Premier Boxing Champions en Instagram, Herbonta Davis fue retado a clasificar de peor a mejor a sus rivales más duros de toda su carrera. Su lista inicial colocó a Isaac Cruz en el número tres, pero en el mismo vídeo se corrigió a sí mismo diciendo que debería haberle puesto más arriba, reconociendo en voz alta lo que muchos ya sabían, que esa pelea le había costado más de lo que cualquier número en una lista podía resumir.
y en una serie de publicaciones en su cuenta de la red social X, luego borradas como si nunca hubieran existido. Davis admitió que en esa pelea hice muchas tonterías y reconoció de forma implícita que Cruz le había puesto en problemas reales, problemas que no había tenido con ninguno de sus 25 rivales anteriores noqueados.
El hombre de los 25 knockouts en sus primeros 26 combates, el boxeador más explosivo de su generación, el favorito de la afición que entraba al ring esperando siempre el knockout temprano y que raramente decepcionaba. Reconociendo que un mexicano que llegó como sustituto de último minuto con menos de 4ro semanas de preparación fue quizás el problema más grande que tuvo en toda su carrera profesional.
Esa confesión incómoda y reveladora a partes iguales es el punto de partida de este vídeo, porque lo que vamos a analizar hoy va mucho más allá de una sola pelea o de un simple resultado en los marcadores. Vamos a hablar de por qué Isaac Pitbull Cruz es el estilo más difícil que existe para Gerbonta Davis, de cómo una noche en el Staples Center de Los Ángeles en diciembre de 2021 estuvo a punto de cambiar la historia del boxeo americano, de la revancha que todo el mundo pedía y que Davis negó en la cara de cruz delante de todos los medios del mundo,
de los años de silencio y de publicaciones borradas que vinieron después y de cómo finalmente fue el propio Davis quien terminó llamando a Cruz desde las redes sociales cuando nadie lo esperaba. Hay mucho que contar y cada parte de esta historia merece ser contada bien. Empecemos desde el principio.
Para entender por qué la pelea del 5 de diciembre de 2021 fue tan impactante y tan inesperada para todo el mundo del boxeo americano. Primero hay que entender quién era Isaac Cruz antes de esa noche y cómo llegó a estar frente a Gerbonta Davis en el Staple Center de Los Ángeles. Cruz nació en Ciudad de México, mide apenas 1,62 cm de altura y es exactamente el tipo de boxeador que su apodo describe a la perfección desde el primer vistazo.
Un pitbull, un peleador compacto, de guardia alta y sólida, con una presión constante e incansable sobre el rival y un trabajo al cuerpo de Moledor, que construyó su reputación en México golpe a golpe, pelea a pelea, sin que nadie le regalara nada. Con 22 victorias, uno empate y 15 knockouts. Antes de esa pelea, Cruz era un contendiente serio en el papel, pero era prácticamente desconocido para el gran público americano, que nunca le había visto pelear en un escenario de ese nivel ni contra un rival de esa categoría. Lo que hizo que todo fuera
todavía más extraordinario y todavía más difícil de asimilar para los seguidores de Davis es cómo llegó Cruz a esta pelea. El rival original de Tank, Rolando Romero, fue retirado del cartel apenas un mes antes del combate por acusaciones de agresión sexual que su promotora Premier Boxing Champions no pudo ignorar.
Y Cruz aceptó el reto con menos de cuatro semanas de preparación específica, sin haber entrenado para el estilo de Davis, sin el tiempo necesario para preparar un plan de pelea detallado y con todo el mundo en su contra desde el momento en que su nombre apareció en el cartel como sustituto.
Las cotizaciones antes del combate lo decían todo con una claridad brutal. Davis era favorito de 1200 a 100 en Betgm, lo que significa que para recuperar $100 apostando por cruz había que arriesgar $1,200. Una proporción que refleja la confianza casi absoluta que el mercado de las apuestas tenía en una victoria cómoda de Davis.
