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CHIQUIS RIVERA REVELA la ASQUEROSA DEUDA que JENNI RIVERA tenía con TELEVISA

8 de diciembre de 2012. Arena Monterrey, Nuevo León. Son las 9 de la noche y el recinto explota. 43 años, vestido negro ajustado, tacones que no piden permiso y una voz que llena cada rincón de ese estadio como si el aire mismo le perteneciera. Jenny Rivera camina al centro del escenario y el público de Monterrey le devuelve todo lo que ella le ha dado durante 20 años.

Gritos, lágrimas, celulares en alto, manos extendidas como si pudieran tocarla desde la tribuna. Esa noche, justo antes de terminar el show, unos ejecutivos suben al escenario, traen un reconocimiento entre las manos, doble disco de oro y platino por joyas prestadas. Se lo entregan frente a todos.

Jenny lo toma, sonríe para las cámaras, lo levanta. El público ruge. Y en ese momento la mujer que había llegado desde Long Beach, California, sin papeles que la acreditaran como digna de la industria musical mexicana, sostiene en sus manos el símbolo más físico de lo que había construido sola, con las uñas, contra todo. Pero guarda esta imagen, guarda el vestido negro, el disco de oro, la sonrisa.

Porque esa misma noche, después del último acorde, después de la rueda de prensa, después de despedirse de los fans que la esperaban afuera de la arena, Jenny Rivera subió a un Learjet 25 con matrícula N 345 MC rumbo a Toluca. Desde ahí tenía que llegar a la Ciudad de México. Esa mañana la esperaban en los foros de Televisa.

La esperaba la voz México la esperaba. El contrato más importante que había firmado con la televisora más poderosa del país. No llegó. ¿Cuánto le costó a Jenny Rivera ganarse un lugar en la televisión mexicana que durante años la ignoró? ¿Que tuvo que ceder? ¿Que tuvo que firmar? ¿Que tuvo que tragarse una mujer nacida en Long Beach para que Televisa finalmente la sentara en una silla de coach frente a millones de mexicanos? ¿Qué sabía Jenny de ese contrato que no estaba en los documentos oficiales? ¿Y por qué Chiquis Rivera, su hija mayor,

lleva años revelando mensajes, peleando batallas legales y cargando un peso que su madre nunca terminó de depositar en el mundo antes de que ese learjet cayera en la Sierra Madre Oriental? En este documental vas a descubrir cuatro cosas. La primera, la historia de una mujer que la industria musical mexicana intentó ignorar durante una década y lo que tuvo que hacer para obligarlos a voltear a verla.

La segunda, el contrato con Televisa. lo que prometía, lo que exigía y el precio silencioso que Jenny empezó a pagar en los últimos meses de su vida. La tercera, lo que ocurrió la noche del 8 de diciembre de 2012 en Monterrey, los detalles que la versión oficial no tiene y que las personas que estuvieron ahí describen de manera diferente.

Y la cuarta, guarda esto porque es la que Chiquis carga sola desde hace más de 12 años. El secreto que Jenny dejó a medias en mensajes privados, en conversaciones que su hija mayor guardó en silencio hasta que el dolor se volvió más grande que el miedo. Si cierras este video antes del final, esa cuarta revelación se va contigo sin abrirse y es la que cambia todo lo que creías saber sobre por qué Jenny Rivera murió en camino a cumplir una promesa que le habían cobrado muy cara.

Pero antes de llegar ahí, hay que ir al principio. Hay que ir a Long Beach. 2 de julio de 1969, Long Beach, California. En el hospital memorial, Rosa Amelia Saavedra, originaria de Sonora, da a luz a una niña. Pedro Rivera, su esposo, originario de Jalisco, la registra como Dolores Jane y Rivera Saavedra. Nadie en ese cuarto habla de música todavía.

Hablan de trabajo, de renta, de los trámites que consume la vida de los inmigrantes mexicanos en el sur de California. Pedro Rivera tiene un sueño de industria musical que todavía no sabe cómo construir. Su hija tiene cero días de vida y ya lleva en la sangre el corrido, la banda, el norteño, sin que nadie se lo haya enseñado todavía.

Long Beach en 1969. No es glamour, es el puerto más grande de la costa oeste de Estados Unidos y también uno de los barrios más duros para una familia mexicana sin papeles consolidados. Las casas son pequeñas, los vecinos hablan español entre semana e inglés los fines de semana y los niños aprenden desde temprano que el mundo tiene dos velocidades, la de los que llegaron primero y la de los que todavía están llegando.

Jenny crece en esa velocidad, la segunda, la que cuesta más. Pedro Rivera monta una disquera casera, Cintas Acuario, graba corridos, rancheras, música de sus compadres y conocidos que también vinieron del otro lado. La casa de los Rivera en Long Beach huele a estudio de grabación los fines de semana. Cables, micrófonos prestados, voces que ensayan en la sala.

Jenny lo escucha todo. Aprende sin que nadie la ponga frente a un maestro. Aprende como aprenden los hijos de la gente que trabaja con la música. de oído, de memoria, de necesidad. A los 11 años, Jenny sube a un escenario por primera vez en un concurso escolar. Se le olvida la letra. La vergüenza es tan grande que promete en ese momento no volver a tocar un micrófono.

Esa promesa dura exactamente lo que duran las promesas de los Rivera, lo que el orgullo puede aguantar antes de que el talento lo rompa. Lo que vendría después mostraría que ese olvido en el escenario fue el primer capítulo de una historia que el mundo no estaba preparado para ver completa. En 1984, con 15 años, Jenny Rivera queda embarazada.

El padre es José Trinidad Marín, un hombre que la familia Rivera aceptará en su círculo y que años después mostrará una cara que ninguno de ellos querría haber conocido. Jenny tiene a su primera hija, Janny, en 1985. La llaman Chiquis desde el principio. Jenny tiene 16 años y una bebé en los brazos y todavía 2 años de preparatoria por delante.

No abandona la escuela, termina. Y no solo termina, es la estudiante que da el discurso de graduación. Guarda esa imagen. Jenny Rivera, madre adolescente, dando el discurso de graduación de su preparatoria en Long Beach, porque esa imagen define todo lo que vendría después. No es una mujer que pide permiso para existir en los espacios que le corresponden.

Es una mujer que entra, se para al frente y habla. Después de la preparatoria entra a la Universidad Estatal de California en Long Beach. Estudia administración de empresas. Lo hace mientras cría a Chiquis y trabaja en la disquera de su padre. Aprende desde adentro cómo funciona la industria, los contratos, las regalías, la distribución, los márgenes.

Aprende todo lo que su padre sabe y algo más. Aprende a leer la letra chica de los acuerdos. Eso años después le salvaría la carrera. Y también en la versión que Chiquis comenzó a revelar después de su muerte, es lo que la metió en el centro de un conflicto que su hija todavía hoy está peleando. Guarda este dato.

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