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AUDIO FILTRADO de Correa que sacude el caso Villavicencio

R, la idea es ponerte este equipo a disposición, tú lo coordinas, que eres directo interesado y si se requiere, pues bueno, el teniend está haciendo el trabajo en en el Porsche. Un audio  aparece en el momento más delicado del caso Villavicencio. No aparece en cualquier momento. Parece cuando la justicia se prepara para revisar pruebas, cuando los nombres más pesados del expediente vuelven a moverse y cuando el país mira otra vez una pregunta que sigue sin respuesta completa. Estamos esta reunión eh con

Andrés González, que es nuestro cor de bloque, eh Patricio Pacheco, que es nuestro director de comunicación, el teniente Renigel que está haciendo la investigación del caso Porsche eh Rony Aliaga que ya bueno, los acusados en este caso, Mansur, por supuesto, carre quiénes ordenaron realmente el asesinato de Fernando Villavicencio, pero esta vez el centro del escándalo No es solo lo que se escucha.

El centro del escándalo es quién lo difunde, cuándo lo difunde, para qué lo difunde y qué poder intenta ganar con esa filtración. Porque aquí hay tres casos que se cruzan en una misma línea de tensión. el asesinato de Fernando Villavicencio, el llamado caso Porsche, y la guerra política entre el gobierno de Daniel Noboa y el correísmo.

Y cuando esas tres piezas se conectan, el audio deja de ser solo un audio. Se convierte en una pieza de poder. Mira, lo primero que hay que decir con claridad es esto. Una grabación por sí sola no condena a nadie. Una filtración no reemplaza una sentencia y una conversación atribuida a un dirigente político, por más delicada que parezca, debe ser analizada dentro de un proceso judicial con contexto, con pericias y con derecho a la defensa.

Pero dicho eso, aquí viene lo incómodo. Y esos audios forman parte de un expediente judicial, si fueron obtenidos dentro de una investigación y si estaban bajo manejo institucional, entonces la pregunta no es solamente qué se dijo en esas reuniones. La pregunta es otra, ¿quién decidió convertir ese material en munición pública? Y sobre todo, ¿por qué ahora? Según la información conocida públicamente, los audios difundidos involucran reuniones en las que aparece el expresidente Rafael Correa, el expolicía Rodney Rengel, Ronnie Aleaga y

otros nombres vinculados al entorno político del correísmo. Rengel no es un personaje menor en esta historia, es un expolicía que aparece en el expediente del caso Magnicidio FV. que ha rendido testimonio anticipado y que además está vinculado a otra investigación por presunta difusión  de información restringida.

¿Cómo está presente? Y tenemos cámara vigilando esa casa. ¿Quién entra y sale? No. Sí, señor presidente, la cámara está apuntando. Ahora podamos ver las conexiones de llamadas y todo eso. Okay, compañero. Más más. Tienen el bloque, tienen todo, tienen el municipio Guayaquil puede apoyar también.

Es decir, no estamos hablando de una fuente cualquiera, estamos hablando de alguien que se mueve en el punto exacto donde se cruzan la policía, los expedientes reservados, los testimonios judiciales y la política de alto voltaje. Y ahí empieza el verdadero problema, porque si una persona con acceso, contacto o información sensible empieza aparecer en reuniones políticas y luego esos registros terminan siendo usados por el gobierno como prueba narrativa, entonces el caso deja de ser una simple discusión legal.

Se convierte en una pelea por controlar el relato nacional. El gobierno dice, “Aquí está la evidencia de que el correísmo quería construir una narrativa contra Noboa y su familia. El correísmo responde, investigar el caso Porsche no es conspirar, es fiscalizar. Y la ciudadanía queda en la mitad mirando un expediente que debería aclarar un asesinato, pero que ahora también está siendo usado para golpear políticamente.

Y ojo con esto, el riesgo no está solo en que un sector use un audio para atacar al otro. El riesgo está en que el caso Villavicencio, que debería avanzar con seriedad judicial, termine contaminado por una guerra de versiones. Porque cuando un expediente se vuelve espectáculo, la verdad puede quedar enterrada debajo del ruido.

Para entender por qué esto importa, hay que volver al origen del conflicto. El caso Villavicencio es uno de los procesos más sensibles de la historia reciente del Ecuador. No se investiga solamente la muerte de un candidato presidencial. Se investiga quién pudo ordenar, planificar, financiar o facilitar un crimen que sacudió la política nacional.

En ese expediente aparecen nombres de alto impacto, exfuncionarios, políticos, procesados, presuntos operadores y figuras vinculadas a estructuras criminales. Pero en los últimos días el foco se movió hacia Rodney Rengel. ¿Por qué? Porque Regel rindió testimonio anticipado, porque sus dispositivos habrían contenido grabaciones  y registros relevantes y porque esas grabaciones conectan reuniones políticas con temas relacionados al caso Villavicencio y al caso  Porsche. Y aquí empieza el giro. Lo que

parecía una investigación sobre un asesinato termina conectándose con una disputa por otro caso, el Porsche. El llamado caso Porsche nació por una imagen poderosa, casi cinematográfica, un vehículo de alta gama vinculado a una empresa del grupo Noboa, apareciendo cerca de una vivienda relacionada con un sospechoso de un atentado en la bahía de Guayaquil.

La escena era políticamente explosiva, un atentado, un sospechoso, un operativo, un vehículo de lujo, una empresa vinculada a la familia presidencial y una explicación oficial o empresarial que intentaba cerrar el capítulo diciendo que el auto había sido usado para trasladar a una empleada por una emergencia familiar. Eso prueba un delito.

No, eso bastaba para cerrar todas las preguntas. Tampoco, porque en política hay imágenes que pesan más que 20 comunicados y la imagen del Porsche se convirtió en una pieza perfecta para atacar al gobierno. El correísmo y otros actores políticos encontraron ahí una grieta narrativa, la posibilidad de cuestionar la transparencia de una investigación y de poner presión sobre el entorno del presidente NBO.

El gobierno, por su parte, ahora responde con otra pieza, los audios. Y aquí es donde el tablero cambia, porque el gobierno no está discutiendo solamente el contenido del caso Porsche. El gobierno intenta instalar otra lectura, que detrás de esa investigación no había fiscalización legítima, sino una operación política para afectar al presidente.

Esa es la pelea real. No es solo Porsche, no es solo Rengel, no es solo Correa, es quien logra convencer al país de cuál historia es la verdadera. Y cuando la disputa llega a ese punto, cada palabra importa, cada filtración importa, cada silencio importa, cada publicación en redes de una  autoridad importa, porque ya no estamos viendo solamente un caso judicial, estamos viendo una batalla por credibilidad.

Ahora bien, hay un punto que no puede pasarse por alto. Cuando una ministra, un secretario de Estado o el propio presidente reaccionan a audios vinculados a una investigación judicial, el mensaje político se amplifica inmediatamente. Ya no es una filtración aislada, ya no es un rumor circulando en redes, se convierte en una postura del poder ejecutivo y ahí aparece una pregunta delicada.

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