Nadie en América apostaba un céntimo por el mexicano. Nadie le tomaba como una amenaza real y nadie en el STLE Center esa noche esperaba que la pelea llegara a los asaltos finales. Y eso hace lo que ocurrió después todavía más extraordinario, porque Cruz no solo llegó a esa pelea como un sustituto de último minuto al que nadie tomaba en serio, sino que llegó con la mentalidad de un hombre que no necesitaba que nadie le tomara en serio para demostrar lo que valía.
El escenario era absolutamente perfecto para Davis, construido a su medida en todos los sentidos posibles. El Staple Center de Los Ángeles, lleno con 15850 espectadores entregados desde la primera campana con Magic Johnson, Kawai Leonard, Kevin Garnett, Paul Pierce y Dwight Howard entre el público, todos allí para ver a su estrella del boxeo hacer lo que mejor sabía hacer, noquear a alguien antes de que llegara a la mitad de la pelea y hacer que el recinto entero estallara en una celebración que se podía oír desde la calle.
Davis entró al ring acompañado del rapero Lil Durk con los números 8 y 24 de Kobe Bryant, bordados en sus pantalones como homenaje a la leyenda de los Lakers en casa en Los Ángeles, ante su gente con Floyd Mayweather en primera fila, siguiendo cada movimiento de su pupilo con la satisfacción de quien sabe que tiene al mejor boxeador del mundo en su esquina.
Todo apuntaba a una noche de knockout temprano y celebración, de esas noches que se recuerdan por el golpe final y no por los asaltos que lo precedieron. Considerando que en sus 26 peleas anteriores Davis había acabado con casi todos sus rivales antes del límite, incluyendo ocho knockouts en el primer asalto y varios más en el segundo y el tercero.
La pregunta en el ambiente no era si iba a noquear a Cruz, sino simplemente en qué asalto lo haría. Sin embargo, desde el primer golpe de campana, Isaac Cruz hizo exactamente lo contrario de lo que todos esperaban. En lugar de mantenerse a distancia prudente y boxear con cuidado tratando de sobrevivir los primeros asaltos como cualquier otro rival de Davis había intentado, entró con presión desde el primer segundo con su guardia alta y sus ganchos al cuerpo, como si nadie le hubiera informado de que era el grandísimo Under Dog que había llegado a
ese ring sustituto de último minuto sin tiempo de preparación. El público del Staple Center tardó muy pocos asaltos en darse cuenta de que esa noche iba a ser completamente diferente a todas las anteriores, y el ambiente en el recinto, que al principio era de expectación y confianza total, fue transformándose poco a poco en algo más parecido a la inquietud.
Lo que ocurrió en esos 12 asaltos fue una de las actuaciones más sorprendentes y más reveladoras que el boxeo americano había visto en años, no por parte de Davis, sino por parte de Cruz, que demostró desde el primer segundo que no había llegado al Staple Center a sobrevivir, sino a ganar. Desde el primer asalto, el mexicano estableció su plan de pelea con una claridad absoluta y una disciplina táctica que nadie le había visto antes en ese nivel.
Guardia alta, presión constante hacia delante, trabajo al cuerpo con sus ganchos cortos y nunca retroceder ni 1 cm sin importar lo que Davis le lanzara. El periodista de ESPN, Mike Coppinger, siguiendo la pelea asalto por asalto con sus propias puntuaciones, anotó el primer asalto para Cruz y el segundo y el tercero.
El público en el Staple Center empezó a ponerse nervioso. Los seguidores de Davis en las redes sociales empezaron a preocuparse y la narrativa de la noche de knockout fácil comenzó a desmoronarse a salto por asalto. Davis siguió intentando establecerse con su gancho de izquierda, buscando el golpe definitivo que tantas veces había acabado con sus rivales.
