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La Red Criminal de Influencers Brasileños: Drogas, Apuestas y Millones

18 años, 5,000000es de seguidores. 3 meses después, buscado por homicidio. Otro influencer, 30 años, 15 millones de seguidores. Octubre 2025. Arrestado. El cargo, lavar 600 millones de reales para el crimen organizado. Bienvenidos al lado oscuro de los Drakes brasileños. Los Drakes son una subcultura que nació en las favelas de Sao Paulo y se expandió como fuego por las redes sociales brasileñas.

El nombre viene de un antiguo cómic, Mandraque el mago, personaje que hacía aparecer y desaparecer objetos con trucos de ilusión. En las calles el término adoptó otro significado. Los Drakes hacían aparecer teléfonos, bicicletas, dinero, sin que nadie preguntara de dónde venían. Con el tiempo, la estética se solidificó.

Gafas oscuras, tatuajes cubriendo brazos y torsos, cadenas de oro colgando sobre camisetas de marcas caras, autos importados estacionados frente a casas de concreto. Aspiracional, rebelde, peligroso. Un estilo que recuerda a los buchones mexicanos, pero con raíces profundas en el funk ostentazón paulista. Entre todos los rostros que representan esta cultura, uno destacó por encima del resto, Davis Eliseu Costa Silva, mejor conocido como Nino Abrabanel, aunque ese no es su apellido real, sino un apodo que tomó del magnate de la televisión

brasileña, Silvio Santos, cuyo apellido era Abrabanel. Nino nació en 2006 en las favelas de San Paulo. A los 15 años comenzó a subir videos a Instagram y TikTok. mostrando su día a día en la periferia. No cantaba, no hacía streaming, no tenía ningún talento visible más allá de ser auténtico y esa autenticidad era suficiente.

Los habitantes de las favelas se veían reflejados en él. Un chico que había trabajado con su padre desde pequeño, que había perdido a ese padre a los 13 años en circunstancias que nunca se confirmaron oficialmente, pero que todos en el barrio conocían. La muerte que cambia todo. Cuando cumplió 18 años, Nino ya tenía más de 4 millones de seguidores.

Publicaba fotos con motos de alta cilindrada, autos que valían más que casas enteras en las favelas, relojes y cadenas que brillaban bajo el sol tropical. En los comentarios miles lo llamaban inspiración, un ejemplo de que se puede salir adelante, pero había algo que no encajaba en la narrativa del éxito por las redes sociales.

Los números no cuadraban. Las publicidades esporádicas, las rifas ocasionales no justificaban mansiones, flotillas de vehículos, joyas avaluadas en cientos de miles de reales. Y cuando las autoridades comenzaron a investigar, encontraron algo más que ostentación. Encontraron sangre. El 19 de mayo de 2024, 8 días después de que Nino cumpliera la mayoría de edad, un hombre fue asesinado en la estrada Don Boy Mirim, zona sur de San Paulo.

Tarcisio Gómez da Silva, servente de Pedreiro, 32 años, 11 disparos, la mayoría en la cabeza. Las cámaras de seguridad captaron todo. Un auto llegó cerca del terminal Guarapiranga. Un hombre con capucha se bajó, se acercó a la víctima, disparó, regresó al vehículo. Segundos después, otro joven tomó el volante.

El conductor era Nino Abrabanel, el tirador, su hermano mayor, Derck Elías Costa Silva. La motivación no era un misterio. Un día antes del homicidio, Tarcisio había agredido brutalmente al abuelo de los hermanos Costa Silva. El anciano de 70 años fue hospitalizado y murió en la madrugada del 20 de mayo. Para los seguidores de Nino, la ecuación era simple.

Venganza justificada. Para la policía civil de San Paulo era homicidio premeditado. Las imágenes mostraban a Nino y su hermano en un restaurante del jardín San Luis, horas antes del crimen planeando. Los propios seguidores del influencer habían alertado que Tarcisio caminaba cerca del terminal. Usaron las redes sociales para rastrear a la víctima.

Cuando el departamento de homicidios y protea emitió la orden de captura, Nino desapareció. Durante semanas sus redes se llenaron de mensajes de apoyo. Mailes pedían su libertad. Argumentaban que había actuado en defensa de su familia. La defensa de Nino calificó a Tarcisio como un asesino en serie con historial de estupro, homicidio y feminicidio, aunque la policía nunca confirmó públicamente ese expediente.

En julio de 2024, el Ministerio Público presentó cargos formales contra Nino y otros cinco cómplices. Los hermanos Costa Silva se presentaron voluntariamente ante la justicia. La jueza Isabel Begali Rodríguez rechazó la prisión preventiva. Nino y Derck quedaron en libertad bajo medidas cautelares.

Tenían que presentarse mensualmente. No podían salir del país. No podían contactar testigos. Cuando salieron del Forum Criminal Dafunda, Nino sonreía. Grabó un video de Boche. Alguien le preguntó sobre Tarcicio. ¿Quién es Tarcisio? respondió riendo. Váyanse a la  Esa misma noche celebró en una mansión de lujo junto a sus amigos.

Entre ellos estaba el cantante de funk MC Ryan SP, uno de los artistas más escuchados de Brasil. Pero Nino era el único Drake bajo la lupa de las autoridades. Otro nombre resonaba con fuerza en los círculos policiales. Un hombre 30 años, más de 15 millones de seguidores, conocido por sus rifas millonarias y sus fiestas extravagantes.

Su nombre MC Buseira, para entender cómo los influencers brasileños se convirtieron en piezas clave del lavado de dinero. Hay que mirar el origen del funk ostentación en San Paulo. Mientras el funk carioca hablaba de violencia y supervivencia, el funk paulista de los años 2010 cantaba sobre lo que muchos jóvenes de las favelas deseaban.

Autos importados, ropa de marca, dinero, era aspiracional. MC Guimé, MCE, MS Lon. Sus videos mostraban mansiones, Porsches, Lamborghinis, joyas. Para los jóvenes de Paraisópolis, Capao Redondo, Heliópolis, esas imágenes no eran fantasía, eran posibilidad. Pero muchos de esos artistas no habían conseguido su riqueza solo con la música.

Detrás existían vínculos con las dos organizaciones más poderosas de Brasil, el primero comando da Capital y el Comando Vermelio. El PCC, nacido en las cárceles paulistas, controlaba el tráfico en San Paulo. El comando vermello dominaba las favelas cariocas. Ambas facciones necesitaban lavar dinero y la industria del entretenimiento ofrecía el vehículo perfecto.

Los carteles brasileños aprendieron de México. Los narcocorridos habían sido usados como herramienta de reclutamiento, pero también como mecanismo financiero. Artistas recibían pagos enormes por shows privados, por canciones específicas. El dinero del narco se mezclaba con ganancias legítimas. En Brasil, el modelo se replicó con el funk.

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