Este es, sin duda, uno de los casos más escalofriantes dentro de las ej3cuci0nes en Estados Unidos. Hoy te cuento la historia de un hombre que fue ej3cut4d0 por asesinar brut4lmente a sus dos pequeñas hijas. John David Bataglia no solo cometió un crimen atroz, también mostró una frialdad absoluta. Nunca expresó arrepentimiento y, incluso en sus últimos momentos, sus palabras finales fueron una burla hacia sus propias hijas.
Pero antes de llegar a ese momento final, retrocedamos al punto exacto donde comenzó el camino que lo llevó al corredor de la muerte. Bienvenidos al canal El corredor de la muerte. John David Bataglia creció como muchos otros hijos de militares entre mudanzas constantes, nuevos estados y cambios de escuela. Nació el 2 de agosto de 1955 en una base militar en Alabama.
Y su infancia, aunque feliz, siempre estuvo marcada por el ritmo del trabajo de su padre. Pasó por Oregon para terminar la preparatoria y más tarde se estableció en Dumont, Nueva Jersey, donde se graduó del colegio local. Luego ingresó a la Universidad Faake Dickinson para continuar sus estudios. En su juventud tuvo problemas legales relacionados con drogas y fue entonces cuando, impulsado por su padre decidió unirse a los Maríns.
Dentro de la milicia avanzó con rapidez y llegó a ser sargento. Pero aún estando en la cima de una carrera prometedora, sintió que ese camino no lo llenaba. Dejó el uniforme atrás, regresó a los estudios y se formó como contador. Tiempo después se mudó a Dallas, Texas, donde vivía su padre. quien se había separado de la madre de Bataglia años antes.
Allí continuó estudiando hasta aprobar el examen que lo certificaba y le permitió ejercer formalmente como contador público. En Dallas, Batalia era visto como un hombre respetado, sociable y con una carrera estable. Durante su tiempo, en la contaduría pública, conoció a Michelle, una abogada reconocida en la ciudad. Con el paso del tiempo, su relación creció y en 1985 se casaron.
Se mudaron juntos y tuvieron una hija, Cristi Bataglia. Para quienes los rodeaban eran una familia ejemplar. Bataglia se mostraba afectuoso con su esposa y dedicado a su hija. Pero con el tiempo esa imagen comenzó a desmoronarse. Batalla empezó a mostrar su verdadero carácter. Su comportamiento cambió y la violencia se hizo presente en el hogar. Durante 2 años.
Michelle fue víctima de agresiones físicas y de celos enfermizos. Uno de los incidentes más graves ocurrió afuera de la escuela de su hija cuando Michelle esperaba a que la niña saliera de clases. En ese momento, Bataglia llegó sin motivo aparente y la atacó, golpeándola sin control. Ese hecho marcó un límite para Michelle, quien decidió presentar una denuncia y solicitar su arresto por agresión.
La reacción de Bataglia al enterarse de la denuncia fue aún más violenta. Para ese momento, Michelle ya llevaba varios días fuera del hogar junto a su hija. Cuando Bataglia supo de la denuncia, la interceptó en una parada de autobús mientras ella se dirigía al trabajo y la atacó con tal brutalidad que terminó hospitalizada. El golpe le fracturó la nariz y la dejó irreconocible.
went up to her she’s walking down the sidewalk and I said, “You’re uh you’re going to have to learn this lesson.” And I just held her by the shoulder and I turn head twice and you know, she moved her head the wrong way and I snapped her nose. Well, the practice she got me put in prison that she pulled from her.
Ese ataque dejó completamente en evidencia el peligro que representaba. Apenas se recuperó de ese ataque, en septiembre de 1986, Michelle inició el proceso de divorcio. A finales de ese mismo año, la separación se hizo oficial. Sin embargo, Michelle no quiso que lo ocurrido quedara impune y lo demandó por agresión.
En 1987, Batalia se declaró culpable de violencia doméstica, recibiendo una sentencia de 2 años de libertad condicional. Ese fue el primer registro oficial del patrón de violencia que lo acompañaría el resto de su vida. A pesar de sus antecedentes de violencia doméstica, Batalla intentó continuar con su vida fingiendo ser alguien que no era, amable y cariñoso con los demás.

