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El Trágico Final de Arturo Gatti, a sus 37 Años..

Hay boxeadores que el mundo del deporte recuerda con admiración y hay boxeadores que el mundo del deporte recuerda con amor. Arturo Gati pertenecía a la segunda categoría y eso es algo que muy pocos atletas de cualquier deporte han conseguido en toda la historia. Nacido en Calabria, Italia,  el 15 de mayo de 1972 y criado en Montreal, Canadá.

Gat fue un campeón mundial en dos categorías de peso  que construyó su leyenda no sobre la elegancia técnica ni sobre la invencibilidad física, sino sobre algo mucho más difícil de fabricar, la voluntad de no rendirse jamás, de absorber el castigo más brutal que el boxeo puede ofrecer y seguir caminando hacia adelante como si el dolor fuera simplemente el precio de entrada.

Le llamaban Thunder, el trueno, y también el Human Highlight film, la película Highlight humana,  porque cada una de sus peleas contenía más drama, más sangre y más momentos de pura adrenalina que la mayoría de las carreras completas de otros boxeadores. La afición le amaba con una intensidad que iba más allá del deporte, con la misma intensidad con la que se quiere a alguien que no se rinde nunca, que se levanta  siempre y que hace que uno sienta que también puede levantarse cuando la vida le golpea. Pero este

video no está aquí  para contarte la historia que ya conoces, está aquí para contarte la otra historia, la que ocurría fuera del ring, lejos de las cámaras y de los aplausos. La historia de un hombre que tenía un problema grave con el alcohol que sus seres más cercanos conocían y que el mundo prefería ignorar.

La historia de una relación tormentosa marcada por la violencia desde su inicio. La historia de una muerte en Brasil el 11 de julio de 2009 que las autoridades calificaron de suicidio y que decenas de personas que le conocieron en vida siguen sin poder aceptar 16 años después. y la historia de su hijo Arturo Gatti Junior, que el 7 de octubre de 2025 fue encontrado muerto en un apartamento de Ciudad de México a los 17 años, de la misma forma exacta en que encontraron a su padre en Brasil una década y media antes. Esta es la historia completa de

Arturo Gati, la que duele de verdad. Para entender por qué la muerte de Arturo Gatti sacudió al mundo del boxeo de una forma que pocas muertes han producido en la historia del deporte,  hay que entender primero qué tipo de boxeador era y qué tipo de peleas le habían convertido en una figura tan querida.

Gaty hizo su debut profesional en 1991 y durante los 16 años siguientes construyó una carrera que se caracterizó por una constante que ningún rival ni ninguna derrota pudo quebrar. Su negativa absoluta a rendirse, a tirar la toalla, a aceptar que la noche estaba perdida mientras le quedara un segundo en el reloj.

Terminó su carrera con un récord de 40 victorias, nueve derrotas y 31 knockouts con títulos mundiales en el peso superpluma de la Federación Internacional de Boxeo y en el peso superwelter del Consejo Mundial de Boxeo. Pero sus títulos, sus récords y sus estadísticas  son la parte menos importante de su historia como boxeador.

La parte importante son las peleas.  La noche de septiembre de 1998 en Atlantic City, cuando Iván Robinson le derrotó en una batalla que muchos consideraron la mejor pelea del año. La noche de enero de 2000,  cuando Joy Gamash llegó al ring pesando 20 libras menos que Gatti y este le noqueó en el segundo asalto, en una pelea que años después generaría una demanda judicial por parte de Gamash, alegando  daño cerebral permanente.

sus dos peleas con Gabriel Ruelas, llenas de drama y de  sangre, y sus enfrentamientos con Óscar de la Olaya y Floyd Mayweather,  donde fue derrotado, pero donde demostró que incluso ante los mejores del mundo, su corazón era más grande que cualquier plan táctico. Su última pelea profesional fue en julio de 2007,  cuando con 35 años y plagado de lesiones, fue detenido por un Alfonso Gómez, mucho más joven en el asalto número siete, en una actuación que dejó claro que su cuerpo ya no podía seguir

dando lo que el ring le pedía.  Cuando salió del ring esa noche por última vez, el mundo del boxeo no sabía que estaba viendo el principio del final de una vida que se apagaría apenas dos años después. Si hay un capítulo en la vida de Arturo Gatti que resume mejor que ningún otro, ¿por qué este hombre fue tan especial para el boxeo? Ese capítulo es la trilogía con Mickey Wart,  el irlandés americano de Lowell, Massachusetts, que se convirtió en su mayor rival y en su mejor amigo al mismo tiempo. Las tres peleas entre

Gatti y W en 2002 y 2003  solo algunas de las mejores peleas de esa era del boxeo.  son para muchos aficionados y para muchos analistas especializados las mejores peleas que el boxeo del siglo XX ha producido hasta ahora. Una afirmación que más de dos décadas después todavía resulta muy difícil de rebatir.

La primera pelea el 18 de mayo de 2002 en Atlantic City fue tan brutal y tan dramática que el programa de boxeo de HBO,  que la emitió en directo, recibió llamadas de espectadores preguntando si los dos hombres iban a estar bien cuando terminara. W ganó por decisión mayoritaria en una noche  que los dos casi dejaron sus vidas en el ring.

Su primera y su tercera peleas ganaron el premio Pelea del Año de la revista de Ring, la publicación más prestigiosa del boxeo mundial.  Gatti ganó la segunda y la tercera, la última de ellas con la mano derecha rota desde el tercer asalto. Un detalle que cuando se conoció después de la pelea convirtió  su victoria en algo todavía más extraordinario.

W dijo después de la tercera pelea una frase que resume perfectamente lo que esas tres noches significaron para los dos hombres y para todos los que las vieron. éramos socios de baile en el ring y es una pena que mi compañero de baile se haya ido. Mickey W y Arturo Gatti se hicieron amigos después de pelearse tres veces.

W fue su entrenador en las últimas peleas de su carrera  y Ward fue uno de los primeros en decir públicamente con la voz rota que no podía aceptar que Arturo Gatti hubiera decidido quitarse la vida, porque el hombre que conoció en el ring nunca se rindió,  nunca. La imagen pública de Arturo Gati era la del campeón alegre, generoso  y adorable, que firmaba autógrafos para los fans hasta que el último de ellos se iba  a casa.

Pero detrás de esa imagen había un hombre con un problema grave con el alcohol que las personas de su entorno conocían perfectamente  y que fue agravándose progresivamente a lo largo de toda su carrera y especialmente después de su retirada. Tom  Casino, su fotógrafo personal durante años y una de las personas que mejor le conoció, resumió la vida de Gaty después de retirarse con una frase demoledora.

Festejaba como peleaba, y la forma en que Gatti peleaba era con una intensidad total,  sin límites, sin frenos, hasta que ya no podía más. Esa misma intensidad aplicada al alcohol y a una vida sin la estructura del boxeo que le había mantenido en pie durante 16 años fue una combinación destructiva que nadie de su entorno supo pudo detener.

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