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El secreto que Juan Gabriel ocultó hasta morir y que destruyó todo lo que dejó.

Juan Gabriel era el tipo de hombre al que nadie le decía que no. Y si alguien se atrevía, no tardaba en recordar que eso no era una opción. Cada canción que escribió, cada concierto que dio, cada acuerdo que firmó, todo pasaba por él o no pasaba, su mundo funcionaba bajo una sola regla.

Su voluntad era la ley y la ley no se discutía.  Pero detrás de ese control absoluto que ejercía sobre todo y sobre todos, había algo que él nunca pudo controlar  del todo, su propio cuerpo. Y cuando ese cuerpo empezó a fallar, Juan Gabriel hizo lo que siempre había hecho con las cosas que no le convenían. Las ignoró, las enterró, las ocultó bajo capas de maquillaje, de escenarios, de aplausos  y de canciones nuevas que nadie le había pedido, pero que él igual escribía a las 3 de la mañana.

porque el silencio le resultaba insoportable. Hoy vas  a descubrir todo eso. ¿Cómo era realmente Alberto Aguilera Baladés? Ese niño que empezó sin nada en Parácuaro, Michoacán, y que murió siendo el artista mexicano más influyente del siglo XX.  ¿Cómo le detectaron la enfermedad que acabaría con su vida? ¿Por qué tomó la decisión de no decírselo a nadie, ni a sus hijos, ni a su médico de cabecera, ni al mundo que lo adoraba?  ¿Cómo fue la evolución de esa enfermedad mientras él seguía subiendo a los

escenarios como si nada? ¿Y cuáles fueron sus últimos días? ¿Lo que se vio? lo que no se vio y lo que todavía hoy está en disputa, la verdad te va a sorprender. Quédate hasta el final porque si eres fan de Juan Gabriel o simplemente te atraes a ver lo que hay detrás de las personas más famosas del mundo, este video va a dejarte pensando mucho tiempo después de que termine.

Y antes de empezar, hay cuatro cosas que vas a descubrir aquí que casi nadie sabe del todo. Primero, ¿cuál era el verdadero origen del carácter de Juan Gabriel? ¿Por qué era tan controlador? ¿Y de dónde venía esa necesidad de dominar absolutamente todo? Segundo, ¿qué enfermedad le diagnosticaron? ¿Cómo lo supieron quienes estaban cerca? ¿Y por qué él decidió que nadie más tenía que saberlo? Tercero, ¿qué pasó en sus últimos meses de vida? Lo que sus colaboradores vieron en los camerinos y lo que las cámaras captaron en sus

últimos conciertos. Y cuarto, la guerra que estalló después de su muerte, el dinero, los hijos, las propiedades y una herencia que todavía hoy no tiene dueño. Claro. Guarda esos cuatro puntos en tu mente. Los vamos a ir desgranando uno por uno. Para entender a Juan Gabriel, hay que retroceder mucho.

Hay que ir hasta un lugar donde el polvo de los caminos de tierra se mezclaba con el olor a pobreza y a abandono. Hay que ir a Parácuaro, un municipio de Michoacán que en  1950 no era más que un puñado de casas dispersas, campos de labor y familias que sobrevivían con lo que la tierra daba si daba algo.

Alberto Aguilera Baladés nació el 7 de enero de 1950.  El menor de 10 hijos. Repite eso. El menor de 10. En una familia campesina, sin dinero, sin posibilidades reales de educación formal, en el México de mediados del siglo XX, donde ser  pobre en una comunidad rural significaba que tu destino ya estaba básicamente escrito antes de que pudieras leerlo.

Su padre, Gabriel Aguilera, era jornalero. Trabajaba la tierra de otros. Su madre, Victoria Baladés, cargaba con 10 hijos y una economía que no alcanzaba ni para lo básico. Y el pequeño Alberto lo vio todo desde muy cerca. La escasez, el esfuerzo sin recompensa, la dignidad aplastada por la necesidad. Pero lo que marcó a Alberto de una manera que nunca pudo sacarse de encima no fue la pobreza, fue lo que vino después.

Cuando tenía apenas 4 años, su padre se fue. Así, sin más, Gabriela Aguilera dejó a la familia y desapareció de la vida de sus hijos como si nunca hubiera existido. Para un niño de 4 años eso no se procesa,  no se entiende, no se coloca en ningún cajón del pensamiento racional, simplemente duele. Y ese dolor, cuando no tiene nombre, cuando no hay nadie que te lo explique, se convierte en otra cosa.

se convierte en una herida que crece con el niño. Poco después, la situación económica de la familia llegó a un punto límite. Victoria no podía sostener  a todos sus hijos sola y tomó una de esas decisiones que solo se entienden cuando el hambre es real y las opciones son ninguna. Internó a Alberto en el internado oficial número 8o en Ciudad Juárez. Alberto tenía 5 años.

Imagina la escena. un niño de 5 años, el más pequeño de 10 hermanos, que ya había perdido a su padre y que ahora veía a su madre alejarse por un camino de tierra mientras él se quedaba en la puerta de un internado del que no entendía nada. Ese momento, ese preciso momento es el origen de todo lo que Juan Gabriel fue después, porque el abandono a esa edad no solo duele.

Moldea, construye una arquitectura emocional específica. La necesidad de control que Juan Gabriel ejerció toda su vida sobre sus relaciones, su música, su entorno, su imagen, su dinero, todo viene de ahí. del niño que perdió el control de todo lo importante antes de tener 5 años y que juró  sin palabras que nunca volvería a estar en esa posición.

El internado fue duro, no de la manera cinematográfica de  los golpes y los gritos, fue duro de la manera silenciosa y cotidiana que es peor. La frialdad institucional,  la ausencia de afecto individual, los días que se parecen entre sí, la sensación de ser uno más entre muchos. Y ahí en ese  internado de Ciudad Juárez, fue donde Alberto encontró la música.

Primero como entretenimiento, después como  refugio y finalmente como lo único que lo hacía sentir que existía de verdad. Juan Pablo  Ledesma, el director del internado, fue una figura crucial. Reconoció algo en ese niño callado y observador que los demás no veían. Le dio espacio, le permitió cantar en los actos del internado y Alberto, que había aprendido que el afecto llegaba cuando uno se hacía  notar de la manera correcta, se aferró a eso con una intensidad que asustaba un poco.

Ciudad Juárez  en aquellos años era una ciudad de frontera. el olor a polvo y asfalto caliente, el ruido de la frontera  con el paso, los negocios del otro lado que prometían un mundo diferente, más brillante, más ruidoso  y ese ambiente fronterizo fue el primer escenario real de Alberto. No un teatro, no un estudio, sino las calles,  los bares de poca monta, los lugares donde la música era lo más barato que podías comprar y lo más poderoso que podías sentir.

A los 13 años, Alberto ya actuaba en la vía pública. Cantaba en la plazuela Guadalupe de Ciudad Juárez por unas monedas. Y hay algo en esa imagen que hay que sostener un momento. Un adolescente de 13 años sin padre, separado de su familia, cantando en una plaza para extraños que le daban dinero o que simplemente pasaban de largo.

Eso es el origen del artista más importante que México ha dado en el siglo XX. Y también es el origen de la jaula. Porque Alberto aprendió muy pronto que el mundo te da lo que te ganas, que nadie  te regala nada, que la vulnerabilidad es una puerta abierta para que te hagan daño y que la única manera de estar seguro es no necesitar a nadie que no puedas controlar.

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