Un día, mientras tomaba café afuera de su trabajo, vio a una mujer entrar a la cafetería. Era Mary John Pearl. Se acercó con actitud amigable y poco a poco logró ganarse su confianza. Iniciaron una relación y finalmente el 6 de abril de 1991, Batalia se casó con Mary Jean. Siguiendo el mismo patrón durante los primeros años se mostró encantador, generoso y divertido.
Para muchos era un hombre ejemplar. Con el tiempo, la pareja tuvo dos hijas, Mary Fate y Liberty May. Aquí hago una pausa para decirle a todas las mujeres que están viviendo una situación de abuso, este tipo de conductas no cambian y este caso lo demuestra. Con el paso de los años, Batalia reveló el mismo patrón de siempre.
En público se mostraba como un esposo ejemplar, pero en privado era completamente distinto. Sometía a Mary Jin a insultos, humillaciones y manipulación constante. Durante los 9 años que duró el matrimonio, la relación estuvo marcada por las agresiones, mientras Bataglia destruía poco a poco la autoestima de Mary Jane.
Sin embargo, hay un detalle especialmente inquietante en este caso. A pesar del abuso hacia ambas esposas, con sus hijas mostraba una actitud completamente distinta. Batalia nunca ejerció violencia contra ellas. Por el contrario, se mostraba cariñoso y repetía constantemente que ellas eran su vida. Enero de 1999, tras años de abuso y sufrimiento y con el apoyo de su familia, Mary Jean con mucha valentía decidió separarse de Bataglia.
Podría pensarse que la historia terminaba aquí, pero no fue así. La violencia no había terminado, en realidad estaba a punto de escalar. A pesar de que el matrimonio había terminado, Mary Jan permitía que Bataglia visitara a sus hijas en su casa, ya que ellas lo adoraban. El 24 de diciembre de 1999, en plena víspera de Navidad, durante una de esas visitas a Faith y Liberty, Bataglia tenía otro plan.
Apenas estuvo unos minutos con las niñas y sin motivo aparente se dirigió hacia Mary Jean y la atacó brutalmente. La agresión ocurrió frente a las tres niñas presentes. Fait Liberty y Christi, hija de su primer matrimonio. Según el reporte, la golpeó en el rostro repetidas veces, la pateó y la dejó cubierta de cortes y moretones.
Las niñas aterradas le suplicaban que se detuviera hasta que finalmente lo hizo y se marchó del lugar. Al día siguiente, Mary Janin presentó una denuncia policial y solicitó el divorcio de inmediato. Una vez más, Bataglia fue llevado a juicio por las agresiones. El jurado lo declaró culpable de un delito menor y recibió 2 años de libertad condicional.
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Aquí es donde surge la pregunta. Como teniendo ya antecedentes por violencia, volvió a recibir una sentencia similar. Sin embargo, así ocurrió. A pesar de la orden de restricción y de los términos de su libertad condicional, Batalla continuó violando las reglas. Su obsesión con Mary Jean comenzó a intensificarse de forma inquietante.
Alrededor de la Pascua de 2001, la llamó por teléfono para insultarla, amenazarla y acusarla sin ningún fundamento de haberle sido infiel. Durante la llamada comenzó a decirle que la iba a matar y afirmó estar convencido de que sus propias hijas no eran realmente suyas. Ante esta situación, Mary Jean presentó una queja ante el oficial de libertad condicional, reportando que Bataglia había dejado un mensaje abusivo en su contestador.
Debido a que ya estaba en libertad condicional, esa llamada representaba una violación directa de los términos impuestos, lo que podía enviarlo nuevamente a prisión. El 2 de mayo de 2001, Bataglia se enteró de que se había emitido una orden de arresto en su contra por incumplir dichas condiciones. La policía le informó que debía entregarse.
Sin embargo, esa misma tarde tenía programada una visita con sus hijas como parte del acuerdo de custodia, ya que aún no se había dictado una resolución que le prohibiera legalmente verlas. Y ese día ocurrió lo peor. Esa tarde Bataglia recogió a Fate de 9 años y a Liberty de 6 en el estacionamiento de un centro comercial en Park Cities.
