Posted in

Así Vive el Viceroy en la Cárcel: De Matar con sus Manos a Rogar por su Vida

En el MDC Brooklyn hay cuatro hombres que en cualquier otro momento de la historia nunca habrían estado en el mismo edificio. Nicolás Maduro, expresidente de Venezuela, que gobernó ese país con Mano de Hierro durante 11 años y que hoy espera juicio por narcoterrorismo en el mismo ladrillo rojo de Sunset Park.

Rafael Caro Quintero, el fundador del primer gran cártel mexicano moderno que ordenó el asesinato de la gente de la DEA Kiki Camarena hace 40 años y que ahora, a los 72 años come por una ranura en la puerta esperando el juicio de 2027. Ismael Elmo, Sambada, el cofundador del cártel de Sinaloa, que gobernó el narcotráfico mexicano durante tres décadas desde las sombras y que fue entregado a las autoridades estadounidenses en una maniobra que todavía no tiene explicación pública completa.

Y Vicente Carrillo Fuentes, el viceroy, heredero del cártel de Juárez, el hombre que controló el cruce fronterizo más transitado del mundo en el momento en que ese cruce valía más que ningún otro territorio del narco. Cuatro hombres que en el mundo exterior construyeron sus carreras en distintas tradiciones del crimen organizado, que en distintos momentos fueron rivales, enemigos o aliados circunstanciales, según lo que convenía en cada fase del negocio.

cuatro hombres que en el MDC Brooklyn comparten el mismo edificio de ladrillo rojo en el barrio de Sunset Park, Brooklyn, separados por paredes y protocolos diseñados para que nunca puedan coordinarse ni comunicarse, pero unidos por las mismas condiciones del edificio que sus propios abogados llaman el infierno en la tierra.

Pero hay algo específico en la historia del Viseroy que ninguno de los otros tres tiene. Algo que distingue su proceso de todos los demás y que convierte su situación en el MDC Brooklyn en una historia diferente a las que hemos contado en esta serie. El Viseroy está negociando activamente un acuerdo de culpabilidad con la fiscalía para salvar su vida.

Pasé semanas revisando documentos judiciales del distrito este de Nueva York, transcripciones de audiencias, reportes de la DEA y testimonios de excios del Cártel de Juárez para traerte este documental. Lo que encontré es la historia de un hombre que durante décadas tomó las decisiones sobre la vida y la muerte de otros, que mató con sus propias manos en los casos que consideró que requerían esa proximidad y que hoy comparece ante un juez federal vestido con el uniforme naranja de prisionero y con grilletes en los

tobillos, negociando para que no lo maten a él. El hombre que ponía las condenas ahora negocia la suya y ese detalle cambia el tono de toda la historia que sigue. Sus propios abogados le llaman así, no como hipérbole dramática ante los medios, como descripción procesal presentada en documentos ante el Tribunal Federal, inhumano, el infierno en la tierra.

Palabras que los profesionales del derecho eligen con cuidado porque saben que la exageración retórica no tiene efecto ante un juez federal acostumbrado a escuchar argumentos defensivos exagerados y que si las usaron fue porque consideraron que eran las más precisas disponibles para describir lo que su cliente vive.

El Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn no fue diseñado para ser la peor cárcel de Nueva York. fue diseñado para ser un centro de procesamiento temporal, el lugar donde los acusados de alto perfil esperan su juicio mientras el sistema federal decide qué va a hacer con ellos. Esa fue la intención original con sus protocolos y sus estándares y su promesa implícita de que incluso la detención preventiva tendría ciertos mínimos de habitabilidad, pero décadas de presupuesto insuficiente sobrepoblación crónica, mantenimiento diferido

generación tras generación de directivos que pasaron por la institución sin resolver sus problemas estructurales y gestión institucional que los propios auditores del Departamento de Justicia han calificado en múltiples informes como deficiente convirtieron esa intención original en algo muy diferente.

El historial documentado del MDC Brooklyn es el tipo de historial que ninguna institución que aloja seres humanos debería tener. Apuñalamientos en los pasillos entre reclusos, no incidentes aislados, sino patrones que organizaciones de derechos civiles han documentado en informes presentados al Congreso estadounidense, plagas de ratas que los abogados visitantes han reportado al tribunal como condición verificable y presente del edificio, no como anécdota histórica, cortes de electricidad que en invierno dejaron a los reclusos sin calefacción durante

días enteros en temperaturas de enero que en Brooklyn bajan hasta -10ºC. y que para personas mayores, para personas con enfermedades crónicas, para personas con condiciones cardiovasculares, representan riesgos médicos reales y documentados, falta de personal médico suficiente para atender las necesidades de una población penitenciaria que incluye decenas de personas con condiciones que requieren medicación regular y monitoreo periódico.

Agua caliente que falla con suficiente regularidad como para que el fallo ya no sea sorpresa, sino expectativa. iluminación que falla en secciones del edificio que los guardias no pueden reparar porque el personal de mantenimiento no está disponible en ese turno o esa semana. Sistemas que el edificio necesitaría que funcionaran con consistencia y que funcionan cuando pueden.

Vicente Carrillo Fuentes el Bíeroy vive en ese edificio desde el 27 de febrero de 2025 uniformado en naranja como todos los detenidos del MDC sin distinción de rango previo ni de apellido, con grilletes en los tobillos cada vez que lo sacan de su celda para comparecer ante el tribunal una medida de seguridad que el sistema aplica a los presos de máximo riesgo y que convierte cada comparecencia judicial en una imagen que 50 años de narcotráfico mexicano nunca anticiparon.

El heredero del Señor de los cielos caminando a pequeños pasos lentos hacia el estrado de un juzgado de Brooklyn, porque los grilletes metálicos en sus tobillos no le permiten caminar de ninguna otra manera. Comparte edificio con Caro Quintero, El Mayo Zambada y Nicolás Maduro. Rivales históricos en algunos casos, enemigos en otros, aliados circunstanciales en momentos que ya terminaron, todos separados por paredes y por protocolos que garantizan que no puedan comunicarse entre ellos.

Todos bajo las mismas condiciones que sus propios abogados llaman el infierno en la tierra. El MDC Brooklyn en este momento es el lugar donde el narcotráfico mexicano del siglo XX y la política venezolana del siglo 21 convergen en el mismo espacio de ladrillo deteriorado y barrotes oxidados. Y en ese edificio, el Beriseroy está haciendo algo que ninguno de los otros está haciendo todavía de manera activa. Negocia.

Para entender lo que el Bísero hoy perdió, hay que entender de dónde viene el apellido que heredó. Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los cielos, fue durante los años 90 el narcotraficante más poderoso del hemisferio occidental. No el más violento había otros con mayor disposición al horror explícito. No el más antiguo había otros con más historia personal en el negocio.

El más poderoso en términos estrictamente operativos, el que más volumen movía, el que tenía las rutas más consolidadas, el que había construido la organización logística más sofisticada que el narcotráfico mexicano había producido hasta ese momento. El apodo de Señor de los Cielos no era capricho de los medios ni romanticismo periodístico, era descripción funcional de lo que lo distinguía.

Read More