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HARFUCH ENCONTRÓ EL EXPEDIENTE DEL ALCALDE DE METEPEC EXPLICA POR QUÉ DE LOS RIFLES PARA IR AL CLUB

Descubrió El secreto. Eso fue lo que trascendió esta semana sobre García Harf cuando empezó a revisar el expediente del alcalde de Metepec, Fernando Flores Fernández, el panista que llegó con rifles a un club deportivo privado para golpear a un ciudadano. Y lo que Harfuch habría encontrado en ese expediente es exactamente lo que explica por qué este señor necesitaba llegar con hombres armados, con armas largas a su propio club.

El mismo del que él es socio, el mismo donde las cámaras grabaron todo. Un secreto que según lo que está saliendo, destruye la imagen que el PAN ha querido proyectar durante años. Tenemos múltiples videos verificados desde distintos ángulos, la declaración de Shane Baum en su mañanera del 5 de junio, el comunicado oficial de la CODEM y material audiovisual adicional que desmiente punto por punto la versión que este alcalde intentó vender al día siguiente.

Si también sientes que un funcionario público que llega con rifles a un club privado para golpear a alguien merece que le lleguen las cuentas, suscríbete ahora mismo, porque aquí vamos a seguir destapando lo que otros prefieren callar. Lo primero que hay que entender es qué clase de hombre es Fernando Flores Fernández, porque no es un político cualquiera ni un alcalde que llevó de casualidad al cargo.

Este señor está gobernando Metepec en su segundo periodo consecutivo, lo que significa que ya tuvo su primera oportunidad. La ciudadanía lo volvió a elegir bajo la bandera de una coalición que juntó al PAN, al PRI y al PRD en el mismo saco y decidió mantenerse en el puesto. Metepec no es un municipio menor ni un pueblo olvidado.

Es uno de los municipios con mayor nivel adquisitivo del Estado de México. Uno de los más exclusivos de la zona metropolitana del Valle de Toluca. El tipo de lugar donde vive gente con dinero, con conexiones, con la certeza de que el poder local los protege. Y al frente de ese municipio estaba este hombre con su cargo, con su escolta, con su credencial de presidente municipal en la bolsa y la confianza de que nadie lo iba a tocar.

Porque en México durante décadas esa confianza no era ilusión, era historia probada de impunidad heredada, de funcionarios del PRIAN que hacían lo que querían porque el sistema estaba hecho para protegerlos, no para detenerlos. Esa tarde del 4 de junio, según se desprende de los videos que circulan en redes, el alcalde llegó al club deportivo La Asunción, del cual él mismo es socio.

Es decir, este no era un lugar ajeno, era su propio club. acompañado de una comitiva, no llegó solo, no llegó con un asistente, llegó con un grupo de personas y entre ese grupo había individuos portando armas largas de fuego, visibles, rifles, el tipo de armamento que uno asocia con operativos de seguridad pública, no con una visita a un club deportivo un miércoles por la tarde.

Las imágenes muestran como la comitiva empujó una puerta de cristal, desplazó a una trabajadora que intentaba impedir el paso y avanzó hacia adentro. Y dentro de ese club, frente a las cámaras de seguridad que grababan todo, ocurrió lo que nadie que tenga vergüenza ajena puede ver sin sentir algo muy fuerte en el estómago.

Lo que muestran los videos, y esto es importante decirlo con precisión porque hay varios ángulos registrados por distintas cámaras, es que el grupo rodeó a un hombre en el interior del inmueble. Varias personas se abalanzaron sobre él. Hay forcejeos, hay empujones, hay una agresión física en regla. Y en medio de todo ese caos, según se puede observar en el material disponible, el propio presidente municipal de Metepec participó directamente en los hechos, no como árbitro, no separando a la gente, sino como parte activa de esa confrontación.

Eso es lo que las cámaras capturaron, eso es lo que se esparció en redes sociales en cuestión de horas hasta convertirse en tendencia nacional. Y eso es lo que llevó a que en menos de 24 horas la presidenta de la República estuviera hablando de este caso desde su mañanera en Cuatzacoalcos. piénsalo un segundo.

Un municipio del Estado de México, un alcalde panista y el tema llegó tan alto, tan rápido, que Claudia Shainbound tuvo que pronunciarse en cadena nacional al día siguiente. Si llevas años viendo como estos políticos del PRIAN hacían lo que querían sin que nadie los tocara, suscríbete porque estamos viendo en tiempo real cómo se les va cerrando la puerta, uno por uno.

Y este caso es la prueba más reciente de que ya no hay donde esconderse cuando las cámaras están por todos lados. Ahora bien, la pregunta que uno se hace de inmediato, la que más importa para entender todo lo que vino después es quiénes eran exactamente los hombres que llegaron con el alcalde portando esos rifles.

Porque hay una diferencia enorme entre que sean elementos de su escolta personal pagados de su propio bolsillo y que sean policías municipales o elementos de seguridad pública de Metepec. personas que reciben su sueldo del dinero de los impuestos de los ciudadanos del municipio. Esa diferencia es la que separa un escándalo político de un posible delito grave.

Y lo que resulta llamativo y lo que uno no puede dejar de notar es que en el video aclaratorio que el alcalde publicó horas después para pedir disculpas, en ningún momento especificó quiénes eran esos hombres armados. No dijo si eran su escolta de seguridad pública, no dijo si eran personas ajenas a su cargo, simplemente los ignoró en su explicación.

¿Y por qué cayó exactamente en el punto que más importa? Eso es lo que vamos a ver ahora y la respuesta cambia la dimensión completa de este escándalo. Al día siguiente, el 5 de junio, Fernando Flores publicó en su cuenta de X, su red social oficial como funcionario público, un mensaje en el que ofrecía disculpas. dijo que su reacción había obedecido a la necesidad de resolver un altercado en el interior del club que presuntamente ponía en riesgo la integridad de los presentes.

Dijo que acudió a un llamado de auxilio. Dijo que estaba en total disposición de comparecer ante cualquier autoridad. Y lo más llamativo, dijo que lamentaba que quienes vieron el video creyeran que hubo un actuar excesivo de su parte. No dijo que no hubo actuar excesivo, dijo que lamenta que la gente lo crea.

Es una diferencia muy pequeña en palabras y muy grande en significado, porque una cosa es decir, “No hice nada malo” y otra muy distinta es decir, “Lamento que piensen que hice algo malo.” Este señor, en su propio comunicado nunca llegó a negar los hechos. Solo pidió que no los juzgaran tan duro.

Humo escucha eso y francamente no sabe si reír o llorar. Lo que sí sostuvo, y esto es el centro de su versión, es que no fue a agredir a nadie, sino a mediar, a proteger, a resolver un conflicto que representaba un riesgo. Y aquí es donde la historia se pone más interesante, porque esa versión, la que él mismo construyó y publicó en redes para intentar controlar el daño, es exactamente la versión que el material audiovisual adicional verificado vendría a contradecir.

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