Unos familiares se las entregaron sin saber nada de la sentencia. En la visita se suponía que sería para cenar, ya que debido a la orden de alejamiento, él no podía recogerlas en la casa. Sin embargo, en lugar de llevarlas al centro comercial, Bataglia enfurecido condujo directo a su apartamento en Dallas. Ese día, Mary Jean se encontraba en casa de una amiga, pero decidió irse porque tenía un mal presentimiento.
Al llegar, le informaron que las niñas querían hablar con ella, ya que estaban con su padre. Alarmada, llamó al apartamento de Bataglia. Él contestó y puso la llamada en altavoz. Bataglia acercó el teléfono a Fate. Con una voz inocente y confundida, la niña preguntó, “Mamá, ¿por qué quieres que papá vaya a la cárcel?” Mary quedó paralizada.
Segundos después, escuchó a su hija suplicar desesperada. “No, papá, por favor, no, no lo hagas.” En la línea comenzaron a oírse disparos. Mary gritaba, rogándoles a sus hijas que corrieran. En total escuchó siete detonaciones. Después de los disparos, Bataglia tomó el teléfono y con un tono frío y burlón le dijo, “Feliz [ __ ] Navidad.
Una referencia cruel al ataque que él mismo había cometido en la Navidad de 1999. Luego se rió y colgó. So there’s nothing about that that you remember. Not particularly. No. Lo que ocurrió dentro del apartamento fue devastador. Bataglia les dijo a sus hijas que entraran con él. a cenar. Ellas confiaban plenamente en su padre. Hasta ese momento, nunca había sido violento con ellas.
Sin embargo, ese día su actitud fue distinta desde el inicio. Al llegar al apartamento en medio de un estallido de ira, las obligó a llamar a su madre y preguntarle por qué quería enviarlo a prisión. Mientras las niñas hablaban por teléfono, tomó una pistola C Python calibre 44 Magnum y la cargó. Ellas estaban de espaldas.
Cuando Faith se giró y lo vio apuntándolas, comenzó a suplicar por su vida. Bataglia acabó con la vida de sus hijas. Faith recibió tres disparos y Liberty cinco. Al escuchar los disparos, Mary Jean llamó inmediatamente al 911. Minutos más tarde, Bataglia, mostrando el monstruo que era, dejó un mensaje en la contestadora del dormitorio de sus hijas.

Buenas noches, mis pequeñas bebés. Fueron niñas muy valientes. Las amo mucho. Después de cometer el crimen, Batalia se marchó como si nada, sin mostrar ningún remordimiento. Fue a un bar junto a su nueva novia, donde estuvieron bebiendo y pasando el rato. Más tarde acudió a un estudio de tatuajes donde se tatuó en el brazo izquierdo dos rosas rojas en honor a Faith y Liberty.
Después de la llamada al 911 de Mary, la policía llegó al apartamento de Bataglia en la zona de Deep Elum. Al entrar quedaron impactados por la escena. Encontraron los cuerpos de Faith y Liberty, ambas con múltiples heridas de bala. Dentro del lugar también localizaron varias armas de fuego y en su camioneta un revólver completamente cargado.
La búsqueda de Bataglia se intensificó en toda la zona. Horas después del doble homicidio, fue ubicado en una tienda de tatuajes cercana. Los oficiales lo confrontaron afuera del local y lo detuvieron de inmediato. Los mismos agentes que lo arrestaron habían visto la escena del crimen, por lo que, según reportes, reaccionaron con violencia durante la detención.