Pero Cruz absorbía la presión con su guardia alta y respondía con combinaciones al cuerpo que se fueron acumulando y dejando huella en el físico de Davis. Llegó el asalto número seis y ocurrió el momento que cambió completamente la dinámica del combate. Davis volvió a su esquina y le dijo a su entrenador de toda la vida, Calvin Ford, que tenía la mano izquierda lesionada, que no podía seguir usándola con normalidad.
La respuesta de Ford fue tan directa como la situación lo requería y tan característica de su forma de trabajar. No quiero oír eso. Pelea a través del dolor y Davis lo hizo con un valor que hay que reconocerle, pero con la mano izquierda prácticamente fuera de combate durante los últimos seis asaltos, el arsenal de Tank quedó reducido a la mitad, justo cuando Cruz estaba tomando más confianza y más presencia en el ring.
Cruz conectó en total 121 golpes a lo largo de los 12 asaltos, el mayor número jamás conectado por un rival de Davis en toda su carrera profesional. Un dato estadístico que por sí solo cuenta toda la historia de esa noche, mejor que cualquier descripción. Para ponerlo en contexto, ninguno de los 25 rivales que Davis había noqueado antes había llegado a conectarle esa cantidad de golpes, sumando todos los asaltos que habían durado.
Cruz lo hizo en 12 asaltos de pie, sin caer a la lona en ningún momento, sin estar nunca en serio peligro de que la pelea se detuviera y con la convicción visible de que estaba ganando. Cuando sonó la campana final y los jueces entregaron sus puntuaciones al anotador oficial, los marcadores dieron la victoria a Davis por decisión unánime con marcadores de 116 a 112 y dos veces 115 a 113.
Y esos números generaron una controversia inmediata y brutal que duró semanas y que todavía hoy, años después sigue siendo un tema de debate cada vez que se habla de esta pelea. El excampeón mundial Sergio Mora, que estaba comentando el combate en directo para Showtime desde el mismo Ringside, no esperó ni al anuncio oficial para decir lo que pensaba con una claridad que dejó a todos en la transmisión en un silencio incómodo. Cruz va ganando 6 a C.
No he tenido a Davis por delante en ningún momento de esta pelea y en Twitter sus palabras fueron todavía más directas. Cruz won this fight. Sin matices, sin zonas grises, sin el tipo de diplomacia que suelen usar los exboxeadores cuando comentan peleas de la promotora que les paga. El periodista Dan Rafael, uno de los analistas de boxeo con más trayectoria y más credibilidad de toda América, escribió en su análisis postpelea que el combate fácilmente podría haber ido en la otra dirección o haber terminado en empate y
que los marcadores oficiales habían sido más generosos con Davis de lo que la actuación sobre el ring merecía objetivamente. Y las estadísticas de Showtime respaldaban esa lectura con números concretos. En golpes de poder conectados durante toda la pelea, Cruz conectó 112 y Davis 113, prácticamente empatados en el elemento más determinante de un combate entre dos pegadores.
En actividad total, Cruz fue claramente el peleador más activo de los dos durante los 12 asaltos, lanzando más golpes y siendo más agresivo, especialmente en los últimos asaltos cuando la lesión de mano de Davis era más evidente. La sensación generalizada entre los aficionados y especialmente en toda la comunidad latinoamericana que siguió la pelea con una pasión enorme fue que Davis se había beneficiado del factor local de estar en casa en Los Ángeles en un evento organizado por su promotora Premiere Boxing Champions, con
jueces americanos puntuando un combate que en otras circunstancias y en otro escenario podría haber tenido un resultado completamente diferente. Después de la pelea, Davis salió al ring con la mano izquierda temblando visiblemente y fue lo primero que mencionó en su declaración post combate ante los medios que le esperaban en el ring, como si necesitara que esa información quedara registrada de inmediato antes de que empezaran las preguntas más incómodas.
