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LA CASA DE COLOSIO: Aquí Dejó Escrito Que Lo Iban A M4TAR… Y Días Después Ocurrió Lo Peor

Nadie habla de esa casa en Magdalena de Quino. Los documentales la mencionan de pasada. Los libros de historia ponen la fecha de nacimiento, el nombre del pueblo y siguen adelante. Como si esa casa fuera solo el lugar donde empezó la vida de un hombre y no también el lugar donde en sus últimas semanas algo muy importante quedó guardado.

Porque lo que Colosio dejó en esa casa no era cualquier cosa, era un rastro. una serie de señales que si alguien hubiera prestado atención a tiempo cambiaban la historia. Escritos palabras propias. Un hombre que en los días previos a su muerte dejó indicios en cartas, en conversaciones, en decisiones que no cuadraban con el calendario oficial de su campaña, de que sabía lo que se estaba moviendo en su contra, que sabía que lo iban a matar.

 Y días después, el 23 de marzo de 1994, al en un mitín en Lomas Taurinas, Tijuana, ocurrió exactamente lo que él había anticipado. Si sigues hasta el final, vas a entender por qué esas palabras que dejó escritas siguen siendo incómodas hoy. 32 años después. ¿Por qué el caso sigue sin cerrarse de verdad? ¿Y por qué la respuesta a quién ordenó ese disparo? ¿Todavía vive en un expediente que tiene más de 30,000 páginas? Y una conclusión que no alcanza para explicar ninguna de ellas porque hay una segunda capa en esta historia y empieza en esa casa pequeña de Sonora.

Luis Donaldo Colosio Murrieta nació en 1950 en Magdalena de Quino, un municipio del norte de Sonora que en aquella época era un pueblo tranquilo, árido, sin ninguna pretensión de protagonismo en la historia de México. Era el hijo de Luis Colosio Fernández, un hombre de trabajo y de esos que construyen lo que tienen con las manos y la constancia.

La familia no tenía conexiones políticas de peso. No había apellidos que abrieran puertas en Los Pinos. Lo que Colosio heredó de su origen fue otra cosa, la certeza de que para llegar a algún lado había que ganárselo. Estudió economía en el Tec de Monterrey. Se fue a la Universidad de Pennsylvania a hacer un posgrado.

 Volvió a México con ideas, con hambre, con una visión de lo que el país podía hacer. si alguien con convicción ocupaba el lugar correcto. Entró al PRI, fue diputado, fue senador, fue presidente nacional del partido y en 1993 Carlos Salinas de Gortari ungió como candidato a la presidencia de la República.

 En el México de aquella época eso no era una candidatura, era una certeza. El PRI no perdía, llevaba décadas sin perder. El candidato del PRI era el próximo presidente. No había matices en eso. Colosio, a sus 43 años tenía el futuro más despejado que cualquier político mexicano podía imaginar y entonces decidió decir lo que realmente pensaba.

 Espera, porque aquí es donde todo se complica. El 6 de marzo de 1994, 17 días antes de que lo asesinaran, Colosio subió a un templete frente al monumento a la revolución en la Ciudad de México. El acto estaba organizado como un miting de campaña. Miles de personas, cámaras, expectativa. El tipo de evento donde el candidato dice lo que se espera que diga.

 agradece el apoyo, habla del futuro brillante y baja entre aplausos. Colosio no hizo nada de eso. Lo que ese hombre dijo esa tarde con el micrófono en la mano y miles de personas mirándolo. Bo, fue un discurso que nadie en el sistema del PRI esperaba escuchar. Habló de pobreza real, no de la pobreza abstracta de los programas sociales, sino de la pobreza que se ve en las calles, en los niños sin escuela, en los viejos sin pensión.

 Habló de un México con hambre y con sed de justicia. habló de un estado que se había convertido en un obstáculo en lugar de un instrumento para la gente. Y dijo algo que, para quien conocía el lenguaje del poder en aquella época sonó como una declaración de independencia. pidió un México donde el gobierno rinda cuentas, donde nadie esté por encima de la ley, donde el PRI sea solo un partido más entre varios, no un partido que dura 70 años gobernando porque es el único que puede.

 Un partido como cualquier otro, con competencia real, con posibilidad de perder. Para la gente en las calles, ese discurso fue electricidad pura. Para los hombres sentados en posiciones de poder dentro del sistema fue otra cosa, fue una amenaza. Y aquí hay que detenerse un momento, porque hay algo que muchos pasan por alto cuando hablan del discurso del 6 de marzo.

 No es solo que Colosio dijera cosas valientes o inconvenientes para el régimen. Es que las dijo siendo el candidato oficial, el hombre que el sistema había elegido para perpetuarse, el que supuestamente iba a garantizar la continuidad de lo que Salinas había construido. Al hablar así, Colosio no solo estaba desafiando al sistema desde afuera, lo estaba desafiando desde adentro.

 Y eso en el lenguaje del poder que funcionaba en México en 1994 era infinitamente más peligroso. Un opositor que critica al gobierno desde afuera es predecible, se le ignora, se le neutraliza, se le margina. Pero un candidato oficial que se revela, que toma el micrófono que el sistema le dio y lo usa para cuestionarlo, ese hombre se convierte en algo que el sistema no sabe cómo manejar.

 se convierte en un problema sin solución limpia. Piénsalo un momento. Carlos Salinas de Gortari llevaba casi se años en el poder cuando Colosio dio ese discurso. Había firmado el Tratado de Libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Era la estrella de las reformas económicas latinoamericanas. La revista Time lo había puesto en portada.

 estaba construyendo su candidatura para dirigir la Organización Mundial de Comercio cuando terminara su sexenio. Y ahora, el hombre que él mismo había elegido como sucesor le estaba diciendo al país en público, frente a cámaras que su modelo necesitaba transformarse de raíz. La distancia entre Salinas y Colosio e que hasta ese 6 de marzo había sido invisible.

 Se volvió en cuestión de horas el tema central de la política mexicana. Y ese es el contexto en que hay que leer lo que vino después. Ahora viene lo que cambia todo. El secreto que el título promete no está en un archivo secreto ni en un cofre cerrado. Está en parte en algo que los registros muestran con claridad y en otra parte en versiones que hay que marcar como tales porque no tienen confirmación documental absoluta.

Lo que está confirmado es esto. En los días posteriores al 6 de marzo, el ambiente alrededor de Colosio cambió de forma notable. Personas de su equipo más cercano describieron después, en testimonios dados con los años, que el candidato llegó a las últimas semanas de su vida en un estado de tensión que iba más allá del estrés normal de una campaña, a que algo pesaba sobre él de una forma diferente.

 Lo que hay versiones de Sin consenso claro sobre todos los detalles, es que Colosio dejó señales de ese peso en forma escrita. Las cartas que le escribió a su padre a lo largo de su vida, publicadas décadas después y compiladas en el libro Cartas de Colosio, muestran a un hombre con una conciencia muy aguda del peligro que implica el poder cuando se convierte en amenaza.

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