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El Trágico Final de Roberto Durán, a sus 74 Años..

Cuando se habla de Roberto Durán,  casi todo el mundo piensa en lo mismo. Un boxeador histórico, campeón en varias categorías y uno de los peleadores más duros que se han visto. Su victoria contra Sugar Rey Leonard en 1980 lo colocó en lo más alto y lo convirtió en una figura mundial. Pero mientras todo eso pasaba dentro del ring,  fuera la historia era muy distinta.

En ese mismo año, después de ganar a Leonard, Durán pasó semanas sin entrenar como debía. Salidas constantes, comida sin control y consumo de alcohol  formaron parte de su rutina en ese periodo. Cuando se confirmó la revancha, tuvo que bajar una gran cantidad de peso en muy poco tiempo para poder pelear.

Ese cambio se notó desde el primer momento en el combate. No tenía la misma energía, ni el mismo ritmo, ni la misma presencia que en la primera pelea. Era el mismo boxeador, pero en condiciones completamente diferentes.  Y ese no fue un caso aislado. A lo largo de su carrera se repitieron situaciones donde su vida fuera del ring afectaba directamente a su rendimiento.

momentos donde el talento no era el problema, sino todo lo que había alrededor. Este vídeo va justo de eso, no de los títulos ni de las victorias,  sino de todo lo que pasaba fuera del foco, de los problemas, de las decisiones y de los momentos que marcaron su vida mientras el mundo solo veía al campeón.

Porque la historia de Durán no se entiende solo viendo sus peleas, se entiende cuando miras todo lo que había detrás. La historia de Roberto Durán empieza mucho antes de los títulos. En El Chorrillo, uno de los barrios más pobres de Panamá en los años 50 y 60.  Creció en una zona donde la pobreza era lo normal y donde muchos niños pasaban más tiempo en la calle que en casa.

Desde pequeño tuvo que buscarse la vida. Vendía periódicos, limpiaba zapatos y hacía pequeños trabajos para ganar dinero.  No era algo puntual, era parte de su día a día. Si quería comer o ayudar en casa, tenía que salir a la calle a conseguirlo. Además, su entorno familiar no era estable. Su padre, que era estadounidense, no estuvo presente y su madre tuvo que sacarlo adelante prácticamente sola.

Eso hizo que desde muy joven no tuviera una figura que marcara límites claros o una estructura definida. En ese ambiente las peleas eran algo habitual, no como deporte, sino como forma de defenderse o de hacerse respetar. Durán empezó a pelear en la calle antes de hacerlo en un ring. Ese carácter agresivo no se creó con el boxeo, ya venía de antes.

Hay historias de gente del barrio que cuentan como ya de niño destacaba por su forma de pelear,  por su manera de no dar un paso atrás. No era el más grande ni el más fuerte, pero sí uno de los que más insistía y más aguantaba. Ese tipo de entorno te marca no solo físicamente, también mentalmente. Aprendes a reaccionar rápido, a no confiar en nadie y a resolver los problemas de forma directa.

Y todo eso se fue quedando en su forma de ser. Cuando más adelante entra en el boxeo, no empieza desde cero.  Ya tenía esa base, esa agresividad y esa mentalidad.  El gimnasio no le enseñó a pelear, le dio una forma de canalizar lo que ya llevaba dentro.  Y muchas de las cosas que veremos después, tanto buenas como malas,  tienen su origen aquí, en esta etapa, en este barrio y en esta forma de crecer.

Cuando Roberto Durán empieza a meterse en el boxeo en serio, lo hace siendo prácticamente un adolescente. Debuta como profesional con solo 16 años en 1968, algo que ya dice mucho del contexto en el que vivía. No había margen para esperar. Tenía que empezar a ganar dinero cuanto antes. En esos primeros años peleaba muy seguido.

Llegó a hacer más de 10 combates en un solo año, algo que hoy es impensable. No lo hacía por estrategia deportiva, lo hacía porque necesitaba cobrar. Cada pelea era una forma de llevar dinero a casa, no un paso medido dentro de una carrera. Pero mientras empezaba a ganar combates, su vida fuera del ring seguía siendo la misma.

No había una estructura que controlara lo que hacía cuando no entrenaba. seguía moviéndose en el mismo entorno, con las mismas influencias y con una rutina que no tenía nada que ver con la disciplina que exige el boxeo. Hay relatos de esa etapa donde ya se hablaba de su carácter complicado, discusiones,  peleas fuera del ring y una forma de reaccionar muy directa ante cualquier problema.

No era alguien que evitara conflictos, al contrario, muchas veces los buscaba o no sabía salir de ellos. Además, el poco dinero que empezaba a ganar no se gestionaba bien,  lo gastaba rápido en salidas, en cosas del momento. No había planificación ni control, simplemente vivía el día a día y eso hacía que tuviera que seguir peleando constantemente para mantenerse.

Ese ritmo tenía dos caras.  Por un lado, le daba experiencia muy rápido dentro del ring. Por otro, fuera de él, seguía sin tener estabilidad. No había un equilibrio entre su crecimiento como boxeador y su vida personal. Y aquí es donde empieza a formarse el patrón que se repetirá durante toda su carrera.

Un talento enorme dentro del ring,  pero una vida fuera de él que no estaba organizada. Todo eso no se veía tanto en ese momento porque seguía ganando, pero ya estaba  ahí y con el tiempo iba a empezar a tener consecuencias más claras. A medida que Roberto Durán empieza a ganar más dinero y a hacerse conocido en Panamá,  también empieza a rodearse de un ambiente que no le ayuda.

Desde muy joven ya se le veía en bares y celebraciones después de sus peleas, algo que con el tiempo se convirtió en algo habitual.  En los años 70, cuando ya era campeón del mundo, su relación con el alcohol era conocida dentro del entorno del boxeo. Hay testimonios de su equipo que cuentan que después de algunas victorias importantes podía pasar días seguidos de fiesta.

No era algo puntual, era parte de su rutina entre combates. Un caso muy claro se vio antes de varias defensas de su título ligero. Mientras otros campeones mantenían una preparación constante, Durán desaparecía durante días y luego volvía al gimnasio con varios kilos de más. obligaba a su equipo a hacer preparaciones más duras en menos tiempo.

También se ha contado que en algunos entrenamientos  llegaba sin estar al 100%, con falta de energía y sin el nivel de concentración que necesitaba. Aún así, su talento le permitía seguir ganando y eso hacía que muchas veces  no se tomara en serio cambiar esos hábitos. El problema es que el alcohol no solo afectaba a su preparación física, también a sus decisiones.

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