Posted in

La Espeluznante Historia de Maricruz Olivier | La Actriz mas Malvada de La Historia

Tus lágrimas no eran sinceras. Sí. Hay actrices que interpretan la maldad y hay actrices que la encarnan también que el público termina confundiendo la ficción con la realidad y hasta las insulta en la calle donde siempre decían, “Pero qué mujer más mala.” Pero, ¿por qué hacía los padres? ¿Verdad? ¿Por qué los hacía sufrir tanto a los padres? Lo que pasa era una mujer ambiciosa.

 Entonces esa ambición la hizo volverse una villana en contra también de los padres. Maric Cruz Oliver fue de las segundas, pero detrás de la mirada ojiverde, más temida de la televisión mexicana había una mujer que vivió toda su vida ocultando quién era, reprimiendo sus preferencias amorosas y pagando en silencio con un precio devastador, la soledad, siendo víctima de los excesos, el cigarro compulsivo y un cáncer que la consumió a los 49 años que el cáncer estaba esparcido por todo el cuerpo, que era innecesario y la vuelven a coser.

Durante sus últimos acabó pesando 30 kg y con secretos que se llevó a la tumba. Interpretó a Teresa en la televisión, pero fue una Teresa de la vida real porque dicen que tuvo amores masculinos simplemente porque la podían ayudar a crecer en la industria, capaz de pasar sobre el que fuese, con tal de conseguir sus propósitos.

 Sean bienvenidos a Tutoriales Cerverí, el canal donde las historias no se narran, se viven. Conoceremos todos los detalles y sus secretos más íntimos. Pero antes de comenzar, te invitamos a suscribirte a nuestro canal y activar la campanita porque eso nos ayuda a seguir subiendo más y mejor contenido y así tú no te pierdes de ninguno de nuestros interesantes videos.

 Ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje chencha. El decirte esto, pero creo que es lo mejor. María de la Cruz Olivier Over, mejor conocida como Maric Cruz Olivier, vio la luz el 19 de septiembre del año 1935 en Tehuacán, en la ciudad camotera de Puebla. Y desde bien chavalita, su vida pareció tener ese toque de misterio y atractivo natural que la hacía diferente, interesante, única y que después la acompañaría en la pantalla.

No nació en un ambiente de reflectores ni de alfombras rojas, sino en una familia estricta, conservadora y profundamente religiosa. Su padre fue Jesús Eric Olivier Miranda, quien tenía ascendencia francesa, mientras que su madre provenía de los Estados Unidos. Así que Maric Cruz creció entre reglas, disciplina y una educación donde seguramente portarse bien no era sugerencia, era obligación.

engañándome, aprovechándote y cualquiera diría que esta niña iba a ser una mujer que no rompía ningún tipo de reglas, pero terminó rompiéndolas todas. Pero como pasa muchas veces con las almas artísticas, mientras más rígido es el mundo que las rodea, más fuerte les empieza a hervir algo por dentro.

 Y eso fue justo lo que le pasó a Maric Cruz desde niña, es que cuando naces para Hoya, del cielo te caen los tamales. Su primer contacto con la actuación no vino de una escuela ni de una invitación formal, sino de una escena casi de película. Un día en su pueblo vio cómo se filmaba una producción estadounidense. Ahí quedó fascinada.

 Observaba a los actores sus movimientos, sus gestos, esa manera de transformarse frente a una cámara y algo se le despertó. Ella dijo, “Ya me vi.” Desde que llegaba a su casa se ponía frente al espejo a imitar lo que había visto, como si ya estuviera ensayando para una vida que todavía no sabía que la estaba esperando.

 Sin embargo, la tranquilidad familiar se rompió de manera extraña. Por motivos que nunca quedaron del todo claros, su familia tuvo que huir repetidamente hacia la ciudad de México. Mamá tenía razón. Y aquí empieza ese aire medio oscuro en la historia, porque nadie supo bien qué ocurrió, que los obligó a irse, ni qué estaban tratando de dejar atrás.

 Lo cierto es que por temor o precaución, sus padres decidieron internarla de inmediato en un colegio para señoritas, como si quisieran protegerla del mundo o tal vez esconderla de algo que nunca se dijo completamente. Al terminar esa etapa, Maricuz ingresó a la UNAN para estudiar filosofía y letras. Y ojo, porque eso habla de una mujer con inquietudes profundas, no solo de una muchacha bonita con ganas de salir en cámara, pero el destino cuando trae prisa no pide permiso.

 Maric Cruz decidió tomar clases de teatro en el Centro Cultural Universitario y ahí su vida cambió. El director, que se llamaba Fernando Wagner quedó impactado por ella, sobre todo por esa mirada verde, intensa, penetrante, casi incómoda, de esas que no se olvidan fácil. Fue él quien le dijo y le aconsejó dejar su carrera de filosofía y letras y dedicarse de lleno a qué, a la actuación.

 Y Maric, quizás sintiéndose que por fin alguien había visto lo que ella llevaba guardado desde niña, abandonó la universidad. Y bueno, en mi opinión, pues yo creo que esto ella ya lo sabía. Solamente estaba esperando una señal, una señal que le confirmara lo que ella sentía por dentro. Después continuó su formación en el Instituto Andrés Soler, donde estudió bajo la tutela de figuras como Dimitrio Sarras y con bases del método de instantín Instanaliski.

 No, amigos, no estornudé, así se llamaba el método personaje y lo bordaba. Claro, siguió la escuela de Stanislavski que ya sabemos que eh permite a los actores meterse en situaciones desde antes y ella lo hacía. Así empezó a forjarse no solo una actriz, sino una presencia peligrosa, elegante y magnética de esas mujeres que uno sale corriendo no porque esté fea, sino porque da miedo a su personalidad, te impacta, te atrapa, te enamora porque Maric Olivier no iba a llegar al espectáculo para pasar desapercibida.

Ella iba para ser protagonista. Y es que, amigos, la actitud y la manera en que te tomas la vida tiene mucho que ver. La timidez no iba con ella. Ella no iba a buscar una oportunidad en el medio. Ella le iba a dar la oportunidad al medio, que es distinto. Ella decía, “No vengo a que me den chance de actuar.

Yo vengo a darles chance a ustedes de tenerme en su película.” Asimilaba a todos los personajes que le que le encomendaban. Pues eh desde un principio, cuando estaba en la academia hizo una obra que se llamó que no es cordero, que es cordera. Así que los directores en vez de contratarla le agradecían la oportunidad que les daba.

 Y eso, amigos, esa es la actitud. Maric Cruz Olivier debutó en el cine en el año 1951 con esos de Benjamo. Y aunque al principio parecía una joven más entrando a ese mundo de cámaras de galanes, directores exigentes y productores con ojo filoso, muy pronto quedó claro que ella no venía a pedir permiso, venía a quedarse.

 tenía algo distinto, esa presencia fría, elegante, una mirada verde que podía ser hermosa y al mismo tiempo inquietante, como si detrás de esos ojos hubiera una historia que nadie se atrevía a preguntar. Anita. Su talento no tardó en hacerse notar, apenas era su tercera película, Orquídeas para mi esposa, y ganó el premio Ariel como mejor actriz juvenil gracias a esa capacidad tan fuerte y expresiva que tenía.

Read More