Posted in

JAMES RODRÍGUEZ: ASÍ DESAPARECIÓ EL FICHAJE DE 80 MILLONES DEL REAL MADRID

Lo tiene Benitoar de Calvar intentando con Jackson Martínez. Vuelve Aguilar, toca atrás para James, mete un rebote. ¡Qué golazo! ¡Gol de Colombia! ¡Gol de Colombia! ¡Gol de Colombia! ¡Gol de Colombia! ¡Gol! El 22 de julio de 2014, el Real Madrid pagó 80 millones de euros por un jugador de 22 años. 80 millones.

En 2014 por un chico que acababa de meter seis goles en un mundial y había marcado el mejor gol que se había visto en una copa del mundo en décadas. Le dieron el número 10. Lo presentaron ante 80,000 personas en el Bernabéu. Florentino Pérez lo llamó el futuro del fútbol mundial. Cristiano Ronaldo dijo que era su hermanito.

Todo el mundo pensaba lo mismo. Este chico iba a dominar el fútbol durante una década. Entonces llegó Sidá y James Rodríguez se convirtió en un fantasma. Nadie lo vio venir. James Rodríguez no perdió el sitio en el Madrid por una lesión grave. No lo perdió por un escándalo, no lo perdió porque dejara de ser bueno.

Lo perdió porque Sinedin Sidán llegó al banquillo del Real Madrid en enero de 2016 y decidió, sin dar nunca una explicación que tuviera sentido, que James no existía. Las cámaras captaron una noche algo que resume todo. James lleva semanas sin jugar, entra por fin, marca un gol, da dos asistencias, el Madrid gana y Sidan lo saca en el minuto 70.

James golpea la pared del banquillo, sale del campo. Sidan pasa por delante de él sin mirarlo. Al día siguiente, la prensa le pregunta a Sidá. 49 partidos bajo su dirección. Hees había jugado completos seis. Seis partidos completos de 49 posibles. Sidan sonríe. Son decisiones técnicas, dice, y no dice nada más. 80 millones.

El número 10, el mejor gol del mundo. Y un entrenador que lo miró y decidió que no contaba. Eso fue el principio, porque lo que vino después de Sidá fue todavía más raro. El Bayern, el Everton, Qatar, los videojuegos, Minnesota, la carrera más extraña de su generación. Un jugador que a los 22 años parecía destinado a ganar el Balón de Oro, acabó fichando por clubes cada vez más pequeños, en países cada vez más lejanos, hasta que llegó un momento en que casi nadie sabía dónde estaba jugando James Rodríguez.

Y sin embargo, aquí está en el Mundial 2026, capitán de Colombia con 34 años. ¿Cómo llegó hasta aquí? ¿Qué pasó realmente entre Hees y Sidan? ¿Y qué le quedó a este hombre después de que el club que pagó 80 millones por él lo convirtiera en invisible? En los próximos 20 minutos vamos a contar la historia completa.

Desde el niño que tartamudeaba en Cúcuta y encontró en el fútbol la única forma de hablar sin que nadie se riera, hasta el hombre que acaba de saltar al césped del Azteca con 80,000 colombianos gritando su nombre. Una historia que no es solo de fútbol, es de orgullo, de resistencia y de lo que le pasa a un ser humano cuando el mundo entero cree que ya terminaste y tú decides que todavía no.

Si este canal te está aportando algo, suscríbete. Cada semana contamos historias que otros canales no cuentan y esta es una de las que más nos ha costado encontrar. James David Rodríguez Rubio nació el 12 de julio de 1991 en Cúcuta, una ciudad pegada a la frontera con Venezuela, calurosa, ruidosa, donde el fútbol no es una afición, sino algo parecido al oxígeno.

Su padre era futbolista, pero se fue cuando James tenía 5 años y el pequeño James se quedó con su madre con el calor de Cúcuta y con una tartamudez que le hacía la vida imposible en el colegio. Los otros niños se reían. James no podía terminar las frases. Las palabras se le atascaban antes de salir. Había días en que prefería no hablar.

Quedarse callado era más fácil que intentarlo y que los demás se rieran. Pero con el balón, con el balón era otra cosa. Con el balón James hablaba mejor que nadie. Pasaba, regateaba, chutaba y los mismos niños que antes se reían ahora se peleaban por tenerlo en su equipo. El fútbol fue la primera cosa en la vida de James que no le costó.

Todo lo demás requería esfuerzo. Con el balón todo era natural. Su madre lo vio y apostó por él. Con el apoyo de su padrastro Juan Carlos Restrepo, la familia se mudó a Medellín cuando James tenía 12 años para que pudiera entrenar en serio, para que tuviera una oportunidad real. A los 14 años debutó como profesional en el Envigado FC, 14 años en una liga de adultos y no tardó en destacar, no como una curiosidad, como una amenaza real.

En 2008, con 17 años se marchó a Argentina, al Atlético Banfield, un club pequeño de primera división, sin historia de títulos, sin grandes estrellas. El tipo de club donde un jugador joven puede hundirse o crecer. James creció. Allí se convirtió en el jugador extranjero más joven en marcar en el fútbol argentino y en diciembre de 2009, con 18 años fue parte del equipo que ganó el Clausura.

El único título en la historia del Banfield. Hames fue uno de los artífices. El club lo recuerda como un ídolo hasta hoy. Luego vino Porto. En Portugal ganó tres ligas, tres Supercopas, una copa de Portugal y la UEFA Europa League. Anotó 32 goles en tres temporadas. La forma en que jugaba en Porto llamó la atención de toda Europa.

Radamel Falcao, que era su compañero, lo describió como el jugador más talentoso con el que había compartido vestuario. Y luego el Mónaco, 45 millones de euros pagó el club francés por él en 2013. El fichaje más caro de la historia de la League 1 en ese momento. El entrenador Claudio Ranieri decidió que no encajaba en su sistema. Lo ignoró durante meses.

James aprovechaba los minutos que le daban para demostrar que Ranieri estaba equivocado. Terminó la temporada con 10 goles y 14 asistencias. El niño que tartamudeaba en los patios de Cúcuta había aprendido a responder de la única manera que sabía. Faltaba Brasil 2014. Colombia no iba a un mundial desde 1998, 16 años, una generación entera sin ver a su selección en la Copa del Mundo.

Y encima Radamel Falcao, el máximo goleador de la historia del país, se rompe la rodilla meses antes del torneo. La ilusión de Colombia tiembla. Entonces sale James Rodríguez. Primer partido contra Costa de Marfil, gol. Segundo partido contra Uruguay, el gol. ese gol. Un balón largo desde la izquierda.

James lo controla de pecho en el aire y sin que el balón toque el suelo lo revienta con la zurda. Bolea perfecta la escuadra izquierda del portero. El portero no se mueve. El estadio explota. Cristiano Ronaldo viendo el partido por televisión se pone en pie. Ese gol ganó el Premio Puscas, el mejor gol del año en todo el mundo. Seis goles en cinco partidos.

Read More