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Así Vivió Mauricio Garcés: Cómo Estuvo 40 años MINTIENDO… El TORMENTO Psicológico que lo DESTROZÓ

El 27 de febrero de 1989, alguien encontró un cuerpo en una recámara de un departamento de la Ciudad de México. Sin cámaras, sin escándalo, sin nadie que lo viera morir. El hombre que yacía ahí había sido durante más de 20 años el actor más conocido de América Latina, el galán que Italia comparaba con Marcelo Mastroyani, el hombre cuyas frases se habían vuelto parte del vocabulario de un continente entero.

El que llenaba cines de Montevideo a Caracas con una sola palabra, aru, murió solo, sin dinero, con los pulmones destruidos por décadas de tabaco. Y los pocos pesos que quedaban no alcanzaron ni para pagar su propio entierro, 62 años. Eso fue todo lo que vivió Mauricio Féz Jazbec, conocido por el mundo entero como Mauricio Garcés.

Pero detrás de ese nombre había una mentira que duró 40 años. Una mentira perfectamente construida, sostenida con elegancia impecable frente a millones de personas. Porque el hombre que interpretaba al conquistador más sofisticado de México, el que decía, “Debe ser terrible tenerme y después perderme”, con una sonrisa calculada.

En la vida real no sabía qué hacer cuando una mujer se le acercaba. Se reía de sus propias orejas para desviar la atención. Vivió con su madre hasta el último día y perdió una fortuna entera en carreras de caballos intentando sentir algo que el personaje no podía darle. Hay más. Un actor famoso murió en su cama una noche de diciembre de 1971 y su esposa tuvo que ir a recoger el cuerpo.

Garcés nunca habló de eso, nunca habló de nada. Cuatro décadas de silencio absoluto sobre su vida real mientras el mundo amaba a alguien que en buena medida no existía. Esta es la historia completa la que raramente se cuenta. El niño del puerto que quería ser otro, Mauricio Férez Yasbec, nació el 16 de diciembre de 1926 en Tampico, Tamaulipas.

Hijo de José Férez y Mají Bayasbec, inmigrantes libaneses que habían cruzado el Atlántico buscando lo que el Líbano no podía darles. De niño era tímido pero creativo, organizaba representaciones en los recreos y animaba las fiestas familiares, aunque esa energía desaparecía en cuanto el acto terminaba. A los 6 años, [música] la familia se mudó a la Ciudad de México, donde Mauricio creció entre dos mundos, las costumbres libanesas de su casa y el México urbano que lo rodeaba.

Cuando tuvo que abandonar la carrera de ciencias químicas para ayudar a su familia, su tío fotógrafo Tfik Jazbeck lo llevó a los foros de filmación. Ahí vio los reflectores, las cámaras, la magia del cine mexicano de posguerra y algo en él se despertó. Otro tío, el productor José Yasbeck, lo incluyó en el reparto de la muerte enamorada 1950, donde compartió escena con Miroslava Stern y Fernando Fernández.

Fue en esa primera película donde tomó una decisión que definiría todo lo que vendría. cambió su apellido. Sus referentes eran Clark Gable, Gary Cooper y Cary Grant, los tres con apellido en G, así que eligió Garcés por cábala. En ese acto había algo más que estrategia. Era el primer paso en el distanciamiento de Mauricio Férez Yasbec para convertirse en alguien que todavía no existía.

Los años del galán serio, entre 1950 y 1965, Garcés trabajó sin descanso en una industria que producía entre 80 y 100 películas al año, pero siempre en papeles secundarios, villanos, personajes dramáticos, galanes serios, sin humor. Estuvo en Mientras El cuerpo aguante, 1958, La Estrella vacía, 1958, La Llorona.

1960 El mundo de los vampiros. 1961. En 1959 filmó cuatro películas. En 1960. La paga era modesta y el reconocimiento escaso. Lo que nadie notaba es que Garcés estaba usando esos años para aprender algo que no se enseña en ninguna academia. El tiempo cómico en el teatro con obras como vidas privadas y No me manden flores, fue desarrollando ese instante exacto entre la preparación del chiste y el remate, ese silencio calculado que hace que el público suelte la carcajada en el momento preciso.

Lo construyó lentamente a golpes de fracaso y éxito frente a públicos que no siempre perdonan. Nadie viendo esas películas de reparto de los 50 y principios de los 60 habría podido predecir lo que vendría. Pero los cimientos ya estaban ahí, acumulándose película a película, obra a obra, en los márgenes de una industria que todavía no sabía qué tenía entre manos.

Don Juan 67 y el nacimiento de un mito. En 1966, el productor Carlos Tusant y el director Gilberto Martínez Oares hicieron una comedia romántica protagonizada por un hombre maduro, elegante e irresistible que vivía en una casona del Pedregal, atendido por un mayordomo fiel. El personaje se llamaba Mauricio Galán. El actor elegido fue Mauricio Garcés, que tenía 40 años.

Para la mayoría de los comediantes, esa es la edad del declive. Para él fue el comienzo. En el set de don Juan 67 ocurrió algo que quienes estuvieron presentes recuerdan, Garcés se soltó por primera vez. El personaje le permitía hacer todo lo que Mauricio Féz Yasbec no era fuera de las cámaras. Seguro, atrevido, capaz de seducir sin esfuerzo.

La película fue un éxito masivo y el público latinoamericano se enamoró de una comedia que era sofisticada sin ser elitista, picaresca sin ser grosera, completamente distinta a todo lo anterior. De ahí nacieron las frases: “A rus, las traigo muertas. Debe ser terrible tenerme y después perderme. El público las adoptó de inmediato y las convirtió en parte del lenguaje común.

Mauricio Galán había llegado y Mauricio Féz Jazbec, el hombre tímido de Tampico, quedó definitivamente atrás de la cámara, la máquina que se come al hombre. Entre 1967 y 1975, Mauricio Garcés filmó película tras película a un ritmo que hoy resulta difícil de imaginar. El matrimonio es como El demonio. 1967. El criado malcriado, 1968.

Departamento de Soltero, 1969. Modisto de señoras, 1969, Click, fotógrafo de modelos, 1970, Fry Don Juan 1970. El sinvergüenza 1970 y 1. Todos los pecados del mundo, 1971. La lista sigue. Cada película era una variación del mismo personaje. Mauricio Galán, el seductor sofisticado, el Latin Lover con humor, el hombre que todas las mujeres quieren, aunque ninguna pueda tenerlo de verdad.

Las actrices que lo acompañaban eran las más bellas del momento. Maura Monti, Silvia Pinal, Elsa Aguirre, Rosy Mendoza, Zulma Fallat, Irma Lozano, Irán Eori. El elenco de apoyo siempre incluía un fiel mayordomo Sócrates, el personaje que en el libro biográfico posterior servirá del narrador imaginario que sufría cómicamente los excesos del galán.

La fórmula no variaba demasiado y no necesitaba variar porque funcionaba. En Italia, según reportes de la prensa del momento, los críticos comparaban a Garcés con Victorio Gazman y con Marcelo Mastroyani. En España, donde también se distribuyeron varias de sus películas, era conocido como el gran seductor mexicano.

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