Posted in

ASÍ SON LAS HUMILLACIONES CONSTANTES QUE RESISTE NICOLASITO MADURO AL EXIGIR EE.UU SU CABEZA

Hay un hombre de 35 años en Caracas que duerme sabiendo que Washington tiene su nombre en un documento judicial, que su padre está preso en Brooklyn, que su madre de crianza, Cilia Flores, la mujer que conoció desde que era niño, comparte Zelda en el mismo edificio de detención que el hombre más buscado de América Latina y que él, el heredero, el flautista que nunca terminó la carrera.

El inspector de precios sin experiencia, el cineasta sin filmografía, el diputado sin elección libre sigue en pie, pero apenas. Antes de que este video termine, vas a escuchar una frase que su padre le grabó desde Miraflóes en la madrugada del 3 de enero de 2026, mientras las explosiones todavía no habían parado.

Un audio que Nicolasito guardó en el teléfono y que su entorno interpretó como una despedida. Esa frase cambia todo lo que vas a ver antes de llegar a ella. Quédate. Este video trata sobre las humillaciones constantes que resiste Nicolasito, Maduro al exigir Estados Unidos su cabeza. Y sobre algo más, sobre cómo el heredero de un régimen puede sobrevivir a la caída del que le dio su nombre, su cargo, su escudo.

Vamos a ver cómo llegó aquí. ¿Qué tenía, qué fue perdiendo? Cómo vivió la noche del 3 de enero de 2026 cuando las explosiones sobre Caracas hicieron temblar las ventanas de su casa. ¿Y qué queda de él cuando el poder que lo protegía ya no protege a nadie? Vamos a hablar del disco de 13 canciones que nadie compró, de la lluvia de dólares en la boda de un empresario sirio, del viaje a Corea del Norte, justo después de que el Departamento del Tesoro lo pusiera en quina.

Lista negra de los guardaespaldas que le rompieron el teléfono a una mujer por tomarle una foto en una primera comunión y del llanto en la Asamblea Nacional cuando ya no había nada que ocultar. Cuéntanos desde dónde nos ves y si esta historia te parece tan increíble como es, guarda el video porque vamos a ir despacio. El heredero sin refugio, hoy 3 de junio de 2026, Nicolás Ernesto Maduro Guerra, es un coacusado en un proceso federal abierto en el distrito sur de Nueva York.

Su nombre está en el mismo expediente que el de su padre. Tiene los mismos cargos que su madre de crianza. Y a diferencia de ellos sigue libre. Pero libre no es lo mismo que protegido. Delcy Rodríguez lleva exactamente 5 meses gobernando Venezuela sin que nadie la haya elegido, apoyándose en los artículos de una Constitución que el propio chavismo deformó durante años.

La oposición con María Corina Machado a la cabeza lleva semanas presionando por elecciones presidenciales. El 30 de mayo de 2026, más de 1000 personas salieron a las calles de Maracaibo exigiendo comicios. El Fondo Monetario Internacional proyecta una inflación del 682% para Venezuela este año.

Y el chavismo, según reportó Infobe el primero de junio de 2026, empieza a fracturarse por dentro. críticas internas, rumores de traición, tensión con Washington que no cede. En ese escenario, Nicolasito ocupa un rol que nadie le asignó formalmente y que nadie puede quitarle del todo. El de portavoz simbólico del madurismo sin maduro, el hijo que aparece en los actos, el que graba las llamadas de Brooklyn, el que le explica a los chavistas que la revolución sigue, pero que al mismo tiempo no controla un ministerio, no comanda un batallón, no

negocia con Washington, no decide nada que Dels y Jorge Rodríguez no hayan decidido primero. Y mientras eso ocurre, el expediente crece. La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York tiene el caso abierto contra él con dos cargos que de llegar a juicio podrían traducirse en décadas de prisión.

La procuradora Pan Bondy ya dijo que todo es posible todavía con los coacusados. La dirección de correo donde cualquier persona puede aportar información sobre el grupo sigue activa. Cartel [email protected]. Y el 4 de febrero de 2026, Argentina sumó otra capa. El juez federal, Sebastián Ramos firmó el exhorto internacional para solicitar la extradición del padre por crímenes de esa humanidad, una causa separada con otro expediente en otro país, dejando en claro que el aparato judicial internacional que persigue a la familia Maduro no se agota en un solo tribunal.

El padre está en Brooklyn con la Biblia, la segunda madre en el mismo edificio incomunicada de él por orden del juez. El palacio de Miraflores lo ocupa alguien que no lleva el apellido. Los militares que juraron lealtad están algunos negociando con el enemigo. El dinero bloqueado por las sanciones de la OFAC desde 2019 sigue bloqueado.

Y Nicolasito tiene 35 años, dos hijas, un mandato de diputado que se acaba, un expediente abierto en Nueva York y el nombre más pesado de Venezuela. Esto es lo que veremos hoy, cómo llegó hasta aquí, cuánto poder tuvo, cuánto perdió ya y cuánto más está perdiendo en este momento mientras hablamos. El nombre que nunca pidió, pero que usó todo lo que pudo.

Nicolás Ernesto Maduro Guerra nació el 21 de junio de 1990 en Caracas, hijo de Nicolás Maduro Moros y de Adriana Guerra Angulo, su primera esposa en el poder. Nació en el municipio caraqueño, donde vivía un chóer del metro y una secretaria. como él mismo le contó a medios internacionales años después con la soltura de quien ha ensayado esa respuesta muchas veces, que su infancia fue modesta, que el poder llegó solo, que la vida fue quien lo trajo hasta ahí.

Sus padres se casaron en 1988 en la parroquia del Valle, en el sur de Caracas, una zona obrera que los venezolanos conocen bien. Calles inclinadas, bloques de apartamentos, la autopista que atraviesa el barrio como una cicatriz. Dos años después de ese matrimonio llegó Nicolasito. Fue el único hijo del primer maduro, el que llevaría el apellido, cuando el apellido todavía no valía nada.

Sus padres se separaron siendo el niño. Adriana Guerra Angulo desapareció del relato oficial casi por completo. No concede entrevistas, no aparece en actos públicos. Es una figura que el chavismo borró de su iconografía familiar. sin hacer ruido, reemplazada con el tiempo por la presencia de Cilia Flores, la abogada que eventualmente se convertiría en la segunda esposa de Maduro y en la persona a quien Nicolasito llamaría con los años y en público su segunda madre.

Pero Adriana nunca desapareció del todo. En 2025, la hermana de Adriana Guerra Angulo, Laura Carolina Guerrangulo, fue nombrada presidenta del Banco Central de Venezuela. Una designación que pasó relativamente silenciosa en los medios, pero que en los círculos políticos de Caracas fue leída con precisión. El chavismo ya no se reproducía solo en la cúpula visible, sino en una red familiar más amplia, más callada, distribuida en los pliegues de las instituciones financieras del Estado.

El apellido maduro que Nicolasito hereda de su padre no llega a sus manos de inmediato, llega despacio con la historia. Mientras Chávez seguía vivo, Nicolasito era invisible, militante juvenil del PSU. flautista en el sistema de orquestas, estudiante de economía en la UNEFA, la Universidad diseñada por Chávez, sin título verificable y con un disco de 13 canciones que nadie compró.

Nada de eso importaba. Lo que importaba era el apellido, y el apellido todavía no valía lo suficiente. Eso cambió el 5 de marzo de 2013 cuando Hugo Chávez murió. Pero antes de llegar ahí, hay una cosa que vale la pena decir. Lo que acabas de leer es todavía la parte fácil, la parte donde el apellido protegía.

Read More