miércoles, así más o menos tal cual lo dijo. Cosa detrás de otra, no es lo natural, no paras nunca, sacas un disco detrás de otro, luego tocas, siempre estás ahí.
A lo mejor a veces le gustas más al públic y por si fuera poco, el look de Alaska causaba escándalo por sí solo. Rastitas de colores, maquillaje que parecía obra de arte moderno, ropa de cuero futurista, era demasiado para la España ochentera. Se decía de todo, que era hombre, que era travesti, que se maquillaba para parecer fea.
Alaska respondía con puro estilo, me veo guapa así y punto. La portada de Noé pecado fue censurada en México, pero el reemplazo era todavía más provocador. La banda vivía envuelta en polémicas hasta cuando se quedaba callada, pero ya el encanto colectivo se había roto. Ya no eran un trío, sino un dúo con un fantasma creativo merodeando.
Y aunque aún quedaban discos y giras, la historia de Alaska y Dinarama como se conocía ya estaba tocando a su fin. Las modas que vienen vivan porque tú cuando Alaska y Dinarama dieron su último concierto en 1989, no hubo lágrimas en el escenario ni anuncios teatrales. Fue un cierre silencioso, pero inevitable, como cuando una relación se enfría y ya ni siquiera vale la pena discutir.
Lo anunciaron en el programa Rock andan Bole, casi como quien avisa que ya no va a regresar con el ex y se acabó. Pero eso no significaba que Alaska y Nacho Canut se fueran a jubilar. Al contrario, con el impulso electrónico que ya traían desde fan fatal, decidieron dar el siguiente paso en su evolución mutante, crear un nuevo proyecto llamado Fangoria.
La idea, hacer música como les diera la gana, sin tener que quedar bien con nadie, sin coristas, sin berlanga, sin obligación de sonar comercial. Bueno, el impacto este de la música de baile que tú dices, yo esto no lo entiendo porque nosotros desde que hemos empezado pues empezamos en esto por lo de la música de baile, así que no es nada nuevo para nosotros.
Vamos, es lo que nos ha gustado siempre desde hace pues 15 años, así que no nos ni nos sorprenden ni nos hac Y ahí empezó la etapa más experimental, descarada y liberada de Alaska. El primer disco de Fangoria, Salto Mortal, fue una especie de declaración de principios. Nada que ver con el pop tradicional. Era oscuro, bailable, con samples letras rarísimas y estéticas cyberpunk.
Pero como suele pasar con todo lo que rompe esquemas, al principio nadie lo entendió. Las grandes disqueras no los pelaban, las radios no los programaban, pero ellos siguieron como siempre. Y aunque Dinarama ya era pasado, Alaska seguía siendo presente y futuro. Y carnales, la neta es que cuando un grupo se separa, lo normal es que con el tiempo se diluya.
Se va olvidando, se convierte en anécdota. Pero muchos piensan que eso jamás pasó con Alaska y Dinarama. Lo que ellos construyeron no fue solo un catálogo de éxitos radiales, fue una revolución cultural con entejuela y lápiz labial. Eso no lo hacemos. Eso tampoco. Eso no, no somos ese tipo de artistas. Y él, ¿cómo que no? Venga, háganlo, háganlo, háganlo.
La música de Dinarama trascendió porque no buscaba gustarle a todos, buscaba decir algo. Sus letras hablaban de amor, pero también de libertad, de identidad, de deseo, de ser diferente en un mundo que te quiere igualito al resto. A quien le importa no solo fue una canción, fue una declaración de guerra a la normalidad. Y eso, mis compás, no envejece.
A nivel musical marcaron el paso del pop español de los 80, arrastrando a toda una generación hacia el Chacno Pop, el Glam, el Aerus y los bits electrónicos. Abrieron caminos que nadie más se atrevía a recorrer. Desde los acordes punk de caca de Luxe hasta los loops futuristas de Frangoria, el hilo conductor siempre fue la transgresión, el atrevimiento y Alaska con su voz y su actitud de no dejarse de nadie.
No lo hicimos nosotros. Nosotros no propusimos un himno y lo lanzamos, no. La canción seguramente estaba hecha por dos personas que son como son y que pertenecen a ese mundo y que tienen Y sí, Carlos Berlanga se fue pronto. Falleció en 2002 tras una enfermedad hepática, pero antes de eso logró reconciliarse con Nacho y con Alaska.
Colaboraron de nuevo, incluso cuando ya estaba claro que el trío jamás volvería a existir como antes. Pero eso no hizo falta. Su obra ya estaba escrita con tinta indeleble en la historia del popuelo de Arcón. Murió anoche en Madrid a los 42 años después de sufrir una larga enfermedad que afectaba su hígado.
Talia Martínez ha estado en el funeral. Pero esto no se acaba aquí. Si te quedaste con ganas de más, si quieres que le entremos abrozón a la historia de Fangoria o que sigamos desempolvando leyendas del pop del glamo del rock en español, déjanos tu comentario aquí abajo. Ya sabes qué hacer, suscríbete, activa la campanita, comparte este video con tu tía, la que era darqueta en los 80 o con tu compa que se cree Alaska en cada karaoke.
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