Me lesioné la mano, así que no pude sacarlo de ahí. Me duele, está temblando, pero así es este deporte, eso forma parte de todo esto. En una entrevista posterior con Brian Cter en el programa de Last Stand, Davis dio más detalles sobre cómo y cuándo ocurrió la lesión. No debería haber tirado golpes de arriba hacia abajo, porque era un rival más bajo que yo.
Y así fue como me lastimé la mano al golpearle en la parte superior de la cabeza. La lesión venía del entrenamiento previo a la pelea y el golpe contra cruz simplemente la empeoró hasta el punto de que ya no podía usarla con normalidad. Su entrenador Calvin Ford también confirmó la versión de Davis en sus declaraciones a los medios. Kerbonta vino a la esquina después del sexto asalto y me dijo que tenía la mano lesionada.
Yo le dije que no quería oír eso y que tenía que pelear a través del dolor. Y eso fue lo que hizo. La pregunta que se hizo todo el mundo de forma inmediata y que dominó el debate durante semanas fue inevitable y sin respuesta definitiva. Si Davis llega al 100% de sus condiciones físicas sin ninguna lesión, habría sido diferente el resultado final de esa pelea.
¿Habría podido conectar el knockout definitivo en los últimos asaltos si hubiera tenido las dos manos completamente disponibles y funcionando? Son preguntas que no tienen respuesta, pero que alimentaron durante meses el debate sobre si Cruz mereció o no la revancha, porque hay dos lecturas posibles de la lesión que no se pueden ignorar.
La primera es que fue el factor decisivo que impidió a Davis acabar la pelea antes del límite, como había hecho en casi todas sus actuaciones anteriores. La segunda más incómoda para el campeón es que la lesión fue real, pero que Cruz la causó precisamente porque su guardia alta y su corta estatura eran tan difíciles de manejar que Davis terminó golpeando en el lugar equivocado durante toda la pelea, lo que convierte la lesión no en una mala suerte, sino en una consecuencia directa del estilo y la habilidad de su rival. Lo que ocurrió en
la rueda de prensa posterior a la pelea fue el momento que más indignación generó en la afición de todo el mundo y el que más ha perdurado en la memoria colectiva del boxeo hispanohablante durante los años siguientes. Isaac Cruz, que acababa de pelear 12 asaltos contra el mejor boxeador de su categoría, llegando como sustituto de último minuto con menos de 4ro semanas de preparación, tomó el micrófono y fue completamente directo y sin ningún tipo de rodeo.
Si hay posibilidad de revancha, yo la quiero. No hubo estrategia mediática, no hubo condiciones económicas planteadas en público, no hubo ningún tipo de cálculo sobre lo que convenía decir o no decir delante de las cámaras. Era simplemente un hombre que sentía en lo más profundo que había estado a la altura en la pelea más importante de su carrera y que merecía otra oportunidad para resolver lo que esa noche había quedado sin resolver.
La respuesta de Davis fue igual de directa, pero en sentido completamente opuesto y llegó con una rapidez que no dejó ningún espacio para la duda. No tenía ningún interés en volver a pelear con Cruz. La negativa fue inmediata, pública y sin matices de ningún tipo, lanzada en la misma sala y delante de los mismos medios que acababan de presenciar los 12 asaltos más complicados de la carrera de Tank.
Cruz se quedó sentado en esa rueda de prensa escuchando como el hombre que le acababa de ganar por los pelos le cerraba la puerta en la cara. sabiendo que la pelea más importante de su vida no iba a tener continuación, a pesar de que había demostrado ante 15,850 personas en el Staple Center y ante millones de espectadores en pago por visión, que podía competir de igual a igual con el mejor del mundo en su categoría, la reacción de la afición fue de indignación casi unánime, especialmente en México y en toda la comunidad latinoamericana, donde Cruz
había pasado de ser un nombre relativamente desconocido a convertirse en un héroe nacional en una sola noche. Para la mayoría de los aficionados, la negativa de Davis fue la confirmación más clara y más elocuente posible de que él mismo sabía perfectamente lo cerca que había estado de perder esa noche.
