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Así Vive Hernán Bermúdez En la Cárcel: De Colaborar con el CJNG a Suplicar Libertad

Hay un hombre de 72 años encerrado en el penal del altiplano que durante 5 años fue la ley en Tabasco. No una figura de la ley, la ley, el secretario de seguridad y protección ciudadana del Estado, el que mandaba sobre cada policía, cada patrulla, cada operativo, cada detención, el que decidía a quién se perseguía y a quién se dejaba en paz, el que tenía las llaves de todas las puertas.

Y mientras tenía esas llaves, mientras se sentaba detrás de un escritorio con el escudo de Tabasco a sus espaldas y daba órdenes a miles de policías estatales mientras firmaba documentos oficiales con membrete del gobierno y mientras asistía a reuniones de gabinete con el gobernador y posaba para las fotos institucionales. Este hombre dirigía al mismo tiempo una organización criminal llamada La barredora, que operaba bajo el paraguas del cártel Jalisco Nueva Generación.

Reclutaba policías estatales para su banda, los mismos policías que el estado le pagaba para que protegieran a los ciudadanos. usaba los registros de exconvictos del sistema penitenciario estatal, registros a los que solo él tenía acceso como secretario de seguridad para localizar a presos recién liberados y obligarlos a trabajar para su organización.

Robaba combustible de los ductos de Pemex, que cruzan tabascos usando infraestructura y vehículos del gobierno. Cobraba piso a gasolineros, amenazándolos con la misma policía que supuestamente debía protegerlos. secuestrabas personas que aterrorarizanos sanas que por destado durante años usan secretaría de seguridad extorsionaba empresarios con la amenaza de fabricarles cargos criminales desde la propia fiscalía traficaba migrantes centroamericanos por las rutas que su propia secretaría, se suponía debía vigilar y desaparecía a quienes se

oponían. personas que eran sacadas de sus casas por hombres armados con placas oficiales y que nunca volvían a aparecer. El jefe de la policía era el jefe de los criminales, la misma persona, la misma cara, con el mismo nombre, con la misma firma en los dos lados del expediente, sentado en el mismo escritorio durante el día firmando órdenes de investigación y dando órdenes a sicarios durante la noche para cometer los crímenes que él mismo iba a investigar al día siguiente.

Su nombre es Hernán Bermúdez Requena. Sus alias lo dicen todo. El abuelo. El comandante Chache lo llamaban el abuelo porque a los 60 y tantos años seguía dando órdenes como si tuviera 30. Y lo llamaban comandante H, o porque mandaba como un militar, pero con la brutalidad de un narco. Fue nombrado secretario de seguridad de Tabasco en diciembre de 2019 por el entonces gobernador Adán Augusto López Hernández.

El mismo Adán Augusto, que después sería promovido por López Obrador al cargo más importante del gabinete federal, secretario de Gobernación, equivalente al ministro del Interior en otros países. El mismo Adán Augusto, que controló la política interna de México durante el gobierno. Cuarta transformación. El mismo Adán Augusto, que hoy es senador de Morena, uno de los políticos más influyentes del país, con aspiraciones presidenciales apenas disimuladas.

El hombre que puso a un criminal al frente de la seguridad de un estado entero llegó a ser la segunda persona más poderosa de México después del presidente. Y cuando los informes de inteligencia señalaron que su nombramiento había puesto a un líder del crimen organizado en la cúspide de la seguridad tabasqueña, en lugar de investigar, salió a las cámaras a atacar a los periodistas que publicaron la verdad.

Esa conexión política, Bermúdez puesto por Adán Augusto, Adán Augusto promovido por AMLO, todo dentro del mismo partido, todo dentro de la misma estructura de poder. Es lo que hace este caso, sea escándalo político de proporciones que todavía no se han medido completamente. Porque la pregunta no es solo qué hizo Bermúdez en Tabasco.

La pregunta es, ¿quién más sabía lo que hacía y decidió mirar para otro lado? Pero hay algo más que hace que esta historia sea todavía más perturbadora que cualquier otra que hayamos contado en este canal. Algo que tiene que ver con lo que Bermúdez estaba haciendo cuando lo capturaron, porque no lo capturaron en Tabasco, no lo capturaron en México, lo capturaron en Paraguay, en Sudamérica.

a más de 6,000 km de Villa Hermosa y no estaba escondiéndose como un prófugo asustado. Estaba trabajando, estaba intentando expandir el negocios del CJ a un nuevo continente. Estaba abriendo una franquicia internacional del crimen organizado mexicano como si fuera un empresaria, abriendo una sucursal en el extranjero con una esposa detenida en otro continente con 158 años de prisión que la Fiscalía de Tabasco está pidiendo para él con cargos de desaparición forzada que se suman cada mes y con un político que lo nombró, que lo protegió

y que ahora finge que nunca existió. Para armar esta investigación cruzamos los expedientes de la Fiscalía Especializada en materia de delincuencia organizada, los informes de inteligencia de la Secretaría Nacional Antidrogas de Paraguay, los registros de la Unidad de Inteligencia Financiera y las Actas del Juzgado de Control de Tabasco que documentan los cargos por asociación delictuosa, secuestro agravado, extorsión agravada y desaparición forzada de personas.

Y lo que encontramos es la historia más descarada e impune de doble vida criminal institucional que existe en la historia reciente de la seguridad pública mexicana. Un hombre que durante 30 años consecutivos ocupó cargos de seguridad en el estado de Tabasco, desde policía raso hasta secretario de seguridad, pasando por director de cárcel, director de policía de investigación y hasta encargado de la fiscalía y que durante esos mismos 30 años construyó paso a paso, cargo a cargo, un imperio criminal que terminó controlando cada rincón del

estado. policía, que era el criminal, el investigador que era el sospechoso, el protector, que era el verdugo, la ley y el crimen en la misma persona, sentados en la misma silla durante 30 años. Para entender a Bermúdez Requena hay que entender Tabasco, un estado del sureste mexicano rodeado de ríos y seslva, frontera natural con Guatemala, con una economía históricamente dependiente del petróleo y con una tradición política donde el PRI reinó durante décadas hasta que Morena tomó el poder con Adán Augusto López en 2018. Bermúdez no nació

en Tabasco. Nació en Mérida, Yucatán, el 30 de septiembre de 1953. Pero llegó a Tabasco joven y se incrustó en el sistema de seguridad pública del Estado como una garrapata que se alimenta de su huésped sin que este se dé cuenta. O quizás sí se daba cuenta. Quizás todos se daban cuenta, pero nadie hacía nada porque Bermúdez era útil.

Era el hombre que hacía el trabajo sucio que nadie más quería hacer. Su carrera en las instituciones de seguridad abarcó tres décadas completas, 30 años moviéndose dentro del sistema como un parásito que se alimenta de su huésped. Fue policía raso al principio, una agente más en las calles de Villa Hermosa.

Pero Bermúdez no era un policía cualquiera. Tenía una habilidad que en el mundo de la seguridad pública mexicana vale más que cualquier título universitario. Sabía leer el poder. sabía quién mandaba realmente. Sabía quién había que obedecer y a quién se podía ignorar, y sabía cómo hacerse indispensable para los que mandaban. Fue subiendo escalón por escalón.

director del Centro de Readaptación Social de Tabasco, es decir, el director de la cárcel del Estado. Un cargo que parece menor, pero que en la realidad es una mina de oro para alguien con las intenciones de Bermúdez, porque el director de un cerezos tiene aco a algo que ningún otro funcionario tiene. Los expedientes completos de todos los presos del Estado.

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