Batalla terminó con un ojo morado antes de ser trasladado bajo custodia. El juicio por asesinato capital contra John David Bataglia inició el 22 de abril de 2002 en el Frank Cowy Cours Building de Dallas y rápidamente se convirtió en uno de los casos más impactantes del estado. La fiscalía encabezada por Howard Blackmon presentó ante el jurado el historial de violencia doméstica que Bataglia había ejercido durante años apoyándose en los testimonios de su primera esposa, Michelle Getty, y de Mary Jump Pearl.
quien relató con detalle el brutal ataque de Navidad de 1999, la escena del crimen y especialmente la llamada telefónica en la que Pearl escuchó los gritos de sus hijas. Durante la fase de sentencia, la defensa intentó evitar la pena de muerte, argumentando que Bataglia padecía trastorno bipolar y un trastorno de personalidad narcisista, respaldados por evaluaciones psiquiátricas y testimonios familiares.
A pesar de ello, el jurado decidió imponer la pena máxima y el 30 de abril de 2002 fue condenado a muerte. A lo largo de los años, Bataglia presentó múltiples apelaciones para intentar frenar su ejecución. Alegó problemas mentales, cuestionó la validez de su juicio e incluso señaló a los policías por el uso de la fuerza durante su arresto.
En 2016 logró una suspensión de la ejecución apenas 7 horas antes de la fecha programada debido a dudas sobre su competencia mental. Sin embargo, para ese momento ya había agotado la mayoría de sus recursos legales y el Estado de Texas mantenía su intención de llevar a cabo la ejecución. Finalmente, Batalia agotó todas sus apelaciones. El 31 de octubre de 2017 se firmó su orden de ejecución, fijando como fecha el 1 de febrero de 2018.
Durante sus años en el corredor de la muerte, su comportamiento fue inquietante. Llegó a burlarse del asesinato de sus hijas y cuando otros reclusos lo llamaban asesino de niñas, respondía que no las había matado porque, según él, no eran biológicas. El 1 de febrero de 2018, John David Bataglia fue ejecutado en la unidad Hansville en Texas a los 62 años.
Ese día se levantó a las 7 de la mañana y recibió su última comida. Pollo empanizado, puré de papas con salsa, ejotes, maíz y pan de maíz. Según el portavoz del Departamento de Justicia Criminal de Texas, Bataglia, se mantuvo de buen ánimo en las horas previas. Una vez Bataglia entró a la cámara de ejecución y fue colocado en la camilla, le preguntaron si tenía unas últimas palabras antes de morir.
Inicialmente dijo que no. Sin embargo, en ese momento se abrió la escotilla desde donde los testigos observaban la ejecución. Al ver a Mary Jin Perle entre ellos, cambió de opinión. La miró fijamente, sonrió con burla y dijo, “Bueno, hola, Mary Jin, los veré después. Adiós.” Mientras se reía. Luego, dirigiéndose al guardia, añadió, “Adelante, por favor.
” A las 9:18 de la noche se le administró una dosis letal de pento barbital. Bataglia cerró los ojos, miró hacia arriba y segundos después los abrió nuevamente, levantó la cabeza y soltó una risa antes de decir, “¿Sigo vivo?” Mientras el fármaco comenzaba a hacer efecto, añadió, “Oh, siento que estoy muriendo.
” Exhaló dos veces, empezó a roncar y en cuestión de segundos dejó de moverse. La hora oficial de su muerte fue registrada a las 9:40 de la noche, exactamente 22 minutos después del inicio de la inyección letal. No se reportaron signos de sufrimiento. Tras confirmar que Batoglia había dejado de respirar, Mary Jane Pearl se apartó de la ventana de observación visiblemente afectada.
He visto suficiente de él”, dijo antes de retirarse. Minutos después regresó para presenciar el momento en que el médico lo declaró oficialmente muerto. I mean, how many people get to do that? It’ll be odd. But uh scary, I don’t think. I mean, what would be to be scared of? You know what’s going to happen. Except if they call the last minute and say, “No, don’t do it.
” And then you’re like, “Oh, fuck. ¿Qué opinas de este caso? ¿Crees que se hizo justicia con John David Bataglia? Este caso también ha sido abordado en documentales que muestran el impacto en su familia, especialmente el trauma que dejó en su hija al enfrentarse a la contradicción de quien parecía ser con ella y lo que hizo.
Algunos consideran que su historial de salud mental debió tener otro peso en el proceso. Otros sostienen que no hay justificación posible para lo que hizo. Te leo en los comentarios. Ah!