Porque en el boxeo, cuando un campeón niega la revancha a un rival que acaba de empujarle al límite absoluto de sus capacidades, la lectura que hace la afición siempre es la misma. tiene miedo de que la segunda vez salga diferente. En los años siguientes a esa noche en el Staplless Center, Davis siguió su carrera hacia delante sin mirar atrás ni una sola vez en dirección a Isaac Cruz, construyendo su leyenda con victorias sobre rivales que el mundo del boxeo consideraba de mayor relevancia comercial y mediática que el mexicano. Peleó contra Rolando
Romero en mayo de 2022 y le noqueó en el sexto asalto en una actuación más cercana a lo que sus seguidores esperaban de él. Venció a Héctor Luis García en enero de 2023 en una defensa más complicada de lo prevista. Noqueó a Ryan García con un golpe al cuerpo en el séptimo asalto en abril de 2023 en Las Vegas, en una de las noches más grandes de su carrera y uno de los knockouts más espectaculares que el boxeo americano había visto en años.
Y en ninguno de esos momentos de gloria, con toda la atención del mundo puesta en él, concedió la revancha a cruz. A pesar de que la demanda de los aficionados era constante, creciente y perfectamente audible en todas las redes sociales y en todos los medios especializados, Cruz, por su parte, no se quedó quieto esperando a que Davis se dignara mirarle.
siguió construyendo su carrera con la misma determinación con la que había entrado al Staple Center esa noche. Ganó el título interino superwelter del Consejo Mundial de Boxeo. Acumuló más victorias y nunca, en ninguna entrevista, en ninguna rueda de prensa, en ninguna declaración pública, dejó de reclamar su derecho a una segunda oportunidad que sentía que se le debía.

Y entonces llegó diciembre de 2025 y Cruz pronunció la frase que se convirtió en viral en todo el mundo del boxeo hispanohablante y que resumió en una sola oración todo lo que había ocurrido en los 4 años anteriores. Estaba en la rueda de prensa de su pelea con la Mon Roach, otro hombre que había tenido sus propios problemas con Davis cuando alguien le preguntó si quería la revancha con Roach.
Su respuesta fue demoledora en su sencillez. ¿Quieren los fans una revancha? Yo no soy Herbonta Davis. Yo quiero la revancha de inmediato. La sala estalló en risas y aplausos. Roach se rioó también sentado junto a él, pero detrás de esa frase había 4 años de frustración acumulada, 4 años de sentir que se le había negado algo que merecía con toda justicia y 4 años de ver como el hombre que le había ganado por los pelos en el Staple Center seguía construyendo su leyenda sin mirarle.
El giro más interesante e inesperado de toda esta historia llegó cuando el propio Davis comenzó a cambiar de postura sobre la revancha con cruz, aunque lo hizo de la manera más característica posible para alguien de su personalidad, publicando sus pensamientos en redes sociales en plena madrugada y luego borrando lo que había escrito como si nunca hubiera existido, dejando solo las capturas de pantalla que los seguidores del boxeo habían sacado antes de que desaparecieran.
En esas publicaciones en la red social X que circularon por todo el mundo del boxeo antes de que Davis las eliminara, el campeón escribió que pelearía con Cruz de nuevo y que esta vez le pararía antes del límite y añadió algo que generó un debate enorme. ¿Cómo puede la gente decir que perdí esa pelea? Dios mío, hice muchas tonterías en esa pelea.
Eso sí es verdad. Hay dos cosas enormemente reveladoras en esas palabras que merecen ser analizadas por separado. Primero, que Davis reconocía de forma implícita que su actuación en esa noche estuvo muy lejos de su mejor nivel y que cometió errores que no debería haber cometido.
Segundo, y esto es lo más importante, que al mismo tiempo seguía sin querer admitir que Cruz le había puesto en un problema real como resultado de su propio mérito, minimizando lo ocurrido como errores propios en lugar de reconocer la habilidad y la valentía del mexicano. En diciembre de 2025, Davis volvió a llamar a Cruz públicamente en redes sociales, esta vez con una declaración más directa.
Me lo llevo a continuación en cuanto mi rodilla se recupere. El asesor de cruz, Sean Gibons, respondió públicamente a la agencia Boxing Sen que Davis estaba en lo más alto de la lista de objetivos de Pitbull y que entre los dos hombres había un negocio claramente inacabado que el mundo del boxeo merecía haber resuelto. Según The Ring Magazine, en marzo de 2026 arrancaron negociaciones avanzadas para una posible revancha en el peso superwelter de las 140 libras para ese mismo verano.
Sin embargo, semanas después, esas negociaciones se cayeron cuando Cruz anunció un cambio de entrenador de enorme relevancia, incorporándose al equipo de Eddy Reynoso, el preparador que guió a Canelo Álvarez durante los mejores años de su carrera, abriendo un nuevo capítulo en su trayectoria al margen de lo que Davis decidiera hacer con su regreso al ring.
Más allá de la narrativa, la polémica y las declaraciones públicas, hay una razón técnica muy concreta y muy bien definida por la que Isaac Cruz es el estilo más complicado que puede existir para Herbonta Davis. Y entenderla en profundidad es fundamental para comprender por qué esa pelea fue tan diferente a todas las anteriores y por qué una posible revancha generaría tanto interés en el mundo del boxeo.
Davis es un pegador zurdo de una potencia extraordinaria cuya arma principal y más efectiva es el gancho de izquierda que lanza desde ángulos difíciles de ver y que genera una velocidad y una potencia que muy pocos boxeadores de cualquier categoría pueden aguantar. Ese golpe le ha servido para noquear a la inmensa mayoría de sus rivales, porque los peleadores de su categoría simplemente no tienen la guardia ni la resistencia necesaria para absorberlo repetidamente.
Cruz neutralizó ese arma de dos maneras simultáneas y perfectamente complementarias que juntas formaron el antídoto perfecto para el estilo de Davis. Primero con su guardia alta y compacta que hacía que el gancho de izquierda de Davis encontrara brazos y codos en lugar de encontrar Kijada o Sien, desviando el impacto de los golpes más peligrosos de Tank hacia las partes menos vulnerables de su cuerpo.
Segundo, con su corta estatura de 1,62 cm, que cambiaba completamente el ángulo desde el que Davis tenía que lanzar ese golpe, obligándole a tirar hacia abajo en lugar de hacia delante o en diagonal, cambiando la mecánica de su golpe más peligroso. Y fue precisamente esa mecánica diferente la que provocó la lesión de mano que condicionó la segunda mitad de la pelea.
Además, la presión constante de Cruz no le daba a Davis el espacio físico necesario para cargar sus golpes de poder, porque Davis necesita distancia para generar la potencia que le caracteriza. Y Cruz no se la dio ni un segundo en los 12 asaltos y su trabajo al cuerpo, sistemático y paciente acumuló daño durante toda la pelea, desgastando físicamente a un Davis que no estaba acostumbrado a recibir ese tipo de castigo sostenido durante tanto tiempo.
El propio Davis lo había reconocido antes de la pelea en declaraciones que pasaron relativamente desapercibidas en su momento cuando dijo que no le gustaba pelear contra rivales más bajos que él porque le resultaba difícil encontrar los ángulos correctos. Cruz es la encarnación perfecta de absolutamente todo lo que le incomoda.
Para entender completamente esta historia y lo que representa dentro de la carrera de Herbonta Davis, hay que mirarla en un contexto más amplio que va más allá de esa sola pelea. Porque la negativa de Davis a conceder la revancha a Cruz no fue un caso aislado, sino parte de un patrón que se repitió en su carrera de una forma demasiado evidente para ignorarla.
En marzo de 2025, Davis peleó con la Mon Roach en Brooklyn. en una noche que generó tanta controversia como la pelea con Cruz, porque el combate terminó en empate por mayoría en una actuación que la mayoría de los analistas especializados desde ESPN hasta de Ring Magazine dieron ganando a Roach con claridad.
La afición pidió la revancha de forma inmediata y prácticamente unánime, y Davis la prometió públicamente para agosto de 2025, generando una expectativa enorme entre los seguidores del boxeo afición y luego la canceló para aceptar en su lugar una exhibición contra Jake Paul, dejando a Roach sin la pelea que le habían prometido formalmente y repitiendo exactamente el mismo patrón que había establecido con Cruz 4 años antes.
las críticas de Ryan García la noche de la pelea con Cruz, cuando escribió en Twitter que Davis era el más débil de todos los campeones del peso ligero y que su rival más duro hasta ese momento había sido Leo Santa Cruz. encapsularon perfectamente la narrativa de vulnerabilidad que rodeó a Davis durante todo ese periodo y que él nunca ha conseguido sacudirse del todo.
La pregunta que la afición lleva años haciéndose y que este vídeo no puede responder con certeza absoluta, pero si puede plantear con honestidad total, es si Davis gestiona conscientemente su carrera para evitar los rivales que representan un mayor riesgo para su récord invicto, o si simplemente toma las peleas que le interesan comercialmente sin importarle demasiado lo que la afición opine de sus decisiones.
Y la respuesta a esa pregunta, si es que alguna vez llega, quizás la de la posible revancha con cruz, si es que finalmente algún día se hace realidad. Llegamos al final de este vídeo con una reflexión que resume perfectamente todo lo que hemos analizado a lo largo de estos más de 25 minutos y que dice tanto sobre Isaac Cruz como sobre el propio Herbonta Davis.
Isaac Pitbull Cruz es el único boxeador en los últimos 10 años de la carrera profesional de Tank que le llevó a los 12 asaltos sin estar nunca en serio peligro de que la pelea se detuviera, llegando como sustituto de último minuto con menos de 4 semanas de preparación y cotizado a 100 a 100 en contra. es el hombre que conectó más golpes que cualquier otro rival de Davis en toda su carrera, 121 en total, en una actuación que los marcadores oficiales dieron como derrota, pero que el sentido común del boxeo reconoció como algo mucho más
cercano a un empate. Es el hombre que entró al Staple Center, ignorado y desconocido para el público americano y salió de allí convertido en héroe nacional en México y en un nombre que el mundo del boxeo no olvidará fácilmente. Y es el hombre al que Davis negó la revancha en su cara esa misma noche delante de todos los medios para luego pasar 4 años ignorando su nombre en público mientras en privado publicaba y borraba mensajes, reconociendo que esa pelea no había sido precisamente su mejor actuación. La
frase de cruz en diciembre de 2025. Yo no soy Herbonta Davis, yo quiero la revancha de inmediato. No fue solo una broma ingeniosa en una rueda de prensa de otra pelea. Fue el resumen más honesto y más directo posible de la diferencia fundamental entre dos tipos de boxeadores y dos tipos de mentalidades.
Los que buscan las peleas difíciles sin importar el riesgo y los que las evitan cuando tienen la opción de hacerlo. Y el hecho de que Davis después de 4 años de silencio y de negativa sistemática, terminara siendo él quien llamó a Cruz desde las redes sociales cuando ya nadie lo esperaba. dice más sobre lo que ocurrió realmente en el Staple Center esa noche de diciembre de 2021, que cualquier marcador oficial, cualquier estadística de golpes o cualquier declaración post pelea, porque en el boxeo, como en la vida, las verdades más profundas y
más reveladoras son las que uno mismo termina admitiendo sin querer en publicaciones borradas de madrugada que duran solo unos minutos antes de desaparecer, pero que ya todo el mundo ha visto. No.