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AMLO tenta silenciar o Padre Pistolas… mas sua resposta comove o país

Un pequeño destello en la mirada del anciano sacerdote reveló lo que nadie esperaba. Detrás de sus palabras aparentemente sencillas, se escondía un plan que cambiaría el rumbo de un país entero. Antes de continuar, suscríbete al canal ahora, deja tu like y comenta desde dónde nos estás viendo. Tu apoyo es muy importante.

 El sol caía implacable sobre Chucándiro, ese pequeño municipio michoacano, que se había convertido en el escenario de una de las historias más sorprendentes de México. El padre José Alfredo Gallegos Lara, mejor conocido como padre Pistolas, se encontraba sentado en el pórtico de su modesta casa parroquial, observando el horizonte con la mirada tranquila de quien ha vivido lo suficiente para entender que las tormentas, por fuertes que sean, siempre pasan.

 A susun años, este sacerdote se había ganado tanto el cariño de su comunidad como la desconfianza de las altas esferas eclesiásticas y políticas. Su manera directa de hablar, sin filtros ni protocolos, lo había convertido en un fenómeno mediático, amado por muchos y criticado por otros tantos. Padre tiene visita”, anunció doña Lupita, la mujer que le ayudaba con los queaceres de la parroquia desde hacía más de una década.

“¿Y quién es el valiente que viene a verme con este calor del demonio?”, respondió el sacerdote abanicándose con su sombrero. “Dice que viene de parte del señor López Obrador”, murmuró doña Lupita con un hilo de voz, como si temiera que las paredes pudieran escucharla. El padre Pistola soltó una carcajada que resonó en todo el pórtico.

No era la primera vez que alguien relacionado con el expresidente venía a hablar con él. Ya estaba acostumbrado a las advertencias y a los intentos de silenciarlo. Pues hazlo pasar, mujer. No hagamos esperar a los enviados del señor expresidente, dijo con una sonrisa pícara que dejaba entrever que disfrutaba más de estos encuentros de lo que admitía.

 Un hombre de traje impecable y gafas oscuras se acercó con paso firme. La formalidad de su vestimenta contrastaba con la sencillez del entorno rural. Padre gallegos, vengo en representación del licenciado Andrés Manuel López Obrador, dijo el hombre extendiendo su mano. López Obrador, López Obrador, repitió el sacerdote con aire pensativo.

 ¿Y qué quiere el expresidente conmigo? ¿Acaso mis humildes sermones han llegado hasta su rancho en Palenque? El enviado mantuvo su expresión seria. El licenciado López Obrador está preocupado por algunas declaraciones que usted ha hecho recientemente. Padre, sus comentarios sobre la herencia de la cuarta transformación y sobre las políticas energéticas han tenido cierta repercusión.

Ah, entonces ahora decir la verdad es motivo de preocupación, respondió el padre Pistolas sin perder su sonrisa. Dígale al expresidente que yo solo digo lo que veo. ¿O acaso la libertad de expresión ya no está vigente en México? El hombre sacó un sobre de su saco y lo colocó sobre la mesa. El licenciado le extiende una invitación para dialogar en privado.

 Cree que sería beneficioso para ambos tener una conversación directa sin intermediarios. El padre Pistolas tomó el sobre y lo abrió con calma. Sus ojos recorrieron el documento mientras su expresión cambiaba gradualmente de la ironía a la seriedad. Así que el mismísimo AMLO quiere charlar conmigo, murmuró más para sí mismo que para su visitante.

 Dígale que acepto su invitación, pero con una condición. El encuentro debe ser público, transmitido en vivo. No tengo nada que ocultar y supongo que él tampoco. El enviado frunció el ceño visiblemente incómodo. Me temo que eso no será posible, padre. La naturaleza del diálogo requiere privacidad. Entonces no hay diálogo”, respondió tajante el sacerdote devolviendo el sobre.

 Mis palabras son para todos, no para susurros en la oscuridad. La tensión en el ambiente era palpable. El hombre del traje miró fijamente al sacerdote antes de hablar nuevamente. Padre gallegos, estoy autorizado para informarle que sus recientes declaraciones podrían interpretarse como un ataque directo al legado de la cuarta transformación.

El licenciado López Obrador sigue teniendo mucha influencia en el país y sus comentarios sobre la actual división. El padre Pistolas se puso de pie lentamente, apoyándose en la mesa. A pesar de su edad, su presencia seguía siendo imponente. “Mire, joven”, dijo con voz serena, pero firme, “he estado suspendido, criticado y amenazado más veces de las que usted tiene años.

” Y aquí sigo dando misa y hablando con mi gente. ¿Sabe por qué? Porque ellos saben que no tengo otro interés más que su bienestar. No busco poder, no busco dinero, solo busco justicia. El enviado guardó silencio estudiando al peculiar sacerdote que tenía enfrente. Había escuchado historias sobre él, pero encontrarse cara a cara con el famoso padre pistolas era una experiencia completamente diferente.

 “Le daré su mensaje al licenciado”, dijo finalmente acomodándose las gafas. Pero le advierto que esta situación podría complicarse si continúa en con sus declaraciones. La vida siempre es complicada, hijo respondió el sacerdote con una sonrisa tranquila. Pero la conciencia limpia te permite dormir en paz, incluso en los tiempos más difíciles.

 Cuando el enviado se marchó, doña Lupita se acercó nerviosa al padre pistolas. ¿Qué va a hacer ahora, padre? ¿No le da miedo? Dicen que aunque ya no es presidente, sigue teniendo mucho poder. El sacerdote miró hacia la pequeña iglesia donde había oficiado durante tantos años a pesar de las suspensiones y advertencias. Miedo no, Lupita, lo que me da es curiosidad.

 ¿Por qué tanto interés en lo que dice un viejo cura de pueblo? Se quedó pensativo un momento antes de continuar. Prepáreme un café bien cargado. Tengo que escribir el sermón para mañana y creo que será uno que todos recordarán. Mientras doña Lupita se dirigía a la cocina, el padre Pistolas sacó su viejo cuaderno de notas y comenzó a escribir.

 No sabía que sus palabras del día siguiente desencadenarían una serie de eventos que pondrían a todo el país a hablar de él, incluso más que antes. En Palenque, Chiapas, esa misma noche, el expresidente López Obrador recibía el informe de su enviado en la tranquilidad de su rancho. Su expresión permanecía impasible mientras escuchaba los detalles del encuentro con el polémico sacerdote.

 “Aí que no acepta una reunión privada”, murmuró cuando el informe concluyó. “Interesante. Este hombre es más astuto de lo que pensaba.” Su asistente, que permanecía de pie junto a él, se atrevió a preguntar, “¿Qué hacemos entonces, licenciado?” López Obrador se reclinó en su silla con la mirada fija en algún punto del horizonte visible. desde la ventana de